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El rey desnudo: las diferencias educativas ligadas al sexo

El rey desnudo: las diferencias educativas ligadas al sexo
El autor, experto en educación diferencial, trascribe una conferencia reciente. Establecer diferencias en la educación ligadas al sexo no es discriminatorio ni sexista, es simple adecuación a la diversidad biológica y psicológica del hombre y de la mujer


Por: Guillermo Suárez | Fuente: Arvo.net




Temo que las referencias sucesivas en el título al sexo y la desnudez puedan provocar alguna confusión. No pretendo tratar para nada de sexualidad y si mucho de la condición sexuada. Del hecho esencial y relevante de ser varones o mujeres, y de las implicaciones que eso tiene en educación. También advierto de que me centraré en la educación escolar y en el proceso de enseñanza/aprendizaje, mucho más que en otros ámbitos de la educación, como pueda ser el familiar, aunque tangencialmente, también se verá reflejado. No se pretende tanto aportar fórmulas y soluciones como exponer lo que sabemos de una cuestión de la que sabemos realmente bastante y actuamos como si no supiésemos nada.

¿Por qué el rey desnudo? Bueno, muchos habrán identificado la referencia a un cuento de Ándersen, basado a su vez en un apólogo del Infante D. Juan Manuel en el Conde Lucanor, conocido con ese título o con el de El traje nuevo del Emperador (el cuento, no el apólogo). En él se habla de unos timadores que hacen para el Rey un traje con un tejido supuestamente maravilloso que los tontos no pueden ver (la versión de D. Juan Manuel es más cruda y sustituye la estupidez por la filiación confusa). Así consiguen que todos, el Rey incluido, alaben en público la belleza del vestido aunque todos ven que va desnudo. Desde entonces, la metáfora "el rey (o el emperador) desnudo" se utiliza para designar la situación en la que una amplia mayoría de observadores decide compartir la ignorancia colectiva ante un hecho obvio, aun cuando individualmente reconozcan lo absurdo de tal actitud. Es decir, algo que hoy se suele designar como la tiranía de "lo políticamente correcto".

Una sesión en el Senado.

Pues bien, con ese título se presento, hace unos años, un informe en el Senado, firmado por el sociólogo Domingo Comas y el exsenador socialista Octavio Granado. El subtítulo decía: Los componentes de género en el fracaso escolar y, en él, los autores se referían, según mis noticias, por primera vez en España de una manera pública y notoria, al llamativo desequilibrio por sexos del fracaso escolar, en particular y del nivel de estudios alcanzado, en general. Si no estuviésemos ya en el 2007 alguno podría pensar que nos encontramos ante una nueva manifestación de la tradicional desventaja social femenina. Hoy, supongo, ya sabemos todos que el informe reflejaba la creciente masculinización del fracaso escolar hasta el punto de que, en el año 2004, el 78,0% de las mujeres obtiene el título de Graduado en Secundaria tras cursar la E.S.O. frente al 63,1% de los hombres, lo que significa unos 15 puntos de diferencia. Similar situación aparece en el porcentaje de población que obtiene el título de Bachiller (52,8% de mujeres y 36,2% de hombres –16,6 puntos) y en el que obtiene titulación universitaria (mujeres: 20,6% Diplomadas y 21,1% Licenciadas; hombres: 12,4% Diplomados y 14,5% Licenciados). No solo se manifiesta esto en los niveles de graduación, sino también en los de excelencia académica. De los 171 estudiantes admitidos en la convocatoria del Premio extraordinario de Bachillerato, en Asturias, 52 eran varones y 119 chicas.

Un tema tabú.

Según los autores del informe este fenómeno es "un hecho perfectamente conocido por todos (se entiende, los expertos) y, sin embargo no ha sido incorporado a la doctrina educativa" pues de la variable diferencia de género, "nunca se habla, como el rey desnudo", dijeron. Señalaban que el fracaso escolar preponderantemente masculino, que se reproduce en todos los ciclos de la enseñanza obligatoria y postobligatoria es un proceso que se inició a principios de los 90 y se ha ido profundizando hasta hoy. Por tanto existe un creciente sector de chicos que han dejado la escuela sin ninguna cualificación útil y que no mantiene relación alguna con actividades de formación".

Según Granados, esto demuestra la imperiosa necesidad introducir medidas correctoras y "descubrir las raíces profundas de esta situación".

