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¿El amor o la pasión?, ¿los Óscares o la dignidad? ¿Qué es Hollywood en el mundo?
Artículo de Luz del Carmen Abascal sobre la responsabilidad de los actores y actrices en la difusión de valores a través de su trabajo dramático en el cine.


Por: Luz del Carmen Abascal | Fuente: .



Amor… ¡Amor!… ¿Amor?

“No hemos de resignarnos a considerar el cine como un fenómeno intrascendente de puro esparcimiento. Hay en él, ante todo, una dimensión fundamental y ética, cuyo signo le viene dado naturalmente por la índole del humanismo que él ofrece desde la pantalla, el cual, por añadidura, contiene módulos fatalmente ejemplarizantes”, escribe el filósofo Ángel Álvarez de Miranda.

En Hollywood, como en todo el mundo, hay una gran cantidad de actores y actrices que se esfuerzan diariamente por ser los mejores. Su meta máxima es llegar a los Óscares y para lograrlo están dispuestos a hacer lo que sea. La responsabilidad que tienen todos ellos es inmensa. Sus películas dan la vuelta al mundo y se convierten en modelos para la gente.

En su teoría social del aprendizaje, Bandura analizó los efectos de la televisión sobre los niños y descubrió que mientras más colorido y dramático es el modelo, mientras más atractivo y parecido a nosotros es, prestaremos más atención. Lamentablemente, todos estos paradigmas son utilizados, por lo general, en un sentido negativo… ¡Y la sociedad absorbe esos contenidos!

Muchos se excusan diciendo que “el actor debe responder, por la vía del arte, a los niveles de agresividad que impone nuestra sociedad”, como afirma el profesor en Ciencias Sociales y dramaturgo Juan Manuel Martins.

Si bien es cierto que el actor debe hacer atractivo su producto para la sociedad, también es verdad que no por eso debe olvidarse de los límites éticos de la actuación.

La dignidad y el trabajo
“Las personas tienen una dignidad y una importancia irreducibles, y jamás pueden ser sacrificadas en aras de intereses colectivos” (como es el caso del entretenimiento), advierte John P. Foley, presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

De acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos, el trabajo es un derecho y un deber, expresa y realiza la dignidad del ser humano; manifiesta su capacidad de dominio sobre el mundo que le rodea, contribuye al desarrollo de la personalidad y hace posible el crecimiento de la civilización.

El trabajo es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre. Pero cuando ese trabajo atenta contra la dignidad del mismo ser humano, y aún más, cuando atenta contra la integridad de la familia, entonces no existe una razón plausible para seguir desempeñándolo.

¿Cuál es el límite entre el actor y el personaje?
Según la actriz Flora Lauten, “el actor se sacrifica porque pone su cuerpo, su alma, su sudor, sus lágrimas… (debe) comprender la psicología de su personaje, con cada una de sus esencias más evidentes y ocultas”. Pero, ¿cuál es el límite entre el actor y el personaje?, ¿no existe el peligro de que el mismo actor llegue a confundirse con aquel a quien representa?

Christian Metz afirma que “todo buen actor es aquel que tiene un dominio absoluto de su cuerpo”. Sin embargo, es terriblemente difícil llegar al dominio absoluto de los sentimientos, sobre todo al tener que entender a fondo la psicología del personaje. Muy seguramente, terminará por sentirse identificado con él y comenzará a creer que siente y piensa como él aunque en el fondo no sea así.

“El cine es el arte que más acerca a la realidad... El cine es una proyección. En las películas proyectamos facetas nuestras. Eso hace que nos identifiquemos con algunos personajes, con algunas escenas...”, dice el psicólogo Ken Wilber. Y así, si el espectador se identifica con algún personaje, ¡cuánto más los actores se identificarán con su co-protagonista al tener que pasar meses y meses juntos, filmando una y otra y otra vez alguna escena apasionante!

Los actores terminan por enamorarse no de la persona, sino del personaje. Se “enamoran”, se casan… o se arrejuntan, y entonces… ¡Entonces vienen las grandes desilusiones, es el momento de enfrentarse con la realidad! Aquel mundo de fantasía en el que vivieron durante el rodaje de la película, ha desaparecido… La vida ya no es un guión. Ahora hay que improvisar, hay que crear… ¡Hay que sacrificarse por el otro!

El rompimiento está cerca. Declaran incompatibilidad de caracteres y se separan dándose la mano en señal de amistad. Luego, ambos se van por el mundo buscando otra ilusión pasajera como si nunca hubieran sufrido un descalabro.

El ser humano es un ser integral que posee inteligencia, voluntad, valores y personalidad. El individuo sólo refleja diferentes personalidades exagerándolas de acuerdo a las necesidades que presenta el personaje… pero la persona sigue siendo la misma. Así, los principios y valores del actor no deben cambiar bajo ninguna circunstancia.

