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¿La prueba del amor? ¡Esperarte!
Mi novia me hizo una propuesta, esa que te sorprende y deja sin palabras, ante la que no sabes qué decir


Por: JuanDa C | Fuente: La opción V



Hace un tiempo mi enamorada me hizo una propuesta, esa que te sorprende y deja sin palabras, una propuesta ante la que no sabes qué decir.

Soy un chico de diecinueve años, y para nadie es secreto que esta sociedad nos corrompe al cien por ciento. Trata de desenfocarnos, pues donde quiera que camines vas a encontrar algún cartel publicitario anunciando algo obsceno, y si miras la TV observarás algún corte de comerciales promocionando las marcas de condones o cuantas cosas existan para “complacer” sexualmente a tu pareja, y así podríamos seguir sin parar.

Y aquí viene la propuesta que me sacó del cuadro: mi chica, a quien aprecio tanto y a quien amo con todo mi corazón, me dijo que ella desea vivir nuestro noviazgo en castidad, que ella desea llegar virgen al matrimonio, tener una familia hermosa y morir de vejez.

Tiempo antes de la propuesta, había escuchado hablar a mis compañeros de carrera universitaria sobre sus historias íntimas con sus enamoradas. Narraban paso a paso lo que hacían con ellas. En aquella ocasión me sentí como si escuchara por radio alguna película para adultos. La verdad, para mí no fue nada agradable, pues siendo algo tan íntimo no tenía por qué saberlo. Me pregunto, ¿qué pensarían aquellas chicas, si supiesen que sus enamorados andan contando a sus compañeros de carrera todo lo que hacen con ellas? La realidad es que ahora andan en boca de todos…

Yo no opiné nada al respecto, como lo hacían otros, pues nunca había pasado de la segunda etapa del noviazgo (en mi país novios = enamorados), esa que va más allá de los besos. Confieso que tuve muchas ganas de iniciar esa “tercera etapa”, la de despertar nuestra vida sexual, tan sólo por presión: ¿Cómo era posible que mis compañeros ya se hubiesen iniciado sexualmente y yo aun no? Por ello, ante su resistencia, le insistí horriblemente a la mujer que tanto amo para iniciar esa etapa, pues veía normal entre las parejas el tener relaciones sexuales a nuestra edad.



 

Sí, en ese tiempo sólo estaba pensando en mí mismo, y no en ella. Ahora reconozco con vergüenza que con el argumento de “qué tiene de malo si nos amamos”, tan solo estaba encubriendo mi terrible egoísmo. De esa manera solo buscaba manipularla para que cediese a mi propuesta, pues yo no estaba dispuesto a sacrificarme por ella.

 

Ahora bien, aproximadamente un mes después del increíble acoso al que sometí a mi enamorada, tuve que hacerme un examen de serología por unas ronchas que me salieron en todo el cuerpo, y mucha picazón. Después de los exámenes, me llamaron a una cita urgente. La Dra. que me vio empezó a hablar conmigo muy seria sobre sexualidad, me dijo que en mi país la taza de los infectados con el SIDA y la sífilis era enorme. Aún no entendía por qué me hablaba de eso, hasta que de repente se queda en silencio y suelta el bombazo: “chico, ¡tu serología salió positiva!” Aunque no sabía qué significaba lo que ella me decía, sabía que era algo muy malo. Entonces empezó a explicarme y hablarme del tratamiento que debía seguir. Recuerdo que nunca me alteré tanto como en ese consultorio. Le decía a la Dra., “¡no es posible! ¡Jamás en mi vida he tenido relaciones! ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo puedo yo tener sífilis?” Ella trataba de calmarme, pero yo salí del consultorio llorando y entré al oratorio de la clínica. ¡Allí oré como nunca había orado! Le pedí a Papá Dios mucha fuerza, ¡pues no sabía qué hacer! En ese momento sentí que mi vida sencillamente se desmoronaba.

Las enfermeras salieron a buscarme por toda la clínica y me encontraron allí. Trataron de calmarme, y dos horas después volvieron hacerme la prueba de serología. Estuve treinta minutos esperando los resultados nuevamente, ¡fueron los treinta minutos más largos de mi vida! Finalmente llegaron los resultados y le pedí el favor a la enfermera en jefe que me leyera el resultado. Ella me miró a los ojos y me dijo: “muchacho, ten calma, los resultados salieron negativos. Tu primer examen fue un error del sistema”. ¡En ese momento sentí que el alma me volvía al cuerpo! ¡Fue la primera vez que lloré de alegría! Inmediatamente fui al oratorio y prometí a Papá Dios vivir en castidad, esperar a la persona que Dios ponga en mi camino para entregarle mi tesoro más valioso, mi virginidad.

 



Pasado un tiempo mi enamorada me hizo la pregunta que si quería vivir en castidad con ella o no. Probablemente pensaba que le diría que no, pues la noté con su carita triste. Cuando le contesté que “¡SÍ, QUIERO VIVIR EN CASTIDAD CONTIGO!”, se sorprendió mucho y empezó a interrogarme. Sencillamente (y no la culpo), no creía que yo aceptaría tan grande compromiso luego de haberla presionado tanto para tener relaciones sexuales. Ella quería asegurarse de que mis razones fueran las correctas, de que no le estuviese diciendo “sí” con la oculta intención de intentar avanzar nuevamente en el futuro.

 

Jóvenes: ¡yo la verdad no creía que esto de la castidad tuviera importancia en nuestras vidas! Yo aprendí a las malas, y te pido que no esperes que algo malo ocurra en tu vida para aprender. Mira, el tiempo es lo que hace madurar una fruta, y somos las frutas del árbol divino, ese árbol de Dios. ¡Todo a su tiempo! Para que el amor madure, ¡vivir en castidad es lo mejor! Saber que alguien espera por ti es lo máximo, y que alguien sepa que tú esperas para esa persona, ¡esa es la verdadera prueba de amor que le puedes ofrecer!

JuanDa C., Colombia.

 

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