Me gustaría aportar alguna luz sobre porqué esto es así y sobre qué podemos hacer con este y algunos otros problemas educativos en los que la diferencia sexual es significativa. Empiezo refiriéndome a la masculinización del fracaso escolar, por ser la manifestación más espectacular, pero me gustaría referirme también a otros, algunos de ellos que afectan más a las chicas. No pretendo tanto aportar un catálogo de soluciones como contribuir a hacerles conscientes de que la cuestión existe y es importante.

Pero antes quería seguir un poco más con el título ¿porqué este asunto es "el rey desnudo"?
Porque el caso es que lo es, y les contaré alguna anécdota para ilustrarlo. Al principio de este curso me encontraba en la reunión de coordinación de la asignatura de filosofía para la PAU, la Selectividad. El coordinador comenzó la reunión dando algunas cifras sobre los resultados del curso anterior. Algunos de esos datos iban desglosados por sexos, lo que provocó la airada protesta de una profesora que argumentó que, sí todos éramos seres humanos, qué sentido tenía aquella distinción. En principio la objeción de mi compañera podría parecer bastante humanista y ajustada. El problema es que ese desglose de datos indicaba, por ejemplo, que a las Pruebas de Acceso a la Universidad se presentaron en Junio del año pasado en Asturias, algo más de 2 chicas por cada chico, es decir, que las diferencias anteriormente apuntadas llegaban, en este nivel, a ponerse en mas de 33 puntos a favor de las chicas. En un reciente programa de televisión, una psicóloga, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, protestaba también ante la presentación tangencial de la perspectiva de sexo en el análisis del fracaso escolar, argumentando que éste es multifactorial y que el factor más significativo es socioeconómico (más exactamente el nivel educativo de los padres) cosa que es una verdad clara y conocida pero que no altera para nada lo significativo de las cifras que manejamos, salvo en el supuesto de que el nivel cultural elevado en los padres incremente la procreación de hijas. Cuestión nada probable. Por último, también hace pocos meses, el señor Tiana, presentó algunas cifras de la situación educativa española más reciente, en contraste con el resto de los países de la OCDE. En esa presentación, después de ofrecer los datos generales, que no eran demasiado positivos para nuestro país, como viene siendo habitual en los últimos años, el Secretario de Estado se animó de repente y comento que, sin embargo, mientras las chicas europeas solo superaban en 9 puntos la tasa de graduación en Secundaria postobligatoria de los chicos, nuestras chicas lo hacían en un 17%. El sentido de su entusiasmo fue tan claro que el locutor de un telediario que daba la noticia lo presentó diciendo que el informe probaba que nuestras chicas son más listas que el resto de las europeas. ¿Se imaginan la reacción social ante estas cifras y este asunto si la situación fuese a la inversa? ¿Si, cuando se ha aprobado una ley de paridad, se descubriese que, en educación, que es la que marca el futuro, la situación de las mujeres frente a los hombres se deterioraba progresivamente?

Con todo, les prometo que el asunto no me preocuparía demasiado si las causas de todo esto se redujesen a que, las chicas, cuando han alcanzado una escolarización universal, han demostrado que son más capaces que los chicos para las tareas intelectuales. Bastaría con asumir la progresiva proletarización de los muchachos y un cambio social notable en las próximas generaciones.

Pero el asunto es que la escolarización prácticamente universal de chicos y chicas en los países desarrollados tiene ya bastantes décadas y este problema ha surgido en los 90. A la vez, en nuestro país, esta situación acompaña a una mala situación de la enseñanza preuniversitaria en general. Los últimos informes PISA nos dicen que nuestros chicos y chicas puntúan bajo y, de momento, decreciendo. Todo parece indicar –y así lo han visto ya en varios países donde están reaccionando, que algunos factores negativos de la enseñanza en los últimos años, tienden a cebarse más en los varones que en las mujeres, aunque afecten negativamente a ambos. Es decir, que no es tanto que los chicos sean más limitados como que estamos asistiendo a un bajo rendimiento de los chicos, un rendimiento por debajo de sus posibilidades. Y eso ¿por qué? La explicación es compleja pero exige partir de un punto que debería estar más claro de lo que está. Simplemente porque los chicos y las chicas no son iguales.

Base antropológica: Varón y mujer ¿naturaleza o cultura?

