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La Televisión En La Familia. Guía Para Padres y Educadores

La Televisión En La Familia. Guía Para Padres y Educadores
Deja de ver la televisión los próximo siete días y lee después esta guía...


Por: Dra. Mª Rosa Pinto Lobo | Fuente: www.ucipe.org



Dra. Mª Rosa Pinto Lobo
Catedrática de Teoría
de la Facultad de Comunicación
Universidad Pontificia de Salamanca

“En colaboración con los padres, las industrias de la comunicación social y el entretenimiento
pueden ayudar en la difícil pero altamente satisfactoria vocación de educar
a la niñez, con la presentación de modelos edificantes de vida y amor humanos
(cf. Inter Mirifica, 11). Es muy descorazonador y destructivo para todos nosotros
cuando lo opuesto ocurre. ¿No lloran nuestros corazones, muy especialmente, cuando
los jóvenes son sujetos de expresiones degradantes o falsas de amor que ridiculizan
la dignidad otorgada por Dios de cada persona humana y socavan los intereses
de la familia?”.

(BENEDICTO XVI,
Mensaje para la 40ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales)

I. Prólogo: La televisión se apaga
II. La televisión en la familia
III. Guía para ver la televisión en familia
IV. Conclusión
V. Epílogo: La televisión se enciende
VI. Bibliografía


I. Prólogo: La televisión se apaga

Las palabras que preceden a esta guía sólo le llevarán unos minutos de lectura.
Antes de continuar, le sugiero que no siga leyendo y realice el siguiente ejercicio:
deje de ver la televisión los próximos siete días a partir de este momento y lea después
esta guía.

Si usted y su familia no ven la televisión no pierda el tiempo con esto consejos
porque no son para usted y los suyos. Si, por el contrario, la televisión se encuentra
habitando en su casa, en un lugar preferente, esta guía puede serle de utilidad.

¿Ha sido usted capaz de realizar el ejercicio propuesto? ¿Ha sido usted capaz de
abandonar sus hábitos televisivos durante una semana, quizá seis días, tan sólo cuatro,
… dos? ¿No ha podido prescindir de la televisión un solo día? ¿Lo ha logrado
algún miembro de su familia? ¿Ha retado a sus amigos y conocidos?

Piense detenidamente en sus respuestas. Tanto si ha llevado a cabo el experimento
como si optó por dejar que la televisión siguiera encendida, los datos y propuestas
que, a continuación, le ofrezco pueden ayudarle a ver el riesgo que la televisión
encierra para su familia pero también, y lo más importante, la gran riqueza que este
medio de comunicación encierra.


II. La televisión en familia

Comencemos definiendo la televisión para después insertar ésta en la institución
familiar. Con esta palabra compuesta de “tele” y visión” nos referimos a la transmisión
de la imagen a distancia y empleando para esto un aparato receptor al que llamamos
televisor. Cuando este aparato se instala con un grupo de personas emparentadas
entre sí que viven juntas entonces es cuando comienza nuestra historia de desagradables
experiencias y ricos encuentros.

Le daré algunos datos obtenidos a partir de muchas historias de la televisión en
familia. Si usted no pudo realizar el ejercicio no se preocupe pero tenga en cuenta las
siguientes cifras. Usted es uno de los españoles que, como media, durante el año 2005,
ha estado 217 minutos diarios frente al televisor, es decir, ha dedicado 54 días del año
a ver imágenes a distancia a través. Entienda esta última afirmación con cierta ironía.
En este punto conviene señalar, según el estudio de Corporación Multimedia, el
significativo descenso de nueve minutos en el tiempo que los hijos o discentes pasan
ante al televisión. En el 2005 se ha continuado con una pauta que se inicia con el uso
de otras pantallas. Nuestros niños ya no sólo ven la “tele”, ven Internet, ven videoconsolas,
ven móviles. Van sustituyendo “la pantalla” por “las pantallas”. A éstas
dedican, según el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC), una media de 30 horas
semanales.

Aquellos niños que, en estos momentos, ya viven en un entorno digital, según
resultados de un estudio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de
Navarra de 2005, éstos prefieren los videojuegos, el móvil e Internet a la televisión.
Así el 38% optaba por Internet frente al 32% por la televisión si tuviera que elegir, el
47% por los videojuegos frente al 34% por la televisión y, por último, antes se quedaría
con el móvil el 40% de los escolares entrevistados, mientras el 37% se decantaría
por la televisión. Estos porcentajes nos señalan una tendencia que debe recordarnos
que los contenidos audiovisuales no sólo están en el siglo XXI en el aparato
de televisión. El reto, por lo tanto, es aún mayor.

