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Las enseñanzas de Jesús

Eficacia de la oración
Jesús da muchos ejemplos que enseñan a ser constantes en la oración y llenarse de confianza.


Por: P. Enrique Cases | Fuente: Catholic.net



Jesús da muchos ejemplos que enseñan a ser constantes en la oración y llenarse de confianza.

El primer fruto es hacernos buenos, y el siguiente es conseguir cosas buenas.

Algunos no consiguen lo que piden porque son malos, porque piden malamente, o porque piden cosas malas, que les haría más daño que bien. Aún así siempre tiene fruto la oración, incluso superior a lo que se pide. "Y les dijo: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, y acuda a él a media noche y le diga: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle, le responderá desde dentro: No me molestes, ya está cerrada la puerta; yo y los míos estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos? Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará para darle cuanto necesite"(Lc). La comparación de una oración que puede parecer inoportuna a los ojos humanos, pero que consigue ayuda del amigo, es aliento a pedir, porque, además, la oración nunca es inoportuna, pues Dios siempre escucha solícito nuestras súplicas.

"Así, pues, os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y a quien llama, se le abrirá. Pues, ¿qué padre habrá entre vosotros a quien el hijo le pide un pez, en lugar de pez le dé una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dé un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?"(Lc) Pedir, buscar, llamar: tres actitudes del orante no siempre coincidentes. El que pide, sabe lo que necesita, al menos siente una necesidad. El que busca no posee, pero pone interés en alcanzar, por ejemplo, la fe. El que llama se encuentra ante puertas cerradas con el único recurso de su clamor. El ejemplo de los malos que hacen cosas buenas con los hijos es un acicate para acercarse al que es siempre bueno y da no sólo lo que se le pide sino su mismo amor; se da a sí mismo y su don más precioso que es el Espíritu Santo.




 







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