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El Retorno del Rey: belleza y sacrificio batiendo records en taquilla
Se tome por donde se tome, El Retorno del Rey es el mayor fenómeno cultural de estas navidades, desbancando a cualquier otra oferta cinematográfica e incluso a la tercera entrega de la saga Matrix.


Por:  Pablo J. Ginés, premio Gandalf y miembro de la Sociedad Tolkien Española | Fuente: www.e-cristians.net




Se tome por donde se tome, El Retorno del Rey es el mayor fenómeno cultural de estas navidades, desbancando a cualquier otra oferta cinematográfica e incluso a la tercera entrega de la saga Matrix. Este invierno no hay una tercera película de Harry Potter pero, aunque la hubiese, difícilmente podría haber eclipsado la culminación de la trilogía fantástica basada en El Señor de los Anillos , la obra magna del escritor británico J.R.R. Tolkien, publicada en 1954.

En España, según la distribuidora Aurum, El Retorno del Rey bate record de taquilla: 5.979.907 euros en el primer fin de semana. Como se estrenó en un miércoles, hay que añadirle otros 3.600.000 euros recaudados en los 3 días laborables anteriores. Es decir, que 1,7 millones de españoles han visto esta película en sus primeros 5 días de exhibición. A nivel mundial, también se habla de record internacional con 246 millones de dólares en los 5 primeros días. Quedan ampliamente superadas las anteriores entregas de El Señor de los Anillos y los récords que ostentaba Spiderman .

Y el público está encantado. En la página internacional de críticas cinematográficas Rottentomatoes.com , más del 90 por ciento de las críticas que aparecen son muy favorables. Incluso los más gruñones aficionados tolkinianos de las Sociedades Tolkien del mundo entero (las hay en España, México, Colombia, Argentina, Chile, etc...), aunque lamenten cambios de guión o de escenas concretas, admiten que se trata de unas películas colosales, impactantes, y que al fin y al cabo vale la pena la adaptación. El conjunto de las tres largas películas de El Señor de los Anillos ha significado una conquista en el imaginario cultural popular similar o superior al que en su día representó La Guerra de las Galaxias .


Repartiendo los grandes temas
El titánico viaje de Frodo llega a su fin, así como el del director Peter Jackson, enfrentado a la imposible tarea de adaptar la grandiosa obra tolkiniana. Jackson tenía que ofrecer emoción y aventura al gran público, y fidelidad a la obra para los millones de lectores de Tolkien. Esta fidelidad debía abarcar dos campos: el amor al detalle tan propio de Tolkien y los grandes temas que trata el escritor; el arte, el honor, la muerte, el valor, la amistad, el sacrificio y la redención, por ejemplo. El amor al detalle queda sobradamente cumplido. Todos los nombres propios son correctos; se pronuncian bien, se habla en élfico adecuadamente, abundan las runas élficas y enanas en espadas, emblemas o edificios; los guiños y señales al espectador especializado son constantes.

Para tratar los grandes temas del escritor católico, Jackson decide repartirlos en sus tres películas. En la primera se habla del deber y el destino. Gandalf es el maestro que enseña que no está en nuestra mano arreglar todos los males del mundo, pero que debemos esforzarnos por salvar aquello que se nos ha encomendado. En la segunda película, Jackson pone en boca del hobbit Sam parte de la teoría tolkiniana sobre el arte: hay historias que merecen la pena ser contadas, porque emocionan a la gente y enseñan lo que es bueno, justo y hermoso, desafiando incluso el paso del tiempo.

En esta tercera película, Jackson se centra en la muerte y en el sacrificio. De nuevo Jackson usa a Gandalf para hablar sobre la muerte, que no es el final de los caminos. El director de cine pone en boca de Gandalf palabras que Tolkien usa en los Apéndices de El Señor de los Anillos , cuando el rey Aragorn, tras una vida plena, se enfrenta a su muerte, anciano y sereno, consolando a su esposa Arwen. El Gandalf de Jackson también habla de "la niebla gris y, al otro lado, las playas de arena blanca y amplias praderas verdes", escenas que Frodo ve al final del libro desde la borda de su barco élfico. La iconografía de Tolkien que describe las Tierras Imperecederas de Valinor, hogar de los Elfos, sirven a Jackson para hablar de la esperanza tolkiniana en el Más Allá.

El valor del sacrificio queda claro tanto en la película como en el libro: "Hemos salvado la Comarca, Sam, pero no para nosotros", dice Frodo. Él se ha entregado, lo ha dado todo por salvar aquello que amaba, pensando que nunca volvería del Monte del Destino. Y aunque vuelve, se da cuenta de que aquello que ha salvado ya no le llena, ya no es suficiente, incluso siendo bueno. Está infectado por la misma nostalgia que los elfos: más reposo, más belleza, algo más... Es la nostalgia de todo hombre, peregrino en la tierra, cuando se da cuenta que "nuestro corazón está inquieto, Señor, y no descansará hasta que repose en Ti", como decía San Agustín y como Tolkien recoge continuamente en su obra. Frodo tiene que partir con los elfos, dejar un mundo que es, al fin y al cabo, finito aunque sea bueno, bello y digno de ser amado.

La plenitud, en familia
Hay en la película una apuesta por la familia, el matrimonio y los niños incluso más evidente que en el libro. En la obra tolkiniana, como en la Biblia, los hijos son siempre un don, una bendición, incluso en historias trágicas y oscuras originadas en tabúes rotos como las que se leen en El Silmarillion . En El Señor de los Anillos , Sam llega a alcalde de la Comarca y es padre de numerosísimos hijos, en una generación en que el país hobbit se llena de hermosos pequeños hobbits de cabellos rizados, signo de alegría, vida, triunfo y fecundidad. También en la película vemos a Sam alcanzar su plenitud humana en el matrimonio y en sus hijos..., aunque Frodo le advierte que también él tendrá que partir, pues también Sam ha sido portador del Anillo.

Pero hay más, algo que Tolkien no describe: Jackson nos muestra (a los espectadores y a Aragorn y Arwen) una visión del futuro, una visión de un niño medio elfo, el hijo de Aragorn rey y de Arwen reina; el rey lo coge en sus brazos y mira a su esposa. Cuando el Aragorn y la Arwen del presente, inmersos en la guerra y la separación, ven esta visión del futuro, concretada no en la gloria del reinado sino en la del amor fecundo, en una familia, deciden trabajar por su unión.

El Señor de los Anillos , como libro, es una obra que crece con sus lectores: A medida que el lector la relee, con los años, descubre cosas nuevas. Las películas también dan esta sensación, aunque sólo sea porque continuamente salen versiones extendidas. Se dice que, a los 210 minutos de cine que hemos visto en El Retorno del Rey , se les añade una hora e incluso más en la versión de DVD que se venderá: ahí esperan los aficionados ver muchas cosas, muchísimas que quedan en el tintero, de tipo narrativo y estratégico. Esta trilogía cinematográfica sólo podrá analizarse completamente con las versiones completas ya editadas. Pero con la tercera película ya en los cines, resulta evidente que el buen cine épico de aventuras, lleno de esperanza, realista en su visión del sacrificio, elevado en su propuesta de honor y dignidad, sigue siendo deseado por millones de corazones de nuestros días, cansados de cinismo y mediocridad, ansiosos de belleza y verdad.







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