“Creo que uno no puede volverse una persona distinta de la que es, porque ni siquiera llegas a conocerte a ti mismo", afirma el actor y director Mel Gibson.

Matrimonio e intimidad
Ahora bien, ¿qué pasa cuando uno o ambos protagonistas están casados y deben filmar escenas de amor y romance? Es entonces cuando ocurre lo verdaderamente grave: las probabilidades de adulterio se potencian al infinito.

Habíamos dicho que el actor debe entender psicológicamente a su personaje y, por lo tanto, saber qué es lo que está sintiendo, pensando, haciendo, etcétera. Al poseer materialidad además de espiritualidad, la persona también tiene pasiones; y al darle rienda suelta a esas pasiones so pretexto de trabajo y de libertad el actor está en peligro de sucumbir a los encantos del placer ilegítimo.

“¡Como si se pudiera ser libres(,,,) rechazando poner un freno al instinto y a las pasiones!”, señala Juan Pablo ll en su documento La familia cristiana.

El penitenciario Mayor, William Card. Baum dice que “la sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones”. Por lo tanto, entre los actores debe haber una identificación no solamente física, sino también psicológica.

¡La línea que divide la fidelidad del adulterio es cada vez más delgada! “Los pecados contra el amor y contra la vida son presentados con frecuencia como ejemplos de «progreso» y emancipación”, remarca Juan Pablo ll en La familia cristiana. ¿Y la infidelidad no es un pecado contra el amor? ¿No es traicionar a aquel que eligió pasar toda su vida a tu lado?

Recientemente leí en el periódico Reforma una declaración de Salma Hayek a propósito de la nueva película que se acaba de estrenar en México, Al caer la noche, coestelarizada por Pierce Brosnan. Le preguntaron si no se había sentido incómoda al tener que filmar escenas de amor frente a la esposa de Brosnan. La actriz respondió con el mayor cinismo: “Ella (la esposa de Pierce Brosnan) conoció a mi novio y nunca sintió que hubiera entre nosotros (Brosnan y Hayek) más allá de un trabajo”.

¡Hasta tal punto se ha relajado la moral! Ahora resulta que es legítimo descubrir la intimidad de dos personas ante una cámara por un capricho cinematográfico. Porque es un hecho que hay intimidad en esa relación… se crea al tener un contacto físico más allá de aquel puramente amistoso.

“Los vínculos de amistad que unen a los jóvenes de distinto sexo, contribuyen a la comprensión y a la estima reciproca, siempre que se mantengan en los límites de normales expresiones afectivas. Si en cambio, se convierten o tienden a convertirse en manifestaciones de tipo genital, esos vínculos pierden el auténtico significado de amistad madura, perjudicando los aspectos relacionales de ese momento”, afirma William Card. Baum.

En el mismo sentido, el poeta y filósofo José Ángel Valente declara que “la oscura raíz pasional pertenece a una clausurada e inconfesable intimidad. Desnudar esto ante un público indiferenciado, heterogéneo, es destruir el íntimo pudor del individuo, desvincular la emoción de la noble pasión humana, desvirtuarla, atarla a este nuevo elemento que el cine ofrece a la masa: «lo morboso»”. Y todo esto suponiendo que se trate de una relación legítima. ¡Cuánto más tratándose de una que no lo es!

El fenómeno en el que hemos caído es el de la frivolidad, definida por Chesterton como “esa carencia de habilidad para comprender la plenitud y el valor de las cosas”. En efecto, nos hemos vuelto incapaces de comprender el valor del amor, de la fidelidad, la sexualidad, la familia y de tantas otras cosas que ya carecen de significado para el mundo moderno.

El “cine ideal”
Así pues, en Hollywood ¿hay amor o pasión?… Seguramente hay de todo. Encontramos matrimonios que han permanecido juntos durante 25 años como es el caso de Mel Gibson. Sin embargo, es común que existan los “matrimonios desechables” cuyo lema es “estoy contigo hasta en tanto me convenga, después, cada quien su vida”.

Dice Saint-Exupéry que “amar a una persona no es mirarse a los ojos y cogerse las manos, sino mirar los dos en la misma dirección”. O lo que es lo mismo, amar no es solamente besarse y acariciarse, sino tener un fin compartido y caminar juntos hacia él. ¡Cueste lo que cueste!

Los actores, directores y demás encargados de la producción cinematográfica tienen una gran responsabilidad consigo mismos y con la sociedad. En sus manos está la creación de un mundo mejor, de un mundo en el que se reconozca la belleza en cuanto a belleza, la bondad en cuanto a bondad y la maldad en cuanto a tal. Un mundo en el que no existan confusiones entre el bien y el mal.

“El cine ideal puede representar al mal: culpa y caída, pero que lo haga con propósitos serios y con formas convenientes, de manera que su visión ayude a profundizar el conocimiento de la vida y de los hombres, y a mejorar y elevar el espíritu” (Pío Xll, Il cinema).

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http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_exhortations/documents/top#top















 







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