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La Clase de Religión, Debe Ser ¡La mejor!

La Clase de Religión, Debe Ser ¡La mejor!
Como maestros de la fe, tenemos la responsabilidad de que los alumnos realmente aprendan. “La necesidad de una catequesis sistemática es una de las mayores necesidades de la Iglesia en este momento.”Juan Pablo II


Por: Lucrecia Rego de Planas / Tere Fernández del Castillo | Fuente: catholic.net




Te encuentras frente a un grupo de niños y niñas. Es tu primera experiencia como catequista. Sientes algo de nerviosismo y temor porque es una tarea que nunca antes habías realizado, pero hay algo que tienes muy claro: quieres cumplir muy bien con esta nueva misión que se te ha encomendado, porque estás consciente de su importancia y trascendencia.

Tienes el deseo, tienes la motivación y tienes una gran ilusión por transmitir el mensaje de Amor de Dios a cada uno de esos niños, y te has propuesto colaborar para que cada uno de ellos experimente el gran Amor de Dios, de la misma manera como tú lo has hecho. En una palabra, quieres que tu clase sea... ¡la mejor! Pero algo inexplicable sucede.

Los niños no atienden a la clase, hablan y juegan, no logras captar su atención, se genera un clima de indisciplina... ¿Qué ha sucedido? ¿por qué sales de la sesión con una sensación de fracaso que opaca tu ilusión previa? ¿es que acaso no eres la persona idónea para esta labor?Tal vez hay algo que no has tomado en cuenta...

Los niños asisten a la escuela para aprender y asimilar los conocimientos y valores que les transmiten sus maestros y lo mismo sucede cuando asisten a un grupo de catequesis.

Sin embargo, el aprendizaje de la fe tiene elementos que lo hacen diferente al aprendizaje de cualquier otro conocimiento, pues es una enseñanza que no se queda en la inteligencia, sino que pasa al corazón, convirtiéndose en una enseñanza para la vida.

Los contenidos que se transmiten en la catequesis son un mensaje de alegría, que comunica a los niños el gran amor de Dios y les enseña a responder igualmente con amor, mediante la imitación de Jesucristo animados siempre por el Espíritu Santo.

Como maestros de la fe, tenemos la responsabilidad de que los alumnos realmente aprendan: que conozcan a Jesucristo por medio del estudio profundo y sistemático de la fe, que lo amen por medio de la reflexión de las verdades y que este conocimiento y amor a Jesucristo los lleve a imitarlo, a través de una conversión de vida y de un compromiso apostólico que los convierta, con el paso del tiempo, en verdaderos testigos de Cristo.

Por todo esto, la clase de religión en una escuela, o la sesión de catequesis en un grupo parroquial, debe ser una clase muy especial… ¡la mejor! Y debe darse con gran seriedad y profesionalismo.

En ella no pueden permitirse las improvisaciones, ya que trabajamos con las almas de los niños y jóvenes, que son el tesoro predilecto de Cristo.Una buena clase de religión empieza mucho antes de que los niños entren al aula y termina mucho después de que se han despedido de su catequista.

Como en todo proceso de enseñanza – aprendizaje, en la clase de religión hay tres etapas que se deben tomar en cuenta. Estas tres etapas están relacionadas entre sí, y no podemos dejar a un lado ninguna de ellas.

La planeación:


Es aquello que debemos hacer antes de comenzar la clase, y consiste en planear cuidadosamente aquello que se va a realizar.

La operación:


Es aquello que vamos a llevar a cabo durante la clase. Es realizar lo que se planeó con anterioridad en la fase de planeación.

La evaluación:


Es aquello que debemos realizar después de haber terminado la clase. Es evaluar lo que realizamos en la clase, de acuerdo con lo que abíamos planeado.

“La necesidad de una catequesis sistemática es una de las mayores necesidades de la Iglesia en este momento.”Juan Pablo II







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