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¿Qué hacer cuando el Internet ha atrapado a mis hijos o a mis alumnos?

¿Qué hacer cuando el Internet ha atrapado a mis hijos o a mis alumnos?
Pasamos atrapados horas y horas navegando por Internet o chateando en el famoso Messenger...


Por: Gabriel Abascal | Fuente: Gama








Cuando éramos adolescentes, muchos de nosotros matábamos el tiempo haciendo deporte con un balón o con la bicicleta. Los patines, el video juego, la pista de carros... Los más tradicionales jugaban con los hermanos o vecinos, inventaban travesuras con los primos y meterse en problemas era cosa de diario: que si un descalabrado, que si la vecina ya se quejó… o el típico cristal roto que todos, al menos los que recuerden haber tenido una feliz infancia, tuvieron que atinar con la pelota, piedra, lata o indefinido proyectil utilizado para la diversión que, por una incomprensible razón de la física, se tenía que estrellar justo en la ventana de la casa ajena. Cierto que la televisión estaba ahí, siempre como una escapatoria al cansancio, también como un tiempo de diversión en el que disfrutamos los dibujos animados que nos abstraían en cierto modo del mundo en el que vivíamos.

Definitivamente en estos días las cosas han cambiado, los intereses son otros y los pasatiempos muy distintos. Hoy el internet tiene a algunos de nuestros hijos presos por horas enteras. Un chico se puede pasar de una a cinco, o hasta más horas, frente de la computadora. A veces incluso hasta altas horas de la noche en el famoso Messenger o en los videojuegos, el póker cibernético y, en tristes ocasiones, seamos realistas, en sitios pornográficos.

Lo peor de todo es que ellos manejan el espacio cibernético mejor que nosotros y con admirable maestría, y están al tanto de los filtros, claves, contraseñas y demás “tecnomañas” que se nos puedan ocurrir. La cercanía, la vigilancia y la mano suave, pero firme, se hacen apremiantes si pretendemos formar hombres y mujeres de bien que sepan aprovechar el tiempo, que sepan distinguir entre lo bueno y lo malo, dar a cada cosa su justo valor, apreciar la vida familiar, que se convenzan de la importancia que tienen otros campos de su formación y, sobre todo, que sepan controlar su curiosidad y sus pasiones sometiéndolas a una sana disciplina.

Tampoco se trata de tirar la computadora por la ventana, pues aparte de que rompemos el cristal del vecino, enquistaríamos a nuestros hijos en una realidad diversa y correríamos el riesgo de que ese quiste se abra y lo prohibido sea para ellos lo más llamativo. Como en casi todo lo creado por el hombre, la bondad o maldad de la herramienta no está en sí misma, sino en el uso que le damos. Parece lógico este razonamiento e inútil hacerlo, pero siempre es bueno renovarlo en la conciencia, para no terminar condenando lo que de por sí tiene muchos elementos positivos. Empezando por el hecho de que estas líneas las podemos compartir gracias a esta maravilla de la tecnología.

Después de algunos años de trabajar con adolescentes, recopilé lo que a algunos padres de familia les funciona para hacer del uso de la computadora un instrumento eficaz y no un peligro familiar. Los expongo ahora no como un experto, ni con la pretensión de hacerlos regla de la casa, sino sólo como unos “tips” que ayuden a los papás a ser más responsables en el cuidado de la formación de sus hijos.

1.- Lo primero que hay que señalar es la importancia del espacio físico que utiliza este aparato. Parecería una nonada, pero el lugar donde colocamos la computadora debe ser clave. Ciertamente el mejor lugar no es la habitación de mi hijo, sino más bien un lugar abierto, ahí donde todos pasan, ahí donde todos estudian, el típico sitio de tareas o la habitación familiar donde todos se sientan a ver la televisión, a leer o a matar el tiempo. En fin, que en la medida de lo posible, la pantalla del aparato en cuestión, sea de dominio público porque todos la pueden ver. Esto ayudará a que nuestros hijos utilicen siempre con respeto y por decirlo así, con cierto pudor, los programas y páginas que quieran visitar.

2.- Si la computadora está fija y ocupa un lugar único y determinado como cualquier PC de escritorio, el riesgo de que este aparato atrape a nuestros hijos se reduce. Las computadoras portátiles o “laptops” facilitan que se pierda el control y la vigilancia, y de pronto, cuando menos pensamos, nuestro hijo adolescente ya está en su cuarto y lleva 4 horas pegado al teclado… Muchos jóvenes llevan a su preparatoria o universidad su “laptop”, a esa edad ya se les puede dar más libertad y ellos deben comenzar a autoformarse, pero es mejor tener la PC fija en un escritorio, pues una computadora portátil para un adolescente es una herramienta y un vaso de veneno al mismo tiempo.

