Maternidad espiritual
Por: Servidoras del Verbo Encarnado | Fuente: Servidoras del Verbo Encarnado

Si la religiosa es verdaderamente madre debe engendrar vida ya que tiene Vida. Debe engendrar hijos. Si no engendra hijos, como la higuera estéril del Evangelio "sólo sirve para el fuego".
La religiosa engendra hijos espirituales: por la cruz, por la oración, por el celo apostólico, por el anuncio de la Palabra de Dios.
Hay que pedir a Dios, siempre, la gracia de "engendrar y criar hijos".
En este misterio de la maternidad espiritual, de engendrar para la vida eterna, Cristo es el typo, el ejemplar. Cristo es Padre y el primero, por lo que se lo llama Padre del siglo futuro (Is 9, 5). Nosotros somos Padres por participación de su paternidad, somos Padres "por Él, con Él y en Él" 2 .
¿Qué es necesario para ello?
Dios es Dios: Él es el Padre.
1º LO MÁS IMPORTANTE: viva conciencia de la paternidad divina y su majestad, a Quien todo pertenece.
2º No usurpar la gloria de Dios. Los vínculos de la maternidad espiritual son más fuertes que los de la carne, pero no deben arrebatar lo que pertenece a Dios: "la gloria de Dios sea para Dios". Respetando al máximo: la libertad, la conciencia de cada uno.
3º Pedir el espíritu de madre. Teniendo el Espíritu de su Hijo y amor puro para con Dios: Hay que pedir el espíritu de madre para con sus hijos que hubiéramos de engendrar 3 .
Así, la religiosa se convierte en imagen visible de Dios Padre a quien no vemos 4 .
La "madre" da "instrumentalmente" el ser, la vida, el conocimiento, el amor, la protección.
1. La maternidad espiritual
Ya por muchos caminos ha aparecido este tema. Ya sea porque la cruz es fecunda, o porque la oración encuentra hijos de Dios, o porque los hijos espirituales son fruto del celo apostólico y del anuncio de la Palabra. Esta "generación" sintetiza todo el fruto de la religiosa. Difícil sería discernir de quién procede más esencialmente. O, si se quiere, procede del anuncio de la Palabra a condición de que ésta sea una mujer llena de amor a Dios y a las almas y vaya orando con lágrimas y gemidos. Entonces sí la maternidad espiritual es un núcleo en el que se condensa el concepto de aquella que anuncia la Palabra de Dios 5 .
San Juan de Ávila, que tiene "gran talento para engendrar y criar hijos" 6 , ha tenido la oportunidad de explicitar su doctrina sobre el tema en una carta ocasional a su amigo y discípulo Fray Luis de Granada 7 .
En este ministerio, "Cristo fue el primero", por lo cual se lo llama "Pater futuri saeculi". Nosotros participamos "en Él y por Él", como ocurre con el sacerdocio. Lo que ante todo recomienda es el vivo sentimiento de la paternidad divina y su majestad, a quien todo pertenece. No quiere el Santo que los vínculos de la maternidad espiritual, más fuertes que los de la carne, arrebaten lo que pertenece a Dios: "la gloria de Dios sea para Dios". Ahora, "teniendo el Espíritu de su Hijo y en nuestras entrañas reverencia, confianza y amor puro para con Dios, como un hijo fiel para con su padre; resta pedirle el espíritu de padre para con sus hijos que hubiéramos de engendrar" 8.
Concepto que se aplica perfectamente "mutatis mutandis" al caso de la religiosa; así ella se convierte en imagen visible de Dios Padre a quien no vemos.
Hasta aquí todo parece muy poético. Así lo veía sin duda el novel discípulo, entusiasmado por la "dulce cosa de engendrar hijos". Mas la realidad es otra.
2. "Dulce bellum inexpertis
"El engendrar no mas confieso que no tiene mucho trabajo, aunque no carece de él; porque si bien hecho ha de ir este negocio, los hijos que hemos por la palabra de engendrar, no tanto han de ser hijos de voz cuanto hijos de lágrimas (...) A llorar aprenda quien toma oficio de padre" 9 .
Y continúa con una definición descriptiva de lo que es "criar" en la vida espiritual, digna de un capítulo de su biografía:
"Y si esta agonía se pasa en engendrar, ¿qué piensa, padre, que se pasa en los criar?"10.
