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La Pasión de Cristo y Mel Gibson. El arte y el artista cristianos II
Durante el verano y otoño del año 2003, una versión no definitiva de la película fue presentada en Estados Unidos y en Italia a pequeños grupos de católicos y protestantes, a personajes del mundo religioso y político y a responsables de medios de comunica


Por: Jesús Villagrasa | Fuente: .



2. Las polémicas previas al estreno

Durante el verano y otoño del año 2003, una versión no definitiva de la película fue presentada en Estados Unidos y en Italia a pequeños grupos de católicos y protestantes, a personajes del mundo religioso y político y a responsables de medios de comunicación, con el objetivo de recoger impresiones de los cristianos, de calibrar las reacciones y de salir al paso de rumores o abiertas acusaciones que habían comenzado a circular. Los productores querían demostrar la falsedad de las acusaciones de antisemitismo y de falta de rigor histórico lanzadas contra la película.

La cuestión del antisemitismo

Profundamente ofendido, Mel Gibson niega las acusaciones de difamación antisemita hechas a su persona y a la película. Sin haber visto la película, las organizaciones judías Liga Anti Difamación y Centro Simon Weisenthal hicieron declaraciones de este tipo.

Ambas organizaciones -apunta Gibson- tienen, lamentablemente, un largo historial de confrontación con la Iglesia Católica; ambas se han dedicado a difamar la memoria del Papa Pío XII y consideran el Evangelio, en sí mismo, antisemita. "El antisemitismo -precisa- no sólo es contrario a mis creencias personales sino que también es contrario al mensaje de mi película.

No odio a la gente y, ciertamente, no odio a los judíos; tengo amigos y socios judíos. La Pasión de Cristo es una película hecha para inspirar, no para ofender. Mi intención al llevarla a la pantalla es crear una obra de arte que quede y motive la reflexión en las audiencias de distintos credos o de ninguno, a quienes la historia les es familiar". Mel Gibson y Jim Caviezel son católicos y el guión fue escrito por católicos, pero el reparto y el equipo de producción está integrado por cristianos, judíos, musulmanes, budistas y hasta agnósticos.

Voces representativas cristianas y judías han salido en defensa de la película. Shaila Rubin, judía americana, directora de producción de la película, fue una de las dos personas que recibieron por primera vez el borrador para emitir un juicio.

Ella no encontró antisemitismo (cf. Zenit, ed. inglesa, 4-III-2004). Maia Morgenstern (María), judía e hija de un superviviente del Holocausto, declara a The Jewish Journal que el filme no es antisemita. Dean Devlin, coproductor de Braveheart, después de ver la película dijo: "No he encontrado en ella el menor antisemitismo, y yo soy judío". Keith Fournier, abogado constitucionalista que ha participado en importantes casos sobre la libertad religiosa ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, asistió a una proyección privada en Washington DC junto con otras personalidades políticas y sostiene que la acusación de antisemitismo no tiene sentido.

Un rabino ortodoxo muy respetados de Estados Unidos, Daniel Lapin, fundador y director de la organización Toward Tradition dedicada a fortalecer las buenas relaciones entre judíos y cristianos, en un artículo publicado en Jewsweek (3-X-2003) salió al paso de la campaña que algunas organizaciones judías libraban contra la película afirmando que "estas protestas contra The Passion no sólo son moralmente indefendibles sino que resultan estúpidas".

Ante todo, "tienen muy pocas posibilidades de conseguir cambios en la película. Gibson es un artista y un católico de honda convicción de la que es expresión su película. Por ello, el motivo que le ha llevado a hacer la película no es comercial. Además, cualquiera que haya visto su Braveheart puede comprobar la profunda identificación de Mel Gibson con el héroe de esta cinta épica, que prefiere ser despedazado antes que traicionar sus principios.

¿Cree alguien probable que Gibson pacte con las organizaciones judías?". Lapin también considera errados los ataques contra Gibson porque "aunque puedan venir bien a las organizaciones judías que recaudan fondos con el espectro del antisemitismo, o a los periodistas judíos que en el New York Times o en otros medios quieren hacer carrera, desde luego no responden en absoluto a los intereses de la mayoría de los judíos norteamericanos que viven en confortable armonía con sus conciudadanos cristianos. Muchos cristianos ven todo esto no sólo como ataques a Mel Gibson o como meras críticas contra su película, sino, con alguna razón a mi juicio, como ataques contra todos los cristianos".

