Menu



44. Cuando eres candil de la calle, y de la casa...

44. Cuando eres candil de la calle, y de la casa...
Sembrando Esperanza II


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net




Cada día se nos abre un gran desafío: mantener
nuestra familia unida en armonía y en caridad, y
esto nos toca a todos; es un patrimonio que todos
tenemos que cuidar. Es un hecho que no siempre
ponemos al servicio del ámbito familiar nuestros
dones y cualidades; por el contrario, muchas veces
nos encerramos en la concha de nuestro egoísmo.
¿Cuántas veces nos han dicho “eres candil de la calle
y oscuridad de la casa”?, acto seguido viene el sermón
del siglo.
Hoy tenemos la oportunidad de reflexionar y
comenzar a marcar la diferencia dentro de casa.
Hubo en una carpintería una extraña
asamblea de herramientas en donde el martillo
fue notificado que debía renunciar. ¿La causa? era
demasiado ruidoso y se pasaba todo el día golpeando
y golpeando. ¿Quién no tiene en casa un martillo,
perdón, un hermano martillo?
El martillo reconoció su culpa, pero pidió que
fuera expulsado también el tornillo, pues era terco y
había que darle muchas vueltas para que sirviera de
algo. Yo me acuerdo que a un amigo mío, por cariño,
le decían en casa “el tornillo”, ¿por qué habrá sido?,
hoy después de tantos años lo descubrí.
El tornillo aceptó de mala gana su retiro, pero
dijo que la lija también debería salir, pues era áspera
en su trato y siempre tenía fricciones con los demás;
efectivamente, esta es la hermana soberbia que no
deja de ser hiriente ni deja de raspar.
La lija estuvo de acuerdo, pero con la
condición de que también destituyeran al metro,
pues era un prepotente que se pasaba midiendo a
los demás, como si él fuera perfecto. Bueno, ahora
me toca a mí, aquellos que no dejamos de medir y
estamos calculando cada palabra y cada acción de los
demás.
En eso llegó el carpintero, que sin fijarse en la
rudeza del martillo, ni lo duro que era darle vueltas al
tornillo, ni la aspereza de la lija, ni la prepotencia del
metro, los utilizó alternativamente hasta convertir
un trozo de madera en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la
asamblea reanudó sus deliberaciones y el serrucho

dijo: Señores, ha quedado demostrado que a pesar de
nuestros defectos, el carpintero sólo tomó lo mejor
de cada uno de nosotros al usar la fuerza del martillo,
la solidez del tornillo, la suavidad con que la lija
deja la madera y la precisión y exactitud del metro,
pudiendo, así, crear con ellos ese precioso mueble.
La mayoría de nosotros estamos acostumbrados
a fijarnos primero en lo negativo que en lo positivo;
en lo que falta, en lugar de reconocer lo que
tenemos; en lo que falla, en vez de notar lo que funciona;
en las desventajas, en lugar de las ventajas; en
las malas noticias, en vez de las buenas y reconfortantes;
en la enfermedad, en lugar de apreciar y valorar
la salud…; terminamos haciendo juicios rígidos e
inflexibles.
Nuestros miedos y prejuicios nos mueven a
encontrar en cada situación casi siempre lo peor, lo
más desagradable, sin atenuantes; más aun, nos llevan
a ponderarlos y a recrearnos en ellos, pareciera
que fuimos programados para buscar el aspecto negativo
de casi todo, inclusive miramos las situaciones
buenas y favorables con recelo y pensamos en frases
como: “De tan bueno no dan tanto”, o “quién sabe
que habrá detrás”, o “después de la calma viene la
tempestad”.
Nada sucede por casualidad, y todo lo que
sucede es para bien, cada experiencia trae su lección
y cada situación de gozo o dolor es una oportunidad
para aprender y crecer aunque en el momento no
podamos reconocerlo.
Es el momento de iluminar nuestra vida, de
cambiar nuestra visión acerca de la vida, para que
podamos estar abiertos y atentos a reconocer las
oportunidades y los regalos imprevistos que cualquier
acontecimiento traiga consigo. ¡Aprendamos a
encontrar siempre lo positivo y lo constructivo
presente en cada situación!, especialmente en nuestra
cotidiana convivencia familiar. Una crisis puede
hacernos despertar y darnos el empuje necesario
para cambiar nuestro estilo de vida, para tomar una
decisión importante y hacer lo que tengamos que
hacer, para mantener unida a la familia, sólo así nos
sentiremos bien.
Decía un gran maestro: “Para encontrar la
vida, a veces, hay que perderla”.
Rescata lo positivo, no permitas que una
situación difícil te haga perder la capacidad de
reconocer todo lo positivo que también tienes y que
hay en tu entorno, pues siempre será una magnífica
oportunidad para aprender, crecer, madurar y
transformarnos.
Supera tus momentos difíciles, encuentra
lo positivo de ellos y sal rápidamente de las crisis;
si caíste, levántate, sacude el polvo de tus rodillas y
cura tus heridas, no te detengas en lo negativo, sino
en la certeza de que podrás superar exitosamente
ésta y cualquier otra prueba que se presente.
Revisa tu vida y recuerda las cosas buenas,
esto te ayudará a confiar en ti mismo, a reconocer
las cualidades, la experiencia y las herramientas que
tienes para superar cualquier situación con éxito por
más difícil que ésta sea. ¡Todo pasa y siempre puedes
volver a comenzar!
Fortalece la Fe, para que tengas la certeza
de no estar solo, pues la Presencia de Dios siempre
te acompaña, en cualquier situación, ante cualquier
obstáculo, acercando a ti las herramientas y las
señales que te permitan superar la dificultad y
recuperar tu balance.
“Cuando el dolor nos toca, podemos
ajustar la perspectiva, entender la vida
y fortalecernos para aumentar nuestra
capacidad de amar y de enfrentar el día a día”.



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Dennis Doren LC


    Puedes escuchar esta meditación en audio entrando al Podcast de Catholic.net aquí:





    Blog, Sembrando Esperanza
    Canal de youtube.
    FB. Fanpage. Sembrando Esperanza
    Twitter: @dennisdorenLC











    Compartir en Google+




    Reportar anuncio inapropiado |