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Cristo, Modelo de Edcucar En Libertad: Sin Miedo, Porque Hay Amor

Cristo, Modelo de Edcucar En Libertad: Sin Miedo, Porque Hay Amor
Más que transmitir conocimientos, todos necesitamos maestros de vida, y las personas a las que educamos también, por eso vamos a acercarnos al Maestro por excelencia, Jesús.


Por: P. Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net



2. CRISTO, MODELO DE EDUCAR EN LIBERTAD: SIN MIEDO, PORQUE HAY AMOR
Jesús no se deja condicionar por el éxito que tiene en la sinagoga de su pueblo, y proclama la verdad sin miedo, aunque esto cause el “fracaso”... Él ha señalado la verdad fundamental del hombre: su libertad interior y su intocable dignidad. "Nunca queráis una virtud por sí misma, sino en cuanto que está encarnada en nuestro Señor", nos decían en aquella primera sesión: Jesús es el modelo. Si al ver la autoridad de Jesús nos fijábamos en su veracidad, ahora al ver la libertad hemos de centrar nuestra atención en el amor. Ya concluía Tomás Melendo que “el fin de toda educación es ayudar a una persona a ejercer su libertad, a auto-conducirse hasta su propia perfección”. Fuimos creados por amor y vivimos para el amor; educar es enseñar ese amor, y la mejor pedagogía es con el amor. Vamos a ver cómo la libertad está ligada con el amor y su consecuencia es no tener miedo.


a) El amor va unido a la libertad: nos muestra la esencia del amor que es la Buena Nueva (por ejemplo, en la parábola del hijo pródigo: Luc 15, 11-31). Se podría decir que el primer mandamiento que nos da es “dejarme amar por Dios sobre todas las cosas” (Jn 15, 16; 1 Jn 4-10). Conectado con esa vuelta a Dios, nos muestra una auténtica libertad: “Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 31-32). Aquí vemos que es libre el que conoce la verdad, y Jesús no admite las obligaciones de la Ley porqué sí: Quizá la gran maldad del demonio ha sido conseguir que seamos esclavos de las obligaciones, en vez de hacerlas por amor. Jesús nos quiere dar su libertad de espíritu, por ejemplo cuando le reprochan que cura en sábado, y que está prohibido, y en otras ocasiones, dice que no es el sábado para el hombre sino el hombre para el sábado (Mc 2, 23-28; Mc 2, 27, ver también Mc 7, 9-12), es decir nos quiere mostrar que el rigorismo está en contra de la voluntad de Dios (cf. Mc 3, 4), pues aquellas tradiciones que impiden el amor son esclavitudes, y hay que eliminarlas. He aquí unas sugerencias sobre la libertad ante la ley: la ley obliga al siervo, el hijo es libre y si obedece es por amor. Se hablaba de que en los equipos educativos a veces debido al carácter de las personas, o el espíritu de competitividad... puede haber servilismos. Es verdad, hay miedos en todos lados en nuestra sociedad, y también los podemos sentir nosotros, al estar condicionados por el éxito y el buscar agradar, estar a la altura... y podemos pensar en que nos están “evaluando” siempre, y procurar hacer buen papel. Esto puede producir un stress y agobio, una tensión mala imbuidos en querer estar siempre “a la altura de las circunstancias”, cuando en realidad lo que hemos de hacer es ser yo y no otro, aprender continuamente para dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento, poniendo el corazón para ser buen maestro, y no ser nunca el pastor asalariado que se preocupa de su imagen y no por sus ovejas...
Por eso procuramos profundizar en la psicología de Jesús, concretamente en la citada frase “Si permanecéis en mí... conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 31-32) hay tres sentidos de libertad:

1) ser libre es evitar toda falsedad;

2) la unión con Jesús por el amor da libertad, hace tener la voluntad recia, da la fortaleza.

