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¿Por qué nos interesa fomentar la virtud de la generosidad?
Formar a los niños en la generosidad, el desprendimiento y en el dar lo mejor de sí, contrarrestando los efectos del egoísmo


Por: Redacción Catholic.net | Fuente: Catholic.net



Definición

La generosidad es la virtud que nos conduce a dar y darnos a los demás de una manera habitual, firme y decidida, buscando su bien y poniendo a su servicio lo mejor de nosotros mismos, tanto bienes materiales como cualidades y talentos.

La solidaridad es una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas, sino una actitud definida y clara de procurar el bien de todos y cada uno.

Meta

Formar a los niños en la generosidad, el desprendimiento y en el dar lo mejor de sí, contrarrestando los efectos del egoísmo. Ayudarles a salir de sí mismos y experimentar la felicidad que proporciona el donarse a los demás y vivir el valor del servicio, que implica una participación y solidaridad profunda con el otro.

Enseñar a los niños a sentir la felicidad de los demás como propia, porque esto les hará más felices en la vida porque compartirán no sólo los propios éxitos y logros sino los de los demás; para lograr esto la educación de la generosidad y la solidaridad son un excelente medio porque hacen salir de sí mismos.

Que el niño comprenda que sólo podrá ser realmente feliz haciendo felices a los demás, preocupándose por los otros aún si él mismo se encuentra en el sufrimiento. Y como fruto de esta comprensión y convencimiento, se comprometa con los demás, viviendo la generosidad y la solidaridad

Ayudar a los niños a comprender que también son responsables de la felicidad de los demás, que lo que ellos hagan o dejen de hacer siempre tendrá repercusiones positivas o negativas en los que les rodean, y como fruto de este convencimiento que opten por participar buscando siempre el bien común.

Cambiar la percepción que hoy en día los niños y jóvenes sienten de que no se les valora por ser generosos o serviciales. Como maestros y educadores debemos valorar y resaltar en los alumnos estas virtudes, y no únicamente los méritos académicos o deportivos.

Enseñar a los niños, con nuestro testimonio, trabajo y esfuerzo mantenido, que la participación y la solidaridad deben ser actitudes constantes, y no superficiales o pasajeras.


¿Por qué nos interesa fomentar la virtud de la generosidad?

Porque el niño experimentará que hay más alegría en dar que en recibir, y podrá optar por una vida de generosidad que le brindará una mayor felicidad y realización personal.

Porque el niño asumirá que también es responsable de la felicidad de los demás, y que lo que haga o deje de hacer repercutirá en el bien común, comprometiéndose en la construcción de una sociedad más justa.

Porque el niño descubrirá que el valor de la persona no se mide por la cantidad que da sino por la alegría y la generosidad que manifiesta en sus detalles. La manera de dar vale más que lo que se da. Y así será capaz de ver a las personas no en función de lo que tienen sino de lo que son.

Porque el niño aprenderá que ser generoso es saber dar, acompañando lo que damos con ternura, afecto y alegría. Que se debe poner el corazón en cada acción que nos lleve a compartir y vivirá la verdadera generosidad en su relación con todas las personas.

¨ Porque dar es el acto en que se expresa el amor y una persona que sabe amar es generosa. El niño comprenderá que compartir no se limita a dar cosas materiales, sino que involucra el tiempo, la atención, el amor, los sentimientos, etcétera y estará capacitado a amar con madurez y sinceridad, sin egoísmo; lo que le ayudará a mantener relaciones estables y construir su propia familia.

Porque no se trata únicamente de aprender a dar cosas, sino de aprender a darse uno mismo. Ser generoso no es dar lo que nos sobre, sino dar lo que somos. Este es el fundamento de la felicidad humana.

Porque es enriquecer a los que nos rodean con nuestros propios valores, colaborando en la transformación de la sociedad, sin permitir que se desperdicien los dones y cualidades que Dios ha dado a cada uno.

Porque compartir implica estar atento y saber reconocer la necesidad del otro, abriéndose a los demás y abriendo el propio interior al amor de los otros.

Porque la solidaridad debe ser una actitud habitual, firme y perseverante de servicio, de poner atención en las necesidades de los demás, aún a costa de los beneficios propios.

