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La Obediencia de los alumnos entre los 6 y los 12 años.

La Obediencia de los alumnos entre los 6 y los 12 años.
A los seis años de edad, un niño ya está capacitado para empezar a responsabilizarse de sus cosas y gozar de cierto grado de autonomía. Es muy importante que desde ahora le inculquemos el hábito de obedecer y que no rebajemos planteamientos. De lo contrar


Por: Lídia Ametller Martínez, Licenciada en Psicología | Fuente: solohijos




¿Está adquiriendo nuestro alumno el mal hábito de la desobediencia?


En algunas ocasiones la desobediencia es clara y rotunda: se niega a cumplir nuestras órdenes de una forma explícita o hace, precisamente, lo que le hemos prohibido desafiando así nuestra autoridad. Este tipo de rebeldía es fácilmente detectable. Debemos estar alerta para actuar enérgicamente si se produce con excesiva frecuencia.

Sin embargo, muy a menudo la desobediencia se expresa de una forma mucho más sutil y camuflada. Por ejemplo, cuando...
hace como si no nos hubiera oído y se ampara luego en esta excusa para justificarse
repite que sí reiteradamente para no tener que oírnos más pero no tiene intención de cumplir con la petición
busca excusas
expresa su desobediencia mediante comportamientos exagerados, como cerrar de golpe la puerta, utilizar palabrotas, llorar…

¿Por qué es desobediente nuestro hijo?
En ocasiones estamos más pendientes de nuestro alumnos cuando se comporta de manera inadecuada, ya sea para regañarle o corregirles, que cuando lo hace de forma correcta. Esto conlleva a menudo que los niños se nieguen a cumplir nuestras exigencias con el fin de llamar nuestra atención.

Alrededor de los 8 años de edad, es normal que los niños discutan todas las exigencias impuestas por sus mayores. El motivo principal es que su capacidad de razonamiento se está desarrollando y, a menudo, la ponen a prueba con sus padres o con quienes representan autoridad.

Otros factores que pueden estar motivando la desobediencia son que:

está ocupado en una actividad más placentera que aquella que nosotros le estamos pidiendo
no oye realmente lo que le pedimos, porque está distraído en otra actividad. Debemos distinguir esta circunstancia de aquellas ocasiones en que hace ver que no nos ha oído
no comprende lo que le mandamos
está habituado a que nosotros acabemos haciendo por él lo que le pedimos
sabe que repetiremos varias veces la indicación, antes de que él deba responder.

¿Cómo podemos actuar ante la desobediencia ?
Existen unas recomendaciones que facilitarán la obediencia de nuestro hijo. Si las practicamos de manera constante, probablemente pocas veces nos veamos obligados a poner en práctica los consejos sobre qué hacer cuando nuestro hijo nos desobedece.

Antes de que nos desobedezca:

Siempre que sea posible, en lugar de dar órdenes o hacer preguntas, ofrecer dos opciones para que pueda escoger una. Por ejemplo, en vez de decirle "baja la basura" o preguntarle "¿quieres bajar la basura?", plantearle las opciones de: "¿qué prefieres, secar los platos o bajar la basura?".

Procurar no darle demasiadas instrucciones a la vez. Es mejor esperar a que obedezca una orden, antes de plantearle la siguiente.
La instrucción debe ser simple, utilizando pocas palabras.

Es importante que sea comprensible para nuestro hijo y razonable para su edad. También es importante que sean peticiones específicas, es decir, que quede bien claro el comportamiento que debe seguir. Es mejor decir "a las seis intenta tener los ejercicios de matemáticas acabados y la lección de sociales estudiada, para poder ver tu programa favorito", que "acaba tus tareas escolares pronto".

Utilizar un tono de voz agradable. Es mejor si nos ponemos a la altura de nuestro hijo y le miramos directamente a los ojos (asegurándonos que él también nos mira).

Es importante que expliquemos a nuestro hijo las razones por las que le pedimos o le prohibimos que haga algo. Esta información deberá ser apropiada para la edad del niño.

Establezcamos rutinas. Le ayudará a obedecer el hecho de tener que hacer cada día lo mismo y a la misma hora (tirar la ropa a lavar después de la ducha, recoger la mesa, etc.) La cooperación acabará convirtiéndose en un hábito.

A partir de los 6 años los niños, en cierta medida, ya son más capaces departicipar en la creación de las reglas. De esta manera, probablemente se sentirán más responsables y las comprenderán mejor. Este hecho contribuirá positivamente a que cumplan los mandatos. Por tanto, es importante que empecemos a dejarle negociar con nosotros las exigencias y las consecuencias de su cumplimiento o incumplimiento, escuchando sus razonamientos. Pero, en último término, seremos nosotros los que decidiremos.

