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Estrategias para el uso de la Televisión en la Educación.

Estrategias para el uso de la Televisión en la Educación.
La televisión pide, pues, un espacio en el aula.El profesor es el encargado de dar coherencia a los fragmentos, de integrarlos en un contexto, de conferirles direccionalidad y sentido en el marco del proceso de enseñanza aprendizaje.


Por: Joan Ferrés Prats | Fuente: biblioteca virtual de tecnología educativa





1. La televisión en tiempos de cambio
Las eras de crisis, de cambio, son tiempos de indefinición.


Se caracterizan por la incómoda convivencia de lo nuevo y lo antiguo. Durante los períodos de cambio conviven ideas, principios y valores, sistemas y medios de comunicación, procedentes de la cultura antigua y de la nueva. Durante un tiempo los viejos principios, modelos y sistemas se niegan a dejarse contaminar. Mientras lo antiguo se resiste a desaparecer o a cambiar, lo nuevo no encuentra su lugar específico, cómodo y definido.

Y es que en el ecosistema de las comunicaciones, como en todos los ecosistemas, la integración de un elemento nuevo comporta la transformación de todo el sistema. De ahí la resistencia al cambio. Los demás elementos se ven obligados a resituarse. Sólo así el ecosistema vuelve a encontrar su equilibrio.

Es desde esta óptica como hay que analizar las relaciones entre la escuela y la televisión. Han vivido una primera etapa de ignorancia mutua o de incomprensión. La están viviendo todavía. Pero están condenados a entenderse. De cara a un futuro más o menos inmediato no puede pensarse en una educación que sea integral y que ignore la presencia de la televisión.


2. El reto de la Reforma


El objetivo de las Reformas es adaptar el sistema educativo a los cambios sociales y culturales. La hegemonía de la imagen en las sociedades occidentales desarrolladas, en contraste con su escasa presencia en el ámbito escolar, es una de las disociaciones más fuertes entre los dos entornos, no subsanada hasta este momento por la Reforma. La escuela se niega a dejarse contaminar por la televisión, se resiste a incorporar las modificaciones que supondría su plena integración.

Porque no se trata tan sólo de que la escuela integre la imagen de una manera ocasional, superficial y anecdótica. Se trata de asumir que la iconosfera representa una manera diferenciada de aproximarse a la realidad, un modelo radicalmente distinto de comunicación, y que implica una modificación profunda de los hábitos perceptivos, de los procesos mentales, de las actitudes personales y de los gustos de quienes viven sumergidos en ella.

En consecuencia, la escuela no debería limitarse a poner la imagen al servicio del modelo comunicativo tradicional. Debería plantearse un modelo comunicativo nuevo, en el que se privilegien, de entrada, los rasgos característicos de la iconosfera: la sensorialidad sobre la intelección, la concreción sobre la abstracción, la emoción sobre la racionalidad; entendiendo todos estos valores como punto de partida, es decir, no como objetivos o fines en sí mismos, sino como medios para conectar o sintonizar con unos alumnos transformados por la cultura en la que han nacido y en la que están creciendo; como puntos de partida de un proceso que, a través de un gradual distanciamiento, lleve a la reflexión, al diálogo, a la confrontación, a la investigación...


3. Enseñanza significativa


La enseñanza significativa es uno de los ejes de la Reforma Educativa. Parte de una concepción constructivista del aprendizaje, según el cual todo aprendizaje se edifica sobre conocimientos o aprendizajes previos.

Hoy el principio de la enseñanza significativa no se puede concebir sin la integración de la televisión. Una buena parte de los conocimientos de las nuevas generaciones no provienen de la observación directa de la realidad sino de lo han contemplado en la pequeña pantalla. También los intereses de los alumnos están condicionados en buena medida por la oferta televisiva. Y de la televisión aprenden, en una buena medida, su sistema de principios y valores. No puede llamarse significativa, pues, una enseñanza que no conecte con la televisión.

De acuerdo con esta concepción constructivista, el proceso de enseñanza aprendizaje será más eficaz si incorpora la televisión por un doble motivo. Ante todo, la enseñanza en el aula saldrá beneficiada por el hecho de conectar con los conocimientos e intereses televisivos de los alumnos. Pero además, situadas las imágenes televisivas en un contexto reflexivo y crítico, llevarán a los alumnos a adoptar estas actitudes cuando se enfrenten con imágenes similares fuera del aula. En definitiva, se potencia doblemente el aprendizaje: en la propia aula, por motivación; y fuera de ella, por prolongación de las actitudes reflexivas y críticas; en ambos casos por potenciación de los principios constructivistas.

La televisión pide, pues, un espacio en el aula. Las actuales carencias al respecto no provienen tan sólo de su falta de integración. También de una integración deficiente. Deficiente, según los casos, por mal planteada, por limitada, por desaprovechada, por poco imaginativa.
En las páginas que siguen se ofrecen sugerencias para una integración enriquecedora, coherente con las posibilidades del medio y con las necesidades de los alumnos.


Sugerencias para la integración en el aula



1. Educar en una cultura mosaico


La escuela vive anclada en la cultura del libro. Ha heredado de la galaxia Gutenberg el gusto por la jerarquización de las informaciones, pero también por la obra cerrada, acabada, redonda. Los profesores tienden a modelar sus clases los parámetros expresivos del libro, es decir, sobre lecciones magistrales, que son discursos acabados, o sobre videogramas didácticos igualmente elaborados, que sustituyen a las exposiciones verbales. En ambos casos se recurre, pues, al discurso jerarquizado, cerrado, completo.

Cuando se incorpora la televisión al aula, suele ponerse al servicio de esta opción comunicativa. Por esto suelen aprovecharse tan sólo los programas considerados culturales, los informativos, los documentales o los reportajes.
Es una opción válida pero limitada. A los profesores les cuesta adecuarse a la estructura de la cultura audiovisual, una estructura propia de una cultura mosaico (en afortunada expresión de Abraham Moles), hecha de flashes, de fragmentos dispersos que es preciso compaginar y recomponer en la mente del espectador.

Es a esta clase de estructura a la que están habituadas las nuevas generaciones de alumnos. Su mente ha sido moldeada siguiendo estos parámetros. Ciñéndose a esta opción comunicativa, pueden usarse en el aula todo tipo de imágenes, y no necesariamente programas completos y cerrados: fragmentos de películas o de series, espots publicitarios, noticias aisladas de los informativos diarios, fragmentos de concursos o de programas de variedades... Todo sirve si se sabe integrar. El profesor es el encargado de dar coherencia a los fragmentos, de integrarlos en un contexto, de conferirles direccionalidad y sentido en el marco del proceso de enseñanzaaprendizaje.

Esta opción comunicativa se adapta mejor a las capacidades perceptivas y mentales de las nuevas generaciones, y permite tender un puente entre la televisión y la escuela. Si algún reproche podría hacerse a la escuela desde la televisión es que es excesivamente aburrida, poco motivadora. Si algún reproche puede hacerse a la televisión desde la escuela es que fragmenta la realidad, la trivializa, la descontextualiza. Incorporando a la escuela imágenes televisivas, aunque sean aisladas y dispersas, se aprovecha su capacidad motivadora para desencadenar un proceso reflexivo integrador, contextualizador.


2. Información y motivación


Tanto si se trabaja con programas cerrados como si se utilizan fragmentos aislados, las imágenes televisivas pueden cumplir una doble función didática: informativa o motivadora. Para que sean didácticas, incluso las imágenes informativas han de ser motivadoras. Pero algunas imágenes serán eficaces cumpliendo tan sólo una función motivadora. En este caso las informaciones las aportará el profesor o el libro, a partir del interés suscitado por las imágenes. Y esto es válido en todas las áreas de la enseñanza.

En el área de expresión verbal, por ejemplo, la televisión permite entrar en contacto con el tipo de lenguaje verbal que más impacto causa entre los alumnos y que éstos tienden a imitar. Pueden buscarse, en diversos programas, incorrecciones gramaticales o sintácticas. Pueden analizarse variaciones de registro en función de diversos contextos comunicativos o variaciones de argot en función de diversos colectivos sociales. O analizarse las constantes relativas al género o al estilo.

Los espots publicitarios facilitan el análisis de las figuras retóricas y de los demás recursos estilísticos utilizados para embellecer el lenguaje, para persuadir, para argumentar. Puede analizarse igualmente la estructura narrativa, o el léxico utilizado, y también la aportación de elementos paralingüísticos como el timbre de la voz, la entonación, la gestualidad...
En otras áreas de la enseñanza, los espots publicitarios pueden dar lugar al análisis del medio ambiente, de ecosistemas, de paisajes, de climas, de contextos sociales o de entornos culturales. También las series y los filmes permiten estos análisis.

La presentación, aunque sea novelada, de la vida de literatos, artistas o personajes históricos puede ser un elemento motivador para introducirse en su obra. En general los filmes de ficción situados en épocas históricas pueden servir para motivar el interés por esas épocas.
Los relatos basados en obras literarias pueden ser una oportunidad para suscitar interés por las obras de referencia y para analizar las diferencias entre los ambos sistemas comunicativos. En ocasiones bastará el visionado de fragmentos representativos de las adaptaciones cinematográficas o televisivas.

Las imágenes televisivas pueden servir para conectar la realidad con unos principios matemáticos o científicos que a los alumnos les pueden parecer abstractos o lejanos en una primera instancia.

A menudo resulta muy eficaz que sean los propios alumnos los que tengan que buscar imágenes de fenómenos naturales o artificiales que contengan elementos de referencia visual para los conceptos matemáticos, físicos o químicos estudiados en el aula. En otros casos será el profesor el que las ofrezca. En cualquier caso, los alumnos deberán descubrir cómo se aplican a estos fenómenos los principios estudiados.








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