3) libertad es también sentirse en paz por la misión cumplida, por la conciencia tranquila. En el fondo se trata ahí de las tres ideas básicas de la felicidad: tener un ideal (la verdad, de la que hemos hablado ya), vivir de amor (y ser libres, que es lo que ahora vemos) y luchar por superar los obstáculos... (la alegría del esfuerzo, de eso hablaremos en el tercer punto).

b) Hemos de educar en positivo, ¿y qué cosa más positiva que lo que nos dice Jesús? El no subraya los defectos, como a Pedro no le quita la primacía de entre los Apóstoles después de las negaciones, sino que siempre va a lo positivo, le “recoge” y no le deja caer en el desánimo: “Pedro, ¿me amas más que estos?” le pregunta tres veces como para borrar con esos actos de amor las tres negaciones. Jesús nos dice que el fundamento de toda nuestra vida es nuestra filiación divina, que estamos llamados a vivir la felicidad de ser de la familia de Dios. ¿Puede haber una educación más en positivo? De ahí sí que surge una sana superación personal que empuja a luchar, mucho más que los defectos lo que anima es estimular las cosas buenas. Es necesario crear ese ambiente favorable en el que florezcan los buenos sentimientos, se adquieran auténticos valores, se luche por los ideales, y de ahí surjan las virtudes: comportamientos propios de una personalidad a la medida del verdadero arquetipo de la antropología cristiana: Cristo. La clave de la verdadera eficacia educativa es saber mostrar esa verdad en el día a día; formarnos en la personalidad de Cristo,verdadero hombre-Dios. "Cristo ha revelado al hombre el propio hombre", en la manifestación del amor del Padre. Cristo es “el hombre” arquetipo, al que mirar para formar según él, en todas sus capacidades y cualidades humanas: conocimiento, lucha por adquirir un recto orden entre pasiones (sentimientos, emociones), que han de estar regidas por la voluntad (moderación de la templanza, fortaleza), y ésta obediente a la inteligencia que deben regirlas a todas (prudencia, justicia). La personalidad de Jesús creció en la medida del adolescente y del hombre (Lc 2, 52): “en sabiduría, en estatura y en gracia” y no sólo “ante los hombres”, sino también “ante Dios”. Este es el modelo de crecimiento. Más que trabajar frente al alumno, hemos de procurar ir juntos hacia Jesús, en ese adviento continuo en el que quiere nacer en nuestro corazón. Juan Pablo II decía que el educador, en su actividad docente diaria, debe de conducir al alumno a la presencia de Dios, con caridad y fortaleza, acercándose a ellos con prudencia, en especial a los que más necesiten de él, pues en muchas ocasiones una sola palabra de aliento mantendrá viva la esperanza para continuar progresando. “No os desaniméis en el extraordinario camino de amor que es la educación. Que os conforte ver la inagotable paciencia de Dios en su pedagogía con la humanidad, ejercicio incesante de paternidad que se reveló en la misión de Cristo -Maestro y Pastor- y en la presencia del Espíritu Santo, enviado a transformar el mundo. La labor de educar se presenta como ministerio de colaboración con Dios, que ciertamente será fecunda”. Como nos indica Jesús, mis escogidos no trabajarán inútilmente.

Jesús une la sublimidad a la sencillez: el sermón de la montaña parece vulgar, pero tiene la sencillez de lo profundo: contiene la sabiduría de su tiempo, la revelación del Antiguo Testamento, y está revelando la providencia divina de un padre que ama con locura a sus hijos... me dice que no tengo que agobiarme porque algo no sea de mi gusto (el mundo, mis alumnos, mis defectos), me transmite paz pues todo ha de ser ocasión de encuentro con Dios. También en las parábolas se ve esa pedagogía rica en imágenes, donde pueden entender los niños a un nivel, y el más instruido se marea por la profundidad de contenido, y todos nos perdemos en el misterio... aquellos textos re-aparecen como los más profundos, los más fuertes, los más creativos, los más sublimes que se han dicho nunca.

c) Jesús no tiene miedo… no es que tenga sangre fría, o que no vea el peligro donde lo hay... es fruto de la paz de quien sabe lo que va a ocurrir, de que todo es querido por Dios, o aunque no sea bueno está por Él permitido, porque de aquello sacará un bien más grande que el mal que llega; por eso Jesús también lo quiere. No hay crisis en su valentía, no necesita defenderse ante las injusticias en la lucha por la vida y hacer prevalecer sus intenciones, excusarse o ser sagaz; confía, e incluso cuando se siente abandonado por Dios (Mt 27, 46), se abandona enteramente a Dios.

