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¿Juzgar a todos por las faltas de algunos?
¿Cómo se atreven a juzgar a los que, a pesar de sus debilidades, intentan seguir siendo fieles?


Por: Máximo Alvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net



La semana pasada me encontraba en un local en el que había varias personas, una de las cuales estaba leyendo el periódico. Al llegar a un titular que hablaba de dos monjas asesinas, instintivamente se dirigió a mí, quiero pensar que sin mala fe, pero como si por el hecho de ser cura yo tuviera algo que ver con la actuación de las religiosas. Es verdad que no ofende quien quiere, sino quien puede, pero de alguna manera me molestó. Esto suele pasar con bastante frecuencia. Así, por ejemplo, sale una noticia sobre el Papa y te dicen: oye, mira aquí hablan de tu jefe. Y yo les digo: y del tuyo, si es que no has dejado de ser cristiano. Otra cosa muy distinta es que personas que te aprecian, al ver noticias relativas a la religión o a la Iglesia, se acuerden de ti.

Volvamos a la noticia de las monjas. Se trata de dos mujeres que están siendo juzgadas. Aún no se ha dictado sentencia. Podrían ser inocentes. Más supongamos que, en efecto, obraron mal y colaboraron en la muerte de otras personas... Eso es muy grave y no tiene disculpa. Pero de ninguna manera se puede achacar a la condición de religiosas, ni a las normas de la Iglesia o de su congregación. En todo caso es el fruto de un contexto salvaje de odio y rivalidad que nada tiene que ver con el cristianismo. Sin embargo el goteo constante de noticias escandalosas que implican a gente de Iglesia, como ha sido también el caso de las misioneras africanas, puede llevar a veces a la generalización, a decir que todos son iguales o a empañar el testimonio de entrega y santidad de cientos de miles de personas que viven su fe y su compromiso cristiano de manera auténtica.

Pero aún hay más, ¿por qué cuando se habla de temas de Iglesia se tiende a pensar solamente en la Jerarquía o en las personas especialmente consagradas? Que se sepa, lo que nos hace miembros de la Iglesia no es la ordenación sacerdotal o la profesión religiosa, sino el Bautismo. Por tanto no parece justo que un bautizado intente echar balones fuera, señalando a los demás y no aplicándose a sí mismo lo que aplica alegremente a los otros. Y si es que ya ha dejado de ser cristiano por pereza o por abandono de la fe, ¿cómo se atreve a juzgar a los que, a pesar de sus debilidades, intentan seguir siendo fieles?

Hablando de debilidades, la expresión bíblica "hombre de barro" no pretende presentar a Dios como el dueño de una cerámica, sino reflejar la fragilidad, la condición pecadora del ser humano. Y que se sepa no hay ningún producto mágico que la elimine. Ya lo decía el clásico latino: "hombre soy y nada humano me es ajeno". Mire sinceramente cada cual hacia sí mismo y entonces no deberá extrañarse de que los demás puedan cometer errores. Y si alguien se cree perfecto ya tiene un defecto grande: la falta de visión para reconocer sus limitaciones.

¿Monjas asesinas? Presuntamente dos, en medio de cientos de miles y no precisamente por ser monjas. En todo caso en la balanza de las cifras es infinitamente mayor el número de monjas asesinadas por ser monjas. Esa es la gran verdad y como ésta otras muchas que afectan a la Iglesia.

 

 

 

 



 

 

 







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