Pero no sólo es importante el tiempo dedicado a contenidos audiovisuales sino
también cuándo se produce éste. Según el citado estudio de la Facultad de
Comunicación de Navarra, los niños no se mantienen en las franjas horarias declaradas
“de especial protección al menor” en el Código de Autorregulación suscrito
entre el Gobierno y las televisiones estatales en 2004. En este estudio de 2005, la
Universidad de Navarra indica que el momento de mayor audiencia se registra después
de las 22.30 horas, especialmente durante las series de ficción españolas Los
Serrano y Aquí no hay quien viva de Tele 5 y Antena 3, respectivamente. En esta
franja nocturna ya las cadenas de televisión no están obligadas a seguir más criterio
moral y de buen gusto que el que ellas prefieran. Y a veces el criterio es tan sólo
comercial.

La tendencia a la baja en el consumo de televisión por parte de los niños y jóvenes
no es el único cambio que tenemos que tener en cuenta en la actualidad. También
están transformándose los hábitos de visionado. Cada vez vemos menos la televisión
en familia. El anuario de la televisión, publicado por el Gabinete de la Comunicación
Audiovisual (GECA) dirigido por José Ramón Pérez Ornia, destaca que la televisión
pierde paulatinamente su componente familiar y se está convirtiendo en una oferta de
consumo individual. En el grupo de los jóvenes de 12 a 24 años esta tendencia aparece
más acusada, precisamente es el segmento de audiencia menos fiel a una cadena
determinada y más propenso a zapear. La televisión está dejando de ser un medio
familiar por la conjunción de distintos factores: más televisores en cada hogar –casi
el 50% de los niños de ESO disponen de una televisión en su habitación-crecimiento
de hogares unipersonales y la aparición de nuevos medios como Internet.
Dado el tiempo dedicado a los medios de comunicación, éstos pueden ser un riesgo
y una riqueza. Riqueza y riesgo audiovisuales que compiten con instituciones
socializadoras como la familia y la escuela.


Los datos presentados dibujan un panorama que exige la responsabilidad de
padres y educadores ante la televisión en familia, así como ante los nuevos medios.
Los dos agentes socializadores más importantes a lo largo de la historia han sido
la familia en primer lugar y la escuela en segundo lugar. Por socialización entendemos
un proceso por el que el individuo se hace miembro funcional de una comunidad,
asimilando la cultura que le es propia. La socialización se caracteriza por la continuidad,
la comunicación e imitación de valores, normas y actitudes que definen al
grupo y la obtención de premios o castigo otorgados por el grupo social al que pertenece.
A estos agentes se han añadido, en las últimas décadas, los medios de comunicación
social y, especialmente, la televisión. En estos momentos el protagonismo
en el proceso de socialización está repartido y hay un asedio a quienes han ejercido
la socialización en otros tiempos. Siguiendo la explicación de Pérez Tornero, podríamos
resumir la situación en la que nos encontramos en la actual Sociedad de la
Información y del Conocimiento en los siguientes puntos:

- Familia y escuela ya no son las depositarias privilegiadas del saber, o al menos
del saber socialmente relevante.

- Familia y escuela no son el único ámbito de transmisión de la educación.

- Familia y escuela no están enseñando la nueva alfabetización en la Sociedad de
la Información.

- Padres y profesores, por este contexto, están dejando de ser considerados los
únicos que poseían las habilidades y sabidurías para difundir al resto de los miembros
del grupo.

- La escuela ya no dispone de los únicos instrumentos para la producción y sistematización
del saber.

- Familia y escuela comparten con los medios de comunicación el ser fuente de
la racionalidad que explica el orden social.

- Familia y escuela están siendo acosadas y están perdiendo el poder que les había
conferido el sistema social tradicional.

