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Noticias extraordinarias
En medio del odio, la incomprensión y la lucha armada existe aún el amor humano como una promesa para un futuro


Por: Bruno Ferrari | Fuente: www.elfinanciero.com.mx



Mientras leía las noticias de diversos diarios, encontré dos acontecimientos que me parecieron relevantes, no por lo noticioso ni por el tono en el que se manejan, sino por el contenido en sí mismo.

La primera de ellas fue a raíz del terrible terremoto que afectó a la zona de Cachemira, área en litigio entre Pakistán e India, en donde se han encontrado alrededor de 80 mil cadáveres en una zona ya de por sí devastada por la guerra y las diferencias ancestrales de carácter territorial y religioso entre ambas naciones, que mantienen casi ininterrumpidamente hostilidades en esa área desde el inicio de su complicada relación fronteriza.

Ahí, para sorpresa de la comunidad internacional, ambas naciones, tras discusiones de sus cancillerías que se extendieron por más de 12 horas, decidieron, dada la magnitud de este siniestro, abrir algunos de sus accesos fronterizos para permitir no sólo las labores de rescate, sino el que se puedan poner en contacto familiares y amigos separados por el conflicto, y que ahora comparten una desgracia de proporciones gigantescas.

Este acontecimiento, que hasta hace una semana era considerado como algo por demás remoto, se convirtió en una realidad, a pesar de que antes de la tragedia todas las gestiones políticas hubieran fracasado.

Moviéndonos en la geografía, la otra noticia a la que quisiera hacer referencia se dio en Jenín, en donde hace unos días, con motivo del fin del mes del Ramadán, un niño palestino recibió como regalo un rifle de plástico con el que esa misma tarde salió a jugar, lo que le valió nada menos que una bala de verdad le diera en la cabeza; el proyectil salió del fusil de un soldado israelí en esa zona del mundo, en donde se vive tanta tensión y donde se ha derramado tanta sangre.

Aunque ese hecho sucedió hace unos días, el motivo de mi sorpresa es que apenas ayer leía que los restos de este niño fueron donados por sus padres para que, con sus órganos, se pudiera salvar la vida o mejorar las condiciones de ésta en otras personas, en particular, niños.

Así, del cuerpecito del niño Ahmed al-Jatib, de 12 años, a quien ni siquiera se le dio la oportunidad de recibir la visita de su padre, por cuestiones de seguridad, se beneficiaron seis personas. El hígado, divido en dos fue donado a una señora de 56 años y a un bebé de seis meses; el corazón se le dio una niña también de 12 años; los riñones los recibió un pequeño de cinco años, y los pulmones un niño de cinco años y una niña de cuatro.

Si leemos ambas noticias aisladamente, se trataría simplemente de notas informativas, incluso de no gran relevancia, dado que la violencia entre Israel y Palestina no es, por desgracia, un hecho aislado, sino el pan de cada día, así como los conflictos entre India y Pakistán ya no son sorpresa para nadie y los terremotos, aunque sean de magnitudes como ésta, son también algo que se ve desafortunadamente varias veces en los diarios cada año; lo que realmente es increíble de estos sucesos es precisamente lo contrario, es decir, ver cómo, en medio del odio, la incomprensión y la lucha armada existe aún el amor humano expresado en condiciones que, para los millones de personas que habitan este atribulado planeta, se sigue convirtiendo en una promesa para un futuro que haga vigente la innegable realidad de que, pese a los políticos, las culturas, los radicalismos religiosos y la incomprensión, sigue prevaleciendo la naturaleza humana.

¿Que podría haber movido a la familia de Ahmed a donar los restos de su pequeño e inocente hijo que falleció en esas circunstancias? ¿De qué tamaño debió ser la presión del sufrimiento que se vive en Cachemira, para que las autoridades de ambos países limítrofes decidieran abrir sus fronteras?

Tal vez podemos dar muchas explicaciones a estos acontecimientos, a mí sin duda me parecen sumamente relevantes porque detrás de ellos veo la prioridad más grande que debe tener todo ser humano y que no es otra que perseverar y respetar la vida de nuestros semejantes, de nuestra propia especie, de darnos cuenta, aunque sea por unos momentos y por determinadas condiciones, que la dignidad humana es la misma en cualquier parte, sin importar nada más que la propia naturaleza de ser hombre.

Es increíble y, además, sumamente alentador pensar que ahí donde se cobran a diario vidas humanas, muchas veces sin la más mínima consideración, sigue existiendo la preocupación frente al sufrimiento. Por más duros e indiferentes que nos hagamos no podemos dejar de ponernos en los zapatos de unos padres destrozados, viendo que su hijo ha muerto por una estúpida bala a los 12 años, y aún así decidir que su cuerpecito sirva para dar vida a otros en lugar de acrecentar el odio. Igualmente, no podemos dejar de ponernos en el lugar de esas familias dividas por una frontera creada por intereses, inventada por hombres en un mundo que nos pertenece a todos, en donde ahora se vivía igualmente la tragedia entre semejantes a uno y otro lado sin poder hacer nada.

Esas aisladas noticias, aunque duras, son buenas, excelentes noticias en un mundo al que cada día le sobra un poco más pero le escasea el principal de los recursos, el amor entre unos y otros.


 

 

 







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