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Entrevista en el Primer Aniversario del Pontificado del Santo Padre francisco

Entrevista en el Primer Aniversario del Pontificado del Santo Padre francisco
Una visión integral al cumplirse un año del pontificado del Papa Francisco


Por: Dr. Guzmán Carriquiry | Fuente: Catholic.net



¿Cuáles son los momentos más importantes de este primer año de pontificado?

Sería largo enumerar los momentos más significativos y de mayor impacto en este primer año, de singular densidad e intensidad. Se necesitaría rever la primera y bellísima aparición del Papa Francisco en el balcón de la Basílica de San Pedro apenas elegido -su primer contacto y oración con su pueblo-, la elección inmediata y sorprendente de vivir en la Casa Santa Marta, su viaje apostólico a Río de Janeiro para la Jornada Mundial de la Juventud en el marco de Copacabana, su encuentro con los migrantes -¡vivos y muertos!- en Lampedusa, su visita a Asís, la creación del Consejo de 8 Cardenales para ayudarlo en la reforma de la Curia Romana, la entrevista dada al Padre Spadaro, la publicación de la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium". Y no obstante todo esto, tiendo a pensar que los momentos más importantes han sido sus homilías, día a día, en las Misas matutinas en la Capilla de la Casa Santa Marta: lectura y meditación de la Palabra de Dios en un flujo continuo de vida y de estupor que, en el horizonte de la cotidianidad, llega por las vías más diversas a la multitud de los fieles y de muchas otras personas que antes probablemente ni soñaban con seguir atentamente a las palabras de un Papa y ser interpelados por ellas.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido en estos meses?

El paso concentrado, veloz e intenso de un tiempo eclesiástico tenso, dramático y en algunos aspectos oscuro -sufrido por un hombre santo, sabio y lleno de mansedumbre, que fue el Papa Benedicto XVI- en un pontificado que a veces parecía un "via crucis", con una Iglesia bajo permanente asedio y crítica virulenta, a la explosión de alegría, de expectativas y de esperanza que suscita el nuevo pontificado del Papa Francisco.

Cómo no escuchar aquellas palabras del Papa Benedicto XVI hacia el fin de su pontificado: "No somos nosotros los que conducimos la Iglesia; ni siquiera el Papa conduce la Iglesia. Es Dios quien la conduce". Es el Espíritu de Dios quien sabe cómo y cuando hacer renacer el cristianismo en las almas. La gente sentía en cierto modo la necesidad de la novedad evangélica del nuevo pontificado; de otro modo, sería inexplicable la manifestación extraordinaria de la "popularidad" que se ha desencadenado.

¿Esperaba estos cambios tan repentinos realizados por el Papa?

Conociéndolo, me los esperaba, pero lo que hemos vivido y estamos viviendo, supera cualquier expectativa. No en vano el Papa Francisco nos pide estar abiertos y receptivos en relación con las sorpresas de Dios, más allá de nuestras seguridades materiales, espirituales, eclesiástica e ideológicas.

La urgencia de regresar al "Kerygma", al corazón del anuncio, ¿porqué es tan decisiva para el Papa?

Impresiona la compenetración y la fuerza personal con la cual el Papa Francisco invita en la "Evangelii Gaudium" a "todo cristiano, en cualquier situación que se encuentre, a renovar hoy mismo su encuentro personal con Cristo, al menos, tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de buscarlo todos los días sin detenerse". Por ello afirma que no se cansará jamás de repetir aquellas palabras del papa Benedicto que conducen al centro del Evangelio: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Deus caritas est, 1).

¿Porqué esta urgencia de volver a centrar la lista y la misión de la Iglesia en el "kerygma"? En primer lugar, porque es lo que el mismo Jesús nos dejó como mandato apostólico, tal como se puede advertir en las primeras predicaciones de Pedro. En segundo lugar, porque la Iglesia, en su peregrinar, siente la necesidad de regresar siempre al corazón del anuncio, que es la fuente de toda "reforma in capite e in membris", como aquello que hoy parece comenzar a desplegarse en la vida eclesial. Además, porque no falta la alegre, grata y sólida convicción -como decía el Papa Francisco al inicio de su pontificado- "de que la verdad cristiana es atrayente y persuasiva porque responde a las necesidades profundas de la existencia humana". Y finalmente porque se necesita de la radicalidad y esencialidad del Evangelio, que para un mundo descristianizado se puede convertir en signo de contradicción, pero sobre todo capaz de alcanzar los "corazones" como novedad inaudita.