Dos semanas antes del estreno, D. Lapin declaraba en la revista Toward Tradition (12-II-2004): "Yo no soy ni profeta ni crítico cinematográfico. Soy sólo un rabino ortodoxo que usa la antigua sabiduría judía para hacer tres predicciones sobre La Pasión".

La primera, "Mel Gibson y Icon Productions van a ganar mucho dinero. Los distribuidores que se rindieron a las presiones de las organizaciones judías y rechazaron La Pasión van a darse puntapiés a sí mismos". La segunda, "La Pasión se hará famosa como la película sobre la Biblia más seria y sustanciosa hecha hasta el presente". La tercera, "la fe de millones de cristianos será más ferviente cuando La Pasión los entusiasme e inspire.

La pasión propulsará a muchos americanos no creyentes a abrazar el cristianismo. La película será vista algún día como un heraldo del tercer despertar religioso americano". Y añade, "las organizaciones judías han malgastado su tiempo y su dinero porque han errado en su intento. Esperaban arruinar a Gibson, en vez de enriquecerlo. Esperaban acabar con La Pasión, en lugar de promoverla. Esperaban ayudar a los judíos en ver de dañarlos".

"Uno de los directores del AJC [The American Jewish Committee] advirtió recientemente que La Pasión podría ´minar el sentido de comunidad entre cristianos y judíos que se da en este país. Nosotros no permitiremos que esta película lo haga´. No señor, -responde Lapin- no es la película la que amenaza el sentido de comunidad; lo hace la contestación arrogante e inmoderada de ciertas organizaciones judías". Contrarios a la campaña de la Liga Anti Difamación son también el rabino Yechiel Eckstein, presidente y fundador de la International Fellowship of Christians and Jews y Michael Medved, crítico de cine y ortodoxo judío.

El cardenal Darío Castrillón, prefecto de la Congregación para el Clero, después de ver la película declaró al diario La Stampa (18-IX-2003): "El antisemitismo, como toda forma de racismo, distorsiona la verdad a fin de denigrar a toda una raza de personas. La película no hace nada de esto. Basada en la objetividad histórica de los relatos evangelios hace surgir sentimientos de perdón, misericordia y reconciliación. Retrata los horrores del pecado, a la vez que el suave poder del amor y el perdón, sin hacer ni insinuar siquiera condenas en contra de un determinado grupo. Esta película comunica exactamente lo opuesto: que aprendiendo del ejemplo de Cristo, no debería existir más violencia contra otro ser humano". Algunas personas no comparten la idea de que la película sea fiel a la historia y han abierto un segundo frente de polémica.

La cuestión de la historicidad

Mel Gibson repite, convencido, que su película corresponde a la verdad de los hechos históricos, que es conforme a lo que los cuatro evangelios nos cuentan sobre la pasión y muerte de Cristo y que quien espere un relato fiel a la vida de Cristo no saldrá decepcionado.

A la vez, y sin ningún reparo, admite que para algunos pasajes se ha inspirado en las visiones de algunos "místicos" de la pasión; principalmente en una religiosa alemana en proceso de beatificación, Anna Katharina Emmerick (1774-1824), que recibió los estigmas de la pasión y otros carismas extraordinarios, y que describió sus visiones en el libro "La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo". Gibson, por ejemplo, justifica su opción por la crucifixión de las manos y no de las muñecas, como parece más probable históricamente, diciendo que "la posibilidad de que Jesús haya sido crucificado en las muñecas tiene fundamento, pero la tradición ha representado a Jesús con heridas en las manos y, a lo largo de la historia, los santos que recibieron los estigmas del Señor, los presentaron también en las manos".

Un grupo de expertos católicos y judíos americanos declaró que el guión de la película contenía "errores históricos" y que su visión de las figuras judías no era correcta. Sorprende, sin embargo, que un comité interreligioso de expertos se haya basado en una versión primitiva del guión (una versión "robada" y muy diferente de la actual, según la productora).

Paula Fredriksen, profesora de Escritura en Boston University, autora de Jesus of Nazareth, King of the Jews, un estudio histórico de las últimas doce horas de la vida de Jesús, afirma que el guión los sobresaltó. "Nosotros señalamos sus errores históricos y -como Gibson había proclamado su Catolicismo- sus desviaciones de los principios magisteriales de interpretación bíblica. Concluimos con algunas recomendaciones generales sobre algunos cambios en el guión" (The New Republic, 28-VII-2003)3.

