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¿Por qué un Año de la Eucaristía?
El Papa nos invita a vivir un año especial, un año para mirar al centro: a Cristo presente, vivo, palpitante, entre sus fieles


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net





No se cansa este Papa enfermo. No le ha detenido ni el peligro de la muerte. No le asustan las amenazas de algunos poderosos, ni las críticas de los críticos endémicos, ni la crisis de vocaciones, ni la falta de fe en tantas familias. No le paraliza esa enfermedad que no oculta en público, mientras suspira, gime, llena de dolor y de lucha cada palabra, cada gesto. No deja de proponer nuevos retos a un mundo, a una Iglesia, que camina fresca, entusiasta, en un milenio entre pañales.

Ahora nos invita a un año especial, un año sobre la Eucaristía, un año para mirar al centro: a Cristo presente, vivo, palpitante, entre sus fieles.

Un año que inicia con el congreso eucarístico de Guadalajara (10-17 de octubre de 2004) y que termina con el Sínodo de los obispos de la Iglesia católica en el otoño del año 2005. Un año que nos sirve para profundizar en el misterio de la Iglesia, que nace de la Eucaristía, que vive de la Eucaristía, que camina desde la presencia de Cristo hacia el encuentro, al final de los tiempos, con Cristo.

Juan Pablo II nos invita a buscar lo esencial: el amor de Dios, hecho presente en el misterio de Cristo. Un misterio (Nacimiento, Vida pública, Pasión, Muerte y Resurrección) que revivimos, en el que participamos, en cada misa. Un misterio que ilumina toda la jornada, toda la vida, según recuerda un himno de la Liturgia de las horas. Un misterio que explica mi identidad, mi ser cristiano, mi esperanza y mi amor.

Es un año el que podemos mirar de nuevo lo mucho que nos enseña la Iglesia sobre la Eucaristía. Un año para tomar en nuestras manos el documento del Concilio Vaticano II, “Sacrosanctum Concilium” (1963), sobre la liturgia. Para leer la encíclica de Pablo VI sobre la Eucaristía, “Mysterium fidei” (1965). Para estudiar el “Catecismo de la Iglesia católica” (1983) en aquellas partes sencillas y profundas que dedica a la Misa. Para acercarnos nuevamente a la Carta apostólica de Juan Pablo II sobre el domingo, “Dies domini” (1998), y a la última (por ahora) encíclica salida de sus manos, “Ecclesia de Eucharistia” (2003).

Es un año para convertir el domingo en el centro de nuestra vida, de nuestra identidad como cristianos. Así nos lo pidió el Papa en la Carta apostólica con la que entramos en el tercer milenio, “Novo Millenio Ineunte” (2001), en los nn. 35 y 36.

Es un año para mirar a Cristo eucaristía. Para mirarlo y para dejarnos mirar por Él. Para que su Amor cambie un poco nuestros corazones. Para que nos recuerde que sólo si el trigo cae en tierra y muere, como vemos en el Pan eucarístico, puede dar mucho fruto...

Con motivo del Año de la Eucaristía (octubre 2004-octubre 2005) Su Santidad Juan Pablo II nos ofrece una nueva Carta: "Mane Nobiscum Domine", "Señor, quédate con nosotros", dirigida a los obispos, al clero y a los fieles de la Iglesia.

El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Francis Arinze, la ha presentado (8 octubre 2004) en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, definiéndola como "hermosa e incisiva" y agregó que "ayudará y guiará a la Iglesia para celebrar este especial año con el máximo fruto".

El hilo conductor de la carta, explicó el purpurado, es "la historia de los dos discípulos en el camino de Emaús". Efectivamente la carta se abre así: "Quédate con nosotros, porque se hace tarde y está anocheciendo. Esta fue la invitación que los dos discípulos que se encaminaban a Emaús la misma tarde del día de la Resurrección dirigieron al Viandante que se había unido a ellos durante el camino. Apesadumbrados, no imaginaban que aquel desconocido fuera efectivamente su Maestro, que ya había resucitado".

"En el Año de la Eucaristía -agregó el cardenal-, la Iglesia estará particularmente comprometida en vivir el misterio de la Sagrada Eucaristía. Jesús sigue caminando entre nosotros y nos introduce en los misterios de Dios, abriéndonos al significado profundo de las Sagradas Escrituras. En el cenit del encuentro, Jesús parte para nosotros ´el pan de vida´".

En el primer capítulo: "En el surco del Vaticano II y del Jubileo", dijo el prefecto, el Santo Padre subraya que el Año de la Eucaristía expresa con fuerza el centrarse en Jesucristo y en la contemplación de su rostro, que caracterizan el camino pastoral de la Iglesia especialmente a partir del Concilio Vaticano II. En Cristo, la Palabra hecha carne, no sólo se nos revela el misterio de Dios, sino que además se nos desvela el misterio del ser humano". Efectivamente, el Papa escribe: "Cristo está en el centro no solo de la historia de la Iglesia, sino también de la historia de la humanidad".

El capítulo segundo se titula "La Eucaristía, misterio de luz". "Jesús habla de sí mismo como de ´la luz del mundo´ -subrayó el cardenal-. En la oscuridad de la fe, la Eucaristía es para el creyente misterio de luz porque lo introduce en la profundidad del misterio divino. La celebración eucarística nutre al discípulo de Cristo a través de dos ´mesas´, la de la Palabra de Dios y la del Pan de Vida. Cuando las mentes están iluminadas y los corazones arden, los signos hablan. En los signos eucarísticos, el misterio de alguna manera está abierto a los ojos de los creyentes. Los dos discípulos de Emaús, reconocieron a Jesús al partir el pan".

"La Eucaristía, fuente y signo de comunión" es el título del tercer capítulo. "Los discípulos de Emaús -explicó el prefecto- pidieron al Señor que se quedase ´con ellos´. Jesús hizo mucho más. Les dio a sí mismo en la Sagrada Eucaristía para permanecer ´en´ ellos: ´Permaneced en mí y yo en vosotros´. (...) La comunión eucarística también promueve la unidad entre los que comulgan. (...) La Eucaristía manifiesta además la comunión eclesial y llama a los miembros de la Iglesia a compartir sus bienes espirituales y materiales. (...) En este año de la Eucaristía habrá que dar una importancia especial a la misa de los domingos en la parroquia".

En el último capítulo, "´La Eucaristía, principio y proyecto de misión´ - dijo el cardenal- los dos discípulos de Emaús, después de haber reconocido al Señor, ´al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén´ para dar a conocer la bella noticia. El encuentro con Jesús en la Eucaristía empuja a la Iglesia y a todos los cristianos a dar testimonio, a evangelizar. Tenemos que dar gracias al Señor y no dudar en mostrar nuestra fe en público. La Eucaristía nos lleva a mostrar solidaridad con los demás, haciéndonos promotores de armonía, paz y especialmente de condivisión con los necesitados".

"El Santo Padre -concluyó el cardenal Arinze- reza para que este Año de la Eucaristía sea para todos una ocasión preciosa para tomar de nuevo conciencia del tesoro incomparable que Cristo ha confiado a su Iglesia. (...) El Santo Padre no pide cosas extraordinarias, sino más bien que todas las iniciativas se caractericen por una gran profundidad espiritual. Hay que dar prioridad a la misa dominical y a la adoración eucarística fuera de la Misa". (Extracto de la información de Vatican Information Service .../MANE NOBISCUM DOMINE/ARINZE VIS 041008 (1200))



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Imagen: EWTN







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