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La Religiosidad del Niño de 9 a 12 años (II)

La Religiosidad del Niño de 9 a 12 años (II)
Recordemos que la familia es factor determinante para el cultivo de lo religioso en el niño. Los gestos y el lenguaje religioso que el niño descubre en los padres, se inserta en una experiencia afectiva que les simboliza inmediatamente


Fuente: Claretianos




1. La educación catequética


En estos años los niños sienten un gran afán de progresar en sus conocimientos y comienzan a unificar el mundo religioso. Al final de la etapa comienzan a reclamar respuestas definidas y coherentes con respecto al origen y el destino del hombre. Dios ya no es una noción difusa y abstracta, sino que empieza a tener peso existencial.

Es la edad más apropiada para la enseñanza religiosa, pero proporcionada al desarrollo psicológico. Esta enseñanza será sistemática y concreta. Es el mejor momento para proporcionar "cultura religiosa", para adquirir una síntesis de la doctrina cristiana a su nivel.

PELIGROS QUE HAY QUE EVITAR



Su facilidad para aprender constituye un peligro para la educación religiosa, pues aprende todo lo que se le dice y tienen tendencia a desvirtuar el mensaje de la salvación con su mentalidad escolar, a quedarse en exterioridades: se aprende pero no se vive, a reducir la religión a un mundo de cosas. Le interesan las reglas bien aplicadas, los gestos bien hechos, los textos bien recitados.

Hay que evitar el peligro de objetivar a Dios: piensa en Él como en un objeto. Dios es menos íntimo, menos presente que antes; no es el protector que nos ve, nos oye, hacia quien se va: es alguien objetivo, el Creador. Tenemos que ayudarle a descubrir el misterio en los acontecimientos y en los personajes (no quedarse en lo exterior sin descubrir actitudes) y hacérselo vivir.

A partir de los 11 años, puesto que tiene más capacidad de comprensión conceptual, se le irá iniciando en el vocabulario doctrinal que le servirá en el futuro. Hay que ofrecerle una catequesis sólida y bien documentada; proporcionarles las verdades que constituyen la base de su fe, buscando razones, ya que con la aparición del espíritu crítico, aparecerán las primeras dificultades contra la fe. Como todavía no captan las verdades abstractas, conviene presentar el mensaje a través de los hechos (bíblicos, litúrgicos, eclesiales), nunca partiendo de nociones abstractas.

IMPORTANCIA DE LA FAMILIA


Recordemos que la familia es factor determinante para el cultivo de lo religioso en el niño. Los gestos y el lenguaje religioso que el niño descubre en los padres, se inserta en una experiencia afectiva que les simboliza inmediatamente, y por otra parte, se cuanto la familia es fuente de autoridad y felicidad, reclama espontáneamente su prolongación e un universo religioso fundamental. No es sólo ya la familia quien influye: el grupo cobra importancia.

INFLUENCIA DEL GRUPO


Los sentimientos y conocimientos religiosos recibidos de la familia sufren un proceso de crítica e interiorización semejante al de las normas morales. Será sobre todo el ambiente social (en especial pandilla y escuela) el que le aporte los datos que pongan en cuestión, en alguna medida, su mundo religioso. Sus sentimientos religiosos serán contrastados con los de otros.

Por otra parte, tendrá (o no) la posibilidad de ejercitar su vivencia religiosa al margen de la familia. Además, su actitud de autocrítica le llevará a ser más comedido en las manifestaciones religiosas, sobre todo si el ambiente no es favorable a lo religioso. Su afán objetivo-crítico le lleva a preguntarse por el significado de las afirmaciones religiosas. Y al mismo tiempo, somete sus conocimientos religiosos al proceso de estructuración y sistematización, al igual que los demás conocimientos.

El desarrollo de su sentido de la pandilla, propio de su evolución social, le hace apto para unirse a movimientos religiosos, educativos, clubs escolares en los que no se debe imponer lo religioso ni controlar excesivamente. El aumento de su capacidad de socialización hará posible el descubrimiento de la comunidad religiosa.

