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Lo fácil y lo difícil
Es curioso observar que las agendas van desapareciendo porque los móviles almacenan las direcciones que deseamos tener. Todo el progreso mira, fundamentalmente, a la comodidad del ser humano.


Por: Felipe Santos | Fuente: .




Es curioso observar que las agendas van desapareciendo porque los móviles almacenan las direcciones que deseamos tener. Todo el progreso mira, fundamentalmente, a la comodidad del ser humano.

Pero es curioso que en el misma medida en que se multiplican los medios técnicos, hay una reducción cada vez mayor para todo aquello que signifique dificultad.

Así por ejemplo, es fácil conectar, llamar a la gente desde cualquier sitio de la ciudad o fuera de ella. Hay un contacto diario máxime por parte de la juventud.

Ahora bien, lo difícil es entrar en el corazón de alguien para sentirse a gusto, para enriquecerlo con algo más que quedar para ir a tal o cual sitio.

Hay miles de llamadas cada minuto. El móvil en mano o pegado al oído es algo habitual hoy. Y si se escucha al que está al lado de uno, la mayoría de las veces es para comunicar noticias de negocios, para saludarse, para interesarse por tal o cual viaje... Se puede percibir que muchas veces se habla sin pensar y, en este caso, lo que se dice parece ser que no tiene freno. La mente está para algo más que para estudios concienzudos. Es el pan nuestro de cada día en las relaciones humanas auténticas.

Incluso hay quienes emplean el móvil para herir a alguien que, apenado, no encuentra una solución plausible a su herida. No hay, en el fondo, una comunicación profunda. No se pretende- en muchos casos- interesarse por el otro/a en sus dimensiones humanas y religiosas.

¿Quién se va a creer toda la felicidad que transmiten los usuarios del móvil? No muchos. Se va al pairo de lo que acontece cada día a nivel externo de la persona.

Ahora bien, preocuparse en serio por el ser con quien hablas, no mucho. Se busca narrar batallitas pero no se cuenta las derrotas, ni los tropiezos que hay cada día. Y esto forma parte o debería, al menos, formarlo del acontecer humano diario.

Se prometen visitas, viajes, bienestar a toda pastilla, pero no se comunican valores que realcen la vida humana de los interlocutores. Se promete mucho pero se cumple con poco.

Uno de los temas que más abundan en las conversaciones de los móviles- además de los negocios- es del amor, entendido como quedar para citas, para ir al cine, para montárselo bien. Todo, en el fondo- salvo excepciones- es una pura comunicación superficial y mediocre. No pocas veces se emplea esta comunicación para hacer críticas severas a alguien o para comunicados de emergencia política o social.

Este medio de comunicación puede ser excelente para mejorar al amigo o amiga, al marido o a la esposa, al hijo o a la hija, al buelo o la abuela para transmitirles el amor, la compañía, el recuerdo. La felicitación y todo el sin fin de cosas que de ellos aprendemos.

Es muy fácil llorar por un suceso familiar. Lo importante es cuidar con mimo a los seres que siguen vivos con tu atención diaria.

Solamente así, este impresionante de comunicación social- al alcance de todo el mundo- se puede convertir en un instrumentos de diálogo, respeto, aliento, entusiasmo y de riqueza. Nunca de mediocridad y de malas noticias.

Tan sólo quien lo emplea en las coordenadas humanas y evangélicas está haciendo un buen uso de su alcance y de su eficacia en los parámetros de la comunicación.

Termino diciendo que este aparato que llevas entre tus manos o colgado en tu cintura, puede convertirse en algo muy importante para la riqueza de la humanidad.



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