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Casi una encíclica social
¿Qué es lo que pueden hacer los pobres y los excluidos? Los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho


Por: Andrea Tornielli | Fuente: vaticaninsider.lastampa.it



“Insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos... Y tampoco lo aguanta la Tierra”. En la Expo Feria de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, Francisco concluye el segundo Encuentro mundial de los movimientos populares y presenta un manifiesto, casi una nueva encíclica social. Un gancho hacia el estómago del sistema que “sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales”. Este sistema, grita Bergoglio, “atenta contra el proyecto de Jesús”.

Reciben al primer Papa latinoamericano de la historia los representantes de los “excluidos” que han decidido organizarse: trabajadores precarios y de la economía informal, migrantes, indígenas, campesinos, “sem terra” y habitantes de zonas periféricas, los cartoneros argentinos que viven recogiendo el papel de la basura, los que reciclan los deshechos de Ecuador, la red antimafia “Libera”. Una humanidad variopinta y “alternativa”, que ahora es consagrada con el apoyo de Francisco: “¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad”, además de todas esas “guerras insensatas” y “la violencia fratricida?”.

“Detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo»”. La ambición desenfrenada del dinero que domina. Y el servicio al bien común pasa a segundo nivel. “Cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico -denunció fuertemente el obispod e Roma-, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común”.

¿Qué es lo que pueden hacer los pobres y los excluidos? “¡Mucho! Pueden hacer mucho -exclamó el Papa. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!”. No es suficiente “teorización abstracta o la indignación elegante”. Hay que poner en marcha “procesos de cambio”, afirmó Bergoglio, no esperar o confiar en decisiones políticas desde arriba, porque “un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir”.

Claro, Francisco insistió en que la Iglesia no tiene recetas para resolver los problemas y que en el fondo “no existe una receta”. Pero indicó una vía, citando en primer lugar la tarea de “poner la economía al servicio de los Pueblos”. Una economía justa debe crear “las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad”. Esta economía “no es una utopía ni una fantasía. Es una perspectiva extremadamente realista. Podemos lograrlo”. Francisco también recordó que una justa distribución de los frutos de la tierra y del trabajo no es “filantropía”, sino “un deber moral” y, para los cristianos “un mandamiento”.



La segunda tarea es la de “unir a los pueblos” en “el camino de la paz y de la justicia”. “Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias… Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo”. Un colonialismo que adopta la faz del “poder anónimo del ídolo dinero” e impone “medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres. Un colonialismo que crea “pobreza y migraciones forzadas”. Esta inequidad “genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener”.

Francisco reconoció que “en nombre de Dios” se cometieron “se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América”. Y pidió humildemente perdón por “los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. La Iglesia forma parte de la identidad de estos pueblos, concluyó Francisco, y “algunos poderes se empeñan en borrarla, tal vez porque nuestra fe es revolucionaria, porque nuestra fe desafía la tiranía del idolo dinero”. Al final recordó que en el Medio Oriente y en otras partes del mundo son perseguidos, torturados y asesinados “muchos hermanos nuestros por su fe en Jesús. Eso también debemos denunciarlo: dentro de esta tercera guerra mundial en cuotas que vivimos, hay una especie de genocidio en marcha que debe cesar”.

Discurso del Papa en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares en Bolivia







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