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La historia de la naranja

La historia de la naranja
Sembrando Esperanza I. La forma de pedir a Dios es reconocernos débiles y ser humildes, dejando de lado nuestros orgullos.


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net



Para que crezca una espiga o se abra una flor, hay tiempos que no se pueden forzar; para el nacimiento de una criatura humana hacen falta nueve meses; para escribir un libro o componer música hay que dedicar con frecuencia años de paciente investigación».

De esa forma tenemos que saber enfrentar con paciencia y sabiduría las diversas situaciones que van tocando a la puerta de nuestro corazón, más aún si vienen en forma de tormenta o de alguna necesidad especial; en vez de creernos los increíbles, superman y el sabelotodo, es mejor agacharnos, elevar con humildad nuestra mirada a Dios y pedirle con sensatez que nos ayude, que nos ilumine y nos enseñe el mejor camino.

Una vez, un grupo de tres hombres se perdieron en la montaña, y había solamente una fruta para alimentarlos a los tres, quienes casi desfallecían de hambre. Se les apareció entonces Dios y les dijo que probaría su sabiduría y que dependiendo de lo que mostraran, les salvaría.

Les preguntó entonces Dios qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran.

El primero dijo: "Pues aparece más comida", Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas sino trabajar con lo que se tiene.

Dijo el segundo entonces: "Entonces haz que la fruta crezca para que sea suficiente", a lo que Dios contestó que No, pues la solución no es pedir siempre multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, pues el ser humano nunca queda satisfecho y por ende nunca sería suficiente.

El tercero dijo entonces: "Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la fruta nos alcance". Dios dijo: "Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece delante de mis ojos, verá la prosperidad".

Saben, se nos enseña siempre a que otros arreglen los problemas o a buscar la salida fácil, siempre pidiendo a Dios que arregle todo sin nosotros cambiar o sacrificar nada. Por eso, muchas veces parece que Dios no nos escucha, pues pedimos sin dejar nada de lado y queriendo siempre salir ganando. Muchas veces somos egoístas y siempre queremos todo para nosotros.

Seremos felices, el día que aprendamos que la forma de pedir a Dios es reconocernos débiles y ser humildes, dejando de lado nuestros orgullos. Y nos convenceremos que al empequeñecernos en lujos y ser mansos de corazón, veremos la prosperidad de Dios y la forma como Él sí escucha. Pídele a Dios que te haga pequeño... ¡Haz la prueba!



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  • P. Dennis Doren LC


    Puedes escuchar esta meditación en audio entrando al Podcast de Catholic.net aquí:





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