En ocasiones, los hombres hacemos cosas grandes, y luego podemos hundirnos por no soportar aquel peso, nos quedamos secos, algo así como lo que cuenta el Evangelio de las vírgenes sin aceite. Cuanto más subimos más luego nos precipitarnos en la miseria: nos cansamos y quedamos desfondados. Eso nos pasa porque nos quedamos vacíos, nos “desparramamos” en diversas cosas. En Jesús, su acción y experiencia surge de su interioridad; hemos de aprender de él, no ser como un canal por el que pasa el agua y se queda seco, sino que siempre la acción exterior es sobreabundancia de lo que tiene. Se dice que las hayas tienen tronco y follaje espléndidos, pero al menos la misma envergadura que tiene el árbol por fuera, la tiene tierra adentro, para ir a buscar el agua y sostenerse ante las dificultades. Así nosotros hemos de hacer, cuanta más actividad externa, más interioridad. Por ejemplo sobrellevamos las preocupaciones de los demás, les escuchamos pero luego podemos hundirnos bajo ese peso, y en esos caso se genera un cansancio, un proceso psicológico que busca afán de compensaciones. Jesús siempre puede más de lo que hace, no se hunde, porque aún en el dolor está unido a Dios, cuando pronuncia: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (23, 46). De esa fuerza interior surge la total entrega a la voluntad del Padre, el vivir para la misión encomendada, y esta subordinación de lo personal a la obra, ahí no caben problemas personales.

La interioridad supone trabajar para adentro, en el silencio creador de la vida interior. Hoy el maestro se encuentra inmerso en un activismo demoledor con el pretexto de las preocupaciones materiales, incapaz de hacer un momento de silencio y procurar un verdadero descanso, aludiendo a una carencia económica que no le permiten reposar; sin embargo, encuentra momentos de escapar en evasiones que suponen pérdidas de tiempo, como ver mucha televisión, o desorden en el fin de semana, que le hacen regresar a sus clases cansado.

Todo ello le transforma en una persona sobresaltada, presurosa, superficial, carente de visión. La vida interior da fuerzas: el Señor habló de que los ciegos se convierten en “guías de ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en la hoya" (Mt 15,12-14). Por eso hay que priorizar esa riqueza interior que luego se proyecta fuera, mostrándola en el trato de los jóvenes, en la clase y en la calle... ante el relativismo actual, temeroso del compromiso y sumergido en sus preocupaciones materiales. El buen educador debe contemplar la verdad armonizando el silencio, la admiración y la estudiosidad... hay “tiempo de callar y tiempo de hablar" (Ecl 3,1,2,7).

d) Jesús dice lo que nunca ha dicho nunca ningún hombre, y hace lo que nunca ha sido capaz de hacer ningún hombre, se entrega libremente porque se posee, está “en su casa”, dentro de sí.
Hace poco una mujer me decía que se sentía como obligada a una renuncia de salir, estaba atada a cuidar su madre enferma; también alguna maestra me decía que se sentía hundida cuando no le reconocían unos servicios. Podríamos contar muchos casos de estar como obligados en una entrega que esclaviza, que no deja “vivir”. Esto quizá me sucede cuando no “estoy en mí”, pues la entrega necesita libertad, y la libertad posesión de sí. Para darse hay que “tenerse a sí mismo”. Jesús es “él mismo”. El estrés puede venir cuando quiero alcanzar un “modo típico que se espera que yo sea”, “estar a la altura”, en cambio lo que he de procurar es dar lo mejor de mí mismo, estar en mi, vivir y actuar por mí; enfrentarme a las cosas y volver a mí mismo desde ellas.

