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Algo se mueve en la Iglesia

Algo se mueve en la Iglesia
Da la impresión de que la Iglesia no existe más que entre las cuatro paredes del templo


Por: Juan García Inza |



A la Iglesia se le ha comparado siempre como un barca que va surcando el mar de la historia. Esa barca tiene su patrón y su timonel, así como toda una tripulación. El mar no siempre ha estado sereno. Ya Jesús tuvo que calmar la tempestad en el mar de Galilea. Yo diría que a lo largo de la historia han sido muy cortos los espacio de tiempo en los que no ha habido oleaje. Unas veces las dificultades vienen de fuera, y otras veces los problemas están dentro. No hay que extrañarse, ni rasgarse las vestiduras, ni lanzar la artillería pesada buscando la línea de flotación. Humildemente el Papa acaba de pedir perdón por los errores históricos de la Iglesia, y humildemente reconocemos que nos podemos seguir equivocando, porque tenemos los pies de barro. Por otro lado nos consuelan aquellas palabras de Jesús a los apóstoles: “Yo estaré siempre con vosotros hasta la consumación de los siglos”.

Una vez entonado el mea culpa, y reconocida nuestra fragilidad permanente, pienso que la Iglesia ha desempeñado, desempeña y desempeñará una labor insustituible en la historia que, aun desde el punto de vista humano, merece una consideración y una gratitud. Hoy se pretende, por parte de algunas ideologías, neutralizar esta labor desde planteamientos y proyectos secularizantes y laicistas. Afortunadamente, con la mayoría de edad de la sociedad, muchas de las actividades nacidas en el seno de la Iglesia, y otras que ha tenido que desempeñar con carácter de suplencia, están en otras manos idóneas y solventes. No está muy lejos el tiempo en que la Iglesia tenía que hacer de todo. Y actualmente desempeña por vocación muchas labores que otros no estarían dispuestos a realizar ni por dinero.

Hoy, repito que gracias a Dios, hay infinidad de medios y posibilidades. La sociedad asumió su papel, y han brotado por todas partes iniciativas e inquietudes para todos los gustos. La Iglesia también ha experimentado un espectacular aggiornamento. Hoy el laico, el fiel corriente, es consciente de sus derechos y obligaciones, de su vocación específica. El sacerdote está más en su papel ministerial, dispensador de lo sagrado, y ha dejado lo que durante siglos tuvo que asumir por puro espíritu de servicio. Y junto a la estructura jerárquica y organización canónica de la Iglesia, han surgido una serie de movimientos e instituciones que desde una mentalidad laical, y con la ayuda del mismo Espíritu Santo que los ha dado a luz, están llevando una labor evangelizadora, social y cultural, impresionantes en la misma entraña de la sociedad donde el hombre se encuentra. No es posible ignorar esta fuerza arrolladora que supone la iniciativa privada, fruto del derecho a la libertad que todos tenemos, que en armonía perfecta con la Jerarquía está suponiendo una gozosa realidad y una esperanza de futuro. Tenemos que seguir desclericalizando a la Iglesia y reconociendo sin reservas la mayoría de edad de muchos laicos también enviados por Dios a trabajar en la viña.

No hace mucho afirmaba el P. Congar, el teólogo del Espíritu Santo y del laicado, que estamos viviendo un nuevo Pentecostés, que se está haciendo un inmenso esfuerzo por parte de muchas personas, especialmente seglares. “Pienso, dice él, que esto es así porque aunque estamos en el siglo de la increencia, también es el siglo del Espíritu Santo, y el final de siglo coincide con el culmen de la expansión del Evangelio”.

Yo estoy pensando en estos momentos en la enorme cantidad de adultos y jóvenes que acuden a los grupos parroquiales sin que nada ni nadie les obligue. Vienen movidos por su fe. Pienso que el abultado número de catequistas de distintos niveles que, renunciando a un tiempo de descanso o diversión, se ocupan de acompañar a grupos de niños, jóvenes y adolescentes en su itinerario catecumenal.

Tengo presente a las personas que incondicionalmente colaboran en las parroquias para todo lo que haga falta: visitar enfermos, preparar los actos litúrgicos, cantar, llevar archivos y adminstraciones, organizar actividades de adultos, hacer gestiones de interés, evangelizar en distintos ambientes...

Me admira el ver la cantidad que a través de instituciones católicas están haciendo mucho bien en todas partes: los miembros de la Prelatura Opus Dei que difunden el mensaje de la llamada a la santidad en medio del mundo, las Comunidades Neocatecumenales que se reúnen y trabajan incansablemente en tantísimas parroquias de tantas diócesis. Y los grupos de oración de la Renovación Carismática, o de Comunión y Liberación, o los Focolares... Los servidores de Cáritas, Manos Unidas, las ONGS católicas, los grupos culturales, los movimientos especializados, las Hermandades y Cofradías... La relación sería interminable. Y, junto a ellos, tantos sacerdotes que se "dejan la piel" tratando de vivir su Vocación, el compromiso que adquirieron con Dios y con la Iglesia.

Todo esto no se puede ignorar, ni silenciar sistemáticamente como se viene haciendo en los medios de comunicación y opinión. Cuando uno lee la prensa, escucha la radio o contempla la televisión, con honrosas excepciones, da la impresión de que la Iglesia no existe más que en las cuatro paredes del templo. No te dejan hablar. Hay una férrea censura sobre el hecho religioso. No está bien visto en las redacciones de muchos medios. Siendo católicos la inmensa mayoría de la población, a las horas punta parece que lo apropiado es darle cancha sin tope horario a la pitonisa y echadora de cartas de turno, como si fuese la oráculo de los dioses. Y la gente, muchos de ellos tontos, y la mayoría ignorantes, llaman esperanzados buscando consuelo y solución a sus problemas.

Pero ¡qué más da! Todo eso vuela por los aires cuando sopla el Espíritu. Mientras tanto, los creyentes seguimos trabajando con amor para servir desinteresadamente al que lo necesite, que somos todos. Y esto nos produce una gran alegría. Cuando vemos a tanta gente buena, nos sale del corazón una exclamación sincera: ¡Gracias a Dios, algo se mueve en la Iglesia y sería pecado el ignorarlo coartando su libertad!

Juan García Inza

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Imagen: Ajedrez en Contacto


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