Nadie duda que una de las fuerzas ideológicas de mayor peso social en el último siglo ha sido el feminismo. A él le debemos algunos logros innegables: la igualación de los derechos civiles en el mundo desarrollado y la desaparición de la sumisión legal de las mujeres a los varones, la aportación femenina de modo masivo a la vida laboral, y un largo etcétera. Pero el feminismo ya tiene algunos años y, con ellos, bajo esa denominación han aparecido realidades bastante distintas: desde la lucha por el sufragio y los derechos civiles, pasando por la reivindicación de la igualdad operativa de hombres y mujeres (no hay nada que haga un hombre que no pueda hacer una mujer), hasta un cierto feminismo radical de la diferencia que anuncia y lucha por una nueva sociedad matriarcal en la que los valores masculinos, causa de todos los males, serán sustituidos por los femeninos llevando a la humanidad a un nuevo estado de concordia, ecologismo y paz. Por si alguien piensa que exagero, cito de una reciente novela cuyo éxito solo es comparable a su escasa calidad y que ha escrito un hombre, esta descripción de nuestra historia: "Los días de la diosa habían terminado. El péndulo había oscilado. La Madre Tierra se había convertido en un mundo de hombres, y los dioses de la destrucción y de la guerra se estaban cobrando los servicios. El ego masculino llevaba dos milenios campando a sus anchas (...), una situación inestable marcada por guerras alimentadas por la testosterona, por una plétora de sociedades misóginas y por una creciente pérdida de respeto por la Madre Tierra."
Pues una de las consecuencias más engañosas y confusas que se han derivado de cierto influjo feminista es la afirmación de que las diferencias entre hombres y mujeres, salvadas las puramente orientadas a la reproducción, son fruto exclusivo de la influencia del ambiente.

Son, pues, culturales y no naturales.
Desde los años 60 y 70 del pasado siglo hemos asistido a una batalla, a veces furibunda, contra los llamados juguetes sexistas. La batalla se basa en la convicción de que el juego infantil tiene un papel determinante en la asunción de roles tradicionalmente masculinos o femeninos. Según ello, hacemos a las niñas asumir su papel femenino haciéndolas jugar con muñecas y cocinitas mientras los chicos asumen el suyo con los camiones, juegos de construcción o los juguetes de acción incluso violenta. En consecuencia, si eliminamos esas distinciones en los juguetes y en los juegos de los niños, cabría esperar la desaparición o atenuación de esos roles.

Hoy tenemos datos abundantes que constatan el fracaso de la estrategia y, lo que es más importante, una buena explicación del motivo. En cuanto a lo primero se ha constatado que las preferencias femeninas por los juegos de empatía, de relación personal y transferencia de sentimientos, de cuidado de otros, así como la preferencia masculina por los juegos de acción, de movimiento violento, por los objetos inanimados, por los que suponen el análisis o creación de sistemas, como los de construcción y competencia, es anterior e independiente a cualquier influencia social -aunque ésta, por supuesto, pueda reforzarla-, en buena parte, invariable y afecta, incluso, como ha mostrado Melisa Himer, a primates no humanos. Pese a todos los refuerzos, en ninguna parte del mundo ha variado sustancialmente la diversificación sexual de los juguetes y, cuando esta se impone no es infrecuente encontrarse con que la imaginación infantil rectifica la intromisión sin especiales dificultades; como la niña que arropa al camión por la noche mientras le dice palabras cariñosas o el muchacho (esto lo sabemos bien los que tenemos hermanas) que dispara a las muñecas con bolas hechas con los calcetines o las desarma para ver cómo es posible que lloren o haga pipí.

Si se pregunta a un niño de dos años que juguetes son para niños y para niñas tendrá dificultades para decirlo, aunque ya manifiesta netas preferencias. Los mejores expertos señalan que la dicotomía "o genes o medio ambiente" está mal planteada, pues son factores imposibles de separar en la practica y, para muchos, es también imposible, como consecuencia, medir separadamente el peso de ambos.

Cerebro de varón, cerebro de mujer.
En cuanto al porqué también hemos aprendido bastante: existen diferencias psicológicas, cognoscitivas y conductuales anteriores a la influencia social y fundamentadas en la distinta constitución cerebral y neurológica. Es decir, entre el cerebro masculino y femenino existen diferencias notables (unas más notables que otras) y estas provocan, como es lógico, estrategias de conocimiento y conductas diferenciadas.

Antes de entrar en este tema quiero hacer dos advertencias previas, que habrán de tenerse en cuenta para todo lo que sigue:

• La afirmación de que existe un cerebro masculino y un cerebro femenino y de que, por tanto, existen características psicológicas sexuadas no debe ocultar que estamos hablando siempre de promedios estadísticos, no de personas individuales. Existen mujeres que realizan tareas de sistematización muy por encima del promedio de los varones y, gracias a Dios, muchos varones tienen un notable desarrollo empático o lingüístico. Como veremos, todo indica que las peculiaridades cerebrales dimórficas se deben fundamentalmente a la acción de las hormonas y es sabido que los dos sexos tienen hormonas masculinas y femeninas. La diferencia está en su cantidad y modo de actuación. Esto es así e, insisto, nada estamos diciendo de características individuales.

