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Innovación educativa: La asombrosa tarea de aprender

Innovación educativa: La asombrosa tarea de aprender
¿Cómo se articula la relación entre el profesor y el alumno en estos nuevos tiempos?, ¿lo importante es que el profesor enseñe o que los alumnos aprendan?, ¿se le está concediendo demasiada importancia a las nuevas tecnogías?


Por: Ángeles Conde | Fuente: Revista Misión




La asombrosa tarea de aprender



"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, según decía un conocido superhéroe. El docente tiene en sus manos la posibilidad de modelar el “material" más valioso de una sociedad. Sin embargo, el marco ha cambiado, y mucho. El profesor ya no es el transmisor de conocimiento. Con un clic, este está al alcance de todos. Se articula una nueva relación entre profesor y alumno. ¿Cómo es este reto al que se enfrenta la educación del siglo XXI?


"SI BUSCAS resultados distintos, no hagas siempre lo mismo", decía Albert Einstein. La innovación en el ámbito educativo se mueve en esta línea para poder adaptarse a los nuevos tiempos. Si bien las instituciones educativas son de las más inmovilistas de nuestras sociedades, es ne¬cesario reflexionar sobre una paradoja que señala el doctor en Psicopedagogía y profesor de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), Francisco Fernández: "Tenemos contenidos del siglo XIX impartidos por profesores del siglo XX para alumnos del siglo XXI". Con estos mimbres, el asunto de los nuevos métodos en el colegio se torna especialmente urgente, porque la sociedad de la información, esa que nos acerca al saber a golpe de clic, ha provocado que ya no sean los profesores los poseedores del conocimiento ni los libros los contenedores del saber. Con acceso a Internet y desde edades extraordinariamente tempranas –probad a ofrecerle a un niño de 2 o 3 años una tableta y os sorprenderéis de lo poco que tarda en manejarla–, cualquiera puede conocer en segundos la fecha de la muerte de Napoleón o la raíz cuadrada de 5.360. Por ello, cabe preguntarse, ¿cómo se articula la relación entre el profesor y el alumno en estos nuevos tiempos?, ¿lo importante es que el profesor enseñe o que los alumnos aprendan?, ¿es realmente necesario el cambio o se le está concediendo demasiada importancia a las nuevas tecnologías?

Conviene aclarar lo que supone el concepto "innovación educativa". Constituye un proceso de cambio orientado a la mejora de los procesos de enseñanza-aprendizaje. ¿Y por qué es necesario mejorar estos procesos? Porque los alumnos no son como hace 50 años. Y será innovación siempre que suponga una mejora en el rendimiento del alumnado. Como asegura la experta Celia Camilli, licenciada en Educación y profesora de la Universidad CEU San Pablo, "un cambio, por el hecho de ser un cambio, no es automáticamente bueno. El cambio hay que medirlo y evaluarlo".

Métodos trasnochados

¿Eso significa que, si no se realizan innovaciones, los alumnos no aprenden? Hace unas semanas, las redes sociales echaban humo al aparecer en Internet la fotografía de Dale Irby, un profesor que, durante 40 años, había posado para la foto oficial del colegio con la misma ropa. Mario, un joven profesor, bromeaba con esta imagen como metáfora del empecinamiento en métodos tradicionales del centro educativo en el que trabaja. "Hay cosas que enseñamos que ni siquiera yo aprendí en el colegio porque ya estaban desfasadas. Te hablo de hace más de 20 años". El claustro de profesores señala la necesidad de adoptar nuevos métodos que faciliten los procesos de aprendizaje, pero "ni se los proponemos a la dirección porque sabemos que recibiremos un ‘no’ por respuesta". Recuerda cómo propuso el ALOHA Mental Aritmethic para los alumnos de Primaria, un método que cada vez más escuelas españolas están incorporando, y que potencia el desarrollo intelectual a través del cálculo mental con el uso de un ábaco, un instrumento centenario. "Comenté a la dirección que podríamos incorporarlo en la siguiente evaluación. Me pidieron que redactara un proyecto y se lo presentara. Lo hice y nunca se volvió a hablar del tema". La inquietud de este profesor le llevó a proponer y buscar métodos que consideró adecuados para sus alumnos; sin embargo, no obtuvo apoyo alguno. "El colegio ha de estar en línea con los tiempos que corren", dice Camilli, quien señala que "para un maestro es más fácil seguir el libro porque innovar supone un esfuerzo".

Un nuevo concepto: las competencias.
No significa que de la forma "tradicional" no haya aprendizaje. La cuestión en juego es si esta forma de aprender se traducirá en conocimientos duraderos y prácticos para los alumnos. Si tienes ya unos años, recordarás el PA (progresa adecuadamente) y el NM (necesita mejorar) del boletín de notas de cada final de trimestre. También estaban la nota numérica y los positivos y los negativos, dependiendo de si nos portábamos mejor o peor y de si cuidábamos el material o no.

