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Pensamiento Apreciativo: formar a través de la belleza

Pensamiento Apreciativo: formar a través de la belleza
EL PENSAMIENTO APRECIATIVO: es desarrollar la capacidad apreciativa de los alumnos ante un valor


Por: Blanca Martínez de Bedoya Buxens | Fuente: sontushijos



Unas consideraciones previas

Muchas veces se ha dicho que la FORMACIÓN ES UN ARTE. Todos los educadores: padres, profesores, monitores... estamos convencidos de que ¡somos unos artistas!

Por si alguno todavía duda de ello, podemos acudir al diccionario de la Real Academia de la Lengua y buscar la voz “arte”. Para este término hallamos distintas acepciones:

La primera definición nos dice que “arte” es el conjunto de reglas necesarios para hacer bien una cosa. Los educadores tenemos conocimientos de pedagogía, psicología y didáctica; si no es por estudios específicos, sí por la misma experiencia de la vida.

En la segunda acepción se define “arte” como cautela, maña, astucia. En la tarea formativa hay que hacer compatible lo “incompatible”: querer y al mismo tiempo exigir, marcar pautas y ser flexible, aconsejar pero no tomar nosotros las decisiones, etc.

Por último se puede considerar el “arte” en cuanto acto o facultad mediante las cuales, valiéndose de la materia, de la imagen o del sonido imita o expresa el hombre lo material o lo inmaterial. Esto realmente es así, los educadores ponemos en juego todos los medios para que nuestros educandos adquieran unas virtudes, afiancen unos valores, potencien unas actitudes.

Hasta aquí todos de acuerdo. Pero podemos dar un paso más: considerar la formación como una de las Bellas Artes. Acudimos de nuevo al diccionario que nos dice que “Bella Arte” es cualquiera de las que tienen por objeto expresar la belleza.

Por eso mismo, se puede afirmar que en la formación valiéndonos de la materia, la imagen o el sonido expresamos la BELLEZA del BIEN OBRAR.

Reflexionando sobre nuestro modo de impartir la formación nos damos cuenta de que, en muchas ocasiones, todo nuestro esfuerzo se centra en presentar la verdad que encierra el bien que estamos proponiendo: argumentamos, comparamos, deducimos… De hecho, nuestra preguntas a los alumnos suelen ser: ¿por qué?, ¿compara la actitud de estas personas?, razona tu respuesta, ¿qué argumentos darías a una persona?, etc.

Pero, ¿estamos consiguiendo el fin deseado?, ¿no será que hemos errado el camino?. La propuesta es penetrar en la verdad a través de la puerta de la belleza. Así titulaba Juan Pablo II su Encíclica sobre la verdad, “El esplendor de la verdad”. En efecto, el esplendor, el atractivo que tiene todo lo bueno es lo que predispone a la persona a buscar la verdad que contiene todo bien.

Aquí entramos de lleno en nuestro tema: El Pensamiento Apreciativo.

Lo más deseable en la formación es que nuestros hijos, alumnos, acepten el bien que les proponemos (tengan seguridades, certezas, convicciones), lo quieran (apuesten por él y estén dispuestos a negarse a otras posibilidades para alcanzarlo) y lo encuentren atractivo. Más bien porque lo encuentran atractivo, lo aceptan y lo quieren.


Las raíces del Pensamiento Apreciativo

El Pensamiento Apreciativo hunde sus raíces en la filosofía aristotélica, en la ética personalista de Juan Pablo II, en el Proyecto Zero de la Universidad de Harvard.

El Pensamiento Apreciativo no es algo nuevo. ARISTÓTELES afirmaba que educar a un hombre es enseñarle a tener buen gusto en el obrar. “Lo mejor (el bien moral, la virtud), lo más hermoso y lo más agradable es la felicidad y éstas cosas no están separadas” ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco

Los griegos pensaban que la belleza era el mecanismo fundamental de la enseñanza moral. Por eso, querían que sus hijos admirasen y decidiesen imitar los gestos heroicos de su tradición que eran transmitidos por la literatura y la historia.




JUAN PABLO II era muy consciente del papel que la belleza ocupaba en la vida moral de la persona.