• Pero tampoco parece lícito, como se hace frecuentemente, disminuir o invalidar estas diferencias y su repercusión práctica (que son consistentes) con el argumento de que las variaciones dentro del mismo sexo son mayores que el promedio entre ambos.

• Las diferencias entre sexos no prueban la superioridad de ninguno de ellos. Encontraremos tareas que realizan mejor unos u otras, como promedio y, sobre todo, diferencias que obligan a establecer estrategias diferentes para resolver los problemas, pero nada más. Sería una postura tan absurda como pretender defender una supuesta igualdad natural entre los sexos. Esto último responde simplemente a un sistema de creencias sin base experimental alguna, a ideología. La igualdad operativa entre los sexos sólo podría alcanzarse por manipulación genética o confiando en mecanismos evolutivos que no conocemos y llevarían, en todo caso, milenios.


Hoy sabemos que los cerebros de hombres y mujeres están construidos de manera diferente, que procesan la información forma distinta y que, como consecuencia, tanto la percepción, como las prioridades y la conducta son diferentes. Antes que los condicionamientos sociales, las hormonas masculinas y femeninas interaccionan con los receptores que existen para ellas en el cerebro –ya desde el periodo fetal- y son las causantes de esas diferencias. Francisco J. Rubia, especialista en Fisiología del sistema nervioso y Catedrático de la Complutense, afirma taxativamente que "aparte de los genitales externos e internos, la región más importante por lo que respecta a la diferenciación sexual es el cerebro."

No me extenderé en la descripción del dimorfismo sexual del cerebro más allá de algunos datos que nos permitan explicar algunos rasgos psicológicos especialmente significativos para nuestro tema. Desde 1880 sabemos que hay una mayor diferencia en el peso de los dos hemisferios cerebrales en el hombre que en la mujer y desde antes incluso (1836, Marc Dax) se sabe que el lenguaje esta mayormente localizado en el hemisferio izquierdo. En 1968 Geschwind y Levinsky descubren que esa lateralización del lenguaje es menor en las mujeres.

Por otra parte, las diferencias en el cuerpo calloso entre hombres y mujeres avala la hipótesis de que la conexión entre ambos hemisferios es mayor en las mujeres, es decir, que la lateralización de funciones es más acentuada en los hombres afectando tanto a las funciones del lenguaje como a la emocionalidad y afectividad. En resumen, los cerebros femeninos son más simétricos que los masculinos, tanto en la estructura de los dos hemisferios como por el grado de desarrollo de las conexiones entre ellos.

A esto se ha añadido, desde los años 80 del siglo pasado, además de la acumulación de pruebas sobre el dimorfismo sexual anatómico del cerebro, el conocimiento de la influencia de las hormonas sexuales sobre determinados circuitos neuronales.

Como ya hemos citado antes, el profesor Francisco J. Rubia sostiene que "en la conducta de los seres humanos, la variación individual más importante es la relacionada con el sexo: hombres y mujeres se comportan de forma diferente, y este comportamiento afecta también a la conducta cognoscitiva." No depende, como hasta hace no tanto se pensaba, de las experiencias en el entorno de la adolescencia, sino que se puede afirmar con rigor que viene determinado por la organización cerebral ya en el feto y poco después del nacimiento; y su responsable fundamental son las hormonas gonadales.

Es innegable la relación (compleja) de la agresividad masculina con la testosterona, pero también aptitudes como la capacidad verbal o la visuoespacial diferencian claramente al varón de la hembra. Aparte de las zonas cerebrales directamente comprometidas con la reproducción, otras regiones como el hipocampo, el estriado, la amígdala y la corteza cerebral, muestran diferencias sexuales. De estas zonas depende que, por regla general, el cerebro masculino es mejor en capacidad visuoespacial, -salvo algunos factores de memoria espacial-, rotación de imágenes, lanzamiento de objetos a una diana, agresividad, resolución de problemas matemáticos, en geometría, lectura de mapas; mientras el cerebro femenino puntúa más en fluidez verbal, tareas motoras finas, localización de objetos entre una serie, cálculo, sensibilidad afectiva, y percepción a niveles bajos de estímulo, salvo para la vista.