Algún defensor de las licencias históricas de Mel Gibson usa un argumento bastante débil que suena así: "Desde Jesucristo Superstar a La última tentación de Cristo estamos acostumbrados a que un cineasta entre a saco en los Evangelios para recrear su particular visión de la vida de Cristo.

Si alguien se escandaliza y reclama fidelidad al texto evangélico, se le etiqueta de conservador y se le recuerda que la creatividad del artista no está atada por la letra del texto. Si alguien se siente ofendido por la ´recreación´, se le responde que, por supuesto, no hay ningún ánimo de ofender, pero que la libertad de expresión no admite censuras ni cortapisas de sensibilidades heridas.

Pero llega La Pasion, recreación de las últimas horas de Jesucristo antes de morir en la cruz, y ese tradicional cliché ya no vale". El argumento es débil porque no afronta el problema de la historicidad. Ciertamente, un artista puede hacer libremente opciones artísticas en la creación de su obra. Cabe, sin embargo, preguntarse por qué motivo Mel Gibson introduce elementos ajenos al Evangelio o a serios estudios históricos sobre el tiempo de Jesús, si su intención era presentar la pasión "como fue".

Esta pretensión de completa historicidad, declarada repetidamente por Gibson, puede explicar algunas intervenciones críticas de estudiosos de la Sagrada Escritura y de la cultura e historia del tiempo de Jesús. De otro modo, no se entiende el "celo" preocupado y la intervención de unos estudiosos que se ponen a juzgar la "ortodoxia histórica" de una película.

En esta polémica, tampoco han faltado defensores de renombre. Ted Haggard, presidente de la Asociación Nacional Evangélica, cuyos teólogos valoran mucho la cita exacta de la Biblia, declaró que la película es la representación más auténtica que haya visto.

El arzobispo de Denver, Mons. Charles Chaput, la considera una obra de arte extraordinariamente fiel al Evangelio, y que para Mel Gibson, su realización ha sido un acto de fe y algo enormemente significativo (cf. National Catholic Register, 14-X-2003). Augustine Di Noia, subsecretario de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe, declaró que "sin ser un trabajo documental, sino de imaginación artística, la película de Gibson es absolutamente fiel al Nuevo Testamento: incorpora elementos de la Pasión de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, manteniéndose fiel a la estructura fundamental común a los cuatro relatos" (Zenit, 10-XII-2003).

Cada una de estas valoraciones tiene elementos de notable interés para hacer un juicio ponderado de la película: en ella se integran la fidelidad a los hechos, la libertad artística y la penetración creyente en el misterio. Los hechos narrados en los evangelios son acontecimientos reales.

Los cuatro evangelistas son conscientes de contar hechos históricos, pero más todavía acontecimientos salvíficos. Los evangelios son la narración de una historia, penetrada por la fe, expresada por la fe, aceptada y vivida en la fe. Mel Gibson es un artista y un cristiano; no es un evangelista -en primer lugar porque no está divinamente inspirado- pero comparte con ellos la voluntad de comunicar unos hechos que la fe descubre, reconoce y confiesa como salvíficos.

Gibson se siente con el derecho de contar las cosas como sucedieron, porque se trata de un mensaje que interesa a todos los hombres; y cada uno de ellos tiene, también, el derecho a escuchar la verdad. Como artista, Gibson se siente con la libertad de crear una obra de arte que logre comunicar su "inspiración artística". Esta inspiración no es ajena a la vida del artista. Gibson ha confesado que desde hace 12 años la pasión de Cristo lo persigue, porque cuando tenía 35 años tuvo la gracia de penetrar en el misterio de amor divino revelado en la pasión.

Ese misterio puede iluminar la vida de cualquier hombre, sobre todo aquellas dimensiones más oscuras y misteriosas como son el sufrimiento y el pecado. El dolor y las heridas de Cristo en su pasión, las llagas en su rostro y en su cuerpo, tan duras a la vista, se revelen muy hermosas cuando se descubren sufridas y soportadas voluntariamente por amor.

