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47. El significado de ser padre

47. El significado de ser padre
Sembrando Esperanza II.


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net




El “buen padre”, imagen ampliamente
difundida por las sociedades de consumo, es la de
“proveedor”: aquel que satisface todas las necesidades
materiales del hogar. Para “que no les falte nada a
los hijos” trabaja jornadas dobles y aún los fines de
semana. El padre no logra satisfacer las necesidades
presentes, cuando ya le han sido creadas otras. Así
se desgasta febrilmente, sin darse un respiro para
disfrutar lo importante: la experiencia única de ver
crecer a los hijos, de acompañarlos y enseñarles con
su propia vida el buen camino.
Los padres que han logrado vencer las
tradicionales expectativas de ser meros proveedores,
comparten el gozo en la formación y crecimiento de
los hijos y hablan de “una nueva dimensión en la
convivencia familiar”, van juntos al cine, a tomarse
un café, al estadio, al campo, siguen de cerca sus
estudios, sus amigos, el deporte de su hijo, en
definitiva, es una convivencia “bien padre”. Que
esa frase tan repetida por nosotros los hijos, se siga
repitiendo en los corazones de cada hijo “QUIERO
SER COMO TÚ, PAPI”, pero que esta expresión

de imitación sea para bien y no para mal, como la
siguiente historia, que espero les sirva a todos los
papás para reflexionar sobre su misión.
Mi hijo nació hace pocos días, llegó a este
mundo de una manera normal, pero yo tenía que
viajar, tenía muchos compromisos. Mi hijo aprendió
a comer cuando menos lo esperaba, comenzó a hablar
cuando yo no estaba. ¡Cómo creció mi hijo de rápido,
cómo pasa el tiempo!
Mi hijo, a medida que crecía, me decía: ¡Papi,
algún día seré como Tú! ¿Cuándo regresas a casa
Papi?. -No lo sé hijo, pero cuando regrese jugaremos
juntos, ya lo verás...
Mi hijo cumplió 10 años hace pocos días y
me dijo: Gracias papi por la pelota, ¿quieres jugar
conmigo? -Hoy no hijito, tengo mucho qué hacer.
-Está bien papi otro día será, te quiero mucho papi.
(Se fue sonriendo, y siempre en sus labios tenía la
palabra “YO QUIERO SER COMO TÚ PAPI”).
¿Cuándo regresas a casa Papi? -No lo sé hijo,
pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás.
El tiempo pasó sin darme cuenta y mi hijo
ingresó a la universidad, era todo un hombre.
-Hijito estoy orgulloso de ti, siéntate y
hablemos un poco de Ti. -Hoy no papi, tengo
compromisos, por favor dame algo de dinero para
visitar algunos amigos.
Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar.
Hoy lo llamo y le digo: -Hola hijo, quiero verte. -Me
encantaría Padre, pero es que no tengo tiempo.
Tú sabes, mi trabajo, los niños. Pero gracias por
llamarme, fue hermoso oír tu voz.
Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo
“ERA COMO YO”.
A pesar de los iracundos reproches de quienes
pretenden perpetuar el tabú inmemorial de que
cuando el padre se involucra emocionalmente con
el hijo se torna “suave como una segunda madre”, y
que si participa en el cuidado y atención del hijo se
convierte en simple “mandilón”; cada día son más los
padres presentes en el quirófano en el momento del
nacimiento de sus hijos, en los cursos prenatales y
de posparto para capacitarse en el cuidado del bebé,
aunque no sea tan de su agrado estar cambiando
pañales...
Se necesitan dos para engendrar un hijo.

También se necesitan dos para su desarrollo.
La intuición femenina permite a la madre establecer
una comunicación vital con el hijo desde el momento
mismo de su nacimiento. Interpreta las señales de
temor en el infante y con mimos lo tranquiliza y
conduce suavemente.
La voz del padre es de importancia suma:
da seguridad, confianza en el porvenir, establece
los límites de la conducta infantil y cierra el
círculo del amor que debe rodear al niño. El padre
proporciona un elemento único y esencial en la
crianza del hijo y su influencia es poderosa en la
salud emocional. La madre le dice: “con cuidado”, y
el padre le dice “uno más”, al estimular al pequeño a
subir otro peldaño para que llegue a la cima. Juntos,
tomados de la mano, padre y madre, guían al retoño
en el camino de la vida.
El padre de hoy se abre a las necesidades
más sutiles del hijo: las emocionales y las psíquicas.
Trasciende la preocupación de sí mismo y sus
ocupaciones, y logra ver al hijo en sus propios
términos. Propicia el ambiente que le permita el
desarrollo de su potencial en un marco de libertad
responsable, no de dominación.
No se detiene en la periferia, sino que conoce
al hijo de cerca. Lo guía sin agresividad, con firmeza
motivada y razonada por el camino de los valores que
desea heredarle, lo proyecta a una vida de metas y
proyectos firmes. El padre de hoy se ha dado permiso
para ver con ojos de amor al retoño de sus entrañas.
Advierte en el hijo, más allá de las limitaciones
presentes, el cúmulo de posibilidades que está
por realizar. Y a su lado goza cada peldaño de su
desarrollo, ¿qué más privilegio que éste? Por eso
hoy nos unimos y felicitamos a todos los papás que
conscientes de su misión, la realizan en su totalidad.
A ellos, muchas felicidades.



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Dennis Doren LC


    Puedes escuchar esta meditación en audio entrando al Podcast de Catholic.net aquí:





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    Twitter: @dennisdorenLC











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