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Los Movimientos y los procesos de iniciación cristiana
¿Cómo sucede el primer anuncio y la iniciación cristiana en los movimientos? ¿Cómo llega una persona a un movimiento de la Iglesia? ¿Llegan con fe o hay un camino de iniciación en la fe?


Por: Lic. María Estela Guita | Fuente: ISCA.org



¿A qué llamamos Nuevos Movimientos Eclesiales?

“Los llamados “nuevos movimientos eclesiales” constituyen uno de los fenómenos característicos de la Iglesia actual. Sin embargo, alcanzar una definición precisa de los NME, así como intentar establecer sus características esenciales, sigue siendo un fin no totalmente logrado. En parte por la novedad, pero también por la gran diversidad de realidades que abarca esta expresión.


Para algunos teólogos los NME en el presente eclesial, en medio de una cultura pluralista y secularizada, aparecen como una respuesta especial a los desafíos que dicha cultura plantea a la vida de la Iglesia. Aquí la expresión “movimiento” se vincula con el uso corriente haciendo referencia a “puesta en marcha”, “cambio” y “renovación de lo establecido”, respondiendo a los desafíos históricos del momento.1


Desde esta perspectiva, las realidades a que nos referiremos son “movimientos” porque se trata de grupos de personas originados espontáneamente, que suelen ser guiados por uno o varios líderes carismáticos, que los conducen a determinadas experiencias espirituales o pastorales y que en general les transmiten una mirada global de la realidad con una fuerza renovadora que los alcanza no sólo a ellos sino que se comunica a la vida de la Iglesia toda. 2”



El P. Pablo Noriega Jaime, en su Tesis de Licenciatura: “Los nuevos movimientos eclesiales. Su recepción y valoración-en la Iglesia universal desde las Iglesias locales”. Los define de esta manera:


“Grupos originados espontáneamente en torno a un carisma de renovación con influjo sobre la vida de sus miembros y a través de ellos sobre la Iglesia toda en particular por su impulso misionero y por su notable apertura ecuménica (movimientos); compuestos por diversas vocaciones de ambos sexos, varios órdenes o categorías de fieles, que se distinguen tanto por la edad como por su pertenencia sociocultural; y que implican a la persona en su totalidad, invitando a un estilo de vida conforme al carisma (eclesiales), surgidos en el siglo XX, más particularmente en torno al ambiente que precedió el Concilio Vaticano II o a partir de su impulso de renovación eclesial (nuevos).”

A partir de este intento de definición podemos introducirnos en el tema que nos ocupa.



¿Cómo se desarrollan en los movimientos los procesos de Iniciación Cristiana?

Intentamos reflexionar sobre algunos interrogantes:
¿Cómo sucede el primer anuncio y la iniciación cristiana en los movimientos? ¿Cómo llega una persona a un movimiento de la Iglesia? ¿Llegan con fe o hay un camino de iniciación en la fe? ¿Cómo se establece o debería establecerse la vinculación parroquias-movimientos en la búsqueda de una pastoral discipular y misionera para realizar en forma colaborativa la misión continental?



Lo primero a considerar será que cada movimiento tiene una particularidad por su carisma y por sus itinerarios formativos. Pero en general, se caracterizan por un anuncio kerigmático de la Buena Noticia del Evangelio y un proceso que incluye una espiritualidad dada por la experiencia del Dios vivo en el encuentro personal con Jesús, la vivencia renovada de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, la constitución de pequeñas comunidades y el compromiso misionero, que según el carisma se desarrollará en el ámbito profesional, académico, con los jóvenes, con los más pobres, con sectores marginados, con las familias, etc. “Es que no podemos callar lo que hemos visto y oído”. Hch. 4,20

En la Intervención que pronunció el Arzobispo Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, al inaugurar el primer congreso de movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades de América Latina CELAM (Bogotá) , que el mismo tituló: Los Movimientos eclesiales y las nuevas comunidades: respuesta del Espíritu Santo a los desafíos de la evangelización hoy. Expresa en el nº 2: “Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son portadores de un precioso potencial evangelizador, del que hoy la Iglesia tiene urgentenecesidad. Representan una riqueza aún no conocida ni valorizada plenamente.

