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De la web cam al snuff movie
Nicks, chats donde todos los datos pueden ser falsos, contactos sexuales via ADSL, infidelidades por messenger, romances a través de mensajes SMS...


Por: Juan Orellana | Fuente: Revista Arbil nº 71-72



El 13 de junio se estrenó La Cámara Secreta, de Marc Evans, una película que ha dado mucho que hablar en Inglaterra. No queremos recomendarla aquí, ni mucho menos, pero sí hacer una reflexión a partir de su argumento, que es el siguiente.

Aparece en la red un anuncio: se buscan participantes para un Gran Hermano que se transmitirá íntegramente por internet. El premio es de un millón de dólares. La condición: permanecer seis meses en una casa junto a cuatro compañeros más. Pero ¡atención!, para ganar es preciso que ninguno de los cinco participantes abandone la casa antes del plazo.

Los cinco participantes seleccionados llegan a la casa en cuestión, ubicada en mitad de un bosque canadiense, cerca de ninguna parte. Todos tienen común su afán de dinero y notoriedad. El caserón está lleno de cámaras que filman todo, hasta lo más íntimo. En fin, todo ese rollo que lamentablemente conocemos muy bien.

La cosa está en un día se dan cuenta, por medio de un ordenador portátil, de que no existe ninguna página web donde se esté trasmitiendo su supuesto reality show. Descubren más bien que se trata de una web encriptada de acceso altamente restringido. Es decir, que hay muy pocas personas, posiblemente una media docena, que les están observando. Empiezan a comprender que son víctimas de una snuff movie sofisticada para ricachones.

Esta película pone sobre el tapete una realidad cada vez más clara: hacia dónde caminan nuestras formas de relación. Estas progresivamente están más dominadas por los tres pilares del poder: dinero, fama y sexo. La Cámara Secreta parte de la cultura de la web cam, un instrumento donde puedes usar y tirar al otro pero quedándote protegido. Puedes exhibir tu cuerpo sin que nadie te toque, puedes mostrarte y decir lo que quieras desde tu torre de marfil. Puedes, en definitiva, hacer pública tu privacidad, sin abandonar tu anonimato relativo.

Una persona educada en este tipo de relaciones puede dar con naturalidad el siguiente paso: los reality shows televisivos. La privacidad de la web cam se sacrifica ahora en aras del dinero o la fama. En todas las cadenas televisivas hay programas donde la gente desnuda su intimidad personal, afectiva y sexual delante del público. Un sujeto cuenta cómo se lo monta en la discoteca, la televisión anota sus buenos ingresos y el público disfruta con ese espectáculo "en vivo y en directo".

El siguiente paso, cuando ya se han saciado los apetitos vouyeristas y utilitaristas que permite la legislación, es entrar en el consumo de productos "clasificados". El material porno de antaño ya se ha quedado viejo y te lo sirven en las teles de habitación de los hoteles con sólo pulsar un botón. Hoy se busca una manipulación total del otro y una salvaguarda mayor de tu identidad. Entramos así en el poliédrico mundo de las snuff.

Muchas son las historias vinculadas a la producción y comercialización de estas películas. Se las ha relacionado con redes pedófilas, con ritos satánicos e incluso con círculos millonarios. Lo más antiguo relacionado con una snuff movie serían las supuestas filmaciones que habría realizado el famoso asesino en serie David Berkowitz de algunos de sus numerosos crímenes. Estas cintas circularían dentro de una secta satánica norteamerican.

Algunos afirman que Berkowitz realizó la filmación del asesinato de Stacy Moskowitz en 1977 en Brooklin, con el objeto de vendérsela a Roy Radin, un empresario de Long Island, conocido por su enorme colección de películas porno, a la cual quería agregar una snuff. Hay decenas de casos más, que tanto el FBI como otras Agencias policiales de otros países declaran oficialmente como falsas. En cualquier caso, como dice el cineasta Paul Schrader "creo que es posible que existan, pero es menos importante que la creencia de la gente en su existencia; lo significativo es la voluntad de creer en esa fantasía maligna".

El cine legal ha echado mano del gore para satisfacer este morbo cruel de los espectadores, que han hecho de ese subgénero un supuesto cine de culto. La obra cumbre de este cine nauseabundo es Irreversible, estrenada en varios Festivales (Berlín, San Sebastián) y estrenada comercialmente. Una película que produce un daño objetivo -irreversible- en la conciencia del espectador.

Alguno pensará que estamos hablando de conductas marginales y psicóticas. Pero aunque sociológicamente el consumo de estos productos radicales pueda limitarse a una minoría, lo cierto es que las relaciones sociales cada vez están más determinadas por una difuminación absoluta del valor de lo personal y de la dignidad del otro. Las nuevas tecnologías permiten unas relaciones de lo más abstractas, en las que es posible no poner en juego nada de tu verdadera identidad: nicks, chats donde todos los datos del otro -y los tuyos propios- pueden ser falsos, contactos sexuales via ADSL, infidelidades por messenger, romances a través de mensajes SMS... Incluso, sin que te percates, te pueden hacer una foto con un teléfono móvil, y en diez minutos puede navegar por la red hasta el fin del mundo sin que nadie responda por ello. Nunca el Poder ha tenido tanto poder. Si las relaciones humanas, incluso las de pareja, se vuelven abstractas, la abstracción cae sobre todo como una fila de fichas de dominó: la política, la filosofía, el arte, la educación,... todo se hace abstracto, listo para ser engullido por el Poder. El cine de rostros, de historias sencillas, el cine de primeros planos, de miradas, de olor cotidiano es hoy más urgente que nunca. Y afortunadamente existe. Agarrémonos a él como a un clavo ardiendo.


Este artículo ha sido publicado en el número 68 (junio de 2003) de "Páginas para el mes", periódico de actualidad política, social y cultural, edición impresa


Si tienes alguna consulta utiliza este enlace para escribirle al P. Miguel Solórzano, Sacerdote de la diócesis de Galveston-Houston. Participa activamente en los medios de comunicación en español de la ciudad de Houston. Es Director de comunicaciones de la Asociación Nacional de Sacerdotes Hispanos www.ansh.org.






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Imagen: cultura.rcp.net







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