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48. Se busca papá ideal... recompensa a quien lo encuentre

48. Se busca papá ideal... recompensa a quien lo encuentre
Sembrando Esperanza II.


Por: P. Dennis Doren LC | Fuente: Catholic.net




Es natural que los bebés empiecen
aprendiendo dos palabras, las dos son expresiones
que reportan al niño seguridad y confianza. Todos
indistintamente aprendimos a decir papá, mamá.
Hoy precisamente festejamos a todos los papás,
presentes y ausentes.
El ambiente reinante muchas veces aprovecha
este tipo de fiestas o reconocimientos solo para un
fin comercial, pero dejando de lado esta connotación
banal, materialista y superficial, quisiera hacerme
presente en este día, en la que nos viene a la mente
esa figura siempre actual y presente del hombre
de la casa, “del papá”. Cómo recuerdo con cariño
los momentos que conviví en mi niñez y primera
adolescencia con mi padre. Lo recuerdo cercano,
exigente, educador y siempre dispuesto a ayudarme.
Cómo quisiera hoy unirme a todos sus
sentimientos paternales y poder juntos dar gracias
a Dios por este encargo tan maravilloso, por esta
confianza que Dios les ha dado, y ser instrumentos
vivos para educar, formar y enseñar a sus hijos el arte
de vivir, de modelar la figura de Jesús, y así encausar
y guiar el alma de sus hijos para que lleguen al cielo.
Recibe hoy papá este mensaje. Cómo quisiera
que fuese lo que tu hijo piensa de ti.
Papá: La imagen de tu presencia está siempre
detrás de mis ojos. En todos los acontecimientos
importantes, en todas las decisiones definitivas, en
todas las enfermedades, tristezas y golpes de la vida.
Siempre como el eje, el aguantador, el responsable.
Mi padre es el control de mis fronteras cuando
salgo con mis amigos. Es como las leyes que pregona
en la casa y me vienen a la mente en el momento en
que más las necesito. Es la solución de lo que a mí me
parece un imposible. Es el modelo que yo critico por
fuera y admito por dentro. Es el control que a veces
lo echo en cara, porque me creo todo un hombre... y
luego la vida me demuestra que lo necesito.
Es ese modelo fuerte, seco, sabio, conocedor,
que habla sin titubeos y me descubre lo que yo mismo
no me atrevo a confesar. Es ese hombre simpático
y bromista que le quita a la vida ese sello seco y
aburrido que tanto detesto.

Es el padre que siempre tiene tiempo
para mí y todo lo que me es importante le interesa.
Es como la voz de mando y, sin embargo,
nunca contradice a mi madre cuando ella decide algo.
Es el padre que conoce los peligros antes que
yo, y me alerta, me previene, me pone en guardia.
Es el padre que lee en mis ojos lo que yo
quiero ocultar y adivina de mi corazón lo que no
quiero mostrar a nadie; y así, me va enseñando a
crecer poco a poco.
Cuando triunfo, no deja que me envanezca, lo
mide por lo que me ha costado conseguirlo, y por la
ayuda que he recibido de Dios.
Cuando fracaso, no me hiere, recrimina, ni
me acusa. Me muestra el rayito de luz para seguir y el
huequito que siempre deja Dios para reconstruirme
sin quedar más cicatrices que las del amor.
Jamás me abandona a mi suerte, pero
tampoco quita todo radio de acción para que pueda
realizarme solo.
Siempre está sobre aviso, para llegar a tiempo.
No me amarra las alas: me enseña a volar.
No me disfraza los peligros: me da el alerta
para protegerme.
No me mueve los pies: ¡me enseña a caminar!
No me construye el edificio: me pone los
cimientos.
No me educa a lo antiguo, ni me deja hundir
en lo moderno.
No me impide divertirme, pero me hace
entender los niveles, los muros, la fuerza que llevo
dentro para cuando sea necesario oponerme.
Se puede no aceptarlo a pie juntillas, pero
siempre busca la forma de que nuestras vidas encajen.
Es un hombre de cubierta dura, pero con una
húmeda ternura que la ablanda.
Un hombre que parece inflexible, tenaz,
indoblegable, pero puerta adentro, tiene incrustado
el oro en el corazón y pinceladas de cielo en las
ilusiones.
Tiene el tronco recio, pero con una pulpa
dulce. La corteza gruesa, pero aterciopelada por
debajo.
La cáscara seca, pero derretida la semilla. La
voluntad de acero, la vista de águila, ¡y el corazón de
niño!
Mi padre es un hombre bueno. Hace bien sin
que lo beneficien. Todo lo que me da es con alegría
y lo que pone en mi bolsillo pasa como por arte de
magia a prenderse en mi corazón.
Leemos en su ejemplo, y su trabajar para
nosotros, el mejor libro que puede brindar la
biblioteca de la vida.
Quiere darnos una niñez feliz, una adolescencia
protegida, una madre respetada y un hogar con
orden y dignidad.
No le pesa la carga... más bien parece que
Dios se la confió como un “honor”.
Mi padre es ese que experimentó lo que yo
quiero conocer, y me sirve de maestro. Es ese que
moldeó su vida y me sirve de ejemplo.
Es ese que está vinculado a mi vida con un
lazo que nadie puede romper.
Lo trato como a un ser “único”, un ser
dispuesto, vigilante, ayudador, amoroso, que nos
quiere y nos cuida.
Lo trato con todo lo humano, lo divino, lo
sensible, lo hondo y lo enaltecedor que es tener un
padre así.
¡Lo trato como un hijo de Dios! GRACIAS
PAPÁ, POR SER QUIEN ERES… GRACIAS PAPÁ
POR SER REFLEJO DE DIOS PADRE… GRACIAS
POR SEL EL PAPÁ IDEAL.
Por lo tanto, papá manos a la obra, aquí tienes
un estupendo programa de vida, una idea muy clara
de tu vocación y de tu misión, de lo que Dios y tus
hijos esperan de ti. Buscamos al padre ideal, quien lo
encuentra se ha ganado la lotería. Estoy seguro que no los defraudarás.



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  • P. Dennis Doren LC


    Puedes escuchar esta meditación en audio entrando al Podcast de Catholic.net aquí:





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    Twitter: @dennisdorenLC












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