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Virtudes y Valores

Educar en la libertad
Es tan importante educar a nuestros hijos, incluso a todos nuestros seres queridos (tengan la edad que tengan), en qué es el bien y el mal.


Por: Mariano Pelado | Fuente: dicenquesoypapa.wordpress.com



Llevo días deseando encontrar el momento idóneo para explicarle al mayor, ¿qué es la libertad?. Pero correctamente. Me explico.

Volvemos a los tiempos de ahora, donde se confunden los conceptos, donde cada uno hace lo que cree que es correcto, donde cada uno de nosotros tira de la cuerda del bien según le plazca. Pero esto está muy lejos de ser lo que en realidad significa en cada uno de los valores que deben. Me explico un poco mejor.

El otro día, camino de catequesis. Atravesamos la ciudad en el coche y a metros, un semáforo se pone en ámbar. Obviamente decido ir frenando y parar antes de que se ponga rojo y me lo pase (no siempre lo hacemos todos, ¿verdad?, alguna vez nos lo hemos pasado). Veo por el espejo que miran como diciendo “¿por qué paras si aun no estaba rojo?”. Al mismo tiempo escuchamos un ruido estremecedor de esos coches “trucados” que acelera y desde muy atrás se pasa el semáforo, en esa actitud de “carroza, ¿porqué te paras?”, en rojo. A lo que el mayor suelta un “papá, ese hace lo que le da la gana” mientras el pequeño lo mira aprendiendo cada una de las cosas que ve a su alrededor.

¿Cómo explicarle que yo he sido más libre que ese que nos ha pasado a toda “pastilla” saltándose el semáforo en rojo?. Por fin llegó el momento.

No creáis que los chicos si les hablas como adultos, a ciertas edades no lo van a entender.



La LIBERTAD, la de siempre, es saber hacer lo correcto dentro de los parámetros de lo que es la Ley Moral. La libertad (con minúsculas) de hoy día, es hacer aquello que me apetece esté bien o mal, según me interese en cada momento, pise a quien pise, incluso haciéndome daño.

Por eso es tan importante educar a nuestros hijos, incluso a todos nuestros seres queridos (tengan la edad que tengan), en qué es el bien y el mal. Con esta diferenciación clara, podemos extraer que el que elige la libertad actual, se convierte en preso y se daña, pues sólo consigue la alegría inmediata, la insatisfacción. Quizás por el camino ha hecho mucho daño a otras personas. Nuestro querido amigo fitipaldi, podría haberse ganado una multa (daño menor) o en el peor de los casos atropellar algún peatón (daño mayor) por la felicidad conseguida en ese momento de mostrarnos a todos que tenía un coche más potente y que el hacía lo que le salía de los …. (eso mismo).

Sin embargo, al habernos detenido antes de ponerse en rojo, el semáforo, nosotros hemos elegido libremente, nunca mejor dicho, evitar un daño menor, o mayor. En ningún momento hemos coartado nuestra LIBERTAD, de hecho, lo hemos sido más que nunca. Nos hace más grandes como personas, más LIBRES, mucho más felices. Tenemos las riendas en nuestras manos.

Así que llegados a este punto, podríamos decir que la LIBERTAD es el arte de saber administrar libremente el hacer lo correcto o posponer, dentro de los “tiempos” en la Ley Moral aquello que deseo o necesito.

Rizando el rizo. Vamos en el coche y el semáforo se pone en ámbar, decidimos frenar y parar. Sabemos que está mal saltárselo por los daños que puede causar a terceros, por los daños que puede ocasionar a nuestra economía y porque está mal, si está feo. Hemos elegido LIBREMENTE, hemos gestionado correctamente nuestro tiempo de decisión. Pero… ¿y si está en rojo? y en ese momento llevo por ejemplo, a un compañero de trabajo que le ha dado un ictus o un ataque al corazón, y la única forma de salvarlo es llegar cuanto antes a urgencias pues va de minutos, yo, obviamente, con todo el cuidado del mundo me lo salto si puedo y llego a urgencias y mi compañero está en cuidados y yo, desde ese preciso instante tendré que dar cuentas a quién me las pida. Si es la autoridad policial, pues explicarle la situación y si hay sanción asumirla. Yo he sido libre para tomar una decisión, ahora también tengo que serlo para asumir sus consecuencias. Espero se me entienda.



Muchos padres “modernos”, dicen educar a sus hijos en libertad. Flaco favor, puesto que no les han educado anteriormente en la Ley Moral y les han sabido diferenciar el Bien del mal. Los hijos hacen lo que les viene en gana, buscando su satisfacción inmediata, que a la larga sólo les llevará a la infelicidad, y que pueden causar daños a terceros, más los que se inoculan ellos mismos, y después los eximen de toda responsabilidad. Negro futuro les espera.

Después me suelen decir, “yo los educo en libertad, tu siempre me dices que son personas únicas e independientes a mi y debo dejarlos hacer”. Correcto, pero tienes que saber gestionar lo de los tempos que te comentaba un poco más arriba. Es cierto que Dios nos hizo LIBRES, para elegir entre el Bien y el mal, llegados a este punto uno se puede preguntar, ¿Quién soy yo para coartar esa ley?.

No por eso quieres menos a tus hijos. Amarlos “locamente” (y a tus seres queridos) es querer su LIBERTAD, y esto acarrea también exponerse a la propia LIBERTAD de los hijos, con sus consecuencias, con todas. Hay que educar y echarse a un lado. Es sencillo y gratificante, si los educas bien, ellos solos sabrán que es lo correcto y lo que no. Sabrán respetar “ciertos límites”. Estar lejos de la indiferencia de cómo la utilizan.

Amar a tus hijos es luchar para cambiar las deficiencias y ayudarles a corregirlas. Y habrá ocasiones que tengas que corregir más duramente, no tengas miedo. Con amor y tacto se puede corregir muy bien. Si alguna vez fallas, haz acto de examen y proponte ser más comprensivo. Recuerda, son únicos y asimilan todo.

Educar en la LIBERTAD es un gran ejercicio de Amor, pues les enseñas a retrasar una satisfacción para conseguir un bien mayor, la LIBERTAD.

En un retiro me contaron un símil, un amigo y hermano, sobre la LIBERTAD.

Mariano, la LIBERTAD en los hijos es como la planta que crece por el alimento que le provee el jardinero, no por los tirones que le pega hacia arriba

Y si no los enseñas desde pequeñitos, cuando sean adultos, nunca estarán maduros. Como la planta, que si tiras mucho de ella y la arrancas, “ya no valdrá para nada”.

A más ver...

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