Si estamos de acuerdo con la situación descrita, la escuela y la familia tienen que
acoger a los medios, convivir, coexistir y coevolucionar con ellos para, evitando sus
riesgos, convertir éstos en una riqueza para la socialización de sus miembros.
Además la familia tiene que ser consciente de la gran ventaja que tiene frente a los
medios de comunicación social. Esta ofrece una socialización personalizada, conforme
a las características de cada uno de sus miembros y únicas para ellos. Por el contrario
en la socialización mediática se uniforman hábitos y conductas desde la no personalización.
Tenemos que recordar, como subrayara Juan Pablo II, que “Los padres, como primeros
y principales educadores de sus hijos, son también los primeros en explicarles
cómo usar los medios de comunicación. Están llamados a formar a sus hijos “en el
uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios” en el hogar (Familiaris
consortio, 76).

A partir de la premisa de que la familia es crucial para entender las interacciones
que los telespectadores, como audiencia activa y contextualizada, establecen con la
televisión, podemos distinguir tres tipos de mediación familiar hacia la influencia de
la televisión.

1. Mediación restrictiva. Los padres establecen normas y controlan la televisión
en términos de tiempo y programas.

2. Mediación evaluativa. Los padres discuten y critican los programas con los
niños.

3. Mediación desfocalizada. Los padres realizan una evaluación muy generalizada,
se comparte el visionado de la televisión pero sin realizar ningún comentario de
los programas que se están viendo.

Señala José Ignacio Aguaded, en su obra Convivir con la televisión. Familia, educación
y recepción televisiva, que analizar los procesos de mediación de la televisión
por la familia es estudiar cómo los aprendizajes que se pueden obtener a través de
este medio son influidos por la familia hasta tal punto que la comunicación familiar
es un recurso básico para reforzar o evitar aprendizajes.

Hoy nadie duda que los medios de comunicación social desempeñan un papel
relevante en el proceso de socialización de niños y jóvenes. La socialización que ejercen
los medios podemos decir, sin embargo, que es –en comparación con la familia
y la escuela- no intencional de forma manifiesta y asistemática. Podríamos decir que
aparentemente enseña sin darse cuenta y no ejerce control sobre lo que está enseñando.
Los espectadores aprenden desde la observación y los modelos y conducta que
exhibe son imitados. La controversia surge respecto a qué y cuánto se aprende sobre
creencias, valores y actitudes con la televisión. Este medio en concreto interviene en
el proceso de socialización de tres formas diferentes e interrelacionadas según nos
indica la profesora Mª del Carmen García Galera. Por un lado el medio televisivo presenta
conductas que pueden imitarse, proporciona imágenes que pueden provocar
ciertas acciones y es el medio por el que, a muy temprana edad, los sujetos se familiarizan con los valores de la sociedad de ocio y consumo.

Llegados a este punto podemos diferenciar los dos tipos de aprendizajes relacionados
con la exposición a la televisión en el contexto de la familia. El primero de
estos aprendizajes hace referencia a la adquisición del conocimiento social a través
de los medios de comunicación. El segundo aprendizaje se refiere al uso de la televisión.
Para este último aprendizaje le propongo la guía de las páginas siguientes.

III. Guía para ver la televisión en familia

El Papa Juan Pablo II ha señalado que “Una reflexión atenta sobre la dimensión
ética de las comunicaciones debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar
los peligros para el bienestar de la familia planteados por los medios de comunicación
social, y asegurar que esos poderosos medios de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento”. Atendiendo su consejo sobre esas iniciativas prácticas le propongo una guía para ver la televisión en familia.

Para la elaboración de esta guía he tenido en cuenta las famosas “5 W” o preguntas
que todo periodista tiene que responder para escribir un buen lead informativo.
Por lo tanto las siguientes propuestas se agrupan en quién tiene que ver la televisión
y/o ejercer de participante activo en el visionado de los programas, qué contenidos
debemos considerar o filtrar, cuándo conviene encender el aparato de televisión,
dónde tenemos que ver los programas de televisión y por qué compartimos nuestro
tiempo con los medios de comunicación, en concreto con la televisión.

1. Quién

1.1. Los padres tiene que preocuparse de los programas de televisión que se
ven en su hogar. Echarle la culpa al aparato de televisión es la respuesta más fácil
y cómoda.

1.2. Los padres deben acompañar a los niños en el visionado de los programas
de televisión. Esto facilitará a los progenitores el conocimiento de los efectos que
determinados programas tienen en sus hijos.

