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Inolvidable The Passion : Sólo los flash back dan un respiro
La omnipresente mirada de María, apoyo de Jesús en sus momentos de flaqueza humana


Por:  Daniel Higueras | Fuente: www.e-cristians.net



La omnipresente mirada de María, apoyo de Jesús en sus momentos de flaqueza humana

Mel Gibson, en el prefacio del libro La Pasión , publicado por Ediciones Palabra S.A. y que es un compendio de las mejores fotografías tomadas durante el rodaje de su filme, se expresa así: ´´Hay una palabra en el griego clásico que define bien qué verdad guió mi trabajo y el de todos los demás involucrados en el proyecto: alêtheia . Significa simplemente inolvidable (derivado de lêthê , agua del Río del Olvido del libro de Homero).

Desafortunadamente, olvidar ahora es una parte del ritual de nuestra existencia moderna secular´´. Gibson afirma que su película no es un documental histórico ni una recopilación de los hechos, sino que piensa en ella ´´como contemplativa en el sentido de que uno está obligado a recordar (no olvidar) en una forma espiritual que no puede ser articulada, sino sólo experimentada´´. Pues bien, si éste era el objetivo de Gibson al realizar The Passion , dejar una huella imborrable en el recuerdo del espectador, a buen seguro que puede sentirse satisfecho de haberlo conseguido en gran medida, si nos atenemos a los efectos que está produciendo su obra entre la opinión pública.

Se trata, efectivamente, de una película ´´inolvidable´´ para todos los que la han visto, incluidos sus detractores, por muy diversas razones. Una de ellas es la omnipresente mirada y presencia de María a lo largo de toda la proyección, lo cual además sirve de apoyo a Jesús para superar sus momentos de flaqueza humana. El filme de Gibson te atrapa en las primeras secuencias del Huerto de Getsemaní y no te libera de ´´sentir´´ el sufrimiento de Jesús hasta escuchar los últimos fragmentos de la magnífica banda sonora que acompañan los títulos de crédito al finalizar la película. En todo ese tiempo, sólo los flash back te dan un respiro.

Se ha estrenado en España The Passion y las expectativas despertadas, tras sus anteriores proyecciones en otros países y tras el debate que ha abierto en diferentes frentes, se han cumplido sobradamente. Una de las principales virtudes del trabajo de Gibson, y al mismo tiempo uno de sus mayores defectos, según sus detractores, es que te hace ´´sentir´´ profundamente el sufrimiento de la Pasión y muerte de Jesús como una experiencia propia. Acostumbrados a percibir en todo tipo de manifestaciones artísticas ese sufrimiento de una forma dulcificada, como si de una bella ´´postal´´ se tratara, se hace difícil asimilar tanto dolor y tanta crueldad continuos a lo largo de toda la proyección.

¿Por qué esta película genera tanta controversia y bate al mismo tiempo récords de taquilla? Fundamentalmente, al margen de las tesis que defienda, The Passion reúne las características propias del buen cine: una historia bien contada, originalidad en el planteamiento, impecables interpretaciones y excelencia en la iluminación, el vestuario y la banda sonora, entre otras cualidades desde el punto de vista técnico y artístico.

Se trata al mismo tiempo de una película impactante, que ´´se te mete dentro´´, que afecta a los sentimientos. Sin embargo, a pesar de reunir todos los ingredientes para unificar criterios en términos de evaluación positiva, ha causado un auténtico revuelo en todo el mundo. Una vez más, los ´´popes´´ de la sociedad de la desvinculación y el laicismo, los ´´vigilantes´´ del comportamiento políticamente correcto y aquéllos a quienes les cuesta reconocer sus propios errores, aunque esos errores ocurrieran hace 2.000 años, apuntan con sus armas dialécticas y coercitivas contra ese fácil objetivo de la sociedad actual: la religión católica.

Consecuente con sus ideas
Se acusa a Mel Gibson de haber realizado un producto ultracatólico y conservador por el hecho de exponer una visión de la Pasión de Cristo basada estrictamente en los evangelios. Sin embargo, ¿acaso no es perfectamente lícito que Gibson, consecuente con sus creencias, plasme en imágenes la Pasión de Jesús desde ese prisma, fiel a los escritos originales? ¿Acaso critican esos mismos detractores de The Passion las numerosas obras cinematográficas que se han ensañado con la Iglesia, ridiculizándola, menospreciándola o exagerando los errores de algunos de sus representantes? ¿En virtud de qué dudosa libertad de expresión ejercen su derecho al veto en un caso y no en el otro? Gibson ha arriesgado, y mucho, al atreverse a realizar un producto ´´a contracorriente´´: invirtiendo mucho dinero en un proyecto de futuro incierto, rodando en lenguas muertas y sabiendo que ´´la verdad´´ removería conciencias. Y, como dice Zeffirelli, ´´al diablo de Mel le salió bien la apuesta´´ ( Clic aquí ).