Porque valorar y ayudar a los compañeros y participar con ellos llevará a la solidaridad y a la generosidad.

Porque la solidaridad implica un compromiso que en muchas ocasiones nos obliga a dejar nuestra comodidad e intereses inmediatos por el bien común. Este compromiso lo debe llevar a buscar siempre los mejores medios, comprometiendo a la persona para servir y trabajar con generosidad por los demás.

Porque ser generoso en el servicio a los demás da sentido a la propia vida.

Porque al vivir esta virtud no desde un punto de vista teórico, sino práctico, lograremos una mayor armonía en la familia y en la sociedad, trabajando y luchando juntos y capacitaremos a los demás a formar la propia familia con más posibilidades de estabilidad, éxito y felicidad.

Vivir la generosidad significa

Dar con alegría.
Compartir de buen modo mis juguetes, dulces, útiles, etcétera.
Dar algo que es valioso para mí.
Guardar parte de mi dinero o de mis cosas para ayudar a quien lo necesite.

Compartir con una sonrisa aunque me sienta mal.
Compartir mi tiempo escuchando con atención lo que otros tengan que decirme, aunque yo tenga otras cosas que hacer o realmente no me interese mucho lo que dicen.
Estar siempre pendiente de las necesidades de los demás, más que de las mías.
Estar siempre dispuesto a dar lo mejor de mí ante las necesidades de los demás.
Ayudar en casa o en la escuela aunque nadie me lo pida.
Compartir mi tiempo ayudando a mis hermanos o amigos, aunque tenga que dejar de hacer otras cosas que me gustan.
Participar activamente en las campañas de ayuda u oración que se realicen en el colegio a lo largo del año.
Trabajar de manera activa, responsable y comprometida en el programa de Participación social de la escuela.
Dar algo bueno de mí a quien no conozco tanto, no es mi amigo o me cae mal, no solamente a mis amigos o a la gente que quiero.
Estar pendiente de las necesidades de los demás.
Hacer algo cada día por el bien de los demás, buscando la manera mejor y más eficaz de hacerlo, dando siempre lo mejor de mí.

Qué facilita la vivencia de esta virtud

Las virtudes de:
Servicio, y las capacidades de desprendimiento y disponibilidad que nos ayudan a ser capaces de dar y darnos en el momento en que se necesite.
Alegría y amabilidad que nos lleva a ser generosos dando siempre lo mejor de nosotros.
Compañerismo y participación que nos ayudan a buscar y trabajar por el bien común y a contrarrestar el ambiente de egoísmo que prevalece en la sociedad.
Comprensión y responsabilidad que nos ayudan a entender las necesidades de los demás, y a sentir que somos responsables de dar una respuesta comprometida y seria ante las necesidades de los otros.
Gratitud y hospitalidad que nos conducen a darnos cuenta de los dones que tenemos, dar gracias por ellos y compartirlos con otros.
Magnanimidad, que nos lleva a tener miras altas en el servicio a los demás.
Fomentar un ambiente en donde se atiendan las necesidades de los demás antes que las propias.
Ejercitarse en actos de servicio voluntario.
Ayudará todo aquello que haga que el niño se olvide un poco de sí mismo y vuelva sus ojos hacia las necesidades, preocupaciones, gustos e inquietudes de los demás.

Qué dificulta la vivencia de esta virtud
La competitividad mal entendida y egoísta que lleva a pensar en el otro es enemigo en potencia.
Ambiente de egoísmo e individualismo.
Pusilanimidad, estrechez de miras.
Nunca dar al niño oportunidades de servicio o desprendimiento, facilitándole en todo la vida.
Dureza de corazón que surge de hacer sentir al niño que es centro y merecedor de todo.

Diez maneras de vivir la generosidad en casa

1. Hacer constantemente una revisión de las cosas de cada miembro de la familia para ver qué puede dar a los demás, compartiendo lo que le sirve y le gusta, no únicamente lo que le sobra. Acostumbrarse a tener solamente lo necesario.

