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Alejandro Magno de Oliver Stone o un ejemplo más de la tiranía de lo políticamente correcto.
Pero, como todas las grandes mentiras, como propone el refrán, se dice la verdad a medias.


Por: Juan Ignacio Hernáiz | Fuente: .



Alejandro Magno. Alexander título original en U.S.A., Inglaterra, Alemania y Holanda, en el año 2.004. Estreno en España el 5 de Enero de 2.005. Director: Oliver Stone. Guión: Oliver Stone, C.Kyle y Laeta. Intérpretes: C.Farrell, V.Kilmer, A.Jolie, V.Leto, R.Dawson y A.Hopkins. Productoras: Warner BROS (Norteamérica), Intermedia Films (Gran Bretaña), Pacífica Film (Estados Unidos), Egmond Film (Países Bajos), Internacionales Medien und Film (Germania). Distribuidoras: España Tripictures, U.S.A. Warner BROS. Festival internacional del cine de Estocolmo (Suecia). El filme se rodó en 94 días en Marruecos, Tailandia y Reino Unido, con un presupuesto de 156 millones de euros.

A parte del mensaje taimado que ahora comentaremos, la película tiene otros siete errores: las esculturas, las bailarinas, Babilonia, Filipo de Macedonia, el nudo gordiano, Olimpia y Aristóteles. Las esculturas no corresponden a la época, siglo IV a.d.C., como explica Ana Vázquez, catedrática de Historia antigua de la universidad nacional de educación a distancia (UNED), en el diario “Expansión”, del 5 de Enero de 2.005.

Asimismo las bailarinas no pertenecen ni al lugar ni a la época, según Santiago Sánchez González, profesor titular de Historia de la comunicación de la facultad de Ciencias de la Información, en el mismo diario.

Babilonia, aparece en un mapa del filme, como dentro de Persia, la ciudad estaba en lo que es hoy la nación de Irak, mientras que Persia es actuálmente el país de Irán.

Filipo de Macedonia se presenta en la película como un bárbaro, cuando históricamente es el creador del ejército moderno: la falange, sin el cual su hijo no hubiera conquistado el mundo conocido. La mayor aspiración de Filipo, desde que se convirtiera en rey, había sido llevar Macedonia al mundo griego, pero sabía que para conseguirlo tendría que imponerse por la fuerza.

Por dicho motivo había dedicado, en primer lugar, todas sus energías a hacer de su país una potencia moderna, sacándolo de su condición de estado tribal de pastores y agricultores. Había desarrollado la agricultura en las llanuras, como escribe Valerio Máximo Manfredi, en su libro “Alexandros”, publicado por Grijalbo, Barcelona, 2.000; haciendo traer trabajadores expertos de las islas y de las ciudades griegas de Asia menor y había estimulado los trabajos de extracción en el monte Pangeo, obteniendo de sus minas hasta mil talentos anuales de oro y de plata.

Había impuesto su autoridad a sus jefes tribales y les había ligado a él mediante la fuerza o con alianzas matrimoniales.

Luego el famoso nudo gordiano que, al cortarlo, Alejandro asumió el papel mítico de conquistador y entró en la leyenda, no existe en la incultura de Oliver, a pesar de que él diga que toda su vida ha estudiado el personaje, si no lo llega a hacer, no sabemos cuantas idioteces adornarían el filme. Olimpia, la reina y madre del Magno, es presentada como una hechicera asesina, ni estaba con serpientes todo el día ni se probó que mandara matar a su marido. Por último, Aristóteles el Estagirita y príncipe de los filósofos, aparece secundáriamente en la película y sin la mayor importancia, al revés de cómo nos cuenta Indro Montanelli en su obra “Historia de los griegos”, editado por Plaza y Janés, Barcelona, 1.963, así como Claude Mossé en su texto “Historia de una democracia: Atenas”, publicado por Akal, Madrid, 1.981. De donde creerá Oliver que sacó Alejandro la idea de crear un estado universal helénico.

Dice Santiago Sánchez González, en el diario citado: Tener 33 años, haber unificado Grecia, conquistado Egipto, Asia menor y Persia, haber llegado hasta la cordillera del Hindu Kush y el río Indo, no es una cosa muy frecuente. En el argumento de todas estas películas surge la figura del héroe. Vivimos en una época que los echa de menos. A la gente le gusta el magnetismo, la fuerza y la capacidad de supervivencia de un lider capaz de arrastrar tras de sí a muchos en pos de un ideal. Cuenta la leyenda que Alejandro dormía con la Iliada de Homero y un puñal bajo la almohada. Se creía descendiente de Aquiles y, como él, cruzó de Europa a Asia, de Grecia a lo que hoy es Turquía, entonces Troya, como escribe Aldo Berti en su obra “Historia mundial ilustrada” editado por Edaf, Madrid, 1.976, con un ejército de más de cuarenta mil hombres.

Pero vamos a la cuestión fundamental, lo que hoy es políticamente correcto, seguir los dictados del poderosos lobby rosa o grupo de presión económico gay que, a través de cantantes, películas, libros y coloquios televisivos intenta imponer una ideología o cosmovisión o visión del mundo distinta de la heróica o machista, en el decir del movimiento feminista, unido al homosexual, en su labor de destrucción de la familia tradicional, base de la sociedad, como escribe Eulogio López, en la revista electrónica Hispanidad.

En el filme que analizamos, Stone presenta la bisexualidad del Magno, con tres relaciones: la de su esposa Roxana, la de un hindú y la de su amigo Hefestión. Así la cosa, queda inclinada la balanza.

Pero, como todas las grandes mentiras, como propone el refrán, se dice la verdad a medias. Alejandro tuvo una novia griega llamada Leptina, luego de amante a la esposa Barsine de Mennón de Rodas, el gobernador de Mileto que defendió la ciudad hasta su destrucción, mientras Efeso se rendía, como Tebas luchó y Atenas no, como Tiro resistió y Sidón se entregó. Se casó con Roxana, una bárbara de las montañas, luego con Estatira la hija del rey persa Darío y, por fín, con la hermana de ésta. Así pues, por lo menos, cinco mujeres en su vida y no una como saca en sus imágenes Oliver. La cuestión es clara: una mujer y dos hombres, en la película, como amantes del Magno, dan al espectador la impresión de la bisexualidad, mientras que la realidad es distinta, a cuyo rigor histórico se ajustaría el filme, si hubieran salido las escenas sexuales de las cinco mujeres con Alejandro, aparte de lo del hindú que es una invención.

Juan Ignacio Hernáiz, profesor titular de Historia de la comunicación de la universidad complutense de Madrid.







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