CÓMO HABLARLES DE DIOS


El catecismo "Esta es nuestra fe" nos presenta a Dios Padre, todopoderoso, que es amor misericordioso y fiel a sus promesas. Es importante poner de relieve que el hombre, con su trabajo, es colaborador de Dios.

Hay que tener en cuenta que esta edad es el comienzo del sentido de la objeción crítica y tiene necesidad de búsqueda de soluciones a una serie de interrogantes que empiezan a plantearse. Por eso hay que dar a conocer a Dios por sus obras objetivas. Dios es fuente del universo y lo ha creado por amor. Debemos ayudarle a descubrir que Dios actúa ahora en los cristianos, en toda su vida. Debe evitarse el peligro de presentar a Dios como un objeto. Por eso la catequesis debe basarse en la conducta cristiana, en la Biblia, en la liturgia.


La infancia adulta es el período sensible para la presentación de la humanidad de Jesús, por su objetividad: vida pública, hechos, palabras, su actitud ante Dios y ante los hombres. Por los hechos se penetra en el misterio de la redención. En esta edad pueden retener una doctrina sencilla sobre la redención.

Es conveniente presentar documentos sobre el clima, la vegetación, las costumbres, planos, mapas de Palestina...

Se debe describir a Jesucristo inserto en una cultura, en una civilización concreta. Al presentar los hechos y palabras de Jesús, hay que destacar su actitud ante los hombres y ante el Padre. Que vean que el Hijo de Dios se hizo hombre. El misterio de la redención es la lucha de Jesús entre los pecados y el amor de Dios. El fracaso aparente de la cruz es una victoria: al resurrección es manifestación de su victoria. La pasión-muerte-resurrección-ascensión-pentecostés son hechos signo en los que aparece el misterio. Evitar lo que parece introducir una oposición entre el Padre enojado y el Hijo hecho hombre para sufrir, ya que es Dios quien no da a su Hijo.

El Espíritu se manifiesta a través de las actividades de los apóstoles, a través de su historia de las obras de Dios. A esta edad se debe seguir el camino de la exterioridad; es lo más indicado, ya que el niño es más objetivo: presentar la acción del Espíritu en la Iglesia. El Espíritu da la fuerza, el entusiasmo y el amor a los que lo reciben.


METODOLOGÍA


Partir siempre de la experiencia de los niños (provocada y evocada) y se procurará profundizar en esa experiencia todo lo posible, A continuación se presentará la Palabra de Dios como buena noticia que ilumina y da sentido a la experiencia vivida. Después, por medio de actividades y de interiorización, irá asimilando el significado de la Palabra de Dios, de los gestos y expresiones litúrgicas, así como de las formulaciones doctrinales, y terminará con las actividades de expresión.

El niño aprende actuando; por tanto hay que ofrecer muchos ejercicios y actividades que deben ser expresivas de su fe.

Cantos en consonancia con la catequesis; manejo de la Biblia; trabajos de reflexión a partir de gestos litúrgicos; dibujo, siluetas de personajes, cuadernos de ejercicios, murales en equipo, búsqueda de datos y documentación, síntesis, esquemas, mapas, colecciones...

Son de gran utilidad las actividades en grupo. El niño en esta edad las prefiere y no se siente entusiasmado con trabajos intelectuales en solitario. Habrá que aprovechar esta necesidad de colaboración.

Son recomendables los métodos participativos. No les gusta ser simples receptores de doctrinas, sino que prefieren ser protagonistas de empresas, actividades, búsquedas, iniciativas y sugerencias.

Ponerles en relación con otros grupos y edades (incluso adultos). Darles puntos de referencia en cuestiones morales. Potenciar las campañas, en las que participen activamente. Trabajar la oración grupal. Profundizar en los símbolos. Asistir a celebraciones sacramentales diversas. Orar a partir de símbolos sugerentes y cercanos.







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