El nuevo concepto de calificación, y que es el éxito del actual proceso de aprendizaje, es la evaluación por competencias, es decir, la capacidad de emplear los conocimientos, destrezas y habilidades adquiridas en diversas situaciones. El conocimiento se convierte en el resultado de un proceso de asimilación, búsqueda y reelaboración de la información y la destreza en la capacidad de aplicar ese conocimiento a la realidad y resolver problemas. En nuestro país, hablamos de competencia en comunicación lingüística, competencia matemática, competencia en la interacción y conocimiento con el mundo físico, tratamiento de la información y competencia digital, competencia de aprender a aprender, competencia social y ciudadana, autonomía e iniciativa personal, y competencia cultural y artística.

En 1990, fue la LOGSE la que introdujo en nuestro sistema educativo el concepto "competencia". Como señala el profesor Francisco Fernández, "fue la primera ley educativa en nuestro país que indicaba que el único aprendizaje posible para un alumno es aquel que se basa en la comprensión, el descubrimiento y la construcción significativa de los aprendizajes por parte del alumno, es decir, el aprendizaje significativo". La teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gadner apoyaría esta idea del aprendizaje por competencias: la inteligencia no es una compacta, sino que hay muchos tipos de inteligencia, que desarrollan diferentes habilidades. En definitiva, el fin no es dar un saber repetitivo y estático, sino que los alumnos aprendan a resolver problemas, a razonar sobre situaciones nuevas, a ser capaces de adaptarse a los cambios y a establecer relaciones entre los conocimientos y experiencias previas y los nuevos contenidos. Alvin Toffler, escritor estadounidense y experto en la sociedad de la información, pronostica que "los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender".

¿El profesor enseña o el alumno aprende?

Se estima que un periódico de un único día en nuestro siglo posee más información de la que contaba en toda su vida una persona nacida en el siglo XIX. La clase magistral ha dejado de ser el método educativo por excelencia. El alumno es el protagonista y la tarea del profesor es conseguir que quiera aprender. No debe desaparecer del aula, sino que se convierte en el motivador del aprendizaje y del alumnado como responsable último de su aprendizaje. En este nueva colegio, el profesor deja de ser el transmisor de la información para convertirse en motivador del aprendizaje de sus alumnos. De ellos debe partir una participación activa, un paso de receptor pasivo a sujeto activo. Como indica Camilli, "con toda la información de la que disponen, el papel del profesor es ayudarles a manejarla, porque ahora todos tenemos acceso al conocimiento". Hemos de pensar que, en la actualidad, el conocimiento se duplica, triplica y hasta cuadruplica en espacios de tiempo cada vez más cortos, y gran parte de lo que un alumno va a necesitar para desarrollar su vida personal, social y laboral todavía no se ha producido. Es decir, no parece posible incluir en las asignaturas convencionales todo el conocimiento que permitirá a las personas del mañana entender el mundo en el que viven. La clave radica en que el alumno debe aprender a aprender y el profesor cooperar para ello. Richard Gerver, experto mundial en educación, reconocido en 2005 como mejor director de colegio del Reino Unido tras convertir uno conflictivo en un caso ejemplar de innovación, asegura que "lo bueno de la educación está en la experiencia, en el momento, en la alegría de descubrir algo, en la satisfacción de tener una pregunta y poder buscar una respuesta, y no necesariamente en la propia respuesta".

El papel de las nuevas tecnologías

Un principio psicopedagógico clave es partir del nivel de desarrollo de los alumnos, los cuales son hijos de la sociedad de la información. Aquí entra en juego un componente que señala de forma oportuna Javier Laspalas, profesor de Historia de la Educación de la Universidad de Navarra: "El desarrollo de la tecnología es tan rápido que los docentes difícilmente se pueden reciclar con suficiente rapidez. Tampoco hay tiempo para sondear con calma sus virtualidades. Por lo demás, las prácticas educativas suelen ser muy resistentes al cambio, puesto que la mayoría de los profesores no están en condiciones de rediseñar y renovar su forma de dar clase de la noche a la mañana. En este sentido, no será fácil aplicar en las aulas lo que pueda descubrirse". El profesor Fernández responde a esta inquietud: "Sin duda, los docentes tenemos mucho trabajo por hacer. Lo que sucede es que la mayoría de las veces nos produce pavor no estar a la altura de nuestros alumnos en el uso de esos dispositivos o nos aterran todos aquellos peligros que estas tecnologías conllevan".