Un análisis sobre la película, publicado por el padre Peter Malone msc, presidente de la Asociación católica mundial para la comunicación Signis, esclarece el tema de la historicidad. "Una de las dificultades con las que se enfrentan las películas sobre la vida de Jesús, sobre todo de parte de estudiosos y teólogos no versados en las técnicas y convenciones de la narración cinematográfica, es que los filmes a veces tienden a ser criticados y juzgados como si fueran el Evangelio. Sus expectativas se ubican en ese nivel por lo que están más cerca de la condena que de la comprensión del filme. Éste es un peligro con el que también se encuentra La Pasión. Es necesario repetir que ésta es una película y que por tanto el guión es una ´versión´ de las historias del Evangelio sin exigir que el filme sea el Evangelio".

El análisis de P. Malone distingue, también, entre realismo y naturalismo. Una película es "naturalista" si retrata la acción como es; las películas caseras son un ejemplo popular de naturalismo. El "realismo" consiste en "hacer una película que ayude al público a tener una percepción genuina de qué está pasando en la pantalla, como si fuera real.

Un número de técnicas cinematográficas, como el estilo de las diferentes composiciones para la pantalla, los tamaños de plano y el ritmo de la edición pueden usarse para dar esta impresión de realismo". La Pasión es a la vez naturalista y realista. "Mel Gibson ha elegido que gran parte de su filme sea ´naturalista´. Él tiene suficiente tiempo disponible y no tiene prisa en quitarnos la imagen de Jesús sufriendo. Quizás varias personas del público encontrarán la flagelación (particularmente en dos partes) como algo difícil de mirar. Con la mayoría de personajes siendo retratados de una manera naturalista, la acción parece auténtica".

Este naturalismo se ve en el juicio de Jesús, en la flagelación y la coronación de espinas y, especialmente en el Vía Crucis "mostrando cómo Jesús se esfuerza con la cruz, cae haciendo un ruido sordo por el impacto, es clavado y levantado en la cruz". La Pasión de Cristo ofrece un Jesús naturalista, creíble, cuyos sufrimientos de cuerpo y espíritu son reales.

Sin embargo, para ser realista, Gibson se sirve de recursos del cine que alteran la percepción como, por ejemplo, el uso frecuente de la cámara lenta para subrayar momentos particulares, la estilización en los primeros planos, "las diferencias en la iluminación (el azul para Getsemaní, la pálida luz del espacio asfixiante de la corte del Sumo Sacerdote, la amplia luz del día en el Vía Crucis), la presentación de los personajes de acuerdo a la tradición de pinturas cristianas, la iluminación y la composición, el paso de tiempo cuando Jesús cuelga de la cruz, su muerte y la consecuencia apocalíptica, los avisos de la resurrección. Esto consigue una imagen creíble y una mejor comprensión de la persona de Jesús".

Muy relacionada con la polémica sobre la fidelidad histórica se halla la cuestión de la violencia de las escenas. Jim Caviezel (Jesús), en una entrevista al diario Globe and Mail, asegura que lo sufrido realmente por Jesucristo fue más duro de mostrado en la película. Hay mucha sangre. No se puede mentir. Sin embargo, la fidelidad a lo ocurrido no debe alejar al espectador del mensaje. "No vamos a llegar a un punto en el que la gente se sienta tan afectada por lo que ve en la pantalla que no saque nada del relato. No queremos -concluye Caviezel- eso". La violencia revela a la vez la maldad del pecado y la grandeza del amor de Dios.

Juan Manuel de Prada, vistas las reacciones posteriores al estreno, se pregunta por qué la violencia enfática, hiperbólica, de otros cineastas fascina, mientras que la de Gibson provoca rasgamientos de vestiduras. Y se responde: "Por una razón evidente: porque no es gratuita, porque interpela al espectador, porque lo obliga a enfrentarse al dolor en estado puro. Nos hemos acostumbrado a una violencia banal, coreográfica, meramente esteticista, que hace del hiperrealismo una forma sublimada de irrealidad; no podemos soportar, en cambio, la violencia catártica que estimula nuestro horror y nuestra piedad, que nos hace partícipes de un sufrimiento sobrehumano y nos ayuda a entender en toda su magnitud un sacrificio que remueve nuestra capacidad de comprensión" (ABC, 28-II-2004).

