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Cuando le odio quiso matar al amor

Cuando le odio quiso matar al amor
Sembrando Esperanzas I. El amor se construye, sobre todo, cuando sabemos pedir perdón, después de los normales roces que todos los días.


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net




El amor no es un supuesto. Se construye cada día, con un saludo y un gesto de servicio, con una palabra de aliento, con una ayuda a la hora de preparar la mesa, de doblar los calcetines o de ofrecer una pequeña sonrisa, la vida así, sí tiene un sabor diferente.

El amor se construye, sobre todo, cuando sabemos pedir perdón; después de los normales roces que todos los días jalonean la vida de los que viven bajo el mismo techo una buena parte de su tiempo.

El amor necesita que comprenda a todos, también a aquel que un día partió y nos dejó con una pena muy profunda y, ojalá no, tal vez con un deseo de venganza. Este es el momento para tender de nuevo la mano, para perdonar y pedir perdón. Nuestra vida está hecha de muchos actos, deseos y motivos, jamás los podemos perder. Tenemos que tener la certeza que un día no es igual a otro y cada uno, al ser diferente, tiene su encanto y su valor. Ellos forman el pasado, el hoy y el mañana de lo que era, soy y seré…. Por eso tu vida y la mía tienen tanta riqueza, ojalá siempre la puedas descubrir.

Escuché una vez este relato:

Cuentan que en la historia del mundo hubo un día terrible en el que el Odio, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó a una reunión urgente con todos los sentimientos más oscuros del mundo y los deseos más perversos del corazón humano. Éstos llegaron a la reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito. Cuando estuvieron todos, habló el Odio y dijo: "les he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien". Los asistentes no se extrañaron mucho, pues era el Odio el que estaba hablando y él siempre quiere matar a alguien, sin embargo, todos se preguntaban entre sí quién sería tan difícil de matar para que el Odio los necesitara a todos.

"Quiero que maten al AMOR", dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más de uno quería destruirlo. El primer voluntario fue el Mal Carácter, quien dijo: "Yo iré, y les aseguro que en un año el amor habrá muerto, provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará".

Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el informe del Mal Carácter quedaron decepcionados. "Lo siento, lo intenté todo; pero cada vez que yo sembraba una discordia, el Amor la superaba y salía adelante".

Fue entonces cuando, muy diligente, se ofreció la Ambición, que haciendo alarde de su poder dijo: "En vista de que el Mal Carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del Amor hacia el deseo por la riqueza y el poder. Eso nunca lo ignorará". Y empezó la Ambición el ataque hacia su víctima, quien efectivamente cayó herida y lo adoró en sus ídolos, que son una tentación constante, y una causa frecuente del alejamiento del amor verdadero. Muchos ídolos se levantan muy bien construídos y refinados que se presentan bajo capa de "progreso", o que proporcionan más bienestar material, más placer, más comodidad...: su dios es el vientre, y su gloria la propia vergüenza, pues ponen su corazón en las cosas terrenas, como dice San Pablo en su carta a los filipenses y es aplicable a la idolatría moderna, a la que se ven tentados tantos, olvidando el tesoro auténtico, la riqueza del amor. Pero después de luchar por salir adelante, el Amor renunció a todo deseo desbordado de poder y placer y triunfó de nuevo.

Furioso el Odio por el fracaso de la Ambición, envió a los Celos, quienes burlones y perversos intentaban toda clase de artimañas y situaciones para despistar al Amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas. Pero el Amor, confundido, lloró y pensó que no quería morir, y con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.

Año tras año, el Odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros, envió a la Frialdad, al Egoísmo, la Indiferencia, la Pobreza, la Enfermedad, y a muchos otros que fracasaron siempre; porque cuando el Amor se sentía desfallecer, tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba. Cuando venían las desgracias parecía sucumbir, pues los golpes imprevistos no permiten muchas veces que uno se aproveche de ellos, a causa del abatimiento y turbación que se levantan en el alma; mas con un poquito de paciencia, se ve cómo Dios dispone a recibir gracias muy grandes precisamente por aquel medio. Sin tales percances, tal vez no habría sido el Amor del todo malo, pero tampoco del todo bueno.
El Odio, convencido de que el Amor era invencible, les dijo a los demás: "No podemos hacer nada más... El Amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos"

De pronto, de un rincón del salón, se levantó alguien poco reconocido que vestía todo de negro y con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte. "Yo mataré al Amor", dijo con seguridad. Todos se preguntaron quién era ese que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido. El Odio dijo: "Ve y Hazlo"

Tan sólo había pasado algún tiempo, cuando el Odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles que después de mucho esperar, por fin el Amor había muerto.

Todos estaban felices, pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: "Ahí les entrego el amor totalmente muerto y destrozado", y sin decir más, se iba. “Espera”, dijo el Odio, "en tan poco tiempo eliminaste por completo al Amor, lo desesperaste y no hizo el menor esfuerzo para vivir. ¿Quién eres?"

El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo:

SOY LA RUTINA...

La rutina es ausencia de Amor, es monotonía, y la monotonía es falta de energía, significa que está ya muerto el Amor, pues éste es un fuego al que hay que echar cada día cosas nuevas.

“Los pequeños actos de cortesía endulzan la vida, los grandes la ennoblecen". En la batalla del Amor frente al Odio, hay que cuidar las cosas pequeñas que son las que, si faltan, dejan paso a las pequeñas raposas que destrozan el campo de ese amor; la dejadez, el abandono, la indiferencia de los detalles, produce que se desmorone del todo el amor…pero yo estoy seguro que tu corazón está tan lleno de amor, que jamás permitirás que la rutina entre en tu vida. NO DEJES DE NACER CADA DÍA DE NUEVO...


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  • P. Dennis Doren LC


    Puedes escuchar esta meditación en audio entrando al Podcast de Catholic.net aquí:






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