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La ilusión lleva a la felicidad

La ilusión lleva a la felicidad
Tener metas, planes, cosas por delante para hacer es donde está la clave de la vida. Ahí está la clave para superar penurias y desgracias


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net



Tener metas, planes, cosas por delante para hacer es donde está la clave de la vida. Ahí está la clave para superar penurias y desgracias.
El presente siempre tiene que estar empapado de futuro; es cuando verdaderamente uno saborea la vida.

La felicidad consiste en tener ilusiones.
Es el trampolín que nos hace saltar las dificultades.
Y la espiritualidad es la trascendencia, es decir atravesar su bien.

La felicidad consiste en estar contento con uno mismo, llevarse bien con uno mismo. También por supuesto, la felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria.
Tener capacidad para olvidar las páginas negativas de lo pasado.

La felicidad consiste fundamentalmente en dos cosas: encontrarse a sí mismo, estar bien con uno mismo a solas o en compañía y tener un proyecto de vida con tres grandes ingredientes: amor, trabajo y cultura.

Cuatro cosas hacen feliz:

Mi forma de ser.
El amor que es el argumento clave, es decir el afecto.
El trabajo; trabajar con amor y el amor es trabajo.
La cultura: la cultura es aquello que nos hace libres, es decir convertir cualquier cosa que uno hace en un hacer inteligente.
Saber que uno sabe, es la culminación de sentirse feliz.
El hombre, varón y mujer, es el único entre los seres creados que sabe que sabe.

El auto-estima es el análisis de lo que uno hace de sí mismo, en el cual es capaz de sacar una conclusión positiva de los grandes argumentos de la vida.
El auto-estima es saber perdonarse los errores que uno tiene, los fallos, las limitaciones, intentar corregir lo corregible, mejorar el contacto con los demás. Todo esto es una tarea gradual y progresiva.

No revuelvas una herida que está cicatrizada. No rememores dolores, sufrimientos antiguos. ¡Lo que pasó, pasó!
De ahora en adelante procura construir una vida nueva dirigida hacia lo alto y camina hacia adelante, sin mirar atrás, a imitación de Dios que siempre mira para adelante. Haz como el sol que nace cada día sin acordarse de la noche que pasó.
¿Sabes por qué el parabrisas del auto es tan grande y el espejo retrovisor tan pequeño? Porque nuestro pasado no es tan importante como nuestro futuro. Mira hacia adelante.

No te detengas en lo malo que hayas hecho y emprende un nuevo caminar en lo bueno que si puedes hacer.

El auto-estima consiste fundamentalmente en dos cosas: confianza en sí mismo y seguridad. La confianza no tiene que ser nada extraordinaria.
Simplemente que uno sepa a donde va, que quiere.
El que no sabe lo que quiere, no puede ser feliz.

Por otra parte encontrarse así mismo es el camino, la ruta que se inicia hacía el auto-estima. La paz es la puerta de entrada a la felicidad.
Pero la paz es consecuencia de la lucha que hemos ganado contra nosotros mismos en primer lugar, lo que se conoce como paz interior y luego la otra paz que es consecuencia del enfrentamiento diario de las cosas diarias.
El que no puede sobrellevar lo malo no vive para ver lo bueno

La felicidad es el arte de vivir, el arte de sacarle a la vida todo el jugo posible, superando dificultades. Hay que tener metas para llegar a ser feliz.
La voluntad es una pieza clave en la construcción de la personalidad y de todo proyecto de vida.
"Nunca se puede dar un paso en la vida si no es desde atrás, sin saber de dónde vengo, qué apellido tengo, qué apellido cultural o religioso tengo"
(Papa Francisco)

La felicidad no está en las cosas grandes, sino en saber gozar de las pequeñas. La riqueza que hace feliz nos es tener los bolsillos llenos de dinero, aunque el dinero calme los nervios, sino en saber gozar de las cosas que no cambiarías por dinero.
Vivir bien, ser feliz, en definitiva, depende de la vara con que uno mide sus ambiciones.

