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Ladrones
Existen bienes, ladrones y procedimientos tan especiales y tan sutiles que muchos robos pasan desapercibidos como tales


Por: Alejo Fernández Pérez | Fuente: Revista Arbil



Hay muchas formas de robar, de sustraer lo que es debido, a la familia, a la sociedad, a los trabajadores, a las empresas, a la comunidad, a la naturaleza..., incluso a nosotros mismos.

Hace tres mil años, Moisés recibió un mandamiento de Yahvé: No robarás. Y, aunque parezca mentira, sigue vigente. Robar es algo más que apoderarse o retener los bienes de otra persona injustamente o perjudicarle en sus bienes. Pero además de la cartera, la motocicleta o el coche, la fruta en el campo, el mobiliario o enseres de la vivienda, la mujer de otro o el atraco a un banco; existen bienes, ladrones y procedimientos tan especiales y tan sutiles que muchos robos pasan desapercibidos como tales. Ni siquiera llamamos ladrones a los que hurtan ciertas cosas o de ciertas maneras. Bueno será recordar algunos:


Chapuceros. Son aquellos que nos roban un tiempo precioso haciéndonos esperar uno y otro día. Terminan mal su trabajo y nos hacen repetir la operación al poco tiempo con un costo doble. Constituyen una de las pestes de todas las sociedades. El chapucero se da en todas las actividades y capas sociales, desde ministros a peones.

Muchas empresas de todos los tamaños: Bancos, Seguros, Constructoras,... ponen tranquilamente en la calle a los empleados por "No estar integrados en la Empresa" , u otros eufemismos, que significan que los tales empleados no quieren trabajar las horas extras que no les pagan; los que no soportan cobrar pagas donde la nómina dice una cosa y la paga otra; los que no quieren firmar que han recibido las vacaciones sin disfrutarlas; los que no están dispuestos a cobrar paga de peón, con título y master universitario...

Esos profesores que habitualmente faltan o entran en sus clases con 10 minutos de retraso y llevan las lecciones sin preparar. Alumnos que no estudian ni dejan estudiar a los compañeros, que faltan a sus clases y molestan a los profesores. Un alumno que no cumple sus obligaciones ¿tiene derechos como alumno?


Rateros de tiempo. En una época en que trabajo se cobra normalmente por hora, perder el tiempo o hacérselo perder a los demás es un robo como otro cualquiera. Papeleo administrativo que nos hace perder meses y años, para arreglar asuntos que se podrían solventar en 24 horas- léase abrir un negocio-. Médicos que citan a varios pacientes a la misma hora para no perder ellos ni una; fontaneros, albañiles, que raramente se presentan a la hora o el día acordado; pleitos a los que nadie ve el fin, y sin cuyo resultado se paraliza la vida de mucha gente.

Los obreros y empleados, que con un sueldo aceptable y empleo fijo andan todo el día racaneando, trabajando a medio gas y no todas sus horas. Los que intentan justificar su incompetencia y nulidad murmurando de jefes y compañeros en todo momento. Casualmente cogen la gripe dos veces cada año. Pocos son suficiente para emponzoñar y destruir una empresa.

Los políticos forman parte de la más noble de las actividades humanas. Mucha es su gloria, cuando son honestos y eficaces; pero también es grande su responsabilidad y miseria cuando trabajan mal, y sobre todo, cuando retrasan o no cumplen sus obligaciones. ¿Qué gloria hay para los que en vez de servir al pueblo se sirven de él? Son los que llenan los puestos de gobierno o trabajo con sus familiares, amigos, compañeros de partido o ideología; ignorando, despreciando o persiguiendo a los que no son de su cuerda.

La lealtad es, en primer lugar, muy en primer lugar, para el pueblo a quien se dice servir, las otras lealtades son secundarias. La democracia, los votos no son valores absolutos, y, desde luego, no pueden utilizarse, ni son aceptables como excusa para cometer, en su nombre, verdaderas tropelías. Además, tienen el agravante de que sus actos son, generalmente, legales.


Medio ambiente. Los que dejan basura y suciedad por donde pasan, los que emponzoñan el aire o el agua, los que destrozan árboles; los malos pescadores o cazadores que no pasan de ser más que asesinos de animales. Los grafiteros cuyas gracias roban millones a los Ayuntamientos en limpieza. Todos y cada uno de los que privamos a las generaciones futuras de un mundo mejor ¿No estamos robando algo que vale más que el dinero?


Salud. Traficantes de drogas, incitadores al alcohol, a la pornografía, al botellón, al juego, a la violencia... ¿No están robando salud? ¿No están robando vida? ¿No están malgastando enormes medios económicos?


Sin embargo, vemos que los comerciantes inteligentes no necesitan robar, pues saben como hacer frente a sus problemas, y están convencidos que la honradez es una buena inversión y la mejor de las propagandas. Tardan más en triunfar, pero es un triunfo que da más satisfacciones y más duradero. El robo se deja para los torpones, que no se enteran donde se meten, ni saben después como salir. Donde se pone comerciante, podemos escribir cualquier otro nombre.

Tampoco olvidemos que buena parte de estos casos son posibles por la permisividad, la falta de coraje, la desunión y la no utilización de los medios de protesta y denuncia, que las leyes ponen a nuestro alcance. Si nosotros no luchamos por nuestros derechos ¿Por qué lo van a hacer los demás?

Además, también dicen que son ladrones los que roban por hambre. Cuando huyen corriendo, la gente grita ¡Al ladrón!, ¡Al ladrón! Pero, cuando a nuestro lado pasa tranquilamente y pavoneándose un grafitero, un chapucero; un mal juez, político, profesor, médico, empresario u obrero le saludamos y damos los buenos días muy cordialmente : "Buenos días Señor, vaya Vd. Con Dios". "Quede Vd. Con Él", nos responden.

Ante este panorama lo primero que pensamos es ¿Qué hace El Estado? ¿Qué hace el Ayuntamiento, la escuela, la, la, la...?

¡Oiga!, Y ¿Qué hacemos Vd. y yo?


Extracto del Artículo "Ladrones" de Alejo Fernández Pérez, publicado en la Revista Arbil

 

 

 

 

 



 







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