e) Jesús no tienen miedo de exigir, aunque no agrade. Hemos de procurar que la verdad sea amable, pero si hemos de escoger entre agradar o cumplir la misión encomendada, hemos de optar en conciencia sin miedo. El temor es señal de esclavitud, el hijo, el que está en su casa (el mundo es mi hogar, y Dios mi Padre). que está en el mundo como en su casa, pues su Padre cuida de él. El hijo no está obligado a nada, es libre. Así pues, la libertad viene de la filiación divina. Pues en su pueblo todos van contra él al no soportar la verdad, y quieren despeñarlo, pero él no suplica, no los ataca: “él pasó por en medio de ellos y se marchó por su camino” (Luc 4, 30). No le afectan los fracasos, cuando son por cumplir la voluntad de Dios. Es un poder silencioso que se irradia, divinamente tranquilo, ante el cual los demás no saben qué hacer y lo dejan. Y en la violenta escena del Prendimiento en Getsemaní, ante la tropa armada que irrumpe con violencia, Él dice: “¿A quién buscáis? Le contestaron: -A Jesús el Nazareno. –Él les dijo: -Soy yo… se echaron atrás y cayeron por tierra” (Juan 18, 5-7)”. La clave de la comprensión de su psicología es que mientras que cuando yo digo “soy” expreso mi más íntimo ser, lo más hondo de mí, en Jesús esto es más profundo, mucho más pleno. Yo me poseo cuando no estoy dependiendo de los demás, es decir cuando soy más libre y menos atado al qué dirán, etc. O también, cuando no me dejo llevar por el éxito sino por mi misión. Cuando estoy menos condicionado por los otros, o por las diversiones que me ponen o la esclavitud en el trabajo (estar entre-tenido) y me “tengo” a mí mismo, me poseo. La existencia de Jesús está en que él no se encuentra a sí mismo, “es Él”.

Cuando dice “Yo” es Dios que traspasa y posee plenamente ese hombre que también es Dios. Cuando dice “Yo soy” es Dios quien habla en el fondo, dentro del misterio de que la conciencia humana de Jesús a veces esté más viva que este fondo divino. Es el “Yo soy” divino que se revela a Moisés (Ex 3, 14) el que ahora se encarna (cf. Juan 8, 28).En último término, Dice San Juan que el que tiene miedo no es perfecto en el amor.

Jesús tampoco quiere imponerse, y absorber la voluntad del otro con la excusa de querer su bien: en su amor a la libertad deja espacio para reflexionar, para poder hacer propias las ideas: “si alguno quiere venir en pos de mi...”, dice siempre, como en invitación a no forzar. Hemos de aprender también nosotros a no abusar de la confianza ciega cuando puede entender razones de la inteligencia y del corazón (el diálogo con el joven rico tiene todos esos ingredientes): el maestro ha de ofrecer la ciencia para que el otro piense, se esfuerce: no ha de metérselo a la fuerza, ni sustituirle en el esfuerzo.

f) La educación del corazón se manifiesta en virtudes, y éstas están encarnadas en Jesús: no se impacientaba cuando instruía al pueblo, no le gritaba, no recurría a castigos físicos; contestaba las preguntas sin soberbia ni suficiencia, y respetaba la libertad y los tiempos de cada uno. Es criterio y norma de conducta, algo que ningún judío había osado hacer abiertamente, y en nombre propio: -“(...) Si pues Yo, el Señor y Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis unos a otros lavaros los pies, porque os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho (...).” El Maestro no tiene miedo, ni intranquilidad, ni artificio; esta serenidad en Cristo, que desearíamos todos, viene de armonizar la contemplación y la acción, en una alegría y paz que veremos en el tercer y último apartado. Un maestro encuentra ahí su modelo, cuando su actividad docente, todo trabajo, se basa en el fundamento del silencio creativo, de la verdad interior, de la contemplación y oración. Y así el maestro descubre su misión, y verá lleno de esperanza que vale la pena trabajar con entusiasmo.


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