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XV Aniversario

Mensaje de S.E. Claudio Maria Celli a Catholic.net con motivo de los 15 primeros años de vida
Gracias a su trabajo generoso y a su dedicación, Catholic.net es conocido en todo el mundo como fuente fiable para profundizar en la doctrina católica y sus implicaciones en la vida de los creyente


Por: S.E. Claudio Maria Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales | Fuente: Catholic.net



Mensaje de S.E. Claudio Maria Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales:

Queridos hermanos, con mucho gusto participo en su alegría al cumplirse los 15 primeros años de vida de Catholic.net en español.

En los últimos tiempos hemos asistido a un profundo cambio en la vida humana: ahora vivimos también en el mundo digital, en el que habitan millones de personas para quienes este ambiente forma parte de su vida cotidiana. Ustedes han sabido captar el desafío presentado por esa vasta transformación cultural, para convertirlo en oportunidad de proclamar el Evangelio y servir a los hermanos en sus necesidades de formación cristiana y acompañamiento en el camino de la fe. Y ello con un estilo cristiano caracterizado por una comunicación clara, responsable y respetuosa.

Gracias a su trabajo generoso y a su dedicación, Catholic.net es conocido en todo el mundo como fuente fiable para profundizar en la doctrina católica y sus implicaciones en la vida de los creyentes;  para resolver dudas gracias a su servicio de consultas; y para caminar en compañía de otros hermanos participando en las diversas comunidades que integran el portal.

Ofreciendo a los internautas la riqueza del mensaje evangélico, realizan ustedes una aportación muy valiosa para que –en palabras de Benedicto XVI- “la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas” (cf. Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2011).



Todos nosotros tenemos en el corazón preguntas referidas al sentido último de la vida humana. Una tarea primordial de la comunicación de la Iglesia en este tiempo de incertidumbre es ayudar a los hombres y las mujeres de hoy en su búsqueda de la verdad. Porque el mundo presenta mil propuestas –algunas de las cuales intentan cambiar la verdad profunda sobre el hombre-, y para muchos es difícil discernir, comprender cuáles son los valores que tenemos que seguir en nuestra vida.  En este sentido, una de nuestras tareas es anunciar y promover la verdad sobre el hombre: hay que recordar continuamente cuál es proyecto de Dios para el hombre y la mujer, y ponerse al servicio de esta verdad sobre el ser humano.

Para anunciar el Evangelio en el continente digital hay que tener presente, como dice el Papa Francisco, que Internet no es un “conjunto de cables”, sino que está formado por personas reales que viven sus alegrías, sus gozos, sus dificultades, sus sufrimientos.  Por eso, hemos de recordar siempre que la comunicación es una relación profunda entre personas; se hace necesaria, por tanto, la “cultura del encuentro” que el Papa Francisco promueve constantemente. Y para ir al encuentro del otro hemos de conjugar comunicación y proximidad a los hombres y las mujeres en sus situaciones concretas de vida.

En segundo lugar, para anunciar el Evangelio estamos llamados a dar testimonio. Quisiera subrayar un concepto del Beato Pablo VI, retomado por el Papa Francisco: la Iglesia, en el contexto de la comunicación, no se mueve por medio de propaganda o “anuncios comerciales”. La Iglesia difunde su mensaje, se comunica, manifiesta lo que es “por contagio, por atracción”. Eso significa que se mueve en un contexto de testimonio personal, vivido, a veces sufrido. El desafío para todos nosotros es dar un testimonio concreto para mostrar que es posible ser discípulos de Jesucristo, que Él es la respuesta verdadera a la búsqueda del hombre, que Él nos llena de alegría. Porque la gente de hoy, como también decía Pablo VI, no quiere maestros, sino que quiere testigos.

Dios nos ama profundamente, y nos invita a dejarnos envolver por su amor para que seamos nosotros también instrumentos de ese amor en el mundo de hoy. Ese es el desafío más grande que tenemos que afrontar todos, también en el camino de la comunicación.

Vivimos en un momento de pensamiento débil, y la Iglesia debe jugar un papel de servicio. Si nuestro divino Maestro vino para servir, también nosotros hemos de hacer lo mismo. El Papa Francisco, en su primer mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, nos explicó que, en el campo de la comunicación, la Iglesia vive una dimensión del buen samaritano: se dirige a los otros, se siente responsable por ellos.



También el Papa Pablo VI, en la última sesión del Concilio Vaticano II, afirmaba que la espiritualidad del concilio era aquélla del buen samaritano. Es esencial que redescubramos en toda nuestra dimensión comunicativa qué significa para nosotros vivir la espiritualidad del buen samaritano: ir al encuentro para responsabilizarse de los hombres y las mujeres de hoy, mostrándoles el rostro de una Iglesia que acompaña y comparte su camino.

Les felicito de corazón y les deseo lo mejor. Que los próximos años les vean comprometidos en esta diaconía de la cultura, en este servicio desinteresando, abierto, total, para que el hombre y la mujer de hoy descubran en su vida el amor tierno y profundo de Dios. Que el Señor les bendiga.

S.E. Claudio Maria Celli

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