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¿Cambios de conciencia?
En la "postmodernidad" parece que se camina más bien al cambio constante de todo, sin regla superior permanente alguna, salvo la del constante cambio o variación


Por: D. Fernando Civeira | Fuente: ARBIL



Parece bastante claro que al menos en algunos círculos, más académicos que otra cosa (y que por cierto, son cada vez más escasos y con menos arraigo), se maneja ya el término de la "postmodernidad", como expresión de que han cambiado o están cambiando los conceptos ideológicos que el mundo occidental venía siguiendo últimamente y que parece que van a ser sustituidos por otros distintos que constituirán la base de una nueva concepción cultural en los años venideros y determinarán, en consecuencia, otras formas de vida. De momento, sólo diremos del tema unas pinceladas desgarbadas e incompletas.

Buen punto de partida para adentrarnos en él es el referirnos esquemáticamente a los mecanismos fisiopatológicos de nuestra conducta que es el resultado de las resoluciones tomadas en nuestra "consciencia", que es algo así como el receptáculo, o la central a la que afluyen "aferencias" muy diversas: sensaciones, sentimientos, afectos o emociones, ideas procedentes de la inteligencia, evocaciones de la memoria, apetencias sexuales y de otros tipos, etc, con las que, previa la llamada "lucha de motivos", la función psíquica de la libertad decide la elección que la voluntad realiza convirtiéndola en acto, y la repetición de éstos constituye la conducta (unidos a otros factores que no pasan por la consciencia como son los "reflejos condicionados"). Dentro de esta serie de aferencias, la inteligencia, la razón, con sus dos vertientes: la técnica aplicativa , y la especulativa o teórica, que también podemos llamar ideológica, que tiene la pretensión de analizar las conductas colectivas y las individuales del pasado, cribarlas en el presente, y formular su posible proyección en el futuro.

En el aspecto cultural de la "modernidad" es la inteligencia en la vertiente técnica aplicativa la que ha venido dominando y siempre quedó muy en segundo plano la vertiente especulativa o teórica, cada vez menos afectada: veamos algunos aspectos del descenso de su influencia.
Acaso sea uno de ellos el haber despreciado otras de las citadas aferencias a la consciencia, también moduladoras de la conducta, sobre todo la "afectividad" que, en su aspecto colectivo, vino a ser elemento clave de los regímenes llamados totalitarios que curiosamente fueron derrotados por la fuerza de las armas, para que secundariamente, los vencedores controlaran totalitariamente a los individuos y a las colectividades a través de una perfecta técnica administrativa, totalmente mecanizada y expresiva de la completa frialdad anónima. La postmodernidad plantea el tema, per no pasa de ahí, y le busca solución sin encontrarla.

Otro aspecto del desprecio de la "razón especulativa o teórica" que caracteriza la "modernidad" es aceptar que la Verdad y el Bien se definan por el número, con lo que, el razonamiento lógico teórico, lo que se llama "filosofía" ha caído en picado y lo más que se hace es mirarlo con piadoso respeto, si no se rechaza totalmente con un "déjame a mí de cuentos y de elucubraciones". La "postmodernidad" parece se embarca totalmente en esa postura y la lleva aún más lejos con la consecuencia de su "renuncia a las ideologías".

En el "modernismo", la "norma" existe, aunque cambiante según los números de que depende e incluso en su aceptación se llaga a claros rigorismos, como por ejemplo, cuando se habla como suprema perfección política del "estado de derecho" (que resulta ser una imposición draconiana, pero momentánea) en lugar de hablar del "estado de Justicia" con normas permanentes y definitivas. En la "postmodernidad" parece que se camina más bien al cambio constante de todo, sin regla superior permanente alguna, salvo la del constante cambio o variación. En este aspecto, "carencia de una norma permanente" la "postmodernidad" vendría a ser sólo una exageración de la "modernidad" misma, pero hecha aún más anárquica.

Ambas posturas suponen pues, la inseguridad por estar siempre pendientes de la probabilidad del cambio que en principio va unidad a la falta de libertad para el Bien que para realizarse exige continuidad, y con aumento de la "libertad" para el mal, que no la exige. Ambas rechazan una dogmática permanente, necesaria siempre para todo caminar hacia delante. Es siempre necesaria una Fe permanente, como punto de partida y como acompañante fijo para intentar logra una perfección que sin ella no es posible.




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