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La Violencia Escolar no es casual

La Violencia Escolar no es casual
Ls violencia escolar es sólo un síntoma de un mal mucho más extendido.


Por: Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata | Fuente: AICA




Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, del arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”

(Sábado 19 de abril de 2008)

Algunos sucesos recientes han desencadenado comentarios, alarma, escándalo, acerca del problema de la violencia escolar.

Ya no se trata de los clásicos encontronazos de antaño cuando dos escolares enemistados se esperaban en la esquina para darse de trompis.
Pero pienso que hay otro problema detrás de este asunto de la violencia en las escuelas, por lo que no habría que escandalizarse demasiado. No es un fenómeno que ocurre por casualidad.

Los medios de comunicación suelen amplificar bastante todos estos episodios. Pero preguntémonos, con honestidad, cómo se vive hoy en muchas familias y en qué ambiente crecen y se educan muchos niños y adolescentes.

No podemos ignorar que en muchas familias se registran grietas afectivas, tensiones y un clima de violencia tal que va siendo asimilado por los chicos. Ellos acaban convirtiendo la inclinación a la violencia en sustancia suya.
Pensemos luego en el influjo pernicioso de la televisión. Hay estudios recientes de personas especializadas y de instituciones que han comprobado de modo irrefutable los efectos sobre los jóvenes, los adolescentes y los niños, que pasan horas delante de un televisor, sometidos a permanentes escenas de violencia que aparecen continuamente.

Además de la televisión tendríamos que hablar de los cyber y de los videojuegos. Es sabido que existen videojuegos en los cuales se enseña a matar.

Pero vayamos, más ampliamente todavía, a considerar otros círculos sociales: fijémonos en cómo se desarrolla el tránsito en las principales ciudades argentinas. El tránsito presenta una situación selvática en la cual la violencia, si no se desencadena plenamente, está siempre a flor de piel.

Existe también una crispación social entre nosotros que no ha logrado calmarse. Hay una especie de piqueterismo generalizado: se asume que aquello que no se consigue por las buenas se consigue por las malas.

Está finalmente el ejemplo, mejor dicho el mal ejemplo, de personajes públicos o semipúblicos que hacen gala, impunemente, de una prepotencia avasallante. ¿Entonces vamos a quejarnos de que haya violencia en el ámbito escolar, tanto en las aulas como inmediatamente a la salida de clase?

Pienso que, entonces, podríamos reflexionar sobre estos problemas más serios, más profundos, que son síntomas de una especie de enfermedad social. Tenemos que reconocer que existe esta enfermedad social y hacer un diagnóstico adecuado si queremos que se pueda aplicar una terapia eficaz.

¿Qué se puede hacer para mejorar la situación de las familias en las que la ausencia de fidelidad, de amor y de paz alimenta la violencia de los hijos?

¿Qué se puede hacer para aliviar las tensiones y mejorar el clima social, sobre el que se ejerce la presión de los resentimientos y una imprudente promoción de los conflictos?
El año pasado, la Santa Sede presentó sugerencias concretas para humanizar el tránsito y recordó como principio fundamental el “no matarás”.

Pensando con objetividad se advierte que la violencia escolar es sólo un síntoma de un mal mucho más extendido. Hay que procurar remedios adecuados para ese mal y para lograrlo es preciso enfocar correctamente el problema, afrontarlo con sinceridad y ofrecer cada uno su modesta colaboración”.






Para conocer la fuente que ha proporcionado el contenido de este artículo:
AICA


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