En varios de los experimentos que han determinado estas características se intentó medir la influencia del entrenamiento en la igualación de resultados y se vio que tanto hombres como mujeres mejoran y mantienen constantes las diferencias entre ellos
Los hemisferios cerebrales no son idénticos en cuanto a estructura y función. El lenguaje ocupa más regiones en el h. Izquierdo y el derecho en las funciones visuoespaciales, entre otras. El dimorfismo sexual en funciones verbales es quizás el más claro y probado: en las mujeres estas funciones son más simétricas, están mucho menos lateralizadas que el hombre, que las concentra en el hemisferio izquierdo. Parece además que, en general la asimetría funcional es mucho más pronunciada en el varón. También existen indicios de diferente organización dentro del mismo hemisferio. Esto explicaría un hecho comprobado en los experimentos psicológicos: las estrategias para conseguir un rendimiento parecido difieren entre el hombre y la mujer.

En este sentido son ilustrativos los descubrimientos de Galea y Kimura, entre otros muchos, sobre las estrategias de orientación diferenciales: Los hombres saben organizar mejor un mapa fijándose en las direcciones o en las carreteras mientras las mujeres utilizan puntos de referencia (la tienda de la esquina). La estrategia direccional es un ejemplo de comprensión del espacio como sistema geométrico, pues en memoria visual-espacial son mejores las mujeres. Las mujeres tienden a marcar los rasgos descriptivamente. Este aspecto está tan trabajado que ha dado lugar al título de un conocido libro. "Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas."

En habilidades matemáticas los chicos aprenden más deprisa que las chicas, así como en ajedrez y composición musical. El cálculo es la única habilidad matemática en la que las chicas obtienen promedios mejores. Otra curiosidad: hemos dicho que las mujeres superan a los hombres en percepción, salvo la visual; esto tiene una excepción significativa: en el reconocimiento de caras, interpretación de la expresión facial, las mujeres superan notablemente a los hombres.

Las diferencias en habilidades del lenguaje tienen, como a nadie se le escapa, una especial incidencia en el proceso de aprendizaje. La superioridad de las chicas es notable desde muy pronto; Las niñas comienzan a hablar antes y mejor, con más vocabulario, mayor corrección gramatical y mayor fluidez, en torno a los 11 años las manifestaciones académicas son ya muy claras, aumentan en el bachillerato y probablemente más allá. Los chicos, por su parte, tienen, en general el doble de posibilidades que las chicas de desarrollar trastornos del lenguaje como el tartamudeo. Esto se ha probado tanto en tareas de alto nivel como de bajo, en habilidades receptivas como productivas. En adultos la diferencia no es muy grande, aunque es consistente, pero la diferencia en el ritmo de maduración y aprendizaje las hace mucho más significativas en la escuela. Por otra parte, la mayor lateralización del hombre en estas funciones parece tener influencia en su necesidad de concentración en una sola tarea lingüística, mientras la mujer comparte bastante mejor. (El hombre que lee no oye). Y esto último es extensible a otras funciones no lingüísticas.

Parece que el mejor rendimiento del varón en actividades visuespaciales, localizadas en zonas del h. Derecho que en el izquierdo están ocupadas por funciones lingüísticas depende de su mayor lateralización. Es decir, la mujer, más simétrica tiene muchas de esas zonas también del hemisferio derecho ocupadas en el lenguaje mientras en el varón están disponibles. Los niños identifican objetos mejor con la mano izquierda y las niñas igual con las dos.
Cuando se dan respuestas semejantes en ambos sexos no significa necesariamente que los cerebros de varones y mujeres utilicen las mismas estructuras para la respuesta; se ha probado por técnicas de imagen como una misma respuesta activa diferentes zonas cerebrales en ellos y en ellas por lo que pueden alcanzar puntuaciones similares utilizando estrategias muy distintas.

Podemos resumir diciendo que la diferenciación entre hombres y mujeres en relación con la capacidad cognoscitiva está probada en funciones verbales, visuoespaciales, capacidades matemáticas, la agresividad. Vendrían dadas por la acción de las hormonas y las diferencias de ritmo maduración del cerebro. La influencia de los estrógenos sobre el aprendizaje y la memoria también parece clara.

Características psicológicas de ambos sexos.

Simon Baron-Cohen, profesor de psicología y psiquiatría de Cambridge y Director del Centro de Investigación del autismo, integra todo lo anterior bajo el paradigma empatía-sistematización como la dicotomía que explicaría la diferenciación neuro-psicológica entre los sexos. Hemos dicho que el entorno hormonal temprano –perinatal- juega un importante papel en la formación del temperamento y su desarrollo antes de que empiecen a jugar las influencias sociales. Por ello sostiene que el cerebro femenino está predominantemente estructurado para la empatía y el masculino lo está para entender y construir sistemas.

