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Educar en la Fe implica: transmitir contenidos, hábitos y valoraciones

Educar en la Fe implica: transmitir contenidos, hábitos y valoraciones
Para poder transmitir la fe hay que crear el hábito de una conducta, hay que crear la recepción de valores que la preparen y la hagan crecer, y hay que dar contenidos básicos.


Por: Ramiro Pellitero |



“Para poder transmitir la fe hay que crear el hábito de una conducta, hay que crear la recepción de valores que la preparen y la hagan crecer, y hay que dar contenidos básicos”. Y explica qué pasaría si la educación de la fe se reduce a contenidos cognitivos: “Si solamente queremos transmitir la fe con contenidos, será una cosa superficial o ideológica que no va a tener raíces”.


Contexto antropológico de la educación en la fe

El 28 de febrero el Papa Francisco se encontró con la Pontificia Comisión para América Latina, que se había reunido para estudiar el tema de la transmisión de la fe en el momento actual de emergencia o urgencia educativa.

El Papa se interesó por “los presupuestos antropológicos que hay hoy en día en la transmisión de la fe que hacen que para la juventud (…) esto sea emergencia educativa”. Y esto le llevó a volver sobre algunas grandes pautas de la educación.


Contenidos, hábitos y valoraciones

Primera, la pauta de que educar no es solamente transmitir conocimientos, sino que implica otras dimensiones: transmitir contenidos, hábitos y valoraciones. Los tres juntos.

En efecto, esto puede verse desde una visión clásica de la persona, compatible con la fe cristiana que en algún lugar hemos descrito como apoyada en tres dimensiones o pilares interrelacionados: razón, experiencia y tradición.


La persona es razón (inteligencia y libertad, espiritualidad y libertad), es experiencia (por ser corporalidad, por tener sentidos externos e internos, es capaz de percibir el mundo que le rodea e interactuar con él) y es tradición (sociabilidad, comunidad, lenguaje, comunicación, historia), palabra que viene de entregar a otros lo que por nuestra parte hemos recibido.

Atendiendo a la razón, la educación debe proporcionar “contenidos” cognitivos para la realización personal. Atendiendo a la experiencia, la educación debe ayudar a formar “hábitos” (conducta adquirida a base de repetición de actos, idealmente buenos, que engendran lo que llamamos virtudes). Y atendiendo a la tradición o la sociabilidad humana, la educación debe preocuparse por despertar intereses y “valores” o valoraciones por medio de un diálogo que enseñe a integrar la razón y la experiencia.

Al Papa Francisco le interesa no solo la educación en general sino la educación en la fe, y por ello aplica su primera pauta a la transmisión de la fe: “Para poder transmitir la fe hay que crear el hábito de una conducta, hay que crear la recepción de valores que la preparen y la hagan crecer, y hay que dar contenidos básicos”. Y explica qué pasaría si la educación de la fe se reduce a contenidos cognitivos: “Si solamente queremos transmitir la fe con contenidos, será una cosa superficial o ideológica que no va a tener raíces”. Por tanto: “la transmisión tiene que ser de contenidos con valores, valoraciones y hábitos, hábitos de conducta”. Y pone el ejemplo de los confesores cuando van ayudando a crear hábitos de conducta, junto con contenidos y valores.


Memoria, discernimiento, utopía

Segunda pauta –partiendo de nuevo de la educación en general–, lo que Francisco llama educar la utopía, y la relación entre utopía, memoria y discernimiento. Utopía es palabra que tiene raíces en griego clásico. Significa literalmente lugar que no existe, y aquí se refiere a los ideales que se proponen los jóvenes. Dice el Papa que en Argentina, por una mala educación de la utopía, hubo muchachos de Acción Católica que acabaron en la guerrilla de los años setenta.

En palabras de Francisco, “saber conducir y ayudar a crecer la utopía de un joven es una riqueza”. Un joven sin utopías –explica– es un viejo adelantado, envejeció antes de tiempo. ¿Cómo hacer para que esta ilusión que tiene el chico, esta utopía, lo lleve al encuentro con Jesucristo?

Y sugiere que la utopía debe estar acompañada de memoria y de discernimiento. “La utopía mira al futuro, la memoria mira al pasado, y el presente se discierne. El joven tiene que recibir la memoria y plantar, arraigar su utopía en esa memoria. Discernir en el presente su utopía, los signos de los tiempos, y ahí, sí, la utopía va adelante pero muy arraigada en la memoria, en la historia que ha recibido”.

En otros términos, los jóvenes necesitan maestros que les ayuden a discernir el presente sobre la base de la memoria, y proyectarlo hacia el futuro, hacia la utopía que es lo más propio del joven. De ahí, dice el Papa, la insistencia del encuentro de los jóvenes con los abuelos (evoca el icono de la presentación de Jesús en el Templo); pues éstos les aportan la memoria de que carecen los primeros.

Recuerda una película de Kurosawa* donde el padre y la madre se van a Estados Unidos y dejan a los chicos con la abuela.







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