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Mensaje Infancia Misionera 2007
Ponte en camino... eres misionero


Por: Monseñor Francisco Pérez González | Fuente: Obras Misioneras Pontificias



Cuando Jesús hablaba con sus discípulos lo hacía por los caminos de Galilea, Judea, Samaria... No permitía que se le interrumpiera en su reflexión puesto que les iba enseñando a ser ´misioneros de su evangelio´, es decir, portavoces de su mensaje y de su vida. Muchos días paseaban y paseaban y siempre tenían un tiempo de reposo para poder comer y en alguna circunstancia, tan interesante les había parecido su palabra y sus discursos, que hasta comer se les había olvidado. Es entonces cuando Jesús les invita a sentarse y realiza el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces donde había más de cinco mil personas.

El lema que hemos escogido para la “Jornada de Infancia Misionera” es muy sugerente y puede resultar –pedagógicamente hablando– una buena catequesis para los niños que se sorprenden ante la mirada de Jesús. Ponerse en camino es romper con las comodidades y salir de uno mismo para abrir la vida hacia metas más altas que las que nos ofrece el egoísmo. Cuando uno camina hace la experiencia de ruptura con las ataduras del pasado y se adentra mucho más en el presente que le toca vivir. Quien camina se une a otros para sobrellevar juntos la dureza de la subida, las facilidades de la bajada y la relajante llanura que armoniza a una y a otra. Quien camina tiene opción a llegar a la meta, quien se para y se anquilosa no realizará su sueño dorado por muchas justificaciones que ponga.

Ser misionero supone un “camino a recorrer”. Durante el viaje, ocurre lo mismo que a los discípulos de Jesús, se presentan tareas, enseñanzas, momentos duros y compromisos que se adquieren. Un misionero no se fía de sí mismo sino que pone todo su empeño en seguir los pasos del Maestro y a su disposición pone todo su trabajo y esmero. Recuerdo la experiencia de una misionera que su única labor era la de recoger, por las calles, a niños abandonados. Ella me decía que no tenía nada cuando llegó a la misión pero al poco tiempo el comedor, donde acogía a estos niños, se fue llenando y siempre tenía comida para darlos. Ahora son más de quinientos a los que alimenta diariamente. Se sorprende de cómo les puede sustentar. Tiene muchos benefactores que la ayudan de forma anónima. ¡Un auténtico milagro!

De estas experiencias podríamos comunicar muchísimas. No hay duda que quien camina con Jesucristo encuentra, en su recorrido, la fuerza de su presencia y el milagro de su recompensa. Caminar con él es vivir una experiencia gozosa y con frutos que son muy abundantes. Él toca los corazones más allá de nuestras percepciones y basta ponerse en el camino de la caridad que premia siempre –con sorpresas imprevisibles– a los que se fían de él. Basta ponerse en camino que uno ya es misionero. Desde niño me sentía atraído a vivir al estilo de los misioneros; me fascinaban, me hacían sentirme mejor. En ellos veía como una ráfaga de luz que iluminaba el mundo. Ahora comprendo lo que dice Jesucristo: “Yo soy la Luz, vosotros sois luz del mundo”.

Ser misionero es llevar esta luz por doquier y ésta no se basa en realizar muchas actividades como si de un vendaval se tratara sino la de manifestar que quien ama y ama de verdad por amor a Jesucristo los frutos serán numerosos. Mirar al pobre con la fuerza amorosa de Dios es la actitud fundamental del misionero.
Las experiencias de los misioneros manifiestan esa relación que va, poco a poco, haciendo de los hombres y mujeres un espacio de libertad y de amistad. De nuevo me viene a la memoria la conversación que tuve con un religioso que trabaja en África. La pasión fundamental de este hombre era estar al lado de los que sufren. Durante varios años no hizo otra cosa. La región era muy dura en pobreza y enfermedades. Con el tiempo formó un pueblo de hermanos que ha florecido en paz, alegría y ayuda mutua. Cuando le pregunté si se iba a jubilar, me respondió con una cara de satisfacción: “mi jubilación es estar al lado de esta gente”.

El lema que deseamos entre en el corazón de todos los niños de Infancia Misionera es el de ayudarles a entender que para ser ´pequeños misioneros´ (así le gustaba llamar a Juan Pablo II a los niños) han de ponerse en camino, es decir, darse a los demás con gestos de amor, porque quien ama es el mejor amigo de Cristo. Caminar es también solidarizarse de ahí que pido a todos los niños de España que se asocien para ayudar, con parte de sus ahorros, a Infancia Misionera y sigan haciendo un fondo común a fin de que muchos compañeros suyos, de otros países, puedan beneficiarse y así ayudarles a salir de sus dificultades. Y también les ruego que se unan en grupos, en sus Colegios o Escuelas, en sus Parroquias o en sus Asociaciones para rezar a Jesucristo por la paz y la armoniosa fraternidad entre todos los pueblos. Si así hacemos seremos misioneros auténticos.

Día de la Infancia misionera
 







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