Callar: "¿Quién contará el callar que es menester para los niños, que de cada cosita se quejan," 11 .
No hacer acepción de personas: "el mirar no nazca envidia por ver ser otro más amado, o que parece serlo, que ellos?" 12 .
Alimentar el alma: "¿El cuidado de darles de comer, aunque sea quitándose el padre el bocado de la boca," 13 .
Olvidarse de sí: "y aún dejar de estar entre los coros angélicos por descender a dar sopitas al niño? Es menester estar siempre templado, porque no halle el niño alguna respuesta menos amorosa" 14 .
Tragarse las lágrimas: "Y está algunas veces el corazón de padre atormentado con mil cuidados, y tenía por gran descanso soltar las riendas de su tristeza y hartarse de llorar, y si viene el hijito, ha de jugar con él y reír, como si ninguna otra cosa tuviera que hacer. Pues las tentaciones, sequedades, peligros, engaños, escrúpulos, con otros mil cuentos de siniestros que toman, ¿quién los contará?" 15 .
Vigilar: "¡Qué vigilancia para estorbar no venga a ellos! ¡Qué sabiduría para saberlos sacar después de entrados! ¡Paciencia para no cansarse de una y otra y mil veces oirlos preguntar lo que ya les han respondido, y tornarles a decir lo que ya se les dijo!" 16 .
Oración: "¡Qué oración tan continua y valerosa es menester para con Dios, rogando por ellos porque no se mueran! Porque si se mueren, créame, padre, que no hay dolor que a este se iguale: ni creo que dejó Dios otro género de martirio tan lastimoso en este mundo como el tormento de la muerte del hijo en el corazón del que es verdadero padre" 17 .
Cuando esto sucede no cerrar el corazón.
He aquí el ideal de la religiosa, madre, criando a sus hijos. Nada ante Dios, transfigurada por la gracia de Cristo, todo ante los hombres. Ellos son su alegría y su dolor. Dura y blanda, síntesis de inteligencia, amor y sentimientos:
–Bondad: "Por tanto, a quien quisiere ser padre, conviénele un corazón tierno, y muy de carne, para haber compasión de los hijos, lo cual es muy gran martirio;" 18 .
–Fortaleza: "y otro de hierro para sufrir los golpes que la muerte de ellos da, porque no derriben al padre o lo hagan del todo dejar su oficio, o desmayar o pasar algunos días en que no entienda sino en llorar" 19 .
Ante este ideal de padre, se entiende mejor aquella crítica que les hacía: "no tuvieron en nada engendrar hijos espirituales, huyeron del trabajo de los criar" 20 . Estos tales son comparables a las prostitutas, que cuando paren un hijo lo entregan a otra para criar y ellas continuar en sus voluptuosidades 21 . Es, para San Juan de Ávila, la negación del sacerdote, como la paternidad es su plenitud. Análogamente la falta de maternidad es la negación de la religiosa, así como el poseerla es su plenitud.
3. La virginidad
La virginidad consagrada es causa de fecundidad en el Espíritu. Quien renuncia a la maternidad según la carne "por el reino de los cielos" se convierte en fecunda según el Espíritu. En este carisma, don de Dios a su Iglesia, Cristo es el primero y el ejemplar: "...Cristo, aún aprobando y defendiendo la dignidad y la santidad de la vida matrimonial, asume la forma de vida virginal y revela así el valor sublime y la misteriosa fecundidad espiritual de la virginidad" 22 .
Y esta virginidad no es una ausencia de amor, sino una abundancia de él, que por lo tanto conlleva mucho fruto: "La castidad de los célibes y de las vírgenes, en cuanto manifestación de la entrega a Dios con corazón indiviso 23 es el reflejo del amor infinito que une a las tres Personas divinas en la profundidad misteriosa de la vida trinitaria; amor testimoniado por el Verbo Encarnado hasta la entrega de su vida; amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Rom 5, 5), que anima a una respuesta de amor total hacia Dios y hacia los hermanos" 24 .