Llamamos empatía a la capacidad para identificar emociones y pensamientos de otra persona y para responder con una emoción apropiada. No se trata de puro conocimiento (lectura de la mente) sino de una respuesta emocional a la emoción ajena con el fin de conectar con ella.

La sistematización es la capacidad para analizar, explorar y construir un sistema. El sistematizador averigua intuitivamente como funcionan las cosas, extrae las reglas que gobiernan el comportamiento de un sistema, predice su comportamiento o inventa uno nuevo. (otra vez aquí les recuerdo el principio del promedio: todos tenemos una mínima empatía, todos somos sistematizadores)
La sistematización no sirve mucho en el trato con las personas, en la convivencia diaria. Los razonamientos "si...entonces" no funcionan demasiado bien para hacer feliz a los que nos rodean, con sus sentimientos cambiantes. En cambio es muy útil para convivir con los eventos.

Características sociológicas (la socialización de los chicos y las chicas en el grupo)

Vamos a ver ahora algunas cuestiones en torno a la vida social de las chicas y de los chicos. Este aspecto tiene una relación muy estrecha con su distinta relación con la empatía.
Los chicos y las chicas, desde muy pronto (19 meses según Lloyd y Smith) tienden a preferir compañeros de juego del mismo sexo, con los que comparten estilos sociales. Esto no se explica por influencias ambientales pues los niños ven a los adultos interactuando continuamente con el sexo opuesto y no hay ninguna prueba de que los padres desincentiven esto en sus hijos. Lo eligen ellos.

Los chicos pequeños son más físicos, menos empáticos y más egoístas. Ellas intentan más la persuasión y muestran un mayor interés por la justicia.

El varoncito juega desde muy pronto a lo que Maccoby llama "trifulcas": saltan, chocan, se empujan, hacen ruidos con la boca. No es solo una cuestión de actividad, las niñas también son muy activas, sino más bien demostraciones de resistencia.

Las mujeres son mucho más sensibles a las expresiones faciales, a la comunicación no verbal.

Las niñas manifiestan mayor interés cooperativo y dan más importancia a la intimidad que al dominio. Los chicos prefieren la competición y valoran poco la intimidad.

La agresión se da en ambos sexos, pero se manifiesta de manera distinta: los hombres la suelen mostrar más directa y físicamente, las mujeres tienden más a agredir indirectamente, con la crítica o los comentarios hirientes. En todas las manifestaciones graves de agresión y violencia, en todo el mundo, el predominio masculino es muy notable (asesinatos, suicidios, robos con violencia, violaciones (empatía 0).
Quería pararme un poco más en un mecanismo que creo que tiene una incidencia educativa enorme: En los grupos de chicos varones enseguida se establece una jerarquía, con frecuencia de una mayor o menor dominación. Esto refleja su grado menor de empatía y su mayor capacidad de sistematización. En los grupos mixtos, desde muy pequeños, el liderazgo tiende a ocuparlo un niño. Simplemente porque son más luchadores y dedican mas tiempo y esfuerzo a controlar las relaciones de poder. Las chicas también se jerarquizan pero a partir de otras cualidades que el actuar con dureza o energía física.
Savin-Williams ha realizado unos interesantes análisis de la agrupación espontánea de niños y niñas en campamentos de verano confirmando las diferencias entre los sexos.

Tanto ellos como ellas recurrían con frecuencia, nada mas llegar, a la táctica del chivo expiatorio para situarse arriba en la jerarquía del prestigio, pero ellos de una manera más directa y violenta y ellas más sutil y verbal. Entre los chicos el dominio se establecía en pocas horas y tendía a durar mucho. Entre las chicas el dominio solo se conseguía después de muchos días, incluso semanas. Ellas empiezan más siendo amables, luego van dejando caer comentarios despectivos o estrategias de exclusión social. Utilizaban raramente la fuerza física. Las jerarquías femeninas cambian continuamente.

En el estudio se manifiesta el mecanismo básico de la socialización del bulling (fenómeno netamente masculino) Cuando un chico es humillado, los otros chicos tienden a consolidar el estatuto inferior de la víctima como estrategia para situarse por encima. En las chicas es más frecuente "hacer la pelota" a la líder, pedirle ayuda o consejos que ensañarse con otras.

Entre las chicas surgían pronto amistades íntimas, ajenas ya a mecanismos de dominio de grupo. La estructura grupal, de equipo competitivo se mantenía entre los chicos.
Esta cuestión de la amistad, la comunicación y la intimidad es claramente diferenciadora de chicos y chicas al final de la infancia: ellas pasan mucho tiempo hablando de sus mejores amigas, contándose secretos, miedos y debilidades. Los chicos casi nunca manifiestan sus debilidades. Ellos se agrupan más por los juegos que quieren jugar que por sus amistades íntimas. Tienen amigos de fútbol, de coches, etc. Y eso se mantiene también de adultos. La prioridad de ellas es la intimidad, la de ellos la actividad.

