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Algunos principios de la educación integral

Algunos principios de la educación integral
La dignidad de la persona humana está enraizada en su creación a imagen y semejanza de Dios. Se realiza en el cumplimiento de una misión. Los educadores formamos un papel dicisivo en dicha realización.


Fuente: anahuac



a) Educación personalizada.

Deriva de la irrepetibilidad de cada ser humano a quien Dios ha dotado de una serie de talentos y dones propios, que no comparte con ninguno otro.

Si la educación es personalizada se llegará a un conocimiento profundo del alumno, desde todos los ángulos posibles, con el fin de ayudarlo mejor a superar sus defectos y arraigar sus virtudes.


La Formación Integral, México, 1996.


Sólo cuando se conoce al alumno personalmente se le puede acompañar a lo largo de su desarrollo evolutivo con los consejos más pertinentes que le conduzcan a lograr su madurez personal y a poner en favor de los demás todos los talentos que Dios le ha dado.

b) La excelencia académica.

Alinearnos en favor de una formación intelectual elevada, necesaria para el desarrollo integral de la persona y exigida por la responsabilidad social de nuestros alumnos y por la evolución de la misma sociedad.

· Cursos verdaderamente amplios, completos y bien fundamentados.

· Actividades extracurriculares.

· Uso de medios pedagógicos avanzados válidos para la formación intelectual e integral (evitando la confusión entre lo novedoso y lo bueno).

· Aprendizaje de lenguas modernas.

· Asesoría y capacitación pedagógicas.


c) Educación por objetivos.

Dar importancia al trabajo educativo programado con objetivos claros y con medios eficaces para lograrlo. Cada uno de nuestros colegios posee un programa donde se establecen con claridad los objetivos generales y de cada una de las áreas; también se subraya la importancia de un programa educativo personal para aplicar los objetivos generales a la realidad concreta de cada alumno.


d) Educación permanente.

Los contactos con los exalumnos tienen también una finalidad formativa, los exalumnos pueden volver a las raíces de su propia formación integral, sobre todo confrontar su vida actual con aquel acopio de sabiduría y de valores que un día recibieron en el colegio y que ahora, ya como personas adultas, deben estar encarnando en su vida.





e) La forja de líderes.

Un colegio busca, entre sus objetivos principales, la forja de líderes que transformen la sociedad según los principios de justicia y caridad de la doctrina social de la Iglesia.

Si logramos formar hombres líderes, educados en la excelencia en su propia profesión y en los más genuinos valores humanos y cristianos, amantes de su país, con sentido de Iglesia y con una profunda actitud de servicio, sentaremos las bases para que esos hombres impulsen la creación de una sociedad más equitativa, más pacífica, más cristiana.


f) La motivación.

Procurar dar motivos, humanos y sobrenaturales, a nuestros alumnos para que estudien, para que adquieran un comportamiento moral digno, para que se esfuercen por adquirir la amplia gama de virtudes humanas y cristianas que harán de ellos unos hombres cabales y unos cristianos ejemplares.

Establecer reglas y normas de disciplina y conducta que ayuden a los alumnos a adquirir su propia formación, pero nunca tratamos de exigir la norma por la norma, sin que preceda la suficiente motivación.


g) Autoconvicción

El hombre libre actúa y rige su vida por principios interiorizados. Es cada alumno quien libremente y por amor debe buscar adquirir la propia formación. Los formadores podrán ayudar al alumno motivando, impulsando, exigiendo, apoyando; pero, en definitiva, será el alumno mismo quien habiendo interiorizado los principios en el uso correcto de su libertad y movido por el amor, deberá realizar el trabajo principal en el logro de la propia formación.


h) Amor

El mismo Santo Padre nos recuerda en la primera encíclica de su pontificado que el “hombre no puede vivir sin amor”, que el hombre permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida se vacía de sentido si no se le revela el amor, si no encuentra el amor, si no lo experimenta y no lo hace propio, si no participa en él vivamente.

El amor es la meta final hacia la cual tiende toda la educación y, al mismo tiempo, la motivación suprema que debe regir toda su conducta.


i) La responsabilidad social.

Brindar especial importancia la sensibilización con la realidad social. Es así como se organizan actividades encaminadas a poner en contacto a los alumnos con diversos ambientes donde viven personas marginadas por la sociedad o de escasos recursos económicos, con el fin de despertar en ellos la conciencia de su responsabilidad social, que será ejercida sobre todo una vez concluida su formación curricular.


j) Colaboración con la familia.

Para que el programa educativo del colegio sea eficaz es preciso permanecer en continuo contacto con la familia, ambiente vital en donde se desarrolla gran parte de la vida del alumno fuera de la escuela y que configura en modo decisivo su personalidad, su carácter y comportamiento.


Siempre hemos procurado mantener a los padres de familia periódicamente informados sobre la marcha de sus hijos. También les pedimos su colaboración para unificar esfuerzos en el trabajo educativo, pues si en casa recibieran principios, enseñanzas u orientaciones contrarias a las que se les dan en el colegio, el alumno viviría una división interna que le crearía un desengaño o una desestima de aquello que, con esfuerzo, se le enseña en el centro educativo.

La colaboración con la familia es especialmente necesaria en este tiempo en el que se vive una progresiva disolución y relativización de los valores y de las pautas de conducta.








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