1.3. Los padres han de informarse del contenido de los programas audiovisuales
con anterioridad al visionado de éstos.

1.4. La familia debe estructurar su tiempo de ocio con diferentes actividades
alternativas a la televisión, videojuegos, ordenador, etc.

1.5. Los padres han de ser críticos con aquellos programas infantiles que no respeten los valores y derechos de los niños.

1.6. Las familias tienen que organizarse y/o formar parte de las asociaciones
de telespectadores para defender su derecho a un medio de comunicación digno,
defensor de los derechos humanos y valores constructores de una sociedad responsable
y siempre de la vida humana.

1.7. Los padres tienen que resaltar y apoyar aquellos programas que, con dignidad
y profesionalidad, favorecen lo mejor del ser humano desde una ética y una responsabilidad que tiene como objetivo atender y responder a las auténticas necesidades de la sociedad.

2. Qué

2.1. Los padres tienen que enseñar a ver programas de televisión y nunca a ver
televisión. Este es el primer paso para iniciar a los más pequeños en la selección
de contenidos.

2.2. La familia ha de orientar a los niños hacia la conducta ejemplar de personajes
reales mejor que héroes inexistentes o imaginarios. De estos últimos habrá
que extraer lo mejor y contrastarlo con ejemplos de la vida cotidiana.

2.3. Los progenitores tienen que presentar a los más jóvenes aquellos programas
que muestren contenidos relacionados con el ocio, la cultura, la naturaleza,
etc., evitando aquellos insustanciales o superficiales.

2.4. Los padres han de saber que, en muchas ocasiones, los llamados programas
infantiles y/o dibujos animados no son tan infantiles.

2.5. Los más jóvenes no pueden ver bajo su capricho, aunque sea acompañados,
cualquier espacio de la parrilla de televisión.

2.6. Los padres tiene que trasmitir en primer lugar los valores morales en la
familia y, posteriormente, ésta contrastar y comprobar estos valores en los contenidos
mediáticos.

2.7. La familia debe compartir con sus miembros la cultura de la imagen, pero
ésta debe ampliarse a otros ámbitos: cine, fotografía, exposiciones, etc.

2.8. Los padres tienen que considerar también los anuncios publicitarios como
un contenido muy importante de la televisión y que ejerce una poderosa influencia
hipnótica en los niños más pequeños. Sirva como ejemplo la relación Navidad
y consumo de juguetes donde los spots publicitarios son protagonista del mundo
infantil.

2.9. La familia tiene que dedicar su tiempo a programas de televisión de calidad
y evitar aquellos espacios que sólo sirven para perder éste. La televisión es un medio de entretenimiento pero no tiene que ser éste de pésima calidad.

2.10. Los padres han de tratar de equilibrar los contenidos que seleccionen
para ver en compañía de los niños y jóvenes.

3. Cómo

3.1. La televisión tiene encenderse cuándo se desea ver algún programa en concreto. No debemos tener ésta en funcionamiento continuo y como fondo permanente de nuestras casas.

3.2. La mejor forma de ver la televisión es alejar el mando a distancia. El“zapping” continuo construye un discurso incoherente y discontinuo que constata
nuestra falta de criterio.

3.3. La televisión es un medio y, por tanto, no podemos convertir ésta en una niñera que distraiga a los hijos porque negamos la esencia del aparato de televisión o la función que tiene que ejercer la familia en el hogar.

3.4. La televisión puede convertirse en proveedor de contenidos para constituir
una videoteca familiar con los mejores programas.
3.5. La televisión tiene que apagarse cuando el programa seleccionado ha finalizado. No hay que esperar a lo próximo que pueda interesarnos.

3.6. La televisión no hay que utilizarla como un valor en sí mismo que sirve para premiar o castigar las acciones de los niños. Estas prácticas convierten a la televisión en protagonista del proceso educativo.

4. Dónde

4.1. La familia tiene que disponer de un espacio común donde compartir el visionado, los comentarios, las críticas y valores que lleven a cabo los distintos miembros de la casa.

4.2. Los padres tienen que evitar que los niños dispongan de su propio aparato de televisión en su habitación. Esto facilita que los más pequeños vean cualquier programa sin compañía y conviertan su espacio de trabajo escolar y descanso en recinto abierto a todo tipo de estímulos.

5. Cuándo

5.1. La familia tiene que establecer unos horarios para ver programas de televisión
que no repercuten en la vida personal ni familiar.