La importancia del testimonio en la transmisión de al fe, que es algo que atrae …

Así es. El Cardenal Jorge Mario Bergoglio quedó muy sorprendido cuando el papa Ratzinger, en la homilía de la Misa de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, dijo que la fe cristiana no se transmite por proselitismo sino por la vía de la atracción. Esto ha sido retomado muchas veces en el hodierno pontificado. Lo decía en modo profundo el papa Francisco a los Obispos brasileños: se necesita una Iglesia que, abandonando toda mundanidad espiritual, toda forma de fariseismo y de clericalismo, haga espacio al misterio de Dios que ella alberga…, porque "solamente la belleza de Dios puede atraer (…). Él despierta en el hombre el deseo de conservarlo en la propia vida, en la propia casa, en el propio corazón. Él despierta en nosotros el deseo de ir a nuestro prójimo para dar a conocer su belleza. La misión nace precisamente de esta fascinación divina, de este estupor del encuentro".

¿Qué es la misión -a la que el Papa nos está llamando con tanta vehemencia- si no la comunicación del don del encuentro con Cristo, desbordante de alegría y gratitud, que suscita una atracción, la atracción de una belleza en al vida, el esplendor de la verdad? Es este encuentro que despierta los corazones anestesiados, que rompe la capa de indiferencia, que pone en movimiento los deseos, que suscita presentimientos curiosos y preguntas llenas de esperanza. "Cuando la gente encuentra un verdadero testimonio cristiano siente aquella necesidad de la que habla el profeta Zacarías: "Queremos ir con ustedes". Cierto, se necesita una Iglesia, una comunidad cristiana, un cristiano concreto, que en su vida haga trasparente y luminosa la presencia de Cristo, no obstante la opacidad de los propios límites y del pecado.

La insistencia en la pobreza y en una Iglesia pobre y para los pobres …

Ya lo afirmaba S.S. Juan XXIII antes del evento del Concilio Vaticano II: "La Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como la Iglesia de todos y particularmente la Iglesia de los pobres". Esta dimensión evangélica no tomó suficiente cuerpo en el evento conciliar, porque la Europa del boom económica y del a sociedad del bienestar todavía tenía mucho peso. Pienso que ha sido una gran contribución de la Iglesia latinoamericana a toda la Iglesia Católica retomar en el magisterio y en la vida esta connotación esencial del Evangelio, siempre presente en la gran tradición de la Iglesia. La vemos concretamente en la imagen de Francisco que lava los pies en la cárcel de menores de Roma, que visita Lampedusa, que abraza a los tóxico dependientes en Río de Janeiro, que tiene un gesto lleno de ternura para todos los enfermos dedicándoles el tiempo que sea necesario, que privilegia sus encuentros con los refugiados. Es el Evangelio vivido, el abrazo de la caridad, el don de sí a los demás. El papa Francisco repite siempre que este es el comportamiento de un discípulos y testigo de Dios, quien siendo rico se hace pobre hasta lo inverosímil y que además se hace presente especialmente en aquellos que padecen en su propia carne lo que falta a la pasión del Hijo. Los Padres de la Iglesia hablaban de los pobres como de la "segunda eucaristía". De lo que hemos hecho (o no) por los más pequeños y necesitados, seremos juzgados. Es en el misterio de Cristo, en su encarnación, en su amor misericordioso, que se funda y se ilumina el amor a los pobres. Sin este fundamento y esta luz el amor por los pobres degenera en una reducción moralista del hecho cristiano -en la que la Iglesia termina reducida a una ONG filantrópica- o termina tomado por formas de ideologización política. Se trata de formas residuales que desde hace tiempo la Iglesia latinoamericana ha dejado atrás, confusiones que no deberían hacernos retroceder, atemorizados, sino que por el contrario requieren de un testimonio cada vez más decidido en estar cerca de todos aquellos -y son una multitud- que sufren en su propia carne la miseria, la injusticia, la opresión y la violencia.