Juan Pablo II decía: «En nuestro mundo, frecuentemente dominado por una cultura secularizada que fomenta y propone modelos de vida sin Dios, la fe de muchos es puesta a dura prueba y no pocas veces sofocada y apagada. Se siente, entonces, con urgencia, la necesidad de un anuncio fuerte y de una sólida y profunda formación cristiana. ¡Cuánta necesidad existe hoy de personalidades cristianas maduras, conscientes de su identidad bautismal, de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo! ¡Cuánta necesidad de comunidades cristianas vivas! Y aquí entran los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: son la respuesta, suscitada por el Espíritu Santo, a este dramático desafío del fin del milenio. ¡Ustedes son esta respuesta providencial!».



(JUAN PABLO II, A los pertenecientes a los movimientos eclesiales y a las nuevas comunidades,en la vigilia de Pentecostés, L’Osservatore Romano, ed. en lengua española, 5 de junio de 1998.)


El Papa indicaba aquí dos prioridades fundamentales de la evangelización, del «hacer discípulos» de Jesucristo hoy:

una «sólida y profunda formación»
y un «anuncio fuerte».

Dos ámbitos en los cuales los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades dan frutos estupendos para la vida de la Iglesia, llegando a ser, para miles de cristianos de todos los rincones del mundo, verdaderos «laboratorios de la fe», auténticas escuelas de vida cristiana, de santidad y de misión.” 3


Como señalábamos anteriormente, los movimientos son diversos en sus carismas y en sus modos de desplegarlos, también en sus itinerarios y procesos formativos, pero tienen en común la capacidad de nuclear a sus miembros y generar procesos de iniciación o de reiniciación a la fe cristiana, proponiendo luego un compromiso discipular.


¿Por qué decimos esto? Porque muchos de los que llegan a los Movimientos eclesiales en nuestros días, lo hacen por el testimonio de otros: amigos, vecinos, compañeros de trabajo, de facultad, etc. Algunos nunca fueron parte de la Iglesia, no están bautizados y comienzan una auténtica iniciación a la fe en un proceso de evangelización que luego se completa con la formación, la catequesis y la recepción de los sacramentos.


Otros, seguramente en nuestro país la gran mayoría, han participado de la Iglesia en algún momento, o son bautizados pero sin práctica eclesial y religiosa. En este caso, el encuentro con el Dios vivo del Evangelio, la experiencia comunitaria y la vivacidad de la fe hace que retornen a una práctica sacramental, reasumiendo el Bautismo e identificándose con la misión que Jesús nos confió: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28,19).


Mons. Rylko lo expresa así en el nº 4 de su discurso: “Son muchas las personas que, gracias a estos carismas, han encontrado a Cristo y hallado la fe, o han vuelto a la Iglesia y a la práctica de los sacramentos después de largos años. Tantas personas han pasado de un cristianismo meramente convencional a un cristianismo «adulto», convencido y comprometido”.


Los NME son ámbitos fecundos de vida cristiana y servicio apostólico orientado a una evangelización renovada. Desde la certeza de que vivimos tiempos difíciles y contradictorios en una cultura secularizada, se requiere con urgencia, al decir de Doig:

Un anuncio fuerte.
Una sólida y profunda formación cristiana.
Personalidades cristianas maduras, conscientes de su identidad bautismal, de su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo.
Comunidades cristianas vivas.

Si los NME, fieles a su vocación encarnan las características mencionadas, pueden ser los frutos que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia como respuesta providencial a estos tiempos y a la necesidad que tienen los hombres de encontrarse con Dios. Esto supone una gran responsabilidad. Su misión es dar acogida al llamado del Espíritu Santo a formar parte de las nuevas respuestas que los hombres necesitan para vivir cristianamente, asumiendo los desafíos del tercer milenio. En relación con esto Doig al referirse a los miembros de los NME subraya esta responsabilidad:



“(…) deben ser conscientes de la enorme responsabilidad que significa haber sido convocados por el Espíritu a formar parte de estas nuevas respuestas para los desafíos de este tiempo. Se explicita así una responsabilidad frente al Espíritu que convoca. Pero se pone también de manifiesto una responsabilidad frente a la Iglesia toda. Los carismas que han recibido son para utilidad de todo el Pueblo de Dios y deben ser puestos al servicio de la misión.” Cf. Doig, Juan Pablo II y los Movimientos, 66-67