Fe en Dios y fe en nosotros mismos, no por lo que somos, sino por la gran cantidad de valores que hay en el hombre, que si los pongo al servicio del Creador, si los pongo para hacer de la vida una vida mejor, haré feliz y seré feliz, porque Dios me va usar y las cosas que yo haga, Dios las hará florecer.
De una fe de tradición, hay que pasar a una fe de convicción. (Benedicto XVI)
Cada día es más difícil vivir como cristianos católicos: cada vez lo es más.
Por eso es esencial la convicción. Pero no es una obligación, nunca lo ha sido. Si una aceptación generosa que proviene de la profunda convicción.

Cuando recibimos la fe, en algún momento de nuestra vida, recibimos un regalo que nos viene de lo alto, que nos gratifica, nos sostiene durante toda nuestra existencia y nos congrega como comunidad.
La fe es mucho más que estar convencido que Dios existe y es el Creador de todas las cosas. Tener fe es vivir confiando en Dios. (P.Aderico Dolzani SSP)
Y el que vive confiando en Dios, podrá mandarse algún patinazo, podrá tener que apretarse el cinturón más de una vez, pero sabe siempre que las cosas terminan en una Pascua de Resurrección.
Y eso ya lo hace feliz aunque le duela la barriga.

A veces: grandes intelectuales, grandes científicos, gente de la cultura y del arte, conocedores de la vida, genios aparentes, no saben lo más importante: “Dios te ama” para mí fue el gran hallazgo del día, recordé que los humildes de este mundo son los grandes conocedores de la razón última de nuestras vidas y que los personajes de grandes cualidades desconocen en muchas ocasiones la raíz de su existencia y se ahogan en el enigma de los interrogantes: de dónde venimos, a dónde vamos. “Dios me ama” hoy, QUÉ GRAN DESCUBRIMIENTO!!!! (Rafael Gutierrez Amaro)
Y como te ama hoy, siempre las cosas terminan bien si lo haces de la mano de ÉL.

Las cosas de Dios se deben ver sin mirar y escuchar sin entender.
Dios es plenitud de bien. La locura de Dios es más fuerte que la sabiduría del hombre.

Por eso todas las cosas hechas en comunión con Dios salen siempre bien, porque hacen el bien y hacen vivir bien.
Y como el creyente cree sin entender, es frecuente que por donde nos lleva el hacer el bien, sea un caminar sin ver la cosecha.
La medida del amor y renuncia que aporta cada uno en las cosas del diario vivir decide el saber en qué medida penetró en nosotros el conocimiento y el misterio de Dios.

Decía el Beato Mauricio Tornay:
¿Sabes que cuando tienes frío, y ofreces ese frío a Dios, puedes convertir a un pagano?
¿Y que las penas bien soportadas de un día tienen más mérito que si hubieras rezado todo el día?
Son recursos fáciles de que dispones para ayudar a todo el mundo.

En definitiva todo es aprovechado por Dios, todo viene de Dios.

En un pasado viernes santo un cardenal nos hacía descubrir la fuerza que emana de la cruz.
Desde la cruz salió La fuerza de Simón
El ardor a Pablo de Tarso
La bondad al pobre de Asís
El amor a Teresita de Lisieux
El vigor a Teresa de Ávila
La iluminación a San Agustín
La humildad al indiecito Juan Diego
La firmeza a Bernardita
El sacrificio de Kolbe
El espíritu joven a Juan XXIII
La caridad a la Madre Teresa
La valentía a Juan Pablo II
Y hoy nosotros nos atrevemos a añadir: La humildad y sencillez al Papa Francisco.

Y todo llevó a cada uno de ellos a la felicidad. A ser felices y hacer felices con lo que cada uno hizo.
Porque todo lo que viene de Dios, si es asumido y practicado, llevan al hombre a ser feliz.

Ya lo sabes de dónde viene el camino de la felicidad. ¡Atrévete! a meterte en ese camino y caminarás sintiéndote bien y haciendo el bien.
¿Por qué? Porque hacer el bien, hace bien.
Empezando por uno mismo.
 

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