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Cultura y Cristianismo

Cultura y Cristianismo
Una cultura del hombre sólo es auténtica cultura humana y humanista si esta abierta a los valores absolutos, los cuales no tienen en el hombre su más radical fundamento.


Por: Alvaro de Maortua | Fuente: Arbil





Cultura es, ante todo, el mejoramiento intelectual y moral de la persona y el resultado de ese mejoramiento. En la conformación de la cultura entran constantemente en juego tres elementos, a saber: un conocimiento científico, físico y metafísico, que constituye el modo de representación y compresión del mundo; una técnica de aplicación de ese conocimiento para el uso de ese mismo mundo natural; y una forma de vida, adecuación de la conducta al orden de valores éticos.

Mientras existe un equilibrio entre ellos, la persona o la sociedad que soporta y fundamenta dicha cultura va creciendo; basta sin embargo, la ruptura del equilibrio por atrofia de uno de ellos, para generar la crisis.

Una cultura del hombre sólo es auténtica cultura humana y humanista si esta abierta a los valores absolutos, los cuales no tienen en el hombre su más radical fundamento. Y una civilización sólo será humana y positiva si logra una situación jurídica y una cultura donde el hombre se afirme, porque ancla en las exigencias más profundas de su propia naturaleza, y por la cual el hombre puede acceder a la Verdad, al Bien y a la Belleza, que son los tres ordenes de la verdadera cultura y fuente de toda verdadera felicidad.

El Cristianismo ha aportado los elementos esenciales de la cultura. En efecto, la Iglesia, no sólo proporcionó una compresión completa del mundo y del hombre, del orden íntimo que Dios ha establecido en el Universo, sino que además invitó al hombre a operar sobre el Universo para dominarlo o señorearlo, como ya se dice en los primeros versículos del Génesis.

Innumerables y eminentes pensadores cristianos de todo tiempo - y también del actual - han explicado que progresar es crecer, no acumular. Y ahora Juan Pablo II insiste en que la meta de la ciencia ha de consistir en que el hombre "sea más", creciendo en todas las dimensiones de su naturaleza creada.

La Verdad no está compuesta únicamente por el conjunto teórico de los conocimientos, sino también por una vida acorde con dichos conocimientos. Porque la Verdad es vida y sólo la Verdad hace libre.

La manifestación del odio y desorden que el pecado lleva consigo, provoca siempre, aunque sea en medida que a los hombres se antoje muy pequeña, un daño sobre el hombre y sobre el Universo.

Porque hay una íntima relación entre el orden moral que guía la conducta y el orden físico que también Dios ha establecido para la conservación del Universo.

El Cristianismo -la Iglesia- ha significado de hecho el perfeccionamiento más radical y profundo de la vida del hombre sobre la tierra; la mutación más formidable de las costumbres individuales y colectivas, privadas y públicas; el cambio más hondo y positivo de la mentalidad y del corazón humano desde que el hombre existe. Ningún acontecimiento histórico ha podido incidir tan profunda y positivamente en la sociedad y en las instituciones humanas como la venida de Cristo al mundo.

No es casualidad sino pura consecuencia lógica, el que haya sido el ámbito cristiano del mundo el que haya producido el máximo refinamiento y desarrollo de todas las ciencias - físicas y metafísicas - con el consecuente progreso material y humano. Por esta razón Europa, al ser el primer continente evangelizado, se convirtió después en adecuadora del mundo. Las causas fueron fundamentalmente morales.

El Cristianismo -La Iglesia- ha sido en todo tiempo la fuerza impulsora de la única cultura y civilización verdadera: del auténtico progreso de las ciencias físicas y metafísicas, de las costumbres, del Derecho, la Política y las artes. Se puede afirmar con toda propiedad que el progreso real de la Humanidad es un impulso eclesial en el sentido mas amplio de esta palabra, un proceso lineal de madurez científica y espiritual de origen fundamentalmente moral. Esto es así, aunque los materialistas del mundo contemporáneo se empeñen tercamente en negarlo.

No es serio dudar sobre la evidente superioridad esencial y efectiva de la cultura y de la civilización cristiana sobre todas las demás llamadas culturas orientales o locales. Y es porque el crecimiento en las virtudes causado por el cristianismo potencia siempre al máximo la racionalidad y la voluntad creadora específica del hombre.

"Verdaderamente, el Evangelio ha sido en la historia humana, incluso la temporal, fermento de libertad y de progreso". (Ad gentes, n.8).

Y no es que haya una cultura y una civilización verdadera y otras de recambio, no. Es que la única civilización verdadera es la cristiana y esta no se puede mantener sin la Religión y la moral verdadera que es la única revelada por Dios y no inventada por los hombres.







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