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Biografías: un buen medio de formación para adolescentes

Biografías: un buen medio de formación para adolescentes
Con frecuencia se ha dicho que las biografías son un precioso apoyo en el arte de educar y así lo atestiguan las numerosas biografías que se han escrito en la historia de la literatura, dirigidas especialmente a los jóvenes.


Por: Miguel Ángel Cárceles |



“La juventud no está hecha para el placer, sino para el heroísmo”. Esta frase de Paul Claudel refleja cómo son la mayoría de las chicas y de los chicos. Es cierto que existen adolescentes desilusionados y hundidos en su desaliento, que beben hasta la borrachera o se drogan sin valorar sus consecuencias; pero los más, atraídos por la belleza y la bondad, sueñan con ser valientes, generosos, audaces, optimistas y alegres. Detestan falsear su propia vida y ansían ser auténticos.

Los adolescentes saben que están llamados a ser personas valiosas. Ambicionan destacar en todo: en las actividades deportivas, a las que se entregan con ardor; en la amistad, queriendo ser los mejores amigos; en el prestigio intelectual y humano...Todo lo bello, bueno y positivo tiene en ellos cabida. Sólo en la consecución de estas metas encuentran su autoestima y su paz interior. Esta tarea de construirse a sí mismos no es nada fácil: los adolescentes, inseguros por naturaleza, necesitan hechos para encontrar lo que buscan,
para vencer las dificultades y para comenzar de nuevo tras cada derrota.

Uno de los medios con que cuentan para conseguirlo, sin duda el más valioso, es el del
ejemplo. “Una imagen —recuerda un viejo proverbio—, vale más que mil palabras” o “El
joven —afirma Almudena Malmierca—, escoge siempre lo mejor si se lo explicamos bien.” Es evidente que la vida de los héroes y de los santos es el mejor modo de mostrar imágenes reales que sirven de modelo y de estímulo.

A través del ejemplo, los adolescentes “ven” el ideal, el modo de conquistarlo y la belleza e importancia de lo que les ilusiona, de lo que sueñan, de lo que les hace felices. Por eso, en la vida de los héroes, de los investigadores, de los santos... los adolescentes encuentran su propia vida. Y su ejemplo actúa de estímulo capaz de enardecerlos y arrastrarlos hacia la consecución de la meta elegida, por difícil que esta sea. No debemos olvidar, por último, el papel que el mimetismo juega en la vida de los adolescentes.

Aunque desean con vehemencia poseer estas virtudes, saben que en ellos no están cuajadas
todavía. Por eso, al descubrirlas plasmadas en otras personas —recuerda Luciano Gómez Antón—, tratan de apropiárselas convirtiéndose en un “doble” de quienes admiran.

En estos presupuestos se funda la nueva colección de biografías en que colaboro. A través de eso hechos, llenos de belleza y de emoción, se colocan ante la vista y, sobre todo, ante el corazón entusiasta y soñador de los adolescentes, figuras gigantes, de carne y hueso, ¡cómo ellos! Cada libro ha de ser un grito potente y animoso de que aquella maravilla con que sueñan pueden hacerla realidad. También ellos, como tantos otros, pueden ser protagonistas de la nueva civilización del amor y ¡transformar el mundo, transformando su vida!
El adolescente, enardecido con tan espléndido panorama, es confortado para rebelarse contra el mal y la mediocridad que le aniquila y empequeñece. Estas biografías les sensibilizarán también para ser capaces de descubrir a los héroes anónimos que viven cerca de ellos: a su alrededor, en esas personas, encontrarán grandeza de ánimo, amor desinteresado, fortaleza interior, valor, constancia, compasión o sacrificio. Hazañas, en fin, en las que pocos se fijan.

Por ejemplo, en el primer libro de la colección “Biografía joven”, del que soy autor, que se titula “Pasión por la Verdad”, se reconstruye la vida de san Agustín, un gigante de la Historia, llamado por Harnack “el primer hombre moderno”. Y lo es, en verdad. Los problemas y dificultades de Agustín son los mismos que tiene el hombre actual. En estas páginas, los adolescentes encontrarán respuesta a sus dudas y preguntas. El problema del mal; la existencia de Dios y del alma humana; el drama de la muerte y lo que hay después de ella; el Cielo; la santidad; la Verdad y dónde encontrarla; la grandeza de la amistad;
la verdadera felicidad y cómo poseerla; la belleza de la vida limpia y cómo conquistarla...son temas que Agustín vive dramáticamente.

Un claro ejemplo lo encontramos en su sensación de incapacidad para vencer los pecados de impureza que lo esclavizaban. Él mismo lo confiesa a su amigo Alipio con voz entrecortada, diciendo:

“He vagado largo tiempo
lejos de Dios… Y de mí mismo…
He estado viviendo detrás de mí…
Como dándome la espalda… Sin
querer mirarme… Lleno de miedo y
de vergüenza… Hoy, mientras
Ponticiano hablaba de los dos oficiales
convertidos, he sentido que
Dios me retorcía el rostro y lo colo-
caba hacia mí. Me ha puesto cara a
cara conmigo mismo. ¡Me he visto
y he sentido asco!… Soy como un
leproso que se le cae el alma a trozos…
podrida… ¡No he sido feliz!
Fuera de mí he triunfado… Dentro
de mí... ¡todo han sido derrotas!”

En Agustín, como ha sucedido en tantas personas a lo largo de la Historia, será el ejemplo de otras vidas lo que, por fin, arrastrará su voluntad débil y vacilante. Espero que en la mente y en el corazón de los jóvenes lectores dejen huella estas semblanzas, tanto de héroes, descubridores, artistas e investigadores, como de santos: los colosos del amor generoso y desinteresado que, al mirar la vida de Jesucristo, se
enamoraron de Dios, de los hombres y del mundo











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