2. Reconocer y animar siempre a los miembros de la familia que tengan un acto de servicio o generosidad, fomentando acciones de servicio voluntarias, sin que nadie lo tenga que pedir. Evitar a toda costa burlas o bromas que inhiban esta actitud.

3. Ser hospitalarios. Recibir con gusto y alegría a los amigos y visitantes atendiéndoles y haciendo que se sientan bien.

4. Acostumbrarse a velar por las necesidades de los que están cerca de la familia: personal de servicio, cartero, vigilante, vecinos, etcétera.

5. Dar siempre lo mejor de cada uno. Sonreír y hablar con amabilidad a todos los miembros de la familia y personas cercanas a ella. Acostumbrarse a hablar de las necesidades y carencias de los demás, más que de las propias.

6. Rezar en familia por las necesidades de los demás, especialmente en momentos de desgracias, solidarizándose con ellos.

7. Responder en familia de una manera rápida y eficaz a las llamadas de ayuda ante desastres o necesidades específicas. Apoyar a todos los miembros de la familia en actividades de servicio a los demás: prácticas de participación social, misiones, colectas, etcétera.

8. Escuchar y enseñar a los hijos a escuchar, ya que esto es dar nuestro tiempo, atención y dedicación a quien quiere compartir con nosotros.

9. Agradecer en familia todos los dones que se han recibido de manera gratuita. Valorarlos y atender a los que no tienen tanto como nosotros. Evitar a toda costa quejarnos por lo que no tenemos.

10. Fomentar con alegría y prontitud la ayuda entre los miembros de la familia. Ayudar a los hijos a descubrir sus talentos y cómo pueden ponerlos al servicio de los demás.


Diez maneras de vivir la generosidad en la escuela

1. Animar y ayudar a los alumnos a cuidar su material haciéndoles comprender que otros no lo tienen. Apoyar a los alumnos cuando presten sus útiles a sus compañeros. Animarlos a cuidar las cosas para que cuando ya no las usen, otros las puedan aprovechar.

2. Reconocer y animar siempre a los niños a que tengan un acto de servicio o generosidad, fomentando acciones de servicio voluntarias, sin que nadie lo tenga que pedir. Evitar a toda costa burlas o bromas que inhiban esta actitud. Realizar actividades que les ayuden a compartir sus cosas, dulces, etcétera.

3. Ser hospitalarios. Recibir con gusto y alegría a los nuevos compañeros, amigos y visitantes del colegio, atendiéndoles y haciendo que se sientan bien.

4. Acostumbrarse a ver por las necesidades de los que están en el colegio: Personal de limpieza, vigilantes, encargados, etcétera.

5. Promover el dar siempre lo mejor de cada uno. Sonreír y hablar con amabilidad a todos los compañeros y personas que trabajan en la escuela.

6. Rezar en grupo por las necesidades de los demás, solidarizándose con ellos especialmente en momentos de desgracia.

7. Responder como grupo de una manera rápida y eficaz a las llamadas de ayuda ante desastres o necesidades específicas. Apoyar activa y comprometidamente a los niños en actividades de servicio a los demás: prácticas de participación social, misiones, colectas, etcétera.

8. Escuchar y enseñar a los alumnos a escuchar a sus compañeros sin interrumpirlos, ya que esto es dar nuestro tiempo, atención y dedicación a quien quiere compartir con nosotros.

9. Ayudar a los niños a descubrir y agradecer como grupo todos los dones que se han recibido de manera gratuita. Valorarlos y saber mirar hacia los que no tienen tanto como nosotros. Evitar a toda costa quejarnos por lo que no tenemos.

10. Fomentar la ayuda alegre y pronta entre los alumnos. Ayudarlos a descubrir sus talentos y cómo pueden ponerlos al servicio de los demás. Promover actividades de apoyo entre ellos.


En el Evangelio podemos encontrar cómo Jesús valora la generosidad:

«Estaba Jesús en el templo y veía cómo los ricos iban echando dinero en el cofre de las ofrendas. Vio también a una viuda pobre que echaba dos monedas de poco valor y dijo: "Les aseguro que esa viuda pobre ha echado más que todos los demás; porque ésos han echado de lo que les sobra, mientras que ésta ha echado todo lo que tenía para vivir."» Lc 21, 1-4.

«Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus Sinagogas, anunciaba la buena noticia del reino y curaba las enfermedades y las dolencias del pueblo.» Lc 6, 17

«Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen que comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan por el camino."
Los discípulos le dijeron: “¿De dónde vamos a sacar en un despoblado para dar de comer a tanta gente?”
Jesús les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Ellos le respondieron: siete, y unos pocos pececillos.”
Entonces Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y se los iba dando a los discípulos, y éstos a la gente. Comieron todos hasta saciarse, y recogieron siete cestos llenos de los trozos sobrantes. Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños.»
Mt 15, 32-38.

«Entonces el rey dirá a los de un lado: “Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel y fueron a verme”. Entonces le responderán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extraño y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les responderá: “Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.» Mt 25, 34-40.

 

Generosidad. Virtud humana que los padres deben aprender y enseñar a sus hijos

10 Sentencias para los padres, relacionadas con la generosidad

  1. La generosidad es la virtud y valor humano relacionada con el hábito de dar y entender a los demás, con altruismo y filantropía. Hace pensar y actuar a favor del prójimo, buscando aportar un beneficio a través de la intervención desinteresada, poniendo el bienestar de quienes nos rodean, por encima de los intereses personales.
  2. La generosidad está íntimamente relacionada con la caridad, el desinterés y el servicio a los demás, sin reservas, sin pensar en el premio, ni en que nos devuelvan lo regalado, incluso cuando es realizada con sacrificio.
  3. La generosidad se demuestra, en el modo en que se trata a los que tienen menos capacidad física, económica, social o intelectual, poniendo por delante al prójimo, no a las propiedades.
  4. La generosidad se complementa, con la fortaleza para distinguir perfectamente los campos, donde se puede actuar, sin dejarse llevar por situaciones fáciles de cumplir, desarrollando la capacidad de acometer actividades generosas y luchando por algo que valga la pena.
  5. La generosidad se debe realizar en beneficio de los demás, incluso si hay que perder el poco tiempo disponible, aunque sea esto una de las cosas más preciosas y escasas de la vida.
  6. La generosidad actúa desinteresadamente y sin contraprestación, en favor de otras personas o comunidades. La mayoría de las veces con gran esfuerzo y sin tener en cuenta la utilidad y la necesidad de lo que generosamente se aporta.
  7. La generosidad no consiste en dar mucho, sino en dar a tiempo, ya que muchas veces, requiere un esfuerzo extraordinario, que debe ser valorado en su amplio sentido.
  8. La generosidad, no es solucionar los caprichos personales de otros. No se trata de dar sin criterio, cualquier cosa, a cualquier persona y en cualquier momento.
  9. La generosidad no es dar lo que sobra, sino lo que necesitan los demás.
  10. La generosidad no es hacer las cosas interesadamente, aunque sean donativos, eso es egoísmo.

Lo que los padres deben enseñar. Los padres son un magnífico ejemplo de generosidad, pues sin su labor, el sustento diario, el orden en casa, la educación y bienestar de los hijos, etc. no existiría la familia. Por lo tanto, tiene que educar a los hijos en la virtud y valor humano de la generosidad, ya que es fundamental para que los hijos, lleguen a la plenitud de su formación como personas.



Los padres, con ejemplos claros, deben practicar la generosidad delante de los hijos y hacérsela notar, aunque nada más sea, para que sirva de ejemplo y se acostumbren posteriormente a practicarla.

Tienen que acostumbrar a los hijos, a que sean generosos y que hagan de la generosidad un hábito, que se acostumbren a perdonar, etc. Esto cimentará la rectitud de motivos y desarrollará, la intensidad de ejercer esta virtud humana.

Deben motivar a los hijos hacia la generosidad, explicándoles situaciones donde podrían ellos mismos ejercer voluntariamente, la generosidad con su dinero, tiempo, juguetes, ropas, libros, posibilidades de perdón, cariño, buenos tratos, etc.

Encauzándoles para que actúen con su iniciativa personal, en ayudar a los demás.

