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Luto en la tierra y fiesta en el cielo
Señor, gracias por el don de Juan Pablo II


Por: Emilio Planas | Fuente: Catholic.net



La muerte de Juan Pablo II nos representa para quienes vivimos su pontificado una pérdida que nos causa un vacío, un amigo y hermano, guía y padre que nos deja. Pero en el cielo ya estaba preparada una gran celebración, como es para todos los hombres que son fieles al llamado de su vocación, que se han entregado en cuerpo y alma a servir a Jesucristo en su vida, a gastarse hasta el último aliento por amor a a misión encomendada por Dios.

Tenemos en el rosario en los misterios gloriosos la coronación de la Vírgen María en los cielos, así es como Dios tiene reservadas las fiestas de quienes le amaron completamente en sus vidas, por ello quiero suponer que todos los ángeles, todos los habitantes del cielo junto a la Vírgen María y presidiendo la Santísima Trinidad ya esperaban con ansias festejarle a Juan Pablo II su llegada a la Gloria de Dios.

En esta vida tenemos que vivir con los pies en esta tierra pero con la mirada en el cielo, construyendo la parte del mundo que Dios nos delegó al brindarnos la vida y los talentos individuales que hemos recibido, y sabemos que tenemos que hacerlo con el sudor la frente y con gran esfuerzo para ser fiel a nuestra vocación, es decir al camino que Dios nos llamó para vivir en plenitud de espíritu en esta tierra y así alcanzar la meta final que nos llevará a la vida eterna.

En la meta final, se pasa al cielo cuándo nuestras manos llegan llenas de frutos de amor verdadero que hemos logrado con los dones que vamos recibiendo de parte de Dios en esta tierra, por ello, la muerte de Juan Pablo II es para los católicos un acontecimiento que nos invita a vivir nuestra vida con fidelidad a Dios en cada minuto de existencia, pues sus los frutos de su entrega los palpamos en nuestras propias vidas.

Así, Dios quizo concederle a Juan Pablo II morir en día sábado, día que la Iglesia Católica dedica a la Vírgen María, pues él, el Papa, le dedicó su pontificado a ella desde su inicio, en su lema puso “Totus Tuus” (todo tuyo), para que fuera María la que protegiera y llevara la Iglesia en este fin de siglo XX e inicio el XXI con la suavidad y firmeza de una Madre que quiere educar bien a sus hijos. Así son las madres, con dulzura nos corrigen de nuestros errores, pues siempre actuan por el amor a sus hijos.

Luto en la tierra pues todos quienes fuimos afectados por el cariño, luz y amor de Juan Pablo II, quisieramos que así continuara hasta el fin de nuestra propia vida, Juan Pablo II fue un instrumento que se dejó moldear por las manos amorosas de Dios y debemos por eso ahora estar agradecidos con Dios por el don de este Papa, que dejó asomarse con su vida a Dios, por él pudimos apreciar mejor cómo es Dios, al que no vemos, pero en Juan Pablo II, lo vimos reflejado.

“Señor, gracias por el don de Juan Pablo II, haznos que por su muerte sepamos apreciar tu amor y correspondamos en nuestras vidas con fidelidad y entrega para alcanzarlo un día en el cielo”.

 

 

 







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