Algo propio de los NME que los distingue de otras realidades asociativas en la Iglesia es el hecho de se trata de un fenómeno que afecta a toda la vida del fiel. Se propone seguir a Jesús de un modo específico, a través de un carisma concreto, lo que supone un modo particular de vivir la fe. No obstante, ese modo de vida cristiana no separa al fiel de la Iglesia local a la que pertenece, puesto que los carismas de los NME constituyen nuevos modos de vivir las exigencias bautismales. 4-5


Por lo tanto cabe preguntarse si la iniciación cristiana debe limitarse a recibir sucesivamente los sacramentos o es necesario hacer un proceso, un itinerario, ya sea en el ámbito de una comunidad parroquial renovada o en un movimiento donde la persona, tenga la edad que tenga pueda encontrarse con Jesús y descubrir su Evangelio como una propuesta de vida.



Las claves de un proceso de iniciación cristiana:

La Iniciación Cristiana busca ser escuela de cristianismo, es decir, enseñanza y aprendizaje, testimonio y seguimiento de la fe, en una palabra experiencia de Dios. En este itinerario acontecen: el primer anuncio o kerygma, la formación, la catequesis, la experiencia de oración personal, comunitaria y litúrgica, la participación sacramental, la experiencia de fraternidad o de vida comunitaria, la toma de conciencia del compromiso misional para anunciar a otros el Evangelio, compartir y servir.


La esencia del encuentro y de la comunión dentro de los NME es la experiencia íntima de conversión que lleva a vincularse familiarmente con el Señor y con los hermanos, con una inmediatez sorprendente. La experiencia tiene prioridad frente al razonamiento, lo experiencial trasciende lo doctrinal. Desde esta experiencia se asume que el cristianismo es mucho más que una doctrina o una moral, antes bien, éstas son consecuencia de la fe. 6



“Desde los inicios del movimiento, descubrir que Dios nos ama inmensamente ha sido para nosotros una novedad absoluta, tal que ha obrado en nosotros una especie de conversión. Desde ese momento nos hemos percatado de la presencia de Dios en todas partes a través de su amor (…)” 7



El método utilizado por los NME para ofrecer en el contexto contemporáneo el mensaje de salvación consiste en posibilitar el encuentro con el acontecimiento Cristo y la Iglesia8 , teniendo como modelo el iter seguido por Jesús con sus discípulos y el seguido por éstos con los primeros cristianos. 9


Los NME se apoyan en una experiencia de fe discipular que, en cuanto tal, es una fe testimonial. Es una fe que provoca un encuentro con Jesús y que lleva a la persona a plantearse un cambio de vidaque haga posible creer y vivir lo que se cree. 10 En esa experiencia de fe cobran vida y sentido los sacramentos que son celebrados en una comunidad viva y fraterna.


Como una de tantas experiencias podemos compartir y celebrar el testimonio del Camino Neocatecumenal que sintetizamos a continuación: El Camino Neocatecumenal reconocido como «catecumenado post-bautismal»


Esta aprobación formaliza y precisa el reconocimiento del Santo Padre expresado en una carta (30 agosto 1990), donde afirmaba: «Reconozco el Camino Neocatecumenal como un itinerario de formación católica válido para la sociedad y los tiempos de hoy». Al ser considerado como «Iniciación Cristiana», el Camino, según los Estatutos, se pone al servicio de las diócesis y de la Iglesia toda. El Camino Neocatecumenal, según Kiko Argüello. En 1964, un joven madrileño, Kiko Argüello, comenzaba en uno de los barrios más pobres de Madrid el Camino Neocatecumenal, uno de los carismas de la Iglesia católica más pujantes del momento. Esta realidad eclesial está difundida en más de 105 naciones en los cinco continentes, con más de 1.500 comunidades distribuidas en 800 diócesis y 5.000 parroquias.
Argüello era uno de los prototipos contestatarios de los años sesenta. De familia burguesa y católica, estudió Bellas Artes en Madrid. Pronto abrazó el ateísmo. Ganó un Premio Nacional de Pintura. A pesar del éxito profesional, no era feliz.


«Había muerto interiormente y sabía que mi fin seguramente sería el suicidio, antes o después --confiesa en una de las pocas entrevistas que ha concedido--. Vivir cada día significaba todo un sufrimiento. Cada día lo mismo: ¿Para qué levantarme? ¿Quién soy yo? ¿Por qué vivimos? ¿Para qué ganar dinero? ¿Para qué casarse? Y así, todo ante mí carecía de sentido».
«Preguntaba a la gente a mi alrededor --añadía en aquellas declaraciones concedidas al diario español La Razón (8-01-2000)--: «Perdona un momento, ¿tú sabes por qué vives?» y no sabían qué responder. Se abría un gran abismo dentro de mí. Escapaba de mí mismo. Ese abismo era una llamada profunda de Dios, que me estaba llamando desde el fondo de mí mismo».


