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40. Cuando la alberca no tiene agua

40. Cuando la alberca no tiene agua
Sembrando Esperanza II


Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net



 


Cuántas veces en nuestra vida nos suceden
cosas inauditas, situaciones que hasta la fecha no
podemos explicar, nos quedamos fríos, paralizados,
incluso, las atribuimos a situaciones paranormales y
extraordinarias. Estoy convencido que muchas de esas
situaciones, para nosotros extrañas, son mensajes
que Dios nos manda para que nos acerquemos a
Él, para que creamos en Él y no dudemos jamás
que Él maneja los hilos de nuestra vida. Dios tiene
su tiempo para cada uno, solo basta, por nuestra
parte, estar atentos, esperar y saber comprender
este comunicarse de Dios; es claro que nuestra vida
cambiará para mejor. No dudes, antes de lanzarte a
la alberca, extiende tus manos y reza... ¡No sea qué!...
Un joven que fue criado como ateo, estaba
entrenando para salto ornamental a nivel olímpico.
La única influencia religiosa que recibió en su vida, le
llegó a través de un amigo cristiano.
El deportista no prestó mayor atención a
su amigo, aunque lo escuchaba con frecuencia. Tal
vez nosotros hemos tenido o tenemos una actitud

similar en nuestra vida, realmente no prestamos
atención porque no nos interesa; “tenemos otras
cosas más importantes que hacer” y a Dios lo vamos
desplazando y lo dejamos de lado.
Una noche, fue a la alberca de la universidad a
la que pertenecía. Las luces estaban todas apagadas,
pero como la noche estaba clara y la luna brillaba,
había suficiente luz para practicar. El joven se subió
al trampolín más alto, y cuando volvió la espalda a
la alberca al filo de la rampa y extendió sus brazos,
vio su propia sombra en la pared. La sombra de su
cuerpo tenía la forma exacta de una cruz. En lugar de
saltar, sin saber por qué, se arrodilló y finalmente le
pidió a Dios que entrara en su vida. Mientras el joven
permanecía quieto, el personal de limpieza ingresó y
encendió las luces.

“HABÍAN VACIADO LA PISCINA PARA REPARARLA”.

Esta es la prueba más simple de que Él existe,
si amas a Jesús y no te avergüenzas de las cosas
maravillosas que Él ha hecho por ti. Recuerda que
un buen amigo siempre está cuando se le necesita,
aún si no se le conoce.
¿Por qué quedarnos con los brazos
cruzados, cuando el hombre más grande, el
gran líder que cambió el mundo, murió con
los brazos abiertos?

 

 

 



 

 

 

 

 



 







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