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Los Nuevos Movimientos en la Iglesia: un signo del Espíritu para nuestros tiempos

Los Nuevos Movimientos en la Iglesia: un signo del Espíritu para nuestros tiempos
¿Para qué incorporarse a un movimiento eclesial laico? Porque, aunque Dios llama a todos a la santidad, hay caminos de santidad que son mejores para unas personas, y caminos que son mejores para otras.


Por: Card. Francis George | Fuente: Regnumchristi




Los movimientos eclesiales laicos

México, 29 de junio de 2007. Presentamos la traducción al español de una carta que envió el Card. Francis George, arzobispo de Chicago, a los fieles de su arquidiócesis, el pasado 10 de junio. En ella explica la misión de los nuevos movimientos eclesiales laicos y las nuevas comunidades, y agradece la cercanía y el apoyo de los movimientos, tanto en las necesidades de la arquidiócesis, como personales.

Los Nuevos Movimientos en la Iglesia:
un signo del Espíritu para nuestros tiempos


Diversos grupos han estado viniendo durante el mes pasado para conmemorar mi décimo aniversario como arzobispo de Chicago. Cada reunión ha tenido un espíritu distinto, y cada una ha traído sus propios gozos. Cuando pensamos en reunir a los católicos de los condados de Cook y de Lake, pensamos primero en los sacerdotes, religiosos y religiosas, parroquias, amigos y bienhechores. Otro grupo en el que quizás muchos católicos no piensan tan pronto, se reunirá el 14 de junio: los Movimientos Eclesiales Laicos y las Nuevas Comunidades.

Los nombres de algunos de estos grupos tal vez nos son familiares: La Legión de María, el Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima, los Cursillos de Cristiandad, el Movimiento Carismático. Otros llevan nombres que no nos son tan familiares: Schoenstatt, Comunión y Liberación, Focolares, Parejas por Cristo. Nos sean o no familiares, estos Movimientos y Comunidades, algunos fundados en esta nación y otros en Europa, están presentes en toda la Iglesia. El Papa Benedicto XVI se refirió recientemente a ellos como «un don del Espíritu Santo para la Iglesia».

Muchos de estos grupos tienen sus orígenes en el Concilio Vaticano II, aunque algunos preceden al Concilio por una o dos décadas. Todos existen para ayudar a sus miembros a involucrarse más en la práctica de su fe en la Iglesia. Todos dan testimonio de Cristo de distinta manera en el mundo. Dan continuidad a una larga línea histórica de grupos particulares en la Iglesia: órdenes monásticas y comunidades religiosas, hermandades, órdenes terciarias, sociedades funerarias, sociedades del Santo Nombre, y cientos más a lo largo de los muchos siglos de existencia de la Iglesia.

Estas recientes fundaciones se llaman Movimientos Laicos, pues sus miembros son en la mayoría, si no exclusivamente, laicos. Tienen reconocimiento canónico a través del Consejo Pontificio para los Laicos. Si bien algunos miembros de algunos movimientos, como el Regnum Christi y Focolares, emiten votos privados como los de los religiosos y religiosas, la mayor parte de los miembros de estos grupos son hombres y mujeres que llevan una vida cotidiana como la de cualquier otro católico.

Entonces, ¿para qué ser miembro? ¿Para qué incorporarse a un movimiento eclesial laico? Porque, aunque Dios llama a todos a la santidad, hay caminos de santidad que son mejores para unas personas, y caminos que son mejores para otras. Los miembros de un movimiento eclesial laico viven su vocación bautismal a ser discípulos del Señor por medio de un lente espiritual llamado «carisma», y tienen diferentes prácticas de vida y modos de oración apropiados a cada Movimiento y Comunidad. Por ejemplo, un miembro de la Renovación Carismática puede pertenecer a un grupo de oración que hace el don del Espíritu Santo inmediatamente evidente, o bien puede pertenecer a un equipo de oración que intercede poderosamente por las necesidades de los demás. Un miembro del Regnum Christi puede ser la madre de una familia numerosa que también evangeliza enseñando a los grupos de preparación para el bautismo en su parroquia. Los miembros del Movimiento Neo-Catecumenal emprenden un largo proceso de conversión personal para alcanzar las gracias que nos pertenecen a través del bautismo, a los católicos inactivos y a los aún no bautizados.
Cada año, durante la Vigilia de Pentecostés, los miembros de estos Movimientos y Comunidades recientemente fundados, se reúnen con el Santo Padre en la Plaza de San Pedro. Cientos de miles vienen de todo el mundo para orar con el sucesor de san Pedro. En la arquidiócesis de Chicago, tenemos la bendición de contar con una docena de Movimientos Laicos y Nuevas Comunidades. Sus nombres e información sobre ellos están disponibles en la página de internet de la arquidiócesis.

Desde el jubileo del año 2000, me he estado reuniendo cada año con los Movimientos Laicos aquí, y estoy ansioso por nuestra reunión para celebrar mi décimo aniversario. Siempre salgo de estas reuniones con un profundo sentido de gratitud por las riquezas espirituales disponibles en la Iglesia.

El Papa Benedicto, como su predecesor Juan Pablo II, ha comentado que el obispo puede contar con los Movimientos Laicos, no sólo cuando necesita de un grupo organizado para ayudar en la misión de la Iglesia, sino también cuando tiene necesidades personales, ya sean espirituales o corporales. Me di cuenta de esta realidad el verano pasado, cuando fui operado de mi cáncer de vejiga. Cuando los encargados de nuestro centro pastoral pidieron ayuda a los miembros de todos los Movimientos Laicos para realizar una vigilia de oración en el día de mi cirugía, ellos viajaron a la Catedral de Nuestra Señora, algunos en medio de la noche, para rezar por mí y por las necesidades de la arquidiócesis.

Si anhelan experimentar su fe con mayor plenitud, o si quieren ser parte de una pequeña comunidad de formación en la fe, busquen a los diferentes Movimientos Eclesiales Laicos en la arquidiócesis. El Señor tiene un camino de santidad para cada uno. Los Movimientos Laicos son un hogar espiritual especial para muchos. Doy gracias a Dios por ellos y por todos sus miembros en la arquidiócesis de Chicago.

Sinceramente suyo en Jesucristo,

Francis Cardenal George, OMI.
Arzobispo de Chicago







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