Un día entró en su cuarto y comenzó a gritar a ese Dios: «¡Si existes, ayúdame, no sé quién eres, ayúdame!» Y en aquel momento Dios tuvo piedad de mí, pues tuve una experiencia profunda de encuentro con el Señor que me sobrecogió. Recuerdo que comencé a llorar. Sorprendido, me preguntaba, ¿por qué lloro? Me sentía como agraciado, como uno a quien delante de la muerte, cuando le van a disparar, le dijesen: "Quedas libre, gratuitamente quedas libre».


Eso fue para mí pasar de la muerte a ver que Cristo estaba dentro de mí, y que alguien dentro de mí me decía que Dios existe, como comenta San Pablo:


"El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios", añadía Argüello. Siguiendo las huellas del padre Charles de Foucauld, en 1964 deja todo para vivir entre los más pobres, en las barracas de Palomeras Altas, en la periferia de Madrid. En contacto con los pobres, el Señor le lleva a descubrir una síntesis teológica catequética y formará con ellos, por obra del Espíritu Santo, una comunidad que vive celebrando la Palabra de Dios y la Eucaristía.


Aparece el trípode sobre el que se basa el Camino Neocatecumenal: Palabra, Liturgia y Comunidad. Con Carmen Hernández, y con ayuda de algunos sacerdotes, esta experiencia es introducida en algunas parroquias españolas. Nacía así esta una nueva realidad eclesial.
Apareció poco a poco ante sus ojos el catecumenado como itinerario de iniciación cristiana, gradual y progresivo, por etapas, para llegar a las aguas de la piscina bautismal, y, por lo tanto, la necesidad de un neocatecumenado, de un catecumenado post-bautismal.


¿Qué es el Camino Neocatecumenal?
Retomamos una importante pregunta:

¿Cómo se establece o debería establecerse la vinculación parroquias-movimientos en la búsqueda de una pastoral discipular y misionera para favorecer y realizar en forma colaborativa la iniciación cristiana de niños, jóvenes y adultos?

Podemos aproximarnos al tema tomando algunos párrafos de la ponencia de Mons. + Javier Del Río Alba, Arzobispo de Arequipa (Perú) en el 3º Congreso de Movimientos y Nuevas Comunidades, convocado por el CELAM (Paraguay 2010): “Los pastores y los movimientos eclesiales”.


“En nuestro tiempo de globalización secularizante y anti-cristiana, el Papa Juan Pablo II, en la Novo Millennio Ineunte, nos invitó a “recomenzar desde Cristo”. Y el Papa Benedicto XVI ha señalado como el drama central de la post-modernidad, la ausencia de Dios en la vida del hombre y de las sociedades; pero no de un Dios cualquiera sino del único Dios que tiene el rostro de Jesucristo.


Es en este contexto en el que, para evaluar con más profundidad y precisión los criterios pastorales acordados en el I y II Congresos sobre Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades organizados por el CELAM, así como en el Encuentro de Obispos responsables de las Comisiones de Laicos de las Conferencias Episcopales de Latinoamérica, quisiera invitarlos a que nos volvamos a preguntar ¿Qué son los movimientos? ¿Cuál es la misión específica que tienen estos movimientos y nuevas comunidades en nuestras Iglesias particulares? ¿De qué forma estamos los pastores (obispos y sacerdotes) ante estos movimientos? ¿Cuál es nuestra tarea en relación con estos carismas del Espíritu Santo? Pero también: ¿Cómo están madurando los movimientos y nuevas comunidades en su relación con los Obispos y en su integración en las parroquias y en las Iglesias particulares?


El Papa Benedicto XVI explicó que “la respuesta de los pastores de la Iglesia a los nuevos carismas debe ser de apertura y acogida animada por el amor que hace dóciles al designio salvífico de Dios, que se expresa también en estos dones".