De aquí surge una estrategia alternativa del varón para imponerse: ser bueno en algo, dominar un sistema. Hacerse necesario. Tanto en esta estrategia como en la mera agresividad se manifiesta un carácter nítido del varón desde la infancia: ser competitivo.

Creo que la "mala prensa" de lo competitivo en educación es uno de los factores clave que hacen a los chicos sentirse ajenos y rechazar la escuela. Deberíamos preocuparnos más en dotar a los chicos de una buena ética de la competición en vez de empeñarnos en que dejen de competir.
Ya hemos dicho que el dominio de las habilidades lingüísticas es predominantemente femenino, a esto se unen otras diferencias como el gusto de las niñas por las historias de personas y de los niños tratan más de objetos y de acontecimientos. Lo mismo pasa con los dibujos.

No parece que se trate de un mero rasgo aprendido, algunos experimentos llevan a la conclusión de que con un año de edad los niños prefieren un video de coches que una filmación de una cara hablando y las chicas lo contrario (Lutmaya y Baron-Cohen). Como dice un experto: las chicas dibujan sustantivos y los chicos, verbos.

Otro factor diferencial bastante claro relativo al lenguaje es el estilo verbal menos paciente de los chicos (mandan más que negocian) y la brusquedad social. Se ha visto una relación con el menor nivel de autocontrol de los varones que, de hecho, tiene mucho más riesgo de sufrir desórdenes de atención, hiperactividad o impulsividad.

Centrados ya en lo educativo me gustaría comentar algunos datos del interesante trabajo de Leonard Sax, médico y psicólogo estadounidense, Why Gender Matters: What Parents and Teachers Need to Know About the Emerging Education, donde muestra los últimos hallazgos científicos sobre diferencias de género y la ignorancia al respecto en el mundo educativo norteamericano.

Sax sugiere que los educadores han hecho una virtud de no tener en cuenta las diferencias de género, y no solo en la escuela. Por ejemplo las diferencias en el consumo de drogas entre chicos y chicas.

Se ha demostrado que un anuncio antidroga que disuade con eficacia a las chicas, anima a los chicos. Así, los anuncios que se centran en los peligros cerebrales son eficaces para las chicas porque temen arruinar su cerebro. Sin embargo, el tipo de chico al que le gusta exponerse a riesgos –que es precisamente quien tiene más peligro de consumir drogas– piensa: ´Hey, las drogas fríen el cerebro. ¿Dónde puedo conseguirlas?´.

"El gobierno de Estados Unidos anunció hace dos años que la campaña de cinco años de duración –que costó 900 millones de dólares– para disuadir a los jóvenes del consumo de drogas había sido un completo fracaso. Los chicos que veían el anuncio eran más propensos a consumir drogas que quienes no lo veían.

"De la misma forma, las chicas que fuman a menudo dicen que lo hacen para perder peso. Los chicos casi nunca dicen algo parecido. También hay grandes diferencias entre chicos y chicas –señala Sax– en la actividad sexual. "La autoestima alta reduce las probabilidades de que las adolescentes tengan relaciones sexuales, pero las incrementa en los chicos. (...)".

Respecto a la emotividad Sax señala algunas cosas que ya hemos apuntado. Niega que las chicas sean más emotivas que los chicos. Lo que si es verdad es que la mayoría de las chicas articulan más sus emociones que la mayoría de los chicos, pero si se mide la emotividad por otros aspectos –más allá de su expresión verbal–, la conclusión es que los chicos son a menudo más emotivos que las chicas.

Matiza Sax la mejor dotación masculina para las matemáticas y las ciencias que las chicas. Las chicas pueden conseguir los mismos o mejores resultados que los chicos en esas materias si los profesores saben cómo enseñárselas. Y a los chicos les pasa lo mismo con el arte, la música o la escritura creativa. Depende de que los profesores conozcan algunas técnicas para enseñárselas específicamente para que consigan iguales o mejores resultados que las chicas.
A cada sexo, su método pedagógico, concluye Sax. Si se pide a un niño o a una niña que hagan algo que exige un desarrollo que aún no han alcanzado, lo primero que harán será fallar y lo segundo, desarrollar aversión hacia ello. Así, a los 12 años, nos encontramos con niñas que detestan las ciencias y niños a los que no les gusta leer. Para muchos, ya no hay marcha atrás.