¿Violenta? Hablemos de violencia
La abundancia de violencia en la película es otra de las críticas que ha recaído con más fuerza sobre los hombros de Gibson. Y no andan del todo errados quienes así opinan. Se respira violencia en la práctica totalidad de la película, a excepción de los flash back que te remiten a ciertos episodios de la vida de Jesús. La carne, de tan lacerada que se muestra, puede llegar a parecer casi irreal. Sin embargo, se puede estar de acuerdo o no con el hecho de visualizar los resultados del brutal comportamiento de los verdugos de Jesús, pero de lo que no se puede dudar es de que el castigo que le inflingieron tuvo ser más cruel en la realidad que en las escenas de The Passion . ¿Alguien puede dudarlo?

Si se trata de hablar de violencia, hablemos también de la violencia de infinidad de películas, avaladas como obras de arte, explícitamente tan sanguinarias o más que ésta y que apenas han sido criticadas por este aspecto. Un buen ejemplo lo tenemos en Salvad al soldado Ryan , de Steven Spielberg, con unos 20 minutos iniciales que no tienen nada que envidiar al filme de Gibson en lo que a escarnio de la carne y violencia se refiere.

Los flash back , un alivio necesario
No se puede decir que The Passion sea una película fácil de digerir; es un hecho constatado. La película nos muestra con toda crudeza la crueldad de la que es capaz el ser humano en determinadas circunstancias. Se trata de una crueldad que aún hoy se practica en muchos lugares, pero que se hace llevadera porque la presenciamos en formato de cortas ráfagas informativas. Gibson te mete de lleno en ese sufrimiento y, lógicamente, te incomoda. Por suerte, los flash back que remiten al pasado de Jesús hacen una función de bálsamo para calmar la tensión acumulada. Sabiamente intercalados entre las secuencias más duras, como para dosificarlas, y complementando las 12 últimas horas de la Pasión de Cristo, desfilan ante nuestros ojos escenas tan conmovedoras como la de María corriendo a socorrer al Jesús niño que se ha hecho daño al caer al suelo, intercalada justamente cuando ella corre también para auxiliar al Jesús exhausto por el peso de la cruz y el castigo recibido. También está aquélla otra en la que Madre e Hijo comparten una sencilla y apacible vida familiar y que nos muestra a Jesús construyendo una mesa demasiado alta (como las actuales) que ´´nunca tendrá éxito´´, según el criterio de María. Y todas las referencias a la Última Cena, escogidas con meticulosidad para encajar perfectamente en los significativos últimos momentos de la Pasión del Mesías, vinculando el sacrificio de la cruz al de la Misa.

¿Antisemitismo? No, condición humana
¿Por qué ha despertado The Passion tanto rechazo hacia el director, hacia el actor que interpreta a Jesús e incluso hacia los entusiastas del filme? Una de las razones fundamentales estriba en el mensajero encargado de difundir este rencor: los ortodoxos grupos judíos con poder para utilizar algunos de los principales medios de comunicación. Como podría ocurrir en otros conflictos, si hacemos el esfuerzo de ponernos en la piel de los afectados, podremos también entender su particular punto de vista.

Acusan a Gibson de culpabilizar en la película a los judíos de la muerte de Jesús, en concreto a los representantes del Sanedrín, compuesto por sacerdotes, escribas y fariseos. ¿Pero es que no ocurrieron los hechos de ese modo? ¿Y no es menos cierto que los romanos no salen mejor parados en el filme? Entonces, ¿quién puede responsabilizarse de la muerte de Jesús? Si descartamos a la víctima, sólo quedan los verdugos en nombre de toda la humanidad como verdaderos responsables.

Y no es una acusación gratuita, porque la responsabilidad debe ser compartida por todos, y así lo ha reconocido el propio Gibson, que quiso incluirse él mismo en la escena de la crucifixión sujetando con su mano izquierda uno de los clavos que atravesaron las manos de Jesús, para implicarse simbólicamente en la responsabilidad de lo que allí ocurrió. Por otra parte, es justo también reconocer que Gibson ha tenido en cuenta en su película la piedad y el arrepentimiento que demuestran tanto algunos judíos como algunos romanos. Si así ´´es como fue´´, ¿de qué otra manera podía mostrarlo Gibson?

The Passion no es una película de ´´buenos´´ y ´´malos´´; eso salta a la vista de cualquier buen observador. Es la narración del drama más tremendo de la humanidad y, al mismo tiempo, de su propia salvación desde el punto de vista cristiano. Y es también una muestra de la condición humana, capaz de los mayores sacrificios para hacer el bien y de las mayores atrocidades contra víctimas inocentes, pero siempre sin etiquetas geográficas, o de raza. Gibson nos muestra eso y mucho más en su extraordinaria película.