El amor del cual brota esta fecundidad es un amor esponsal, a imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, virgen y fecunda al mismo tiempo: "Importancia particular tiene el significado esponsal de la vida consagrada, que hace referencia a la exigencia de la Iglesia de vivir en la entrega plena y exclusiva a su Esposo, del cual recibe todo bien. En esta dimensión esponsal, propia de toda la vida consagrada, es sobre todo la mujer la que se ve singularmente reflejada, como descubriendo la índole especial de su relación con el Señor.
A este respecto, es sugestiva la página neotestamentaria que presenta a María con los Apóstoles en el Cenáculo en espera orante del Espíritu Santo 25 . Aquí se puede ver una imagen viva de la Iglesia–Esposa, atenta a las señales del Esposo y preparada para acoger su don. En Pedro y en los demás Apóstoles emerge sobre todo la dimensión de la fecundidad, como se manifiesta en el ministerio eclesial, que se hace instrumento del Espíritu para la generación de nuevos hijos mediante el anuncio de la Palabra, la celebración de los Sacramentos y la atención pastoral.
En María está particularmente viva la dimensión de la acogida esponsal, con la que hace fructificar en sí misma la vida divina a través de su amor total de virgen. La vida consagrada ha sido siempre vista prevalentemente en María, la Virgen esposa. De ese amor virginal procede una fecundidad particular, que contribuye al nacimiento y crecimiento de la vida divina en los corazones. La persona consagrada, siguiendo las huellas de María, nueva Eva, manifiesta su fecundidad espiritual acogiendo la Palabra, para colaborar en la formación de la nueva humanidad con su dedicación incondicional y su testimonio" 26 .
"Grande gloria de las vírgenes es, sin duda alguna, el ser imágenes vivientes de aquella perfecta integridad que une a la Iglesia con su Divino Esposo; y el ser ellas una muestra admirable de la floreciente santidad y de la fecundidad espiritual, que reina en la sociedad fundada por Jesucristo, es motivo del mayor gozo para esta misma sociedad" 27 .
La virginidad también es fecunda en cuanto denunciante de la cultura de muerte que nos rodea: "La respuesta de la vida consagrada [a la cultura hedonística] consiste ante todo en la práctica gozosa de la caridad perfecta, como testimonio de la fuerza del amor de Dios en la fragilidad de la condición humana... ¡en Cristo es posible amar a Dios con todo el corazón, poniéndolo por encima de cualquier amor, y amar así con la libertad de Dios a todas las criaturas!" 28 .
La virginidad consagrada es fructífera en obras por el bien de la humanidad: "Cuando pensamos en la innumerable falange de vírgenes... que desde los primeros tiempos de la Iglesia hasta nuestros días han renunciado al matrimonio para dedicarse con más facilidad y más enteramente a la salvación de los prójimos por amor a Cristo, y de esta suerte llevan adelante empresas admirables de religión y caridad..." 29 .
Las vírgenes consagradas son parte privilegiada de la Iglesia, que pone en ellas un cuidado preferencial: "Gózase en ellas la Iglesia y en ellas florece exuberante su gloriosa fecundidad; de modo que cuanto más numeroso se hace el coro de las vírgenes, tanto más crece la alegría de la madre" 30 .
notas:
1 Juan Pablo II, 10/05/1981.
2 Doxología final del Canon de la Misa.
3 Cf. Obras completas del Santo Maestro San Juan de Ávila, T V, BAC, p. 19.
4 Cf. Ibidem.
5 Cf. Ibidem, p. 229.
6 Ibidem, p. 230.
7 Cf. Ibidem, p. 231.
8 Ibidem.
9 Ibidem, p. 20.
10 Ibidem.
11 Ibidem.
12 Ibidem.
13 Ibidem.
14 Ibidem.
15 Ibidem, p. 20–21.
16 Ibidem, p. 21.
17 Ibidem
18 Ibidem.
19 Ibidem.
20 Ibidem, p. 232.
21 Ibidem, p. 233.
22 Vita consecrata, n. 22.
23 Cf. 1 Cor 7, 32–34.
24 Vita consecrata, n. 21.
25 Cf. Hech 1, 13–14.
26 Vita consecrata, n. 34.
27 Pío XII, Sacra virginitas, n. 21.
28 Vita consecrata, n. 88.
29 Pio XII, Sacra virginitas, n. 17.
30 San Cipriano, De habitu virginum, 3; PL 4, 443.
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