Lo cierto es que los docentes deben estar al día dado que las nuevas tecnologías siguen siendo una de las necesidades más demandadas por la actual sociedad de la información y el conocimiento, y su uso se convierte en una competencia imprescindible para integrarse en el mundo laboral. Pero la profesora Camilli advierte: "No deben ser un fin en sí mismas". Por su parte, Ángel Fidalgo, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, en su blog Innovación educativa, señala este hecho asegurando que la aplicación de nuevas tecnologías en la educación siempre se ha visto como una oportunidad, "pero también se ha hecho demasiado hincapié en la tecnología en detrimento de la metodología". Para no caer en la tentación de hacer del medio un fin, Francisco Fernández ofrece unas pautas que pueden clarificar la implantación de las nuevas tecnologías en las aulas. En primer lugar, deben ayudar a hacer más cosas con los alumnos y mejores tareas; a hacer más rápido lo que se venía haciendo bien, y llegar a más alumnos. La clave: no llenar las aulas de ordenadores si no es preciso. Como señala el profesor Ángel Fidalgo en su blog, "el ciclista es el profesor y la bicicleta es la tecnología. Lo importante es llegar a la meta".

¿Y cuál es la meta?

En definitiva, llegar juntos. Por eso, el docente es insustituible en la tarea de guiar al alumno, no solo acompañarlo en el desarrollo de sus propias capacidades para lograr "el estado de virtud" del que hablaba santo Tomás de Aquino. Al llegar ahí, la educación habrá sido un instrumento para el desarrollo de la persona. La educación tiene sentido no solo para uno mismo, sino para ponerla en juego en la construcción de la sociedad porque no es simplemente instrucción académica, sino una formación integral de la persona. Maria Montessori, educadora católica, pionera y una de las referencias para la educación moderna, lo resume así: "El niño, con su enorme potencial físico e intelectual, es un milagro frente a nosotros. Este hecho debe ser transmitido a todos los padres, educadores y personas interesadas en ellos porque la educación desde el comienzo de la vida podría cambiar verdaderamente el presente y el futuro de la sociedad".

Nuevos tiempos, nuevos métodos

El profesor Francisco Fernández está convencido de que, a la luz de este análisis del nuevo escenario educativo, la implementación de nuevas metodologías será la que consiga reducir la tasa de fracaso escolar en nuestro país. "Deberíamos preguntarnos si los malos resultados que obtienen nuestros alumnos en la actualidad se deben al cambio producido por las metodologías innovadoras (argumento esgrimido por tertulianos ajenos al mundo educativo), o precisamente por la permanencia de metodologías trasnochadas", asegura.

Un docente relataba en una conferencia un cambio poco significativo que realizó en su clase pero que varió no solo el grado de participación de una joven con discapacidad auditiva en el aula, sino también la convivencia entre los alumnos. Se trataba de una chica que tenía un importante grado de sordera pero que era capaz de leer perfectamente los labios. En una disposición típica de un aula, ella era capaz de seguir las explicaciones del docente pero no podía saber qué decían sus compañeros, por lo que el profesor ideó una reorganización del espacio en el aula. Situaron las mesas en forma de "U", de tal manera que, al hablar profesor y compañeros, ella podía leer los labios de todos los miembros de la clase. El profesor supo aprovechar el espacio como elemento facilitador del aprendizaje. Además, ese sencillo gesto propició una forma de aprendizaje más activa y colaborativa entre todos los alumnos, que se volcaron en facilitar que la compañera con necesidades especiales participara en la clase. A veces no son grandes revolucioness, sino pequeños cambios, los que abren vías insospechadas en la vida escolar.

Una forma de contribuir al proceso de enseñanza-aprendizaje deriva del modo en que se organiza el espacio en el aula. La enseñanza de las ciencias y el arte no tiene por qué compartir espacio. Teorías educativas que datan de comienzos del siglo pasado, propugnadas entre otros por Montessori, Dewey, Decroly o Freinet, proponen incluso diferentes espacios del mundo real como lugares de aprendizaje: un museo, un paseo por el barrio, un concierto, un mercado... son lugares donde es posible aprender. Es más, son los lugares en los que se desarrollará la vida cotidiana y se pondrán en práctica las competencias adquiridas a través del sistema educativo.

Aprendizaje significativo versus aprendizaje memorístico

Es muy popular la teoría de Sir Ken Robinson sobre la acción del colegio en la creatividad. Según el teórico, el colegio mata la creatividad de los niños. Postula que la educación reprime los talentos y habilidades de muchos estudiantes y que está acabando con su motivación por aprender. Se opone frontalmente al aprendizaje memorístico, basado en la repetición de conceptos. La profesora Celia Camilli no es amiga de estos extremos: "Pensar que lo tradicional no sirve es un error". Además, asegura que las generaciones anteriores han aprendido de esa forma. La mayoría de los docentes apuestan por la complementariedad. Javier Laspalas asegura que "si reflexionamos, es porque somos capaces de recordar", y pone un sencillo ejemplo para no apostar únicamente por un tipo de aprendizaje: "Inevitablemente, hemos de memorizar, por ejemplo, el vocabulario de un idioma, y, por otra parte, debemos ser capaces de recordar y expresar con un lenguaje personal ideas complejas. Ese es el mejor indicio de que se ha comprendido algo".

 

 

 

 


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