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El águila que pesca y se ahoga...

El águila que pesca y se ahoga...
Sembrando Esperanza II.


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net




Quien con fuego juega, con fuego se quema.
¡Qué refrán tan sencillo y lógico!, demasiado lógico para creerlo, pero la experiencia diaria nos va diciendo con hechos cuántos quemados comenzaron jugando, y así les fue.

La prudencia, la libertad de espíritu y la voluntad, deben ser actitudes y virtudes que nos deben acompañar a diario en el bufet de la vida...

Los hombres con facilidad nos apegamos a las cosas, a las personas y cómo nos cuesta separarnos una vez que nos posesionamos de ellas, tenemos que aprender a no depender de las realidades humanas, mundanas, aquellas que aparentando ser una presa atrayente de pescar, en su momento nos pueden ahogar por el peso que llevan encima.

Me aferré tanto, tanto a ellas, que el día que las quise soltar, me sumergieron hasta ahogarme...;por eso, lo más sano es construir una verdadera libertad y, sobre todo, el dominio de uno mismo para saber decir NO...

El canal National Geographic presentó un programa que mostraba cómo hacen las águilas para atrapar peces en los lagos. Vuelan muy alto sobre el lago, y su visión es tan aguda, que localizan con facilidad al pez que quieren pescar; al verlo, doblan las alas hacia atrás y se lanzan directamente hacia él a gran velocidad; al llegar al agua, extienden las alas,abren las garras, agarran al pez y vuelven a la playa.

En ese programa mostraron una película que presentaba un hecho poco común. Un águila se sumergió para atrapar al pez, pero el pez era muy grande. Al comenzar a levantar el vuelo, el águila hacía un esfuerzo muy grande. El pez era pesado y ella no lograba soportar su peso.

Dándose cuenta de que no podía con su presa, trató de soltar al pez, pero sus garras habían penetrado tan hondo en sus carnes, que no podía sacarlas. Luchó mucho, pero no tuvo éxito; comenzó a caer al lago, ahogándose, porque no pudo librarse de la caza que había atrapado.

Muchas veces nosotros nos aferramos a las cosas que pueden ser peligrosas: escogemos malos amigos, malos programas de televisión, alimentos dañinos, entradas y conversaciones indebidas en el internet; en fin, nuestras elecciones acaban siendo demasiado pesadas y grandes para nosotros.

Al principio creemos que tenemos el control y que podremos apartarnos del mal cuando lo deseemos, pero sin darnos cuenta, eso se transforma en un hábito o, mejor dicho, en un vicio difícil de soltar.

Cuando un día tratamos de librarnos y de salir, descubrimos que estamos demasiado agarrados de las malas costumbres, ¡estamos descontrolados!

Lo mismo que le pasó al águila, que no consiguió librarse del pez y murió ahogada, puede pasarnos a nosotros; y cuando queramos reaccionar, será demasiado tarde para abandonar el mal, ciertamente, pereceremos juntamente con él.

A veces, los malos amigos nos llevan a hacer cosas que no haríamos si no anduviéramos con ellos.

Tu vida vale mucho para que te estés arriesgando; tu alma, tu cuerpo, son reflejo y presencia de Dios, evita el mal y haz el bien.

En Hebreos 12,11, leemos que debemos librarnos de todo peso del pecado que nos acosa; en Efesios 5,11: "No tomen parte en las cosasque hacen los que son de la oscuridad".

Así que ¡mantente despierto! inútiles.




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  • P. Dennis Doren LC


    Puedes escuchar esta meditación en audio entrando al Podcast de Catholic.net aquí:





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