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¿Es pecado asistir a espectáculos de striptease?
Gran parte de los problemas del mundo se deben precisamente a la concepción utilitarista de la vida


Por: Juan Carlos Ortega | Fuente: Catholic.net



¿Es pecado asistir a espectáculos de strip-tease o table dance masculinos y femeninos?

Pecado, de acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, es la trasgresión voluntaria de la ley de Dios. La trasgresión puede ser en materia leve o en materia grave. Si se da en materia leve, estaremos hablando de pecado venial. Si la transgresión se da en materia grave, el pecado será mortal.

Podemos entender fácilmente el concepto de pecado cuando hablamos de un robo, de un asesinato o de una mentira. De alguna de estas maneras omito el cumplir con un mandamiento de la ley de Dios, además de hacerle un daño a mi prójimo.

¿Pero a quién hago daño y contra qué mandamiento de la ley de Dios estoy atentando cuando asisto a un espectáculo de table dance o a los espectáculos que se anuncian bajo el título “sólo para hombres” o “sólo para mujeres”?

Una guía segura y clara para responder esta pregunta la tenemos en san Juan Pablo II, quien a lo largo de algunas de sus audiencias de los miércoles fue hilando lo que se conoce como “la teología del lenguaje del cuerpo”. Durante mucho tiempo se entendió que las finalidades primordiales del matrimonio eran la ayuda mutua, la procreación y educación de la prole.

Algunos teólogos aceptaban también como una finalidad del matrimonio el de un remedio para la castidad, basándose en aquello que dijo san Pablo: “mejor es vivir casado que abrazado”. Pero fue el Papa san Juan Pablo II quien re-descubrió la sexualidad como un lenguaje del amor, a través del cual los esposos se comunican y se entregan a sí mismos en una forma total, exclusiva y permanente.

Sin embargo, cuando un hombre utiliza a otra persona para satisfacer únicamente su propio beneficio, convierte a la persona en cosa, en un objeto de uso para lograr satisfacerse a sí mismo, dejando de un lado la dignidad de la otra persona, rebajándola de ser persona a ser cosa. Ya no la ve como persona. “Tú eres para mi un objeto, una cosa con la cual puedo satisfacer mi necesidad. Lo tuyo, lo que tú eres, no me importa”. Se convierte por lo tanto en un acto egoísta.

Volvamos al caso de los espectáculos de strip-tease o de table dance. El sexo, que debería ser utilizado para expresar amor, donación y comunicación mutua se convierte en un objeto para satisfacer el placer personal, la curiosidad sensual.

La persona observada se hace cosa, se “cosifica”. Se atenta por tanto contra el sexto y noveno mandamientos (no cometerás actos impuros y no desearas la mujer –y el hombre, por extensión del lenguaje- de tu prójimo), al tomar la sexualidad no como un vehículo para expresar amor, transmitir la vida y ayudarse mutuamente, sino como un medio para satisfacer un placer, un gusto. Pero también se comete un acto egoísta, como lo hemos explicado, por cosificar a la otra persona.

Juan Pablo II, desde que era profesor de filosofía en la Universidad de Lublich no dejaba de insistir en que gran parte de los problemas del mundo se deben precisamente a esta concepción utilitarista de la vida en donde se ve a las personas tanto en cuanto sean cosas útiles para la satisfacción de las necesidades de otra persona.

 







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