Sobre el stress y la competitividad afirma Sax: "Hay demostraciones científicas que avalan que el uso de cierta tensión ayuda a los chicos a aprender, pero no a las chicas. Esto no solo tiene implicaciones en clase sino también en el hogar. "Pensemos en cómo los padres corrigen a sus hijos. La mayoría de los ´expertos educativos´ aconsejan a los padres la técnica conocida como ´inducción´, que consiste en plantearse ´¿cómo me sentiría yo si alguien me hiciera esto?´. Este método funciona bien con las chicas pero con ellos es más eficaz cierta confrontación, siempre que se haga de manera cariñosa. Incidentalmente, también sirve en clase".

Conclusiones

Una conclusión que podemos establecer a partir de todo lo dicho es que los educadores debemos preocuparnos menos por desarrollar los aspectos en los que cada sexo es más fuerte y más en los que son más débiles.

Es importante trabajar la empatía de los chicos y las habilidades de sistematización de las chicas. Pero, como también sabe todo educador, un principio básico es el respeto y la aceptación de las características del educando, mucho más cuando nada de lo que hemos atribuido a cada sexo es de suyo malo. Se trata de evaluar las fuerzas y debilidades de cada individuo y oriental su mejora. Debemos respetar las mentes de hombres y mujeres: todo parece indicar que también aquí se produce una buena complementariedad.

No se trata de forzar a los varoncitos para que manifiesten públicamente sus sentimientos, si no quieren, pero debemos facilitarles situaciones en que puedan hacerlo sin sentirse violentados. (Como esa madre que se llevaba a su hijo a pasear en coche para que le contase sus cosas sin necesidad de mirarle a la cara, mientras se encerraba en la habitación de su hija para facilitar a ambos las confidencias.) A la vez, debemos aprender a rentabilizar su competitividad de los varones y su capacidad de sistematización para enseñarles las reglas del juego social, su espíritu de equipo para aprender a identificar y respetar los sentimientos de los otros. Dotar a sus clases del orden, la sistematización de las reglas y la jerarquía necesaria para que todos ellos se sepan integrados en un sistema mayor que les evite establecer relaciones de dominio con los demás, o limitar estas a las destrezas que puedan aportar al grupo.

Debemos buscar maneras más narrativas y descriptivas para facilitar el acercamiento de las niñas a las matemáticas, respetando su ritmo menor y, quizás, utilizando sus intereses empáticos en la formulación de los problemas.
Debemos estimular el aprendizaje lingüístico de los niños, adaptándonos a sus intereses, quizás utilizando más literatura técnica, de viajes, de aventuras y épica. En vez de empeñarnos en que lean a Becquer a como de lugar.

Creo, también, con R. Kimura que debemos replantearnos un poco la condena a los llamados estereotipos de género. Me explico: si lo dicho hasta aquí es cierto, lo normal será que siempre nos encontremos con ocupaciones y actitudes predominantemente masculinas o femeninas y, por tanto, las políticas para intentar equilibrar a como de lugar el número de miembros de ambos sexos que se dedican a ellas es inútil y contraproducente. Lo que debemos procurar es que ninguna chica individual deje de dedicarse a la ingeniería (si se siente dotada para ello) porque se vea cohibida por una profesión típicamente masculina o, lo que es peor, porque por su condición de mujer no se le ha formado en matemáticas o física al ritmo y del modo adecuado a su condición.

Necesitamos superar tabúes: más investigación.
Afrontar la diferencia sexual como un caso más (el más significativo) de atención a la diversidad. Tomar en consideración las estrategias diferenciadas en toda su variedad: desde estrategias diferenciadas en la enseñanza mixta, educación diferenciada parcial o total en Centros mixtos y la educación diferenciada propiamente dicha.

Alberto Ferrus, doctor en Biología y subdirector del Instituto de Neurobiología Ramón y Cajal del CSIC, decía en un acto organizado por el Aula EL PAÍS el año pasado: "Efectivamente, esas diferencias –cerebrales entre mujeres y hombres- existen y tienen consecuencias en los comportamientos. Si se quiere conseguir que la sociedad sea igualitaria, no se debe tratar igual a quienes son diferentes". Ferrús indicó que determinados centros educativos de Estados Unidos están considerando seriamente volver a la separación en determinados aspectos educativos "porque se han dado cuenta de que es la única forma eficaz de que surja el liderazgo entre las mujeres y no se reproduzca el fenómeno de inhibición en presencia del macho. Es un tema abierto, pero habría que reflexionar sobre ello".

Guillermo Suárez
PhDr en Filosofía

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