La omnipresencia de una Madre
The Passion es, efectivamente, una película ´´inolvidable´´ para todos, incluidos sus detractores, por muy diversas razones. Una de ellas es la omnipresente mirada y presencia de María a lo largo de toda la película, que además sirve de apoyo a Jesús para superar sus desfallecimientos. La especial relación entre la Madre y el Hijo en la película de Gibson está prácticamente basada en unas miradas que se buscan con desesperación y que van más allá de la comprensión humana. Como anticipo de esa especial comunicación, Gibson nos muestra al principio de la película, cuando acaban de apresar a Jesús, a una María de mirada extraviada que deambula buscando a Jesús hasta encontrarlo. María ´´siente´´ la presencia del Hijo y se agacha hasta rozar con su mejilla izquierda el frío empedrado del pavimento, justo encima de la mazmorra donde le tienen preso, encadenado al techo con grilletes. Él, consciente también de la presencia de María, alza la vista hacia arriba en el mismo preciso instante.

A partir de esos momentos, la mirada de María está especialmente presente en toda la película y acompaña a Jesús en los momentos más dolorosos. Le sirve de consuelo en la flagelación, filmada prácticamente a tiempo real, cuando yace desfallecido en el suelo con las manos temblando. La mirada de María provoca una reacción inmediata en Jesús, que se levanta para seguir soportando el castigo. Y la misma mirada, con una lágrima deslizándose por la mejilla izquierda, le hace de nuevo fuerte para enfrentarse al flagelo con hierros en las puntas que le desgarra la carne segundos después.

Y se hace presente nuevamente cuando María, acompañada por la Magdalena y Juan, salen al encuentro de Jesús, que carga con la cruz a cuestas y cae. Sus miradas se cruzan y María recuerda una escena similar, cuando Jesús era niño y ella corría a su encuentro para auxiliarle. Ahora, también corre para darle su apoyo y ayudarle a continuar. En la llegada al Gólgota, con Jesús extenuado en el suelo después de haber recorrido casi un kilómetro con la cruz a cuestas, la mirada de María vuelve a aparecer para consolarle. Y la misma penetrante mirada le despide amorosamente en sus últimos instantes de vida, mientras le suplica: ´´Carne de mi carne, corazón de mi corazón, déjame morir contigo´´. Jesús le devuelve la mirada y dirige a Juan y a ella un último mensaje: ´´Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu madre´´.

Un Satanás andrógino, en los momentos clave
Mención aparte merece la figura de Satanás, magistralmente interpretada por Rosalinda Celentano: un ser andrógino de perturbadora belleza femenina, con voz de hombre, que también está presente en momentos clave de la película. Tienta a Jesús en el Huerto de Getsemaní, cuando le dice que no tiene por qué cargar con esa pesada cruz de los pecados de toda la Humanidad. Vuelve a aparecer instantes antes de que Judas se ahorque con la brida del caballo putrefacto. Desafía a Jesús con la mirada mientras gira a su alrededor entre la gente en las escenas del inicio de la flagelación y, segundos después, le muestra un niño que lleva en brazos, una especie de engendro y demonio, mientras incita con la mirada a los torturadores para que flagelen el pecho de Jesús con el máximo de brutalidad. Mas tarde, en la subida al Calvario con la cruz, se desplaza paralelo a Jesús, en el lado opuesto de María, a quien desafía con la mirada. Y en su última aparición, grita rabioso, en soledad, su fracaso ante Jesús cuando éste muere.

The Passion es una película dura, sí, pero necesaria para despertar conciencias. Una película de bella factura que contiene imágenes de una ternura y emotividad fuera de lo común: por ejemplo, todas aquéllas que recogen las miradas de los principales personajes, entre las que destacan especialmente las de Jesús y María, brillantemente interpretados por Jim Caviezel y Maia Morgenstern; o aquel primer plano de las manos de Jesús sobresaliendo por encima de la piedra donde le están flagelando, mientras él yace caído en el suelo, unas manos que se agitan descontroladamente y un puño cerrado con fuerza que tiembla a causa del tremendo dolor y caos interior que padece Jesús. Tampoco podemos ignorar el casi imperceptible pero determinado golpe de la mano del Mesías sobre el madero para seguir cargando con la cruz, después de acariciarla, en un evidente signo de la expresividad y la aceptación de su destino.

La escena que ya hemos mencionado de María corriendo a auxiliar a Jesús, o aquella angustiosa secuencia en la que también María hunde sus manos en el suelo mientras clavan a su Hijo en la cruz, recogiendo sendos puñados de tierra y soltándolos justo en el momento en que la cruz queda totalmente vertical con un golpe seco al apuntalarse, constituye otro de los momentos centrales. Y, por supuesto, ahí queda la rúbrica final de Gibson, la escena a imagen y semejanza de La Piedad de Miguel Ángel: María sosteniendo el cuerpo inerte de su Hijo, con Juan a su derecha, sobre las piernas, y la Magdalena a los pies de Cristo. La imagen final de ese cuadro, con la mano de María extendida sobre el pecho de Jesús en señal de ofrecimiento a toda la Humanidad, y su conmovedora mirada perdida hacia el infinito es de una belleza inigualable.







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