3.- En la medida de lo posible es mejor que haya una sola computadora en la casa, sobre todo cuando tenemos niños chicos y adolescentes, de manera que se la presten entre ellos y que tengan que calcular su tiempo para compartirla con el que la necesite. Esto disminuye notablemente el uso de la misma por un solo miembro de la familia.

4.- El procurar utilizar Internet como una herramienta de último recurso, es una medida también sana. Esto orillará a los chicos a que vayan al libro de texto, a sus apuntes o a una enciclopedia en caso de que les dejen un trabajo o tarea. Quizá hoy en día esto suena a retroceso… pero si se ve desde el punto de vista de la formación, es muy enriquecedor. Más de uno se sorprenderá que fue más fácil y rápida la consulta en una serie de libros, que el navegar por horas y horas, llenas de distracción, sin encontrar los datos precisos del trabajo o tarea que pidieron en la escuela.

5.- Algunos papás han optado por poner un horario fijo para el uso de la computadora, de manera que todos en casa sepan que esta herramienta se va a usar de esta hora a esta otra. Con esto se facilita la vigilancia y la cercanía por parte de los mayores en el momento en el cual nuestros hijos necesitan usarla o quieren distraerse un rato. Obviamente no se puede ser papá-policía. Habrá momentos en los cuales, a pesar de las normas y los horarios impuestos, no nos será posible estar ahí. Una cena, un compromiso, un viaje de trabajo dejará algunas veces a nuestros hijos solos y con la posibilidad de viajar por el ciberespacio sin vigilancia. Bien, lo importante es que ellos tengan claras las normas y cuál es el pensamiento de papá y mamá al respecto.

6.- El futbol, el basquetbol, la natación, las artes marciales, el volibol, la clase de ballet o de jazz, las lecciones de piano, guitarra, pintura, etc., y la combinación de todas estas actividades complementarias con la escuela, son de enorme ayuda en este sentido. Porque si un adolescente tiene dos o más actividades por la tarde, y aparte alguna de ellas implica un esfuerzo físico, lo más seguro es que lleguen a casa con un hambre de miedo y casi automáticamente se rindan al sueño. Así por un lado se fortalecen en otras disciplinas, y por otro, se olvidan de lo que no es esencial en su formación.

6.- Por último un pequeño aviso sobre los que no son de la casa y vienen a jugar o divertirse con nuestros hijos. Cuando a nuestra casa vienen amigos, primos o vecinos, la sabiduría de los abuelos todavía funciona: Si hay ruido, peleas, risas, llantos, problemas, objetos rotos, etc., las cosas están dentro de lo normal, pero cuando dos o más están juntos y hay silencio, “tranquilidad”, privacidad… Cuidado, pues no siempre, pero la mayoría de las veces, los abuelos atinaban: no andan en buenos pasos. Hay que estar atentos sin ser molestos pero atentos…

Todos estos consejos, como ya hemos dicho antes, solo pretenden ser una ayuda a lo que seguramente ya ustedes padres de familia, hacen al respecto. Ciertamente hay que subrayar, y esto es un hecho que constatamos todos, que en la formación de los hijo hay aspectos necesarios y aspectos secundarios.

La formación espiritual, la formación de la conciencia, la formación de los sentimientos, del carácter, de las formas sociales, de la inteligencia, de las capacidades físicas, etc., son aspectos primordiales, y en cierto sentido necesarios, si lo que buscamos es el desarrollo integral del chico. Entonces, si somos sinceros como formadores y como padres de familia, nos damos cuenta de que el uso de la computadora no es estrictamente necesario, es más bien, por decirlo así, secundario para el crecimiento en los diversos campos de formación de nuestros chicos. Por lo tanto, si reducimos al mínimo el uso de esta herramienta en nuestros hogares, nuestros hijos no habrán perdido gran qué, es más, lo más seguro es que salgan ganando y esto sólo el tiempo nos lo va a demostrar.

Los hijos que formemos ahora serán los padres del futuro, y la lucha por conservar su infancia libre de los peligros del mundo, es nuestra responsabilidad de cara a la formación de un ambiente más sano, más cordial, y al final, más cristiano.


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