El modo de entender al hombre de Juan Pablo II latía en su modo de acercarse a cada persona. A través de un gesto, una mirada, un símbolo llegaba al corazón de las personas que se le acercaban.
“La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres... Desde el asombro podrá surgir el entusiasmo... Los hombres de hoy y de mañana tienen necesidad de este entusiasmo para afrontar y superar los desafíos cruciales que se avistan en el horizonte...Precisamente en este sentido se ha dicho que la belleza salvará el mundo” JUAN PABLO II, Carta a los artistas, 1999

El PROYECTO ZERO, las Inteligencias múltiples, la Inteligencia Emocional, nos hablan de acceder al conocimiento a partir de las potencialidades de cada uno. Estos argumentos se pueden aplicar también a la formación en valores morales.

“Los mismos contenidos se puede presentar de formas muy diversas, de tal modo, que permitan a cada alumno asimilar partiendo de sus capacidades y aprovechando sus puntos fuertes” HOWARD GARDNER


El Pensamiento Apreciativo

La formación moral es un saber que entra por los sentidos. Se forma desde la vida y para la vida.

El objeto de la formación es la persona humana. No hemos de olvidar que el ser humano es, al mismo tiempo, sensible y espiritual. La afectividad humana va más allá de lo corporal, es parte de la intimidad misma del hombre. Por tanto, en la formación debemos contemplar la parte sensitiva del ser humano.

El 80% de lo que aprendemos lo aprendemos de manera inconsciente y el 20% de manera consciente. En la formación moral no podemos llegar sólo a ese 20%.

Hemos de partir de dos premisas en nuestra tarea formativa. Primera, la persona humana va integrando la realidad a partir de cada experiencia. Si un chico está acostumbrado a ver en su entorno una determinada conducta negativa, no podemos pretender que con una sesión teórica cambie su punto de vista. Tendré que aportarle una serie de experiencias positivas que le haga apreciar que quizá eso que le estoy proponiendo es válido.

Segunda, conocemos a través de lo sensible. Nuestro conocimiento no es intuitivo tiene unos pasos. Debemos poner en juego en la formación la capacidad de percepción, la memoria, la imaginación, la conciencia práctica.

Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, vemos necesario trabajar desde la sensibilidad para llegar una formación moral integral.

El objetivo principal del Pensamiento Apreciativo es desarrollar la capacidad apreciativa de nuestros hijos, de nuestros alumnos ante un valor.

Una buena formación apreciativa será aquella en la que el educando pueda demostrar y confrontar sus pensamientos con sus sentimientos. Esto es, que despierte en él el deseo de buscar la verdad, y se sienta motivado a realizar el bien.

Es necesario reforzar los criterios morales acompañándolos de una experiencia sensible que vaya en la misma dirección. Si no fuera así, el razonamiento podría ir en una dirección y la sensibilidad en otro. Por eso, la educación de la vida emocional es un aspecto medular en la formación de la conciencia.

La literatura, el cine, la televisión, el ambiente, la historia, la propia experiencia van invadiendo la intimidad. Hemos de trabajar en todos estos ámbitos provocando improntas positivas.

La emoción puede ser el resorte inicial, que impulse a comprometerse con el bien. Posteriormente, aunque ésta se debilite, la razón ya habrá podido descubrir motivos para amar más volitivamente y menos sensiblemente.


Reflexión final

Me gustaría apuntar que todos, de algún modo, trabajamos el Pensamiento Apreciativo. Nuestros hijos o nuestros alumnos nos observan cada día, realizamos actividades que les motivan, vivimos en las familias y en los colegios unas tradiciones que van calando positivamente en su vida.

Quizá nos falta hacerlo de un modo más consciente para sacarle mayor rendimiento y comprobar la fuerza formativa de LA BELLEZA.


Blanca Martínez de Bedoya Buxens:
Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Navarra. Diplomada en Ciencias Religiosas por la Universidad de Navarra. Coordinadora de Secundaria en el Colegio Ayalde (Bilbao) durante varios años. Actualmente Subdirectora de Formación en el Colegio Alcaste (Logroño)


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