La única condición necesaria para vivir el anuncio radical de Francisco es una pobreza de espíritu, de corazón. Una lealtad con la propia necesidad humana, la propia "humanidad herida". Es una posibilidad en cualquiera, más allá de las posiciones culturales, de los pre-conceptos y de las ideologías. ¿Qué piensa de esta clave de lectura?

¡Pienso que el papa Francisco estaría muy de acuerdo! ¡"Humanidad herida!" De hecho estamos en un mundo de heridos… basta levantar la mirada: indiferencia y confusión sobre el sentido de la vida, disolución de los vínculos de pertenencia, aislamiento y soledad, violencia en todas partes, víctimas de la guerra, de la crisis económica y de la desocupación, de la miseria, de la exclusión, ¡incluso del hambre! Pero también profundizar en la mirada sobre uno mismo, sin esquemas de protección o de distracción: víctimas de la propia autosuficiencia, del egoísmo y de la soberbia, esclavos de la idolatría del dinero, del poder, del placer efímero, del intelectualismo sin sabiduría. Somos todos creaturas heridas por la vida. ¿Derrotados, por ello? ¿Sin respuestas adecuadas a los deseos de amor, de verdad y de felicidad, de los que está hecho nuestro corazón? ¡No!, pero concientes de nuestros límites, del bien que querríamos hacer y del mal que hacemos, del desorden que pesa sobre nosotros y, por ello, necesitados, siempre en búsqueda, siempre a la espera… Necesitados, sobre todo, de una mirada llena de afecto, de misericordia y de perdón. Como aquel experimentado por el Papa mismo cuando se define como "pescador en el que Dios se fijó", siempre impresionado por el cuadro de Caravaggio sobre la vocación de Mateo. Por ello propone una Iglesia "hospital de campo", en la que la mejor medicina para las heridas del alma es la misericordia. Por ello el primer gesto, el más humano, es la oración.

¿La continuidad total de Benedicto XVI con Francisco?

En el Mitin de Rimini del año pasado dije que era obra del demonio -príncipe de la mentira y de la división- comparar, y peor aún, contraponer obsesivamente ambos pontificados, sea para permanecer nostálgicamente aferrados al pontificado de Benedicto -y esta se vuelve nostalgia "canalla" cuando se pretende tomar distancia emitiendo juicios críticos hacia el pontificado de Francisco-, sea para exaltar el pontificado de Francisco y denigrar el de Benedicto, e incluso esbozar una suerte de ruptura en la continuidad de la tradición católica, de las enseñanzas doctrinales y morales de esa historia ininterrumpida de amor que es la Iglesia. Esta continuidad, que más aún es comunión y unidad, se advierte en la incondicionada obediencia que el Papa renunciante garantiza a su sucesor, en el afecto entre ambos, en el verlos rezar juntos, en la escritura a cuatro manos de la Encíclica "Lumen Fidei"… ambos como eslabones y custodios de una cadena anclada en la roca del testimonio de los apóstoles; tan unidos, sobre todo al apuntar hacia la esencialidad y radicalidad de la fe, y al mismo tiempo tan distintos en su origen, trasfondo cultural, formación teológica, sensibilidad espiritual y modalidad de ejercicio del ministerio petrino. El pensamiento del Papa Benedicto será magisterio iluminador para la Iglesia por mucho tiempo. Hoy estamos llamados especialmente a seguir al único Papa reinante, al Papa Francisco, con toda la carga de novedad con la cual el Espíritu de Dios lo ha investido para el bien de la Iglesia y de toda la humanidad.

¿Cómo explica la fascinación humana de Francisco, su capacidad de comunicar?

Don Camisasca, Obispo y amigo, dice que Francisco es un padre imprevisible, porque desde el inicio de su pontificado está en permanente y sorprendente búsqueda -guiada por el Espíritu Santo, pero también por su experiencia pastoral- por alcanzar el corazón de los hombres que tiene delante. Y la primera condición es involucrarse totalmente en primera persona, en su testimonio personal, sin pantallas, fuera de toda retórica eclesiástica, despojado de todo aquello que podría resultar un obstáculo, para que se establezca una corriente de corazón a corazón.