La violencia de la película no parece gratuita. Las escenas violentas no provocarán odio y rencor entre los espectadores porque "uno de los grandes logros de esta película -comenta el cardenal Castrillón- es mostrar con precisión tanto el horror del pecado y del egoísmo como el poder redentor del amor. Al ver la película se suscitan en el espectador sentimientos de compasión y amor. Hace que el espectador desee amar más, perdonar, ser bondadoso y fuerte, no obstante los obstáculos, como Cristo lo fue incluso ante un sufrimiento tan terrible" (La Stampa, 18-IX-2003). Este es, en mi opinión, uno de los mayores logros de la película: que, en el horror de la pasión, el amor brille con más fuerza que la sangre misma, y que aquel ante el cual uno ocultaría el rostro pueda ser contemplado con gratitud y amor.

A quienes acusan a Gibson de incurrir en errores sobre los verdaderos responsables de la muerte de Jesús, el rabino Lapin responde con palabras del cardenal Castrillón: "Gibson ha tenido que tomar muchas opciones artísticas para conformar su retrato de los personajes y los acontecimientos que se dan cita en la Pasión, y ha completado la narración del Evangelio con las percepciones y reflexiones hechas por santos y místicos a lo largo de los siglos.

Mel Gibson no sólo sigue rigurosamente el relato evangélico, dando al espectador una nueva apreciación de esos pasajes bíblicos, sino que, gracias a sus opciones estéticas, ha hecho una película fiel al sentido de los Evangelios, tal y como los interpreta la Iglesia" (Jewsweek, 3 octubre 2003).

La libertad de un artista creyente, que quiere ser fiel al evangelio, ha creado una obra que todos pueden apreciar. La estimará mejor quien sintonice con la fe que ha inspirado esta obra de arte. El cardenal Castrillón confeso haber experimentado "momentos de profunda intimidad espiritual con Jesucristo. Es una película que lleva al espectador a la oración y reflexión, a una contemplación que conmueve el corazón. De hecho -y se lo dije al señor Gibson después de la proyección- yo con gusto cambiaría algunas de las homilías que he dado acerca de la pasión de Cristo por alguna de las escenas de esta película" (La Stampa, 18-IX-2003).

Unas palabras de un espectador de excepción han sido ocasión para una larga polémica en los medios de comunicación: si Juan Pablo II, después de ver la película, pronunció o no la frase "es como fue".

El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, para aclarar el asunto publicó una nota oficial: "Tras haber consultado con su secretario personal, el Arzobispo Stanislaw Dziwisz, confirmo que el Santo Padre ha tenido la oportunidad de ver la película The Passion of the Christ" (22-I-2004). La nota, además, describe la película como "una adaptación cinematográfica del hecho histórico de la Pasión de Jesucristo según el relato evangélico".

Esta descripción es relevante, considerando que una de las controversias giraba en torno a su fidelidad a los hechos históricos y al relato evangélico. Sin embargo, el comunicado anota que si el Pontífice hubiese dicho la frase "es como fue", ésta no debería ser tomada como un respaldo oficial: "Es costumbre del Santo Padre no expresar juicios públicos sobre obras artísticas, juicios que están siempre abiertos a diversas valoraciones de carácter estético".

El comunicado de Navarro Valls, por una parte, parece responder a la evidente presión para distanciar al Papa de cualquier conexión directa con la película y, por otra, parece prestarle un limitado apoyo. El comunicado deja muy claro en su parte principal que el Papa no hace juicios públicos sobre "obras artísticas", como las películas, porque siendo un juicio de naturaleza estética, y no doctrinal o moral, cae fuera de la competencia papal.

Historia, fe y arte, en esta película, parecen inseparables. El especialista en Sagrada Escritura, en cultura oriental, en teología espiritual o en arte cinematográfica podrá hacer un análisis minucioso de la obra y, quizás sobre todo en detalles de fidelidad histórica, encontrar deficiencias o hacer reparos. Un análisis de este tipo no es difícil. Lo meritorio es lograr la síntesis artística, la creación de una obra de arte. El único reparo que me parece fundado es cuestionar si hacía falta recurrir a las visiones de una mística, que no necesariamente relatan verdades históricas, para comunicar la experiencia de fe. Personalmente, hubiera preferido que Gibson no recurriese a ellas. Pero, por otra parte, ¿es tan grave haberlo hecho? De hecho, no desdibuja los méritos artísticos de la obra, y no impedirá, posiblemente, el fruto de una obra que su director, productores y varios de los artistas han pretendido. Quizás sean esas las libertades que el artista puede permitirse.



1. Crónica cinematográfica
3. Una obra de arte cristiano

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