Para motivar para que cumpla aquello que más le cuesta, le daremos la indicación de manera positiva, explicándole que, cuando cumpla nuestro mandato, le ofreceremos un privilegio. Por ejemplo: "si mantienen ordenado el salón, podremos salir al receso con agilidad”. Es importante que nosotros cumplamos con lo pactado.

A veces hay momentos en los que no podemos premiar inmediatamente es mejor reforzar cada uno de los pequeños pasos que componen una conducta final. Un programa alternativo que puede ayudarnos a presentar el refuerzo desde un punto de vista diferente es el sistema de fichas o puntos.

Consiste en proponer previamente un objetivo a conseguir durante un periodo de tiempo determinado. Cada vez que actúe de acuerdo con nuestro objetivo, obtendrá un punto. Estos puntos se canjearán por una recompensa que se habrá establecido con anterioridad.

Veamos un ejemplo que un padre de familia ideó:

Objetivo: que nuestro hijo obedezca a la primera cuando le llamamos para cenar.
Premio a conseguir: Salir al cine una noche con nosotros, comer o cenar en un sitio de su gusto, invitar a un amigo a dormir a casa…
Cómo conseguir los puntos: Si obedece a la segunda orden, un punto. Si obedece a la primera orden, dos puntos. Si a una hora concreta y estipulada se dispone por iniciativa propia a realizar una de sus tareas u obligaciones habituales (bañarse, sentarse a cenar, ponerse a estudiar…), cuatro puntos. Los puntos no se deben "regalar" pero deben ser fácilmente accesibles.

Es de suma importancia que, cuando haga lo que le pedimos, alabemos y elogiemos su comportamiento (felicitarlo, decirle lo contentos que estamos de lo que ha hecho, etc.).
Las consecuencias que seguirán a la desobediencia, deben quedar establecidas claramente de antemano. Podemos retirar un privilegio cada vez que no cumpla una exigencia.
Comprobar y asegurarnos que cumple con lo indicado para, después, poder aplicar las consecuencias apropiadas.

En el momento en que nos desobedece:

Debemos explicarle con objetividad y serenidad las ventajas de obedecer y por qué es necesario restar privilegios cuando no lo hace. Aunque pueda parecer que no lo comprende, razonar con él y analizar las consecuencias de su conducta le ayudará a ver más claro nuestro punto de vista y podrá prever futuras consecuencias en situaciones similares.

A veces el sentido del humor puede ayudarnos a solucionar situaciones muy tensas, sobretodo cuando son mayores.

Asegurémonos de que haya entendido la orden. Escuchémosle con atención cuando intente dar una explicación. Si es una excusa que no nos sirve como explicación, utilizaremos la expresión "de todos modos". No hay que entrar en debate con él.
Si no obedece, sin discutir le retiraremos aquellos privilegios que habíamos establecido de antemano. Para que la estrategia funcione, es importante que los privilegios retirados sean valorados por él. Y es fundamental que seamos constantes y no cambiemos nuestra posición.
Tiempo fuera: Cuando nuestro hijo desobedece "descaradamente" a pesar de reiterados avisos por nuestra parte, no perdamos el control.

Lo mandaremos solo, sin discutir ni reprochar nada, a una habitación o a un rincón donde no pueda entretenerse, durante un período breve de tiempo. Comprenderá que para mantener y recuperar sus antiguos privilegios es mejor obedecer a la primera. Le explicaremos claramente el motivo del aislamiento (cada vez que interrumpe cuando tú hablas por teléfono o cuando nunca encuentra el momento de hacer los deberes) y le avisaremos de las consecuencias de salir antes de acabar el plazo de tiempo (puede quedarse aislado más tiempo).

Le retiraremos nuestra atención y le ignoraremos cuando conteste provocativamente a nuestras indicaciones o por ejemplo, se vaya cerrando de golpe la puerta. Puede ser que lo haga para que le hagamos caso, para llamar nuestra atención o porque de este modo consigue no obedecer (al menos, de momento). Siempre que ignoremos una conducta incorrecta de este tipo le estaremos motivando para no volver a repetirla. Dejaremos pasar un tiempo prudencial y repetiremos la orden, esta vez avisando de las consecuencias que tendrá el no cumplirla. Por otra parte, cada vez que se muestre colaborador deberemos reforzarle.

Si la desobediencia implica una acción peligrosa para él o para los demás, mostrando expresión y tono de voz firme, le diremos: "¡no!" o "¡basta!" . Si es necesario, pararemos físicamente su acción. Luego, le retiraremos un privilegio.







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