La labor principal de los padres, consiste en dar a sus hijos, un conocimiento profundo de los criterios, con los que deberán regir sus vidas, para posteriormente dejarles actuar, pero siempre, son un planteamiento de seguimiento del aprendizaje, en las virtudes y valores humanos, pero sugiriéndoles cambios cuando sea conveniente.



Es muy importante hacerles ver a los hijos, que ejercitar la virtud de la generosidad, no se debe dejar para cuando las cosas marchen, como a nosotros nos gustaría, hay que ejercitarla continuamente Les deben acostumbrar a que sean generosos, en todos los ordenes de las cosas, principalmente las que más les cuestan, como por ejemplo en la administración de su tiempo dedicado al estudio, al trabajo, a la familia, a la religión, a los amigos, etc. También enseñarles claramente, la virtud de la generosidad con las cosas materiales, como sus propiedades, dinero, ropas, libros, etc.

Para que sean generosos, tienen que enseñarles a utilizar la voluntad y razonar lo que vayan a hacer, siempre en función de lo que tienen y de las necesidades de los demás, que tienen que estar perfectamente bien aclaradas. Estos razonamientos no deben discriminar sus comportamientos, en las relaciones familiares, amistades o grupos sociales.

La generosidad no tiene que hacerse, cuando sea un capricho de las otras personas, solamente debe hacerse cuando sea una necesidad. Es conveniente conocer bien la situación propia y la de las otras personas, para poder obrar con prudencia y congruencia, con lo que se tiene, con lo que se da y con las necesidades ajenas.

 

10 puntos para vivir diariamente la virtud y valor humano de la generosidad:

  1. Anteponer a los gustos personales, los gustos de las otras personas, en las cosas cotidianas, cediendo incluso cuando hay un derecho a poder elegir, en reuniones, comidas, pasatiempos, lecturas, etc.
  2. Buscar el beneficio ajeno, a pesar del cansancio y cumplir las obligaciones propias, siempre con optimismo.
  3. Ceder la palabra, el sitio, el paso, la prioridad, la mejor parte de la comida, etc. Además de ser un acto de generosidad, denota educación y cortesía.
  4. Dar consejo o apoyo a las personas que lo buscan, sin tener en cuenta su condición económica, social, cultural o religiosa.
  5. Entregarse a los demás, para descubrir lo útiles que podemos ser en la vida de nuestros semejantes. Así alcanzaremos la verdadera alegría y la íntima satisfacción, del deber cumplido.
  6. No demostrar prisa, cansancio, fastidio o impaciencia, ni ofrecer disculpas injustificadas, al realizar alguna actividad social o familiar.
  7. Practicar la sencillez y la discreción, al hacer las cosas a otros, sin pregonarlo ni esperando felicitaciones.
  8. Procurar sonreír siempre, a pesar del estado de ánimo y aún en las situaciones poco favorables, propias o ajenas. 
  9. Tener un detalle diariamente, aunque sea pequeño, de generosidad, con diferentes personas de la familia, trabajo, escuela, vecindad, iglesia, sociedad, etc.
  10. Usar las habilidades y conocimientos, para ayudar desinteresadamente a los demás en la familia, escuela, iglesia, organizaciones, etc.

 

Matrimonios. Algunos matrimonios que podrían ser verdaderamente felices, desgraciadamente no lo son, debido a los viejos resentimientos, acumulados en sus memorias. Si fueran suficientemente generosos, como para poder perdonar viejos errores y echar al olvido rencillas y sinsabores, llegarían a la felicidad.

El egoísmo fomentado por la actual y cómoda sociedad de consumo, tiene que ser contrarrestado por la generosidad, por la fortaleza y por la entrega incondicional de las personas, que actúan responsable y generosamente, en la familia y en la sociedad.

La generosidad, para que esté en permanente desarrollo, debe vivirse con una convicción profunda, de que los demás tienen el derecho a recibir su servicio. Es mas importante el concepto, de darse incondicionalmente que el de dar. Sin confundir lo que es darse y lo que es abandonarse.

La generosidad esta íntimamente relacionada con el perdón. Conceder sin reservas el perdón, por las ofensas recibidas, es un gran acto de generosidad.

 

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