5.2. Los padres han de limitar el tiempo de visionado de espacios de televisión.
Este nunca debe exceder de dos horas y es recomendable no más de una hora
diaria.

5.3. Los progenitores deben planificar también sus propios tiempos para no
desatender las obligaciones familiares.

5.4. La familia tiene que convertir sus reuniones, por ejemplo durante las
comidas, en momentos exclusivos de diálogo entre sus miembros y siempre sin
contar con la presencia encendida de la televisión.

5.5. Los padres han de comprender que mirar la televisión es más un hábito
que un gusto y como tal hábito pude cambiarse por otro en el ámbito familiar.

5.6. La familia puede ponerse delante de la televisión cuando las tareas principales
de la jornada han llegado a su fin.
5.7. Los padres no tienen que permitir que los niños hagan sus tareas escolares
con la televisión encendida.

6. Por qué

6.1. La familia tiene que considerar la riqueza de contenidos que ofrecen los
medios de comunicación. Nos permite conocer otros países, otras culturas, nos
informa, nos muestra las hazañas deportivas, nos descubre las maravillas de la
naturaleza, las manifestaciones artísticas, etc.

6.2.- Los padres no pueden ocultar o prohibir un medio presente en nuestras
vidas por los posibles peligros o riesgos que encierra.

6.3.- En la Sociedad de la Información y el Conocimiento, la familia tiene que
enseñar a cada uno de sus miembros un nuevo lenguaje para que contraste los
valores transmitidos en la familia con los que muestran los medios.

6.4.- La familia ha de entender que como medios de comunicación estos no
son ni buenos ni malos, el calificativo que adquieran estará en función del uso que
cada uno de nosotros hagamos de ellos.

IV. Conclusión

Los medios de comunicación social están en nuestras vidas. Es responsabilidad
nuestra que lo que ellos nos ofrecen diariamente se convierta en un riesgo o en una
inmensa riqueza. El peor de los contenidos mostrados por estos medios puede ser una
buena experiencia si la familia lo comparte y extrae el mensaje correcto desde sus
creencias y valores. El mejor de los contenidos, sin embargo, puede perder su gran
valor si en el ámbito familiar no se dedica un tiempo a pensar, evaluar, hacer preguntas
y a resaltar todo lo bueno que se puede compartir del medio de comunicación.
Riesgo, riqueza y responsabilidad de la familia porque los medios de comunicación
ya se han quedado a vivir en nuestra casa.

V. Epílogo: La televisión se enciende

Si usted ha llegado hasta aquí es el momento de volver al prólogo, releer éste y
comprobar si se torna distinto. Si es así, una nueva historia se habrá iniciado entre la
televisión y su familia y sólo de ustedes depende ponerle cada día el mejor de los
finales.


VI. Bibliografía

Aguades, J.I., Convivir con la televisión. Familia, educación y recepción televisiva,
Barcelona, Paidós, 1999.
Ferrés, J., Televisión y educación, Barcelona, Paidós, 1994.
— Televisión subliminal. Socialización mediante comunicaciones inadvertidas,
Barcelona, Paidós, 1996.
García Galera, M.C., Televisión, violencia e infancia. El impacto de los
medios, Barcelona, Gedisa, 2000.
Iglesias, F., Una semana sin televisión, Madrid, Fragua, 1994.
Mariet, E, Déjenlos ver la televisión. Barcelona, Urano, 1993.
Moia, L., Hijos y televisión. Cuando la tele se enciende, Madrid, San Pablo,
2003.
Muñoz, J. J. y Pedrero, L, M., Efectos negativos de la televisión entre la
población infantil. Salamanca, Universidad Pontificia de Salamanca y Caja de
Salamanca y Soria, 1994.
Pérez Tornero, J.M., Comunicación y educación en la sociedad de la información.
Nuevos lenguajes y conciencia crítica, Barcelona, Paidós, 2000.
Pinto Lobo, M.R., Los medios de comunicación en nuestras vidas.
Responsabilidad, televisión y familia. Boletín MCS “La familia y los medios de
comunicación”, nº 212-214, Año 2004. Comisión Episcopal de Medios de
Comunicación Social (CEMCS).
Vilches, L., La televisión. Los efectos del bien y del mal. Barcelona, Paidós,
1993.







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