Y la gente se tiente tocada por una misericordia misteriosa y desbordante, atraída y llamada a escucharlo, a tomar en serio sus palabras. Impresiona como la gente repite con el Papa el pensamiento central de sus catequesis, hace silencio y ora con el Papa, sigue con enorme atención lo que comunica con su "gramática de la simplicidad". Pero mejor que decir "la gente" es decir "las personas", porque no es sólo un diálogo coral que se establece sino un diálogo muy personalizado. Se sabe que el Papa dice siempre que el pueblo no es "masa" sino rostros de jóvenes y ancianos, de mujeres y de jóvenes, de enfermos, de pobres, ligados a una historia, a un sentido de pertenencia, a un ideal de vida buena. En el curso de un entero año no hemos visto tal presencia de masa en la Plaza San Pedro cada miércoles y domingo.

Las polémicas sobre los "valores no negociables": Francisco está causando perplejidad en muchos, incluso entre los cristianos, por su reclamo a ese anuncio "último" (Cristo) que viene antes de las verdades "penúltimas" (los valores, precisamente). Muchos lo acusan de "deponer las armas" frente al mundo. ¿En verdad es así?

¡No es así! Han sido las campañas mediáticas, la obras de varios "lobbies" y la discusión de propuestas legislativas en relación con la vida y la familia las que han hecho que las intervenciones de la Iglesia sobre "los valores no negociables" se vuelvan, tal vez con demasiada frecuencia, y ocupen el primer plano, corriendo el riesgo de dar una imagen de Iglesia más preocupada por combatir sobre "principios" y "leyes" que por el bien de las almas.

Si se quiere atraer a la gente a Dios no se puede partir de los "no", ni siquiera de aquellos "no" descontados en una Iglesia que es conciente de que no puede negociar nada de lo que es esencial en su doctrina y en sus enseñanzas morales. Y el Papa Francisco va especialmente al encuentro de los "lejanos". Además, es tan profunda la confusión existente en al conciencia de las personas, sometidas a toda forma de "persuasión", que sólo el encuentro y el seguimiento de Cristo, en la comunión eclesial, refuerza y hace luminosa la razonabilidad de aquello que la Iglesia enseña sobre estos temas éticamente sensibles. Sobre ellos el Papa, mes a mes, ha ido subrayando con fuerza creciente las enseñanzas de la Iglesia.

Lo que preocupa es que algunos poderes mediáticos busquen proponer una figura del Papa que no es la real. Lo callan sistemáticamente cuando llama con fuerza y frecuencia a no ceder "al espíritu del mundo" y advierte sobre la acción del demonio. Lo presentan más bien como un "liberal", dispuesto incluso a revisar las enseñanzas de la Iglesia. Nada más absurdo, pero también peligroso porque de esta manera siembran falsas expectativas y provocan desconcierto. Se necesita repensar una adecuada estrategia de comunicación.

Sobre la reforma de la Iglesia …

El Papa Francisco ama recordar aquella respuesta de la Madre Teresa al periodista que le preguntaba dónde se debía comenzar la reforma de la Iglesia: "¡en mí y en ti!". Lo que es más importante es la reforma "in capite e in membris" que el pontificado está llevando adelante. No hay reforma sin tensión hacia la santidad, sin una corriente de santidad. Reforma "in capite" vivida por el mismo Sucesor de Pedro, dispuesto a la conversión del papado, mostrando claramente qué es lo que se espera de los Pastores de la Iglesia. Y reforma "in membris", llamándonos a todos a vivir un cristianismo evangélico. La reforma propuesta requiere por ello la personal, la conversión pastoral y la conversión misionera. Bajo esta luz se colocan los trabajos por la reforma de la Curia Romana y por el desarrollo de la colegialidad, tareas necesarias que todavía esperan nuevos frutos. Finalmente, sería necesario agregar toda la obra de trasparencia y de limpieza, además de desmontar el peso oneroso y pomposo de las formas de mundanismo espiritual, para ayudar a hacer siempre más visible el rostro de Cristo en la Iglesia, siempre más creíble su testimonio.







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