Sin embargo, pese a que han pasado varias décadas en las cuales los Papas han expresado muchas veces la importancia de los Movimientos y Nuevas Comunidades para la Nueva Evangelización, no es una excepción encontrar todavía hoy obispos, sacerdotes y laicos que no aceptan estas nuevas realidades eclesiales, sea porque no las comprenden o porque, en ciertos casos, se detienen más en ver algunos defectos de sus miembros que el tesoro que encierran en sí.


Los movimientos y nuevas comunidades, cuando se integran con humildad en la vida de las Iglesias locales y son acogidos cordialmente por obispos y sacerdotes en las estructuras diocesanas y parroquiales, representan un verdadero don de Dios para la Nueva Evangelización y para la actividad misionera propiamente dicha.


Por otro lado, es preciso recordar que en la medida en que estén profundamente arraigados en la Iglesia como misterio de comunión, los movimientos y nuevas comunidades reconocidos oficialmente por la autoridad eclesiástica, son «formas de autorrealización y reflejos de la única Iglesia».12


En consecuencia, corresponde a los pastores favorecer la comunión e integrar a los movimientos y nuevas comunidades en la vida de las iglesias locales, en las estructuras diocesanas y parroquiales. Y corresponde a los responsables de estas realidades eclesiales dejarse guiar y ayudar por los obispos. Haciéndolo de esta forma los movimientos y nuevas comunidades se convierten en un verdadero don de Dios para la Nueva Evangelización y para la actividad misionera de la Iglesia.


En los tiempos difíciles que nos toca vivir, creo que estamos todos de acuerdo en que éste es uno de los principales aspectos que se debe reforzar en la formación ad intra en los movimientos y nuevas comunidades. Por un lado, los movimientos desean y buscan el apoyo de los pastores, pero por otro lado algunos corren el riesgo de prescindir de nosotros, tal vez temerosos de no ser bien acogidos o comprendidos. Esta posible división es la que debemos evitar a toda costa.”13


Hacer de la Iglesia casa y escuela de comunión, como nos proponía Juan Pablo II al comenzar el 3er milenio será una clave para el logro de mayores frutos.


No se trata de que los Movimientos asuman lo que es propio de la realidad parroquial, desdibujando así su especificidad. Tampoco de mirar a la Iglesia solo en su dimensión territorial negando o cuestionando la coesencialidad eclesial, la dimensión jerárquica y carismática en conjunto y enriqueciéndose con el don que el Espíritu Santo ha dado a cada son el escenario propio de una auténtica iniciación cristiana.


Frente a la posibilidad de reducción en alguna de estas dos dimensiones, Juan Pablo II en el primer Congreso mundial de Movimientos (1998) expresa:
Ante el riesgo de que la antinomia reductiva de la contraposición carisma – institución impidiera reconocer estas dimensiones como coesenciales en la constitución de la Iglesia, Juan Pablo II en el Congreso de 1998 recordó que:



“En varias ocasiones he subrayado que no existe contraste o contraposición en la Iglesia entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la que los movimientos son una expresión significativa. Ambas son igualmente esenciales para la constitución divina de la Iglesia fundada por Jesús, porque contribuyen a hacer presente el misterio de Cristo y su obra salvífica en el mundo. Unidas, tienden a renovar, según sus modos propios, la autoconciencia de la Iglesia que, en cierto sentido, puede definirse «movimiento», pues es la realización en el tiempo y en el espacio de la misión del Hijo por obra del Padre con la fuerza del Espíritu Santo.” 14


“¿Cómo hacer llegar el mensaje de Cristo a los jóvenes no cristianos, que son el futuro de Continentes enteros? Evidentemente ya no bastan los medios ordinarios de la pastoral; hacen falta asociaciones e instituciones, grupos y centros apropiados, iniciativas culturales y sociales para los jóvenes. He ahí un campo en el que los movimientos eclesiales modernos tienen amplio espacio para trabajar con empeño.”15



¿Cuál es el desafío de la catequesis en la iniciación cristiana? ¿Cuál puede ser el aporte de los movimientos en este sentido?

Benedicto XVI nos explica que el cristianismo es un itinerario «de fe y de amistad con Jesús, continuamente descubierto y redescubierto como Maestro y Señor, Camino, Verdad y Vida del hombre». Y agrega: «La alegría más auténtica está en la relación con él, encontrado, seguido, conocido y amado, gracias a una continua tensión de la mente y el corazón. Ser discípulo de Cristo: esto basta al cristiano» 16 .


En los N° 286 a 300 del Documento de Aparecida encontramos la clave central para la formación de todos los cristianos en la fe. Ahí se nos habla de una catequesis de iniciación cristiana que, propiamente hablando, se refiere a la primera iniciación en los misterios de la fe, sea en forma de catecumenado bautismal para los no bautizados, sea en la forma de catecumenado post-bautismal para los bautizados no suficientemente catequizados (Aparecida 288).


No se puede dar por supuesta la fe, es necesaria volverla a proponer a todos, siempre y en todo momento. Por eso, es urgente desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación en la vida cristiana que comience por el kerigma y, guiado por la Palabra de Dios, conduzca a un encuentro personal, cada vez mayor, con Jesucristo (Aparecida 289).
Después de la catequesis iniciática, viene la catequesis permanente, y ahí todos los movimientos están haciendo una gran labor que es de necesidad vital para nuestra vida cristiana y anhelos apostólicos.


La catequesis no debe ser sólo ocasional, reducida a los momentos previos a los sacramentos o a la iniciación cristiana, sino más bien «un itinerario catequético permanente». Es necesario establecer un proceso catequético orgánico y progresivo que se extienda por todo el arco de la vida, desde la infancia hasta la ancianidad.


Hay que tener en cuenta que la catequesis de adultos, según el Documento de Aparecida, es la forma fundamental de la «educación en la fe», como afirma también el Directorio General para la Catequesis. La catequesis es, así, elemento «fundamental de la iniciación cristiana» 17 .
Cabe destacar también que la catequesis de formación no puede limitarse a una enseñanza meramente doctrinal sino que, como dice Aparecida en el número 299, ha de ser una verdadera escuela de formación integral en donde se cultive la amistad con Cristo en la oración, la escucha permanente de su Palabra, la correcta celebración de la liturgia y la vida en comunidad; piezas fundamentales para edificar la vida cristiana en el hombre.



Que el Espíritu Santo nos permita profundizar nuestro compromiso con la nueva evangelización desde la vocación que nos a confiado a cada uno en la Iglesia.
"Padre que todos sean uno...
para que el mundo crea que
tú me enviaste" (Juan 17:21).


NOTAS

1. Cf. M. Kehl, La Iglesia. Eclesiología católica, Salamanca, Sígueme, 1996, 215-216

2. Cf. O´Donnell, Christopher, "Movimientos Eclesiales", en: O´Donnell, Christopher; Salvador Pié-Ninot, Diccionario de Eclesiología, Madrid, San Pablo, 2001, 47.

3. Rylko, Stanislaw, Los movimientos eclesiales, respuesta del Espíritu Santo a los desafíos de la evangelización hoy [en línea], Bogotá, Zenit, 2006

4. Cf. Navarro, "La incardinación", 272-273

5. P. NORIEGA JAIME, Pablo, “Los nuevos movimientos eclesiales. Su recepción y valoración – En la Iglesia universal desde las Iglesias locales”. Tesis no publicada. Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires. 2010.

6. Cf. González Muñana, Nuevos movimientos, 89-91

7. A. Sgariglia, "En el origen de todo, el descubrimiento de que "Dios es amor"", La belleza de ser cristiano. Los movimientos en la Iglesia. Actas del II Congreso mundial de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades. Rocca di Papa 31 de mayo - 2 de junio de 2006, Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, 91-97, 91

8. Cristo, acontecimiento original; la Iglesia Cristo continuado y prolongado como pueblo cristiano en el espacio y el tiempo.

9. Cf. González Muñana, Nuevos movimientos, 50-55

10. Cf. Mártensen, Experiencia fundacional, 98

11. Camino Neocatecumenal. Autor: Jesús Bastante Madrid | Fuente: Zenit.org

12. Juan Pablo II, Discurso en el Encuentro con los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades, op. cit., .

13. Mons. + Javier Del Río Alba, Arzobispo de Arequipa (Perú) en el 3º Congreso de Movimientos y Nuevas Comunidades, convocado por el CELAM (Paraguay 2010): “Los pastores y los movimientos eclesiales”.

14. Juan Pablo II, Mensaje a los participantes en el Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales

15. Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris missio, Roma, 1990, 37

16. Benedicto XVI, Meditación mariana (15.1.06): L´Osservatore Romano, edición en español (20.1.06) 1.

17. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis, 66


 


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