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La Conciencia y la Educación en las Virtudes.

La Conciencia y la Educación en las Virtudes.
En la educación en las virtudes, la formación de una conciencia recta adquiere vital importancia, ya que es la que va a presentar el bien como bueno y deseable, y llevará a elegir hacer el bien y evitar el mal de una manera habitual...


Por: Mayra Novelo | Fuente: Centro de Asesoría Pedagógica



Ahora bien, no basta fortalecer la voluntad para la vida virtuosa, es preciso trabajar para fortalecer el influjo de la conciencia sobre la voluntad.

La conciencia es la primera base que ha de ponerse para construir un comportamiento maduro y para fundar un estilo de vida basado en la vivencia de la virtud. Aquí surge el principio de esta pedagogía: primero hombre, después santo; tiene su arranque en formar una conciencia recta primero, después vendrán las virtudes.

La labor en la educación en las virtudes debe llevar a formar en los niños y jóvenes una conciencia recta y una madurez humana que les conducirán a ser justos, responsables, trabajadores, exigentes consigo mismos, fieles a sus compromisos con Dios y con los hombres, etc. Podrán tener, como creaturas débiles por naturaleza, caídas momentáneas de debilidad en la vivencia de la virtud, pero su misma conciencia les ayudará a rectificar y a retomar el camino del bien.

En la educación en las virtudes, la formación de una conciencia recta adquiere vital importancia, ya que es la que va a presentar el bien como bueno y deseable, y llevará a elegir hacer el bien y evitar el mal de una manera habitual, es decir, a vivir la virtud, ordenando el momento oportuno para practicar el bien y evitar el mal, juzgando las opciones concretas y aprobando las que son buenas, atestiguando la autoridad de la verdad con referencia al Bien supremo
(Cf. Catecismo de la Iglesia Católica núm. 1777).

La labor de educación en las virtudes debe llevar a la persona a aprender a escuchar y a seguir la voz de la conciencia, fomentando la interioridad.

En la educación en las virtudes la recta conciencia debe iluminar la inteligencia y mover la voluntad para elegir el bien y vivirlo de manera habitual y firme.


Sacramentos y oración.

En el trabajo de la educación en las virtudes se debe tener muy presente que la tarea y responsabilidad principales en la conquista de las virtudes no recae únicamente sobre el esfuerzo del hombre. El trabajo en el conocimiento, la valoración y la vivencia comprometida de las virtudes debe construirse sobre roca sólida. Se necesita de la gracia de Dios para edificar la vida sobre los auténticos valores y llegar a la vivencia habitual y firme de la virtud. Por ello la educación en las virtudes debe sustentarse sobre las columnas de los sacramentos y la oración.

Los sacramentos son como fuente ordinaria en donde se nutre la vida de gracia del cristiano que le hace asemejarse a Cristo, modelo de virtud. Esta identificación con Él posibilita la vivencia más perfecta de aquellos valores humanos y evangélicos que Cristo mismo vivió. De modo especial, el sacramento de la Penitencia da al hombre herido por el pecado la gracia para perseguir con renovadas fuerzas la conquista de la vida virtuosa, por encima de las debilidades y de las faltas personales. La Eucaristía, por su parte, que contiene al mismo Cristo deja el alma inundada de su gracia, favorece la donación de sí en la caridad hacia nuestros hermanos, los hombres, y la vivencia habitual y firme del bien.

La oración como manera de descubrir a Dios, como la fuente suprema de todos los valores y la dignidad de los hombres como hijos suyos. A través de la oración se va revelando la voluntad divina, se obtienen fuerzas para vivir las exigencias de la vida virtuosa, se jerarquizan en modo adecuado todos los valores en función de Dios, valor supremo y fundamental, se ganan las gracias necesarias para vivir el bien de manera habitual y firme y se obtiene la fuerza para